a mí no me gusta mucho la navidad.
no es porque sea un grinch por vocación o porque sea cosmo-posmo pero tengo muchas razones para que esta fecha no me guste.
muchas están escritas a lo largo de los meses en este blog, y lo que esta fecha hace es que se me junten todas esas cosas que no me gustan y se cuelguen de mi árbol mental, con mis villancicos interminables que repiten lo mismo, con mis lucecitas de colores y la musiquilla enlatada y con tropezandome con mis regalos made in taiwan como el osito de peluche del año pasado.
me sucede que, desde hace algún tiempo, la mañana del 24 de diciembre me hago esta misma pregunta "qué tiene hoy de especial el día para celebrarlo?"
y siempre me asalta una respuesta como una bofetada que sale de pronto de cualquier cosa.
esta mañana, mi pregunta de todos los años, la densidad de estos días, el letargo y el desgano desparecieron en una mirada.
cuando vi esto que está aquí en las fotos, en el cielo.
no sé qué haya sido.
como se puede ver, era una masa luminosa y sin forma, tornasolada, que parecía avanzar (o quizá era sólo una sensación) rompiendo las nubes y el cielo con el estruendo del silencio y la calma.
esta mañana me dejó con la sensación de intensidad en las cosas más ligeras, el tacto del aire en las manos, la certeza en las cosas que no se ven, la fe más profunda en todo lo que no se dice, ni se sabe pero que está ahí como la mañana.
hoy me quedé con un resplandor envolviendo todo lo que me rodeaba.
y así todo eso se iba expandiendo, avanzando, cambiando de color. el cielo se iba rompiendo en borrones de luz, en tonos rosados, lilas y naranjas. lo tornasolado de esos agujeros de nada avanzaban y lo iban cambiando todo. el cielo se iba despellajando y dejaba ver detrás un cielo nuevo, en carne viva, sangrando colores sobre la nieve, el mar plateado, los techos de las casas, sobre mí. las nubes se hacían pedazos ante mis ojos, todo se movía y mis ojos brillaban, mis pupilas se dilataban, se afinaban, ahí en calma y de pie, en medio del silencio sentía también como si dentro de mí amaneciera.
así me quedé un rato, mirando todo esto, sin saber nada: ni que era, ni por qué estaba ahí, ni cómo así me di cuenta de ello desde mi ventana, ni cuanto iba a durar o en que iba a terminar.
y pensar que a veces uno pierde la fe, la esperanza y hasta las ganas y ya no sabe en qué creer.
ahora, parecía haber encontrado esa respuesta detrás de las nubes de esta mañana, sobre mis montañas más dificiles, sobre la nieve más espesa e imposible, sobre el mar oscuro y quieto.
sobre mi letargo y mi desgano, apareció todo esto que lo limpió todo.
un estallido de colores y el cielo sangrando, despellejado y recién parido, gritando colores y luces.
esa cosa en el cielo tan inexplicable, que no entendería ni aún si un meteorólogo me lo explicase.
como no se pueden entender los estallidos, los agujeros, los balazos, los gritos.
no tenía nombre, ni forma definida, ni tiempo, ni trayectoria. sólo sabía que estaba ahí expándiendose y moviéndose en el cielo y dentro de mí.
entendí una vez más eso que a veces olvido: que no importan las certezas, ni los tiempos, ni los principios, ni los títulos, ni los hasta cuando, sólo importa estar ahí y tener los ojos bien abiertos para verlo pasar y que no se nos pierda y quién sabe asi poder recordarlo para siempre.
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yo no quería escribir un post de navidad, y sin embargo escribo esto para ustedes con toda la premeditación, alevosía (y más por segunda vez) y ganas.
yo tampoco me quería ir, ni tampoco me quería enamorar (otra vez) ni tampoco quería volver.
al final todo lo hice queriendo y con ganas (como esto que escribo ahora pues quería compartirlo con ustedes)
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quería desearles que encuentren las respuestas a sus preguntas densas del desgano y del letargo, que en medio de la poca fe y la esperanza perdida de nuestras montañas llenas de plegarias como avalanchas y mares empapados de desconcierto y marasmo, se encuentren con un cielo haciéndose pedazos delante de ustedes, y que todo cambie y se reconstruya.
deseo a todos los que vienen a leer aquí, que sé que están ahí (a los que dejan huellas o los que dejan solo el ratsro de su silencio) que encuentren esas respuestas que buscan, esas respuestas que asaltan y que brillan, las respuestas imposibles pues los responden a todo, tan grandes como las nubes que gritan y que de pronto aparecen para cambiarlo todo.
que las encuentren cuando más las necesiten, si no es en una mañana de navidad vacía, en cualquiera de aquellas mañanas de tantas, en aquellas donde vemos que el cielo parece envejecer sin remedio y se llena de agujeros.
que los asalte esa luminosidad de la certeza del cielo, de las nubes, de los colores recién paridos, de las mañanas nuevas que aún sangran o la certeza de la nada, esa certeza tan simple como la certeza del silencio y la calma, esa certeza que siempre sale a asaltarnos luego de haber estado escondida detrás de todas las cosas.
