de cumpleaños

extraído de una carta de Vincent Van Gogh a su hermano Theo

It may well seem to you that the sun is shining more brightly and that
everything has taken on a new charm. That, at any rate, is the
inevitable consequence of true love, I believe, and it is a wonderful
thing. And I also believe that those who hold that no one thinks
clearly when in love are wrong, for it is at just that time that one
thinks very clearly indeed and is more energetic than one was before.
And love is something eternal, it may change in aspect but not in
essence. And there is the same difference between someone who is in
love and what he was like before as there is between a lamp that is
lit and one that is not. The lamp was there all the time and it was a
good lamp, but now it is giving light as well and that is its true
function. And one has more peace of mind about many things and so is
more likely to do better work.

(hablando de amor...)





seis

1.
Aparte de filias, no sé que diablos será, pero a veces escribo las palabras mal (con el orden de las letras cambiado, aquí en este espacio siempre trato de corregir por eso no se nota, a veces escribo “pean” en lugar de pena o “grangata” en lugar de “garganta”) o las leo mal.
No sé si es realmente dislexia o que simplemnte no le achunto al lugar correcto del teclado o leo muy rápido o que estoy distraída.
Debe ser lo último pues no me preocupa demasiado, y además cuando me distraigo es cuando se me ocurren cosas para escribir como esta.
Pero por cosas así, por accidente, error, casualidad, o no mirar a la pizarra mientras te explican algo sino mirar a la ventana descubres cosas como las que descubrí yo hoy.

2.
Me quería bajar música de Nick Cave (que me gusta mucho) así que sólo puse “Nick” y lo que me salió fue Nick Drake (pero yo leí Nick Cave, estoy segurísima) entonces pinché ahí para bajarme ese archivo mientras hacía muchas otras cosas. (veía tele y hablaba por teléfono)

Cuando me puse a escuchar lo que había bajado me encontré con que no era la voz profunda Nick Cave, pero era algo tan melancólico, suave, tristemente agradable que me hizo temblar sólo de oir los primeros segundos de la canción.

Yo ya había oído de Nick Drake antes. Era uno de esos nombres que siempre andaban flotando por ahí pero a los que nunca les presté demasiada atención.

(Casi como me pasó Carver que también andaba siempre flotando por ahí y yo ni caso hasta que mi profesor de literatura el que tenía gatos me dijo “lee a Carver” y entonces yo que soy a veces obediente me compré un libro de Carver y ahora ya me he leído todo lo que Carver escribió y que pena que se haya muerto, como Nick Drake)

Pero hace mucho que una canción o un grupo de canciones no me dejaban con esa sensación que tengo ahora. Como con un gran escalofrío constante, con los ojos brillosos, la mirada perdida en el techo, casi sorda, sólo escuchando las notas.

Me bajé sin querer un album que se llama Pink Moon y lo he oído casi unas cuatro veces. Ese es exactamente el tipo de música que más me gusta. Ese es quizás el tipo de música que de ser yo música, me gustaría hacer.

Luego me puse a leer cosas sobre él y es como si me hubiese enamorado.

Me parece que me ando enamorando de muertos, cuando tenía 16 años me enamoré de Van Gogh.


3.
Hablando de estar enamorada me he acordado de algo que una vez alguien me contó.
Este alguien a quién nombraré con la A. (de alguien) me contó que tenía un amigo que se había enamorado de una chica rusa que cosechaba naranjas.
Me pareció una linda historia como él me la contó y de la manera como me la contó, de la manera como sonaba y como el pronunciaba las palabras..
La cosa era que ella hablaba muy poco castellano y el nada de ruso.
Él la esperaba siempre merodenado su caravana y trataba de comunicarse con ella mediante señas.
A ella no la dejaban mucho salir, los de su caravana, la gente con la que viajaba.
Pero él insitía.
La esperaba mucho tiempo sólo para verla pasar.
Me hizo recordar a algo muy familiar.



4.
Estoy contenta, a pesar de la melancolía de Nick Drake, a pesar de haber estado no hace mucho tocando fondo.

Será que ya me he curado. Ya no tengo fiebre ni los ojos rojos.

Además es ese asunto que hay en el aire, que trae la primavera, a algunos les da alergia pero a mí alegría (a veces por lo de la dislexia distraida o error de tipeo escribo tengo alegría y no alergia) .
Ahora literalmente por aquí hay más luz, a pesar de que hemos envejecido una hora y de golpe.

5.
Una vez me di cuenta que envejecí de golpe.
No es que sea vieja, pero entonces sentí que me envejecí.
Digamos que unos 3 o cuatros años aunque entonces sólo habían pasado unos meses desde que era más joven.
Fue cuando una vez me encontré en una tienda de esas de cosas para la casa y usé mi tarjeta del banco que entonces hace no mucho tenía, para comprar toallas, ropa de cama, platos y una sombrilla con dinero que había ganado de un trabajo que hace no mucho entonces había conseguido.
Tuve que firmar un comprobante, me acuerdo.
Firmar cosas te hace sentir mayor.
Mientras esperaba el bus, vi a mi lado a una señora que podría ser mi madre con la misma bolsa, de igual tamaño, de la misma tienda y quizás con cosas parecidas que ambas habíamos comprado.
Teníamos los zapatos del mismo color.
Entonces yo vivía en un piso compartido con otras dos chicas incluso mayores que yo.
Aunque ellas eran mucho mas organizadas en todo que yo, esa tarde las vi como crías, y como me tocaba hacer la comida a mí, imaginé que eran mis hijas. Les hice la comida y se las serví a la mesa, ellas que se pensaban que yo era amable y yo que jugaba a ser la madre mayor.
Pero entonces pasadas las siete de la tarde, probablemente salía po ahí con gente a un bar, bebía, hablaba tonterías, acababa siempre en situaciones inesperadas y entonces sentía que tenías 15 años.
Me suele pasar hasta ahora.
Aún cuando tengo más años y hasta soy maestra.

6.
Maestra.
Uno de mis alumnos, el ocurrente me ha puesto de apodo “chiquita banana”. (él cree que yo no sé, pero uno se entera de todo)
Es que aquí hay unas bananas o plátanos que vienen de no sé donde y se llaman así "chiquita" y se han enterado que chiquita no sólo significa niña chica, sino también pequeña de estatura.
Y yo, pues no soy muy alta.
Pero bueno no me molesta ser la srta. Chiquita banana. Si fuera hombre y fuese el maestro chiquita banana daría lugar a comentarios maliciosos que seguramente pondrían en duda mi virilidad.

Magnetic Poetry

a sordid summer sun/always shines/over love soars.

escrito sobre mi refrigerador luego de descubrir que luego de las vacaciones, muchas cosas se pudren y/o caducan.

1.
Hoy me puse a pensar en si es que no tendré una filia.

Es que hace días estuve en una papelería, me quedé ahí como 45 minutos mirando, tocando y oliendo cosas y además llené una canastilla de cosas inútiles (cartón grueso y muchos lápices de colores, cuando yo no sé dibujar y además el juego del magnetic poetry, donde sigo echando en falta el body/cuerpo).

Salí de ahí afiebrada.


Me gusta colecionar útiles de escritorio. Y me gusta el olor de los últiles de escritorio y en especial el olor del papel nuevo y de la tinta.

Tengo el olfato muy desarrollado.

Recuerdo ahora algo que escribí hace unos meses.

Buscaba en internet si es que existía alguna descripción para esta afición, pero no encontré nada salvo que descubrí que posiblemente tenga dos filias (*)

Lo que sí me di cuenta es que yo no soy la única y se me ocurrió que quizás hasta puede que exista un club de los amantes de últiles de escritorio.


(*) . Lexiconophilia y Logophilia líneas para mi terapeuta, a quien hace tiempo no veo.

2.
Bueno otra cosa que me gusta hacer (no sé si será filia) es escribir cartas y aunque casi siempre me pase como al coronel de García Marquez, las sigo escribiendo.

A veces escribo cartas a gente imaginaria.
A veces a gente que conozco (a veces las mando, a veces no).
A veces a gente desconocida que veo pasar por la calle.
A veces a gente famosa (estén vivas o no).

Una vez pensé en escribir una novela sólo de cartas, pero ninguna de las cartas tenían conexión, así que no sucedía realmente nada.

3.
Siempre he querido escribir una novela. Aún no lo consigo.

Cuando empecé a escribir –tendría unos 13 años- pensaba hacer una novela sobre mi familia. La iba a titular ”Si mi padre estuviera vivo” o ”Cuando el jardín tenía azucenas” (frases que he escuchado siempre en sobremesas familiares). Pero escribí solo unas tres páginas que se quedaron convertidas en cuento adolescente que se perdió.

Cuando tenía 13 años pensaba que a los 25 quizás ya podría haber escrito una o dos novelas. También pensaba que quizás a los 25 ya habría conocido todo el continente Sudamericano incluídas las Guyanas a las que nunca nadie les da pelota.

Ninguna de las dos cosas, hasta la fecha.


4.
A propósito del olfato desarrollado, hoy día escribí esta carta.


Querido C.


Ya sabes que en Semana Santa mucha gente suele salir de casa e irse de excursión y esas cosas.
Yo, lo he hecho, pero debo confesar, que un poco por inercia.
Lo que yo hubiese querido de verdad hacer es quedarme en casa, cambiar de sitio todos los muebles, lavar absoluamente toda la ropa sucia que haya, limpiar los vidrios de las ventanas, pintar mi habitación, tirar lo que no uso y quedarme con lo indispensable.
Algo así. Dejarlo todo brillando y más ligero. Eso sólo en un par de días y luego adelantaría la hora en el reloj, entonces me haría más vieja.
Sí, pues el hecho de que quiera hacer estas cosas en vacaciones en lugar de otra cosa, pues demuestra que me hago un poco más vieja.
En fin.
Vuelvo al viaje.
Me ahorarré los detalles del viaje, pues a estas alturas son ya irrelevantes, no sirven de nada, además supongo y espero que los detalles ya no duelan.
Aunque uno nunca sabe.
Te escribo pues te quería contar sí algo que me sucedió en la excursión.
Visité una cabaña que estaba en construcción.
Aquí las construcciones son todas de madera pura y joven.
Apenás entré ahí y sentí el olor a madera, me hizo pensar en tí.
Sí a veces pienso en ti y son como golpazos, sucede a veces, golpazos a mis sentidos como el olor a madera.
Ahora pienso que inevitablemente ese olor a madera, me llevará a pensar en tí, quizás siempre.
Salí un rato de la cabaña esa, no porque me cansara el olor, sino porque sentí una tristeza de golpe que me llego a doler.
Creo que los que estaban ahí se dieron cuenta que algo me sucedía.
Entonces afuera la cosa empeoró.
Había una fogata que ardía en una llama larga y anaranjadísima, y me acordé entonces de la fallas.
Me acordé cuando quemaban esos monigotes tan grandes allí en Valencia, tabién por días como estos, de semana santa.
Entonces ahí me acordé de muchas cosas que ya no quiero mencionar pues ya, como he dicho los detalles son irrelevantes.
Lo que hice fue ponerme a un lado de la fogata, así podía justificar que mis ojos se enrojecieron de pronto.
”Cuanto humo” dije y sonreí. Ya sabes, siempre sonrío cuando temo ser descubierta.
Entonces me quedé ahí aspirando el olor a humo de la fogata y poco a poco los recuerdos se fueron disolviendo y las cosas siguieron su curso.
Entonces ahora pienso que de haberme quedado en casa cambiándolo todo, pues a lo mejor no hubiese sentido lo que sentí.
Los viajes (incluso los que se hacen por inercia) llevan siempre algo dentro, alguna sorpresa, como los huevos de pascua de estas fechas.

Un abrazo pascual.

Cosa seria (*)

Como ando enamorada y en una relación seria (que es casi como estar con fiebre, ya lo explicaba por ahí abajo) entonces no escribo demasiado.

Hace días juré por shiva amor en todos mis karmas (habidos y por haber) .

El lunar rojo, ya no es de ketchup y ya nos vamos entendiendo mejor.

(*) así también me lo ha dicho el médico. dos tabletas y reposo santo en semana santa me ha tocado.

antes
despues...

Busco un cuerpo para hacer poesía

Estoy fastidiada porque se me ha perdido el cuerpo (el mío y el de otros)
Y el fastidio es porque el cuerpo lo he perdido en otro idioma: BODY
Cuando pierdo el cuerpo en castellano, que me pasa seguido, entonces me convierto en nadie.
Pero entonces aqui no puedo ser NOBODY, porque he perdido el cuerpo, en inglés.
Más aún en catellano si pierdo el cuerpo igual sigo siendo alguien, alguien que carga historias, tristezas, nostalgias y entonces soy una tristeza, una historia, una nostalgia.
Pero sin BODY entonces tampoco puedo ser someBODY tampoco noBODY.
Podría ser no-one pero no es lo mismo.


Todo esto pues a mi se me da por jugar con cosas, (igual que a ella, a mi también me gusta jugar al yas/jacks) sobre todo cuando ando enferma, me aburro terriblemente. Y entonces vuelvo a la niñez, cuando es niño uno casi nunca se aburre.
Así que me compré esta chorrada de magnetic poetry, poesía para el refrigerador (me costó más que dos botellas de vino, más que un DVD, casi la mitad de un billete de avión a la capital...la fiebre no deja pensar) y entonces me subió más la fiebre cuando me di cuenta que la palabra BODY no vino ahí en el juego.
Busqué por todos lados, en caso a palabra haya tenido patas (entendible, desde que es un cuerpo/BODY) pero no.

El cuerpo no está por ningún lado

Aviso clasificado
Cambio salmón noruego o cualquier artificio escandinavo por cuerpo/body.
Cambio lo mismo por el libro El contrario de uno (Erri de Luca).

el orden de esta mañana
el caos de anoche...

Siete

1.

Hace días garabateaba palabras en un cuaderno nuevo.

Escribí: el ayer hiere.

Se me quedó el la cabeza el sonido de esa frase: elayeryere

Me quedé dormida repitiendo elayeryere como un mantra.

Al levantarme cerré la libreta y seguí con el presente, con lo cotidiado, haciendo cosas que hago todos los días mientras en silencio pienso, me repito palabras y a veces las escribo.

Me repito ultimamente palabras, creo que es un miedo inconsciente que tengo a olvidar, olvidar mis pensamientos, mi lenguaje, olvidarme a mi misma. Suelo tener a veces esa sensación cuando me escucho hablando un idioma que no es el mío.

Pero vuelvo al ayer.

Elayeryere.

2.
Pensaba en la frase aún, que a pesar de gustarme su sonido, no me gustaba lo que podría significar.

El ayer, las heridas.

Las nostalgias.

Cosas de las que trato de safarme o de despojarme como cuando las serpientes cambian de piel.

Yo trato de desahecerme de nostalgias, pasar páginas, cambiar pieles.

Prefiero vivir-escribir.

Pero a veces es imposible, las nostalgias están siempre ahí.


3.
Yo he crecido rodeada de nostalgias ajenas que al final se hicieron mías.

Algo así como las herencias, los genes, las maneras, los códigos.

Así funcionan a veces las nostalgias.

Se convierten en símbolos, en colores, en amuletos, en cosas que uno las lleva encima.

También he tenido algunas nostalgias, propias, pero de cosas que sucedieron.

A veces prefiero llamarlas memorias, pasados, escritos, borrones, recuerdos, vacíos.


4.
Desde chica oía hablar en casa sobre cosas que yo nunca vi, pero las guardo en mi memoria como si fueran una herencia.

Un ático de cosas inexistentes. Surreales. Como un reloj de bolsillo de oro que heredé y siento el tic-tac de su maquinaria en mi lado izquierdo.

Cosas y palabras.

Solía oír en mi familia conversaciones profundas sobre personas que yo nunca conocí.

Yo imaginaba a estas personas.

Imaginaba que yo estaba ahí también dentro de esas nostalgias familiares.

Creo que desde entonces empecé a crearme personajes en la mente.

Como cuando hablaban del abuelo.

5.
Mi abuelo el que era muy fuerte y muy cortés, el que tenía las manos ásperas y gruesas, que sabía hacer muchas cosas, que nunca dejó una deuda pendiente, que trabajaba en una cervecería pero que también trabajó en una mina, mi abuelo el que fue siempre un señor y que usaba sombrero. Mi abuelo que se parece a mi madre.

Mi abuelo materno quién murió en el 73 cuando yo no existía.

Yo veia las fotografias en blanco y negro donde salian mi madre joven y sus hermanas. Sostenían coronas de flores blancas, como azucenas y detras una carroza negra, antigua se movía despacio.

Tenían esas ojeras típicas de la familia, como las mías, pero más remarcadas entonces por la tristeza.

A veces pensaba yo que era mi madre (me parezco mucho a ella cuando joven)

A veces pensaba que yo estaba ahí, caminando entre la gente del fondo de la foto que no se distinguía.

Me ponía tan triste ver esas fotos de alguien que murió y que yo nunca conocí.

Recuerdo la primera vez que fui al cementerio a vistar la tumba de mi abuelo. No tendría más de 7 años y lo recuerdo tan bien.

Es como si yo ya hubiese estado ahí. Y leía el nombre en la lápida de mármol blanquísimo y todos sus apellidos y uno que sobresalía, un apellido que es el mío.

Algunas veces hablo sobre mi abuelo como si lo hubiese conocido.

O como si hubiese sido alguno de los personajes sobre los que he escrito.


Escribir.

6.
Cuando escribo a veces empiezo por garabatos, a veces escribo sólo dos cosas tontas como elayeryere.

Pero casi siempre cuando escribo se me da por pensar en nostalgias (propias, ajenas, reales o inventadas) y eso entonces esto deriva en personajes que flotan delante de mí.

Mis personajes, existen todos, trabajan, van a clase, viven, respiran, hablan mi idioma y otros idiomas inventados, tienen pasaporte, nombre y apellido, tienen ojos azules, a algunos les he estrechado la mano, con otros he dormido y a otros solo los he mirado a través del agujero diminuto de una cerradura sin que ellos se enteren y desde ahi he cogido la fibra para escribir algo.

Los he ido destejiendo y tejiendo, los he dejado suspendidos en enredaderas de tinta.

Pero también algunos son otros y tantos cuando en realidad son yo misma reflejada en los pedazos de un espejo roto.

Como ver el apellido tuyo en una tumba y entonces pensar por un segundo que eres tú quién yace ahí hecha polvo.

Retazos de una carta. Rompecabezas de mi vida. Notas musicales. Pedazos de papeles en blanco.


Personajes.

7.
Hoy entre una de tantas mis rutinas me dí cara a cara con alguien muy interesante.

Sucedieron entonces una serie de coincidencias delante de mí, como aquellas que suceden cuando uno se enamora de golpe.

Tiene ojos azules, escribe, habla de las nostalgías, habla de la soledad del uno más uno, de escribir para tener compañía, habla de lo vivido, de lo recordado y de lo olvidado; también me llamó mucho la atención lo que dijo sobre los folios en blanco.

No pude estar más de acuerdo con él, tanto que me pareció estar escuchando a veces mis propias palabras. Y recuerdo ahora lo que escribí hace unos meses sobre los papeles en blanco : El papel no es muro, el papel es un guiño en blanco.

Él dice La página tiene que estar en blanco, y la ensucio yo.

Me gustaría haber conocido esta tarde a este señor.

Tengo muchas ganas de leer algo que él haya escrito.

Quizás algún día encuentre su libro. (se aceptan propuestas de intercambios libro por salmón noruego)

Hoy cuando leí el inicio del ártículo, pensé en mi abuelo, el de mi nostalgia que nunca sucedió, la peor de todas, según una canción. Me dejaron nostalgia también, inexplicablemente, las palabras de este escritor en el artículo, la frase generación de derrotados se quedó dentro de mí.

Y me puse a pensar en mí, en mi genreación, en mis ancestros, mi posible descendencia, en tantos personajes.

Y otra vez yo. Personaje en estas líneas.

Entonces comencé a ensuciar este folio, a seguir guiños que llenan mis vacíos de tardes en blanco.

Entonces comencé a escribir.
1.
Lo de la fiebre es algo que nunca me ha disgustado del todo.

Es como estar enamorada.

Y el amor es otra cosa que no me disgusta del todo, aunque a veces, lo confieso, me ha puesto verde, verde Lorca, verde carne, pelo verdo y por lo mismo ”las cosas la están mirando. Y ella no puede mirarlas”.

Yo tengo que verlo todo, ver y ser vista, de eso se trata.

Y el amor también se trata de eso.

Exhibirte mientras alguien te contempla o contemplar al exhibicionista que se sabe visto.

Exhibicionismo puro como este texto.

Pero no tengo ganas de escribir sobre el amor, ¿quién escribe sobre el amor cuando le duelen los nudillos o las artículaciones del hombro izquierdo?

Bastante más podría escribir sobre el desamor con esta sensación de algo que me raspa en el fondo de la garganta.

El desamor raspa.

Desamor como clavos en mi paladar que se oxidan, el desamor que no me dejó decir la última palabra, el desamor es un silencio que pesa.

Hay desamor aún en el brillo febril de mis ojos.


Pero mejor vuelvo a la fiebre.

2.
La fiebre le da un brillo especial a todo lo que me rodea, es como un resplandor de nébula sobre cada cosa.

La fiebre hace que sienta que las extremidades se me estiran, hace que el cielo de mi habitación se llene de estrellas, mientras siento que mi sangre está llena de burbujas, rojo efervescente.

Creo que cuando Dios creo al hombre o a los miles de hombres, lo hizo con fiebre. Tomó entre sus manos un poco de arcilla fría y con el calor empezó a jugar como un párvulo lo haría como la plastilina.

Así nos hizo, blandos, tibios, vulnerables y efervescentes.

Por eso, el desamor nos duele y nos hierve tanto, nos raspa en cada burbuja interna, vuelve nuestras efervescencias dolorosas.


3.
Hace días se me rompió un termómetro.

Eso me recordó a mi infancia. Me encantaba romper termómetros y guadar el mercurio.

Sigo pensando que el mercurio tiene vida.

Si yo no supiera que la gente lleva sangre dentro de las venas, pensaría que lleva mercurio.

Ese afán de escurrirse a veces y perderse, como una gota diminuta o juntarse en una bola muy grande, eso es típico de la gente.

(Sino que lo digan los sociólogos que siempre hablan de esas cosas)

Pero yo alguna vez he visto a alguien sudar plateado, así debe sudar también la luna de Leonard Cohen ”in the bed where the moon has been sweating” así yo también vi que ese sudor plateado se quedó una vez en mis sábanas.

Sudor de mercurio, plateado como el de la luna.

4.
Pero el sudor de la fiebre es anaranjado.

Como un atardecer de verano.

Hace que el cuerpo de uno se vuelva la superficie donde se pone el sol, y entonces los filos del cuerpo se transforman en el horizonte donde un sol de 38 grados se oculta pero sigue calentando. La fiebre convierte al cuerpo que yace en la cama es un desierto de arena hirviendo, con penunbras tibias entre las dunas de las clavículas, en los nudillos, oasis en los ojos vidriosos.

5.
Hoy en la cama mientras esperaba una baja de temperatura con ibuprofeno que me vendio un mago, imaginé que era un país.

Imaginé que en las televisiones y en los periódicos de toda la población que habitaba en mi cuerpo, los reportes del clima sentenciaban, ”ola de calor”.

Empecé a sentir un hormigueo en todo el cuerpo y pensé que era toda la gente que me habitaba la que se movía en busca de un lugar más fresco.

Y entonces llegaban a las palmas de mis manos, húmedas, que sudaban un poco frío.

Tenía millones de habitantes calurosos, con sombrillas de playa y ropas ligeras en mis puños. Un poco desolados, tristes y ridículos como cuando la gente va en grandes grupos a las playas y entonces lo rompe todo.

Cerré los puños y los maté a todos.

Se volvieron mercurio.

Y fui entonces un país desolado.


6.
Cuando tengo fiebre leo poesía. Pues las palabras me calan más hondo, las palabras metálicas se funden dentro de mí como dagas que ya no me cortan sino que me abrazan, me arrullan.

Hoy en cama leía a Aleixandre

Corazón negro.Enigma o sangre de otras vidas pasadas,suprema interrogación que ante los ojos me habla,signo que no comprendo a la luz de la luna.Sangre negra, corazón dolorido que desde lejos la envías a latidos inciertos, bocanadas calientes,vaho pesado de estío, río en que no me hundo,que sin luz pasa como silencio, sin perfume ni amor.Triste historia de un cuerpo que existe como existe un planeta,como existe la luna, la abandonada luna,hueso que todavía tiene un claror de carne.Aquí, aquí en la tierra echado entre unos juncos,entre lo verde presente, entre lo siempre fresco,veo esa pena o sombra, esa linfa o espectro,esa sola sospecha de sangre que no pasa.¡Corazón negro, origen del dolor o la luna,corazón que algún día latiste entre unas manos.beso que navegaste por unas venas rojas,cuerpo que te ceñiste a una tapia vibrante!

Me gusta mucho Aleixandre, me gusta la fiebre en sus palabras.

Y así con el libro sobre mi pecho y con las manos sobre el, me quedé dormida.
Imaginaba, mientras el sueño llegaba, que era un país desolado con una montaña que en lugar de tierra era una montaña de papel y de tinta: una montaña de letras, de palabras, de poesía.
Me pasa a veces –sobretodo cuando ando rodeada de gente y de ruído- que me pierdo.

De pronto fijo la vista en algo y es como quedarme enganchada. Estoy pensando que existe, dentro de mi cerebro, un anzuelo plateado que pesca cosas que brillan y que flotan delante de mis ojos.

Hace días me perdí en los ojos de alguien que me hablaba, me empezaba a contar un problema.

Yo fijé la vista en sus pupilas y de pronto se convirtieron en dos agujeros negros que me absorbieron.

Cuando estuve dentro de sus ojos, azules, desde ahí pude ver que sus iris eran dos mundos, azules también como la típica foto de la tierra en todos las enciclopedias.

Seguí mi viaje a través de sus ojos y de pronto sentí el tacto de sus mejillas, las cuales sjamás he tocado ni besado, pero las sentí entre suaves en aquellas partes donde no llevaba esa barba rala de dos días. Suaves como el tacto de las plumas de una paloma pálida, blanca, calma. Su barba rala eran unas espinas, pequeñitas que crecían en un rosal abandonado; su mentón se convirtió en arbusto de rosas donde de pronto estaba yo deslizando el tacto, y me hería los dedos y era mi sangre roja la que le daba el color rojo a esos dos labios afilados como dagas rojas que cortan en pedazos todo aquello que tocan.

En cada pestañeo que él daba yo veía que estrellas casi como escarcha flotaban como particulas de polvo sobre la luz, agitadas por el aire del movimiento de sus párpados.

Y así aparecía yo de repente escuchando sus palabras dentro de él mismo, me convertía en el eco de su eco, dentro de sus orejas era yo el ruído del aleteo de un colibrí y me podía escuchar yo misma, mientras lo escuchaba y le decía con empatía “sí, te entiendo” porque entonces de verdad lo entendía ya que era yo quién escribía el guion, pues me había convertido en un ser pequeño que le dictaba cada palabra, un ventrilocuo diminuto que dirigía a un muñeco inmenso.

Luego pasaba por un túnel lleno de sonidos que se encontraba en su garganta, yo daba saltos sobre sus cuerdas vocales y el tono de su voz cambiaba. Ahí estaba todo tibio, el cielo del paladar era como el recuerdo que tengo del cielo de Lima: rojo.

Y desde ahí iba subiendo hasta su cabeza, era como llegar al cielo y el cielo era un ático con unos relojes como los de Dalí que se derretían, con fotos viejas en blanco y negro, con un gato metido dentro de un sombrero de copa, caballos al galope, vidrios, árboles inmensos, hormigas que cargaban en sus lomos hacia el hormiguero letras que formaban palabras en filas indias y se desaparecían, abanicos de colores en mujeres de sala de espera en un aeropuerto, recuerdos encerrados en burbujas, dentro de palacios, aviones que despegaban, sensaciones envueltas en telas de araña y arañas inmensas que en cada pata llevaban a una multitud de pasados que se aferraban, pasados envenenandos, caras, perfumes esparcidos sobre cartas, caballos, tinta, un auto que se deslizaba en una carretera, una pareja de amantes desnudos y silenciosos en una cama, un río de vino tinto, un perro ladrando un niño corriendo en un desierto y llorando, un cigarro que ardía quieto en cenizas al borde de un abismo de espejos.

Yo nadaba entre las nébulas de sus pensamientos, flotaba entre tantos objetos transparentes que me golpeaban y a la vez seguía viendo los mundos de sus ojos, los rosales de su barba que me sangraban el tacto, la calidez de su garganta y el cielo redemptor de su paladar, yo seguía diciéndole "te entiendo" y me veía otra vez yo pequeño ventrilocúo en su cabeza, todos y yo envueltos en la nebulosa de su mente.

Finalmente llegué a un espacio en blanco, calmo, luminoso, donde en un papel blanquísimo estaba mi nombre escrito en letras negras.

Y volví a la mesa, volví a sus pupilas y a sus ojos, volví a sus palabras.

- Sí, entiendo- volví a repetir, pues creo que lo entendía todo.

Entonces yo sudaba frío, temblaba, estaba agotada. El pasó su mano perfecta sobre mi frente y me secó el sudor anaranjado.

- Tienes fiebre.

Al sentir por primera vez su tacto, me dejé llevar hasta un campo verde de yerba fresca, al tacto de la arena blanca, al tacto del agua fluyendo sobre el cuerpo.

Sentí un escalofrío.

Nos quedamos en silencio mirándonos y seguramente en ese momento él entró a través de mis pupilas.

Entonces bajé la mirada y le pedí que me llevara a casa.

No quería que él encontrase en el fondo de mi mente aquel papel doblado, con su nombre escrito también en letras mayúsculas y en tinta negra.

Su nombre ahí escrito mil veces.
recuerdo que cuando estaba en el colegio, las separatas o las esquelas venían con un membrete con la fecha y el nombre del año.
recuerdo que hubo un año que se llamó "año de los 600 mil turistas" yo siempre pensaba que eran sólo 600 mil turistas en el mundo los privilegiados de moverse por todo el mundo y gratis y sin tener que cargar maleta, me imaginaba seiscientos mil nombres raros, seiscientas mil caras, seiscientos mil álbumes de fotos y seiscientos mil personas moviéndose en un mundo vacío.
también hubo el año de la familia, el año internacional del arroz, el año de la lucha contra el aerosol, el año del quinto centenario del descubrimiento de colón, el año de la mejora de la educación, el año de los valores cristianos entre otras cosas que me dan un poco de acidez.
(seguro hubo alguna vez el año de la úlcera, probablemente alguno en mi adolescencia donde solía renegar de todo)
yo estuve pensando que algunos años de mi vida los podría titular y escribir capítulos en papel membretado según corresponda,

1998 año del encanto hacia el tabaco y el desencanto de todo lo restante.
2000 año blanco, milenio de marfil, año de sabanas de algodón y de jugo de naranja del naranjo familiar.
2001 año del desengaño
2002 año de la oscuridad polar y la luz boreal
2003 año de líneas de cristales rotos y año del tintero
2004 año de los aeropuertos de las maletas y del olvido
2005…

no sé bien como acabaré titulando a este año, por lo pronto ya va siendo el trimestre de los doctores, las pastillas, los accidentes pequeños y de las dosis.

Entonces sentí que era un ser gigante que contemplaba la superficie del mundo situándola al ras de mi mirada.
Como cuando chica leía esos mensajes ocultos escritas en letras que parecían sostenidos y bemóles en las teclas de un piano.
Veía que todo se elevaba desde la base de mis ojos hasta lo más alto.
Los edificios, las ciudades, las multitudes y sus pasos infinitos.
Desde mis pupilas se extendía una línea negra que se pronlogaba infinita hasta la profundidad de la persperctiva, al fondo de todo.
Los vientos en huracanes se arremolinaban entre mis orejas y mi pelo, hacían círculos en mi nuca.
Mis ojeras eran eclipses de luna.
La lluvia de todo el cielo eran las gotas de sudor frío que resbalaban desde mi frente hasta perderse en mi perfil.
Mis labios estaban apoyados sobre un volcán y hervían.
Tenía el cuello rodeado por los oceános y ríos fluían por mis costados, entre mis costillas.
En el corazón me latía la roca liquida del centro de la tierra.
El torso lo tenía atravesado por un cometa.
Por la espina dorsal se me extendían cordilleras se deslizaban glaciares.
Las piernas, los pies, mis brazos y mis muñecas a los lados rodeadas por lunas, soles, galaxias enteras.
Un hormigueo constante de estrellas fugaces sucedía por mis muslos.
Mi cabeza era un agujero negro abierto.
De pronto un hilo de lava roja descendía desde lo alto del universo y todo lo tocaba.
Al llegar a mis labios, el volcán se volvió sangre que hervía.
Sabor a sangre en mi paladar.
Pánico y sin poder moverme pues la gravedad me sujetaba.
Supe entonces que yo era pequeña y estaba tendida en la acera.


(accidentes de mi vida)