si ponía al payasito sobre una superficie de metal como mi refrigeradora el payasito se iba revolcando en volteretas hasta llegar al piso enredado con sus piernas pegadas al pecho.
las piernas lo sostenían firme, pero la fuerza del imán en el pecho era lo que hacía que el payaso avanzara.
como pasé la tarde en casa y a solas (cosa que es tan rara como ver estrellas en esta ciudad) me puse a jugar con el payasito y lo descosí para ver los imanes de cerca.
cambié el imán del corazón por uno del pie, pero el payaso seguía moviéndose impulsado por la fuerza de su corazón y las piernas solo lo sostenían en el recorrido dirigido por el corazón.
ese payaso se parece a mí. yo voy cada cierto tiempo cambiando los imanes de todo mi cuerpo pero siempre hay un imán que me mueve aunque no siempre está en el mismo sitio.
(luego llego un niñito a casa y se llevó al payasito)
este viaje a lima tiene la apariencia de la calma antes de la tormenta. estoy muy tranquila y campante a pesar de todo. aún no he bailado perreo ni comido ceviche, tampoco he tomado inca cola, tampoco he llorado porque lima me hace llorar como la cebolla roja (bueno una vez pero porque me dolían las tripas y eso no se cuenta)… solo he paseado por esos sitios que pasean los turistas y no he hecho nada.
a veces estando en noruega extraño cosas pero cuando las tengo delante (como un botellón de inca kola) no les hago mucho caso.
(me gustaría subirme al cerro san cristóbal)
lo que sí echo de menos sin ninguna duda es a mi gato. tanto, que me he buscado un gato igual a él. es de mi vecino, pero vive fuera de su casa. así que a veces yo salgo y le doy comida.
es un gato muy cariñoso y agradecido (no como el fresco de kokorito que igual lo quiero porque cuando yo quiero es así, quiero al peor) come de todo (aprendan), maulla y está cieguito de un ojo.
eso sí, era un poco huraño al principio y me costó ganarme su confianza, pero ahora se acerca y me ronronea. me gustaría meterlo a casa para que me acompañe en la siesta pero a lo mejor me mandan a hacer a mí la siesta a la pista de afuera.
(mejor no)
comiendo paella
hace días fui a un doctor que tenía las maneras de un nazi. mientras me auscultaba, me hacía sentir más enferma y casi culpable de mi propio dolor.
yo sé que a veces hay dolores que uno se los busca porque quiere, como por ejemplo cuando te enamoras de la persona equivocada y estás ahí penando y maullando como un kokorito abandonado esperando que te tiren sobras al tejado. hasta que te tiran tu corazón sancochado y tú mismo te lo comes.
pero el dolor de las tripas no se lo busca nadie, maldito doctor. me puse a pensar que mejor hubiese ido al veterinario de kokorito que te da palmaditas en la cabeza y te agarra las orejas con cariño.
(mañana me van a meter una aguja, a ver que hay, a lo mejor y sale un sapo)
hoy me han preguntado (no voy a decir quién, pero es vecino): que ¿en lima también eres insomne?
y yo he dicho: claro, pues.
si el insomnio se resolviera cambiando de ubicación geográfica a mí ya se me hubiese curado en el polo norte. a lo mejor japón sería el país de los sueños los insomnes occidentales y ecuador el país de los insomnes orientales (algo así)
(quiero ir a japón)
en lima siempre hablo, todo el tiempo, hablo, hablo y hablo.
pero hoy tenía muchas ganas de hablar, no sé, de decir cosas sin tener que pronunciarlas o explicarlas, por eso me puse a escribir esto.
(y hablando de escribir, al fin voy a tener un libro)
creo que ando del color del cielo de lima.
me voy a comprar unos colores y ya vuelvo.




