1.
Hace días garabateaba palabras en un cuaderno nuevo.
Escribí: el ayer hiere.
Se me quedó el la cabeza el sonido de esa frase:
elayeryere
Me quedé dormida repitiendo
elayeryere como un mantra.
Al levantarme cerré la libreta y seguí con el presente, con lo cotidiado, haciendo cosas que hago todos los días mientras en silencio pienso, me repito palabras y a veces las escribo.
Me repito ultimamente palabras, creo que es un miedo inconsciente que tengo a olvidar, olvidar mis pensamientos, mi lenguaje, olvidarme a mi misma. Suelo tener a veces esa sensación cuando me escucho hablando un idioma que no es el mío.Pero vuelvo al ayer.
Elayeryere.2.
Pensaba en la frase aún, que a pesar de gustarme su sonido, no me gustaba lo que podría significar.
El ayer, las heridas.
Las nostalgias.
Cosas de las que trato de safarme o de despojarme como cuando las serpientes cambian de piel.
Yo trato de desahecerme de nostalgias, pasar páginas, cambiar pieles.
Prefiero vivir-escribir.
Pero a veces es imposible, las nostalgias están siempre ahí.
3.
Yo he crecido rodeada de nostalgias ajenas que al final se hicieron mías.
Algo así como las herencias, los genes, las maneras, los códigos.
Así funcionan a veces las nostalgias.
Se convierten en símbolos, en colores, en amuletos, en cosas que uno las lleva encima.
También he tenido algunas nostalgias, propias, pero de cosas que sucedieron.
A veces prefiero llamarlas memorias, pasados, escritos, borrones, recuerdos, vacíos.
4.
Desde chica oía hablar en casa sobre cosas que yo nunca vi, pero las guardo en mi memoria como si fueran una herencia.
Un ático de cosas inexistentes. Surreales. Como un reloj de bolsillo de oro que heredé y siento el tic-tac de su maquinaria en mi lado izquierdo.
Cosas y palabras.
Solía oír en mi familia conversaciones profundas sobre personas que yo nunca conocí.
Yo imaginaba a estas personas.
Imaginaba que yo estaba ahí también dentro de esas nostalgias familiares.
Creo que desde entonces empecé a crearme personajes en la mente.
Como cuando hablaban del abuelo.
5.
Mi abuelo el que era muy fuerte y muy cortés, el que tenía las manos ásperas y gruesas, que sabía hacer muchas cosas, que nunca dejó una deuda pendiente, que trabajaba en una cervecería pero que también trabajó en una mina, mi abuelo el que fue siempre un señor y que usaba sombrero. Mi abuelo que se parece a mi madre.
Mi abuelo materno quién murió en el 73 cuando yo no existía.
Yo veia las fotografias en blanco y negro donde salian mi madre joven y sus hermanas. Sostenían coronas de flores blancas, como azucenas y detras una carroza negra, antigua se movía despacio.
Tenían esas ojeras típicas de la familia, como las mías, pero más remarcadas entonces por la tristeza.
A veces pensaba yo que era mi madre (me parezco mucho a ella cuando joven)
A veces pensaba que yo estaba ahí, caminando entre la gente del fondo de la foto que no se distinguía.
Me ponía tan triste ver esas fotos de alguien que murió y que yo nunca conocí.
Recuerdo la primera vez que fui al cementerio a vistar la tumba de mi abuelo. No tendría más de 7 años y lo recuerdo tan bien.
Es como si yo ya hubiese estado ahí. Y leía el nombre en la lápida de mármol blanquísimo y todos sus apellidos y uno que sobresalía, un apellido que es el mío.
Algunas veces hablo sobre mi abuelo como si lo hubiese conocido.
O como si hubiese sido alguno de los personajes sobre los que he escrito.
Escribir.6.
Cuando escribo a veces empiezo por garabatos, a veces escribo sólo dos cosas tontas como
elayeryere.Pero casi siempre cuando escribo se me da por pensar en nostalgias (propias, ajenas, reales o inventadas) y eso entonces esto deriva en personajes que flotan delante de mí.
Mis personajes, existen todos, trabajan, van a clase, viven, respiran, hablan mi idioma y otros idiomas inventados, tienen pasaporte, nombre y apellido, tienen ojos azules, a algunos les he estrechado la mano, con otros he dormido y a otros solo los he mirado a través del agujero diminuto de una cerradura sin que ellos se enteren y desde ahi he cogido la fibra para escribir algo.
Los he ido destejiendo y tejiendo, los he dejado suspendidos en enredaderas de tinta.
Pero también algunos son otros y tantos cuando en realidad son yo misma reflejada en los pedazos de un espejo roto.
Como ver el apellido tuyo en una tumba y entonces pensar por un segundo que eres tú quién yace ahí hecha polvo.
Retazos de una carta. Rompecabezas de mi vida. Notas musicales. Pedazos de papeles en blanco.
Personajes.7.
Hoy entre una de tantas mis rutinas me dí cara a cara con alguien muy interesante.
Sucedieron entonces una serie de coincidencias delante de mí, como aquellas que suceden cuando uno se enamora de golpe.
Tiene ojos azules, escribe, habla de las nostalgías, habla de la soledad del uno más uno, de escribir para tener compañía, habla de lo vivido, de lo recordado y de lo olvidado; también me llamó mucho la atención lo que dijo sobre los folios en blanco.
No pude estar más de acuerdo con él, tanto que me pareció estar escuchando a veces mis propias palabras. Y recuerdo ahora lo que escribí hace unos meses sobre los papeles en blanco :
El papel no es muro, el papel es un guiño en blanco.
Él dice
La página tiene que estar en blanco, y la ensucio yo.Me gustaría haber conocido esta tarde a este señor.
Tengo muchas ganas de leer algo que él haya escrito.
Quizás algún día encuentre su libro.
(se aceptan propuestas de intercambios libro por salmón noruego)Hoy cuando leí el inicio del ártículo, pensé en mi abuelo, el de mi nostalgia que nunca sucedió, la peor de todas, según una canción. Me dejaron nostalgia también, inexplicablemente, las palabras de este escritor en el artículo, la frase
generación de derrotados se quedó dentro de mí.
Y me puse a pensar en mí, en mi genreación, en mis ancestros, mi posible descendencia, en tantos personajes.
Y otra vez yo. Personaje en estas líneas.
Entonces comencé a ensuciar este folio, a seguir guiños que llenan mis vacíos de tardes en blanco.
Entonces comencé a escribir.