post al paso

hoy que iba caminando me acordé de esta frase:

"parecía salido de un video de MTV"

recuerdo que alguna vez he usado esa frase para describir a alguien y también recuerdo haberla usado en una historia cortita que escribí hace tiempo.

y lo que yo quería decir con eso, era algo positivo. alguién salido de un video de MTV para mí y entonces, era alguien que llevaba algún traje raro pero interesante, si bien un poco chillón pero que no dolía a la vista, un poco futurista, un poco como la ropa de diseño de pasarela (la interesante).

pero ahora, salido de un video de MTV tenemos al cantante de gasolina, a usher (con todas su cadenas) a gwen stephany, a shakira... es decir tenemos, escarcha, cadenas gruesas de oro, zapatillas de talla extra grande, camisetas de basket-beisbol y tacones con calcetines y mini shorts además del petróleo de shakira...

ya no voy a usar esa frase

como cambian los tiempos, venancio ¿qué te parece?



ya vuelvo...
el fútbol y yo


hoy de pronto he recordado que hace varios años atrás un día -seguramente esperando que pase algo y por puro salir del aburrimiento- me presenté a una prueba de fútbol que buscaba niñas entre 12 y 16 años para un equipo femenino.

¿en qué diablos estaría pensando?

tendría trece o catorce años. el lugar dónde se llevaría a cabo la prueba quedaba cerca de mi casa. yo leí el anuncio en la puerta de una bodega un día que seguro me mandaron a comprar cualquier cosa.

me acuerdo que no le dije a nadie sobre esa prueba.

(me estoy acordando últimamente de cosas pasadas que nadie o casi nadie sabe, para eso estará el blog algunas veces)


nunca jamás en mi vida le había puesto interés al fútbol: no sabía las reglas, no era realmente hincha de ningún equipo, no había jugado fútbol ni una sola vez; pero igual fui.

recuerdo que me compré en el mercado unas medias de fútbol para que la cosa parezca en serio. fui con unas zapatillas terribles (unas reebok blancas, que siempre se descosían de los costados o se rompían de la punta) una bermuda azul y un polo gris. tenía uno de esos vasos que llevan un sorbete de plástico con un dibujo de bugs bunny.

así de disfrazada fui.

de mi casa al campo de fútbol pensaba que quizás todas las niñas no sabrían nada de fútbol; a lo mejor y pasaba la prueba, pensaba. quizás es que quería ser futbolista porque por entonces el novio de una prima lo era y no estudiaba nada, sólo jugaba fútbol y le pagaban bien y a mí no me gustaba el colegio.

llegué a la prueba y había niñas que habían jugado fútbol parecía, desde que aprendieron a andar. algunas eran bastante bruscas, te pegaban golpes en el pecho, te metían la pierna cuando ibas con la pelota, te jalaban del pelo y te susurraban insultos al oído.

había chicas de todos los tamaños, clases, edades y tipos. eso fue lo que más me gustó de esa prueba, éramos iguales pero distintas. nos hicieron patear la pelota, correr con ella, hacer penales y dominadas (yo podía sólo hasta 13). al final armaron equipos y nos pusieron a jugar.

yo estaba nerviosa y le dije a una chica que fue la única con quién sentí que podía hablar: “es la primera vez que juego en un campo de verdad y en un equipo contra otro”. ella me contestó: “ay amiga, yo tampoco sé nada”.

yo no le creí así, porque me dio la impresión que ella podía mucho, sólo que tenía nervios; así que me dije que si me tocaba la pelota se la pasaría a ella.

lo bueno que tenía yo a esa edad era que tenía poca vergüenza para algunas cosas y muy buena vista. así que me la pasé corriendo como bendita de un lado a otro pidiendo la pelota y cuando la tocaba, se la pasaba a amiga-no-sé-nada y amiga, que era pequeñita y tenía el pelo suelto, negro azabache brillante y liso se las arreglaba para correr con la pelota y pasarla para convertir goles y hasta ella misma marcó dos. de hecho, amiga-no-sé-nada, no sabía de la reglas de fútbol pero jugaba bien, corría bien (era como speedy gonzales) pasaba bien, marcaba bien.

al final seleccionaron a amiga-no-sé-nada. yo la felicité (como se felicitan las misses en los concursos de belleza pero con verdadera sinceridad) y a la salida nos fuimos juntas a tomar agua. ella se fue a esperar el bus para decirle a sus papás que la habían seleccionado y yo me fui a casa con mis medias nuevas hechas mierda y mi frasco de agua medio lleno.




oficina de quejas



hoy día me he acordado de amiga-yo-tampoco-sé-nada porque a veces me siento así como ella.

siento que no sé nada, que no he hecho demasiado, que me falta tanto.

sé que algunas cosas las puedo hacer bien pero soy muy insegura. a veces necesito que me reten, que me pongan a prueba o que me pongan en un grupo donde todos jueguen a empujones (a veces mi vida es bastante tranquila) y que sea una condición absolutamente necesaria que (me) lo demuestre, que demuestre mi juego y que además sea mi otro yo, el crítico, el seleccionador.


a veces me digo: “mamita- como me dice ella ¿no deberías dejar de tontear ya?

blog

si mi blog fuese persona (esta señorita lo llamó "mi escuchador") espero que sea hombre.

sino me va decir también “mamita”.

en cambio si es hombre y con lo que me quejo (pues aquí vengo a quejarme) a lo mejor y me invita a tomar una cerveza o café

quizás mi blog es abstemio



tranquilidad


este ha sido un fin de semana tranquilo. ayer leí y más tarde me pondré a jugar scrabble en yahoo!

(mamita, deja de huevear)

cuando todo está tranquilo me acuerdo del colegio.

yo era bastante tranquila y odiaba tanto el colegio en la secundaria que me quedaba quietecita porque no quería participar de ninguna manera de nada, no quería hacer ruido.

en cambio mis amigas eran medias locas.

una de ellas se ha casado hace poco, y me hubiese gustado mucho poder haber estado en su boda. la amiga recibió el buquet y yo aquí escribo sobre ellas.




bus escolar

ayer tomé el bus a la hora de la salida de los colegios y a mi lado se sentó un niño lindo.

tendría unos 11 o 12 años. era gordito, rosado y tenía unos ojos verdes oscuros como los de botella de vino antigua que contrastaban con su pelo castaño como de otoño, brillante y despeinado. cargaba una mochilota y sacó de ahí un discman que tenía los audífonos enredados. trató de desenredarlos y luego suspiro, se rindió, tiró su mochila y se los puso así enredados.

se quedo quieto todo el viaje mirando a la ventana y escuchando música.

yo también escuchaba música y se volvió todo como una película.

en los primeros años de la secundaría, cuando yo tenía la edad de ese niño y cargaba también mochilotas de libros tomaba un micro azul para ir al colegio: la ruta 177ª. un micro lentísimo, siempre destartalado y lleno. eso era como un mercado surrealista sobre ruedas o algo que no todavía no puedo explicar con palabras. recuerdo que todos los días se subía en el cruce de las avenidas primavera y aviación un señor con ollas humeantes, llenas de algo que debería ser chanfaina o algo así. olía todo a guiso, a comida hirviendo. la gente huía a la parte delantera del micro porque el olor se pegaba en todo. eso se repetía cada día: la misma escena, a la misma hora, los mismos protagonistas, el mismo acto y el mismo olor.

luego el señor y sus ollas se bajaban cerca de una construcción.

a veces me daba la impresión que los obreros lo olían al llegar y sonreían y dejaban de lado las herramientas.

basada en esa escena y en algunas otras cosas, años más tarde escribiría este cuento:


Dos gallinazos

cinco canciones

1./ domino dancing

hace días tenía en la cabeza la imagen de miles de piezas de dominó acomodadas una tras otra sobre un descampado hasta que empezaban a derribarse en cadena. esa imagen que seguramente todo el mundo ha visto en la TV.

yo pensaba en esa gente que acomoda las piezas dominó una tras otra, pensaba en que pensaban mientras acomodaban esas piezas. generalmente es algo que le gusta hacer a los japoneses.

imaginaba al equipo de japoneses, concentrados, poniendo las piezas con el cuidado de un cirujano, una tras otra, exactas. hasta que un día se deciden derribarlo todo y disfrutar con ello: disfrutar del derribo.

pensé en que si ellos se harían esta pregunta cuando todas la piezas estén derribadas: “y ahora qué?

todo esto, pues a veces tengo la impresión de que mi vida es así como esta imagen del dominó.

me la paso ordenando piezas de dominó, con precisión de cirujano, casi como una manía (porque soy muy perfeccionista) hasta que un día se derrumba todo.

no sé si decir que disfruto del derribo como los japoneses, pero sé que cuando el derribo sucede, dejo de acomodar cosas en mi vida. ya no acomodo las piezas y me dejo llevar por todo quizás hasta por la misma fuerza que derribó los dominós.

(a veces es agradable dejarse llevar, tan agradable como ver en la tele cuando caen los dominós)

entonces me vuelvo como una de las piezas de dominó de un equipo de japoneses, cayendo por inercia en medio otras miles piezas de dominó que puede que sean otros como yo o quizás yo misma.

inercia y derribo.

el derribo me lleva a escribir.

pero yo sí, después del derribo me pregunto: ¿y ahora qué?



2./ if god will send his angels

a veces creo que no conviene hacerse tantas preguntas.

aunque lo haya dicho einstein, a quien admiro (porque ese sí que era genio).

él decía:




lo importante es no dejar de hacerse preguntas.

un día me voy a encontrar con einstein y le voy a decir:

sí, es cierto lo que dices, albert, pero a veces las preguntas pesan porque uno quiere una respuesta inmediata, quiere saberlo todo.

tú, es que sabes mucho. si hasta sabes-porque yo sé que sabes- que dios existe por eso supongo que te será más fácil encontrar las respuestas.

imagino que primero einstein trataría de darme una respuesta a mi pregunta “y ahora qué? con una formula matemática o una ecuación lógica.

al final seguro como no le entendería nada, me diría: bueno, anda ve y haz lo que siempre haces.

y respuesta, eso es: escribir.

entonces como me sigo preguntando ¿y ahora qué? escribo esto.

(einstein debe estar sentado junto a dios en un teatro)


3./ estaban todos menos tú


ayer fui a un bar al que suelo ir con frecuencia, se llama barbeint.

cuando aún no sabía noruego pensaba que el dueño del bar se llamaba beint (suena a nombre noruego casi como bernt) pero luego cuando empecé a ir a clases de noruego me enteré que barbeint significa “descalzo” (barefoot)

me encantó esa palabra, barbeint. porque me recordó a la canción de U2 dancing barefoot que es una de mis favoritas y además es describe tal cual lo que (me) pasa en barbeint la mayoría de veces: Here I go when I don't know why / I spin so ceaselessly /'Til I lose my sense of gravity /I'm dancing barefoot/ Heading for a spin /Some strange music drives me on /Makes me come up like some heroine.

4./ it´s the end of the world as we know it (and i feel fine)


antes de llegar al barbeint, en un estacionamiento vi que debajo de un auto había una redondela de metal, algo así como la tapa de una lata de galletas.

había tomado un poco de vodka y al ver eso ahí me llevó a sentir pánico. llegué a creer que era una mina y que deberían haber seguramente varías otras repartidas por el estacionamiento. tuve un miedo tan grande duró quizás segundos hasta que llegué al pub.

luego ahí era todo como una guerra, mucha gente, mucho ruido, muchos bandos, todos disparándose unos a otros. yo era un soldado más y todos éramos carne de cañón. algunos estaban ya destrozados, cuerpos regados por todas partes.

llegué a la barra y pedí uno de esos tragos que son de colores y tienen una sombrillita. mientras me lo preparaban pensé en cómo será realmente vivir en un lugar que está en guerra constante, en donde las minas son una realidad y en donde el miedo no es cosa de vodka ni de treinta segundos.

con mi trago colorido en mano y mientras caminaba por el bar, me sentí ridícula y miserable. sentí que todo en el mundo (la humanidad) se estaba yendo a la mierda mientras aquí nos emborrachábamos con tragos con sombrillita.

me preguntaba por qué todo será así.

imposible conversar sobre eso ayer.

me dejé llevar por todo y tomé miserablemente miles de tragos con sombrillita mientras se acaba el mundo.


5./ you may say i´m a dreamer (but i´m not the only one)

cuando era niña mi abuela me decía que abra la biblia con los ojos cerrados y que encontraría la respuesta a mi pregunta.

yo aquí no tengo biblia, pero como la biblia es ficción pura, entonces abro libros de poesía o sino pongo una canción en random y cierro los ojos.

hoy día en lugar de los libros, puse una canción.

entonces sale una canción de oasis, de oasis que me gustan pero nunca tanto como para creer que tienen una respuesta (de sólo pensar en Liam Gallagher).

pero hoy fue la revelación:

la canción se llama “keep the dream alive” y dice un pedazo de la letra que se me quedó: “the answers dissapear when i open my eyes”

entonces me dije, luego de que caigan las piezas del dominó, luego de mi guerra de ayer en el bar, luego de las miserias, luego de mis amigas que no son mis amigas, luego de sentirte un poco sola y un poco allá y no aquí, luego de tener el corazón en el bolsillo, luego de saber que el mundo se está acabando, luego de volver a casa en un taxi en silencio oyendo sólo mi respiración y mis latidos, luego de mi derribo, luego de tanto, entonces lo que debo hacer es seguir soñando y no abrir los ojos.


(permiso)




1./reciclando



aquí reciclan todo.

hasta los restos de comida que luego los convierten en combustible.

lo que más me gusta reciclar es el vidrio.

si quisiera lo podría dejar en la puerta de mi casa y entonces vendría un camión a recogerlo una vez al mes.

pero a mi me gusta ir al contendor y tirar los envases uno por uno y escuchar como se revientan y se hacen añicos.

hoy sábado fui al contendor. es enorme. sólo hay uno en toda la ciudad.

por lo general no hay nadie pero hoy sábado me encontré con otros más reciclando.

nos mirábamos los unos a los otros disimuladamente. yo observaba como ajustaban los labios, como afinaban la mirada, como cambiaban la intensidad en los movimientos según lo que tiraban.

las botellas de vino siempre eran arrojadas con más fuerza. supongo porque eran grandes o porque el vino siempre carga consigo recuerdos.

algún tiempo atrás estrellé yo con mucha fuerza una botella de tinto australiano con esa la misma fuerza con la que tiro portazos de despedida.

era como estar desnudándonos en un basural y en ese acto de reciclar vidrio.

nos seguíamos mirando y había cierta malicia y placer en nuestras miradas. a veces también veía cierta tristeza. porque el estar ahí arrojando botellas de vidrio con tanto gusto nos delataba como seres tensos (e intensos) y que a veces no nos queda otra cosa que ir a ese contenedor y reciclar.

ese contenedor era nuestra única salida. los pedazos de vidrio roto, el olor rancio de vino, los recuerdos hechos añicos esperando ser reciclados.

así de jodido.



2./la materia no se destruye, se transforma.



y los sentimientos también, será porque a veces son tan intensos que se pueden tocar.

(yo he sentido el tacto del deseo)

debería existir una máquina para reciclar sentimientos.

o por lo menos un contenedor para poder estrellarlos unos contra otros y hacerlos añicos.

yo por más que quisiera tirar a la basura algunos, no puedo.

entonces debería reciclarlos y transformarlos en otra cosa. en algo útil si se pudiera.

sucede sí que a veces los sentimientos se transforman pero uno no lo puede escoger, sólo sucede un día que el deseo se transforma en nada, el amor en vacío, la soledad se transforma en niebla.

casi siempre los sentimientos intensos se transforman en nada.

y pienso, que ironía, que hacen de la basura combustible: que da luz, calor, movimiento e intensidad.

y me pregunto ¿cuál es el camino inverso desde la intensidad?.

¿a qué nos lleva todo eso?


3./poetas



me he dado cuenta que a veces me da pudor decir que escribo.

anoche que salí a un bar había mucha gente en una mesa de pronto me puse a hablar con un chico que tenía una camiseta a rayas.

hablábamos de las cosas de siempre. cuando vino la pregunta “¿y qué haces?” me respondió así de contundente “soy poeta”.
(yo también escribo, pensé)

sentí un golpe en la boca del estómago y tomé un trago de cerveza. cuando él me preguntó que hacía yo le dije que lavaba platos en un restaurante que es algo que hice una vez y me parece en cierta forma interesante.
(algún día a lo mejor cuente por qué).

los poetas siempre me han parecido personas interesantes. entonces seguí la conversación y le pregunté un poco más sobre lo que hacía/escribía. le dije que muy pocas veces había leído poesía (mentí) y el me habló de unos poetas noruegos y sólo me sonaba uno que suele escribir cosas referentes al clima de aquí, como la nieve.

(no entiendo bien la poesía en noruego)

le contaba que entre lo poquito que había leído me acordaba de lorca y que me había gustado. (me encanta lorca).

me dijo que nunca había escuchado de lorca.

le dije: hay una canción de leonard cohen basada en un poema de lorca.

él había escuchado la canción.

ya medios borrachos pensábamos en ir a pedírsela al DJ que tocaba entonces usher, black eyed peas, gasolina y esas cosas.

(felizmente no lo hicimos porque nos iban a mandar al diablo)

al final me dijo que le contara más de lorca. que si le podía traducir algún poema. yo me acordé del romancero gitano, el romance sonámbulo (como yo) “verde que te quiero verde” así que empecé:

grønn jeg vil ha deg grønn
vind grønn gren grønn
båten i sjøen
hesten på fjellet

entonces sonó tan horrible y malo y ridículo (gren grønn!) en noruego que nos reímos sacrílegamente sobre la poesía de lorca.

luego me contó un poco sobre lo que él escribía y también me pareció un poco como el romancero gitano traducido al noruego o peor.

hasta él mismo se reía ligeramente cuando me contaba.
creo que me estaba tomando el pelo.

luego nos pusimos a hablar de música. “dame más gasolina”.
éste chico no tenía la mirada melancólica y perdida que por instantes tienen los poetas.

yo creo que nos mentimos mutuamente: ni el era poeta, ni yo lavaba platos.

éramos sólo un par de payasos.
fue divertido.

(1: la poesía sólo se puede/debe leer en el idioma del corazón, de hecho el noruego no es el mío)

(2: ¿cómo será el idioma del corazón de los poetas? ¿serán versos? ¿cómo será enamorarse de un poeta? ¿qué compran los poetas en el supermercado?)

4./el super supermercado
hoy día fui al supermercado..

a veces creo que los sábados son especiales en el supermercado.

la gente suele comprar un montón de cosas. los lunes en cambio la mayoría son canastillas de gente sola. hoy todos los carros estaban llenos y la gente iba a comprar en grupos, parejas, familias, amigos.

comprar con una canastilla el día sábado, como hice yo hoy, te hace sentir como que estás haciendo algo incorrecto, tonto, desubicado y hasta mezquino.

cuando estaba en la cola para pagar, tenía la ligera impresión de que una mujer muy alta, gorda y mayor me iba a decir: niña! el mundo se va acabar mañana y tú con una canastilla! nos vamos todos a meter en un bunker por eso nos estamos aprovisionando para el fin del mundo que ni dios sabe cuanto va a durar.

sigo pensando en el fin del mundo.

si la señora esta imaginaria tuviera la razón yo hubiese tomado leche chocolatada mientras el mundo se acababa.

hace días le contaba a alguien que los supermercados en noruega son muy silenciosos.

pero los sábados son la excepción. parecen un café.

aunque aquí los cafés también son un poco silenciosos comparados a los cafés hispano-hablantes.

echo de menos la música en los supermercados. aquí no tienen hilo musical, salvo en uno que es caro y no es muy variado.

me gustan los supermercados porque parece que lo tienen todo para ser feliz y también infeliz.

recuerdo que una vez en un supermercado escuché esa canción de los rollings: I cant get no satisfaction.

entonces ahí delante de tantos productos para resolver tantas necesidades y problemas y yo tarareando I cant get no satisfaction.

fue algo ridículo como una tristeza no muy triste y cotidiana.

y estaba enojada también porque no había el detergente que yo quería.

entonces la canción seguía mientras yo llenaba el carrito de cualquier cosa.

quizás fue una estrategia de marketing de la que fui víctima.


I cant get no satisfaction and I try and I try and I try…
oh no no no, hey hey hey, that´s what I say.

Sabina

Para mí Sabina es un asunto muy personal.

Durante toda la secundaria solía llegar del colegio y nunca había nadie en casa. A veces me daba un poco de miedo. Me calentaba la comida y me ponía a ver dibujos animados o Nopo y Gonta en el canal 7. Pero a cierta edad eso te aburre y entonces te pones a escuchar la radio.

Fue así como me topé con Sabina. En uniforme, con 14 años y almorzando a solas en mi casa.

La primera canción que escuché de él fue “siete crisantemos” en una radio de lima.

Cuando yo tenía esa edad le encontraba sentido a frases como “también en el infierno llueve sobre mojado, lo sé porque he pasado más de una noche ahí”.

Es una canción triste, un poco confusa, desesperada. Así se siente cualquier adolescente en cuarto de media, yo nunca he sido la excepción de nada.

En ese tiempo yo no sabía bajarme música de internet, pero sabía que si quería encontrar música “rara” debía ir al centro de lima.

Así me compré varias cintas de Sabina, luego me enteré que el hermano de una amiga se iba a vivir a España y le pedí que me envíe CDs y me mandó Física y Química e Inventario.

Cuando acabé el colegio fui a un concierto que dio Sabina el la universidad Católica. Fui con mi amiga Paola (la del hermano en España). Estuvimos muy cerca del escenario. Había ahí un chico muy blanco, gordito, de ojos claros que vestía boina que estaba primero en la fila pues había ido muy temprano.

Siempre seguí escuchando a Sabina.

Un día llegué a Valencia. Pasó el tiempo y mi vida empezó a complicarse. Vi entonces un anuncio. Sabina daba un concierto en Valencia muy cerca de mi casa, en los Jardines de Viveros.

Fui sola a ese concierto. Fui andando, volví andando. Fue uno de los conciertos más tristes a los que haya ido, por ser Sabina diciendo “una vez me contó un amigo común que la vio donde habita el olvido” y por ser mi estado de ánimo el de entonces.

Era raro para mí ir sola a un concierto. Era tanto lo que sentí que se debe haber quedado dentro y convertido en algo más.

Aquí y ahora es la primera vez que cuento que fui a ese concierto sola.

Sigo escuchando a Sabina. Me siguen tocando lo que dice, cuando cierra su corazón por derribo y cuando el amor le dura como lo que dura el hielo en un whisky.

Así me pasa a mí.

Por estos días escuchaba a Sabina. Una frase se me ha quedado grabada “tanto ruido y al final la soledad” así me parece que lo es todo.

A veces pienso que todo acaba de esa manera después de tanto ruido. (pero son solo cosas mías).

A veces pienso que tú y yo estamos bailando el rocanrol de los idiotas.

Hoy leí el periódico español. Cosa que hago por cuestiones de nostalgia. Porque quizás hay un hilo muy fino que no se ha roto y no se rompera nunca y que me une a España (y a ti) desde el corazón.

Porque es como es la canción de Sabina, el diario no hablaba de ti.

A veces creo que un día te voy a encontrar en el periódico español, es por eso que lo leo todo los días.

Y hoy encontré este link sobre Sabina.

Sabina desde el sofa

Y aqui lo dejo con todo esto que ya no sabia donde poner.

Permiso.

God Morgen


este blog creo que dentro de poco se llamará “buenos días”. como esos programas mañaneros que empiezan a las 6am.

ultimamente como escucho "dame más gasolina" por todos lados pienso que deberían hacer una canción regetón que se llame "buenos días gente todo el mundo levántese".

juro que la escucharía todas las mañanas.

últimamente también me voy levantando muy temprano. no sé por qué.

aquí como en todo el mundo hay esos programas mañaneros. god morgen norge (buenos días perú, el telediario de las mañanas) donde intercalan noticias con tips para tener un lindo florero.




1. sueño


son las 7.30 am y me he despertado un poco antes de las seis. he soñado que lima era un ciudad moderna, con muchísima luz, como Tokio. (nunca he estado en Tokio pero me gustaría porque me da la impresión de que es un lugar que me sentaría bien por la luz y por la madrugada)


lima en mi sueño era moderna. con viaductos, autopistas, corredores viales y gente caminando por puentes peatonales. mi sueño era anaranjado y verde. y atravesaba el centro de la ciudad y veía el museo de arte de lima iluminado cruzando el paseo colón que era un viaducto con varias salidas.

soñaba que tenía una cita adolescente y a lo mejor yo era adolescente. al final volvía al centro, a quilca que era un parque muy verde con estatuas de mármol casi en ruinas y con todas las cosas que hay en quilca ahora: los bares, los que se visten como punks y los lugares de libros. pero también había ladrones y muchos chanchos (cerdos vivitos) rosados en ese parque yendo de aquí para allá.

(a veces escribo mis sueños en una libreta, algunos son recurrentes y vuelven cada cierto tiempo. hoy quería contar este sueño aquí porque se trata de lima)


2. lima



extraño lima.

así de plano.

extraño el camión de la basura ruidoso, las palomas cuculí, los cables eléctricos sobre el cielo gris, extraño las camas con sábanas (aquí las camas son distintas), los ladridos de los perros callejeros, el sol blanco, extraño que mi madre grite mi nombre desde el primer piso y yo lo escuche como una ola en el segundo, extraño el mar plomo y el olor a humedad sucia de lima, como si en el ambiente se quedara el olor de todas nuestras miserias, extraño el cerro san cristóbal que parece de cemento, extraño bajar por las escaleras de madera de mi casa y hablar en mi idioma en el desayuno con mi madre, extraño todas las migas de pan francés y el televisor a blanco y negro que hay en la cocina desde que tengo memoria (y que hace que las noticias parezcan películas de buñuel), extraño hasta las cucarachas muertas sobre sus lomos en verano, tantas cosas y también personas.

(pero eso es otro asunto)


cuando extraño lima, debe ser que dentro de mi cuerpo suena una alarma y se activan las sirenas. se me acelera el corazón y me circula la sangre al galope. es un poco problemático porque me siento como un animal enjaulado que va en tren.


una canción:


aquí me despierta la luz.
no la paloma cuculí ni los ladridos de los perros.
aquí no se quien recoge la basura, nunca he visto al camión, ni al basurero.
aquí no hay cucarachas porque el frío las mata.
aquí tampoco hay un cerro de cemento.



a veces me agobia todo esto.




3. canción



cuando me levanto suelo tener una cancion en la cabeza. a veces la canto mentalmente mientras me cepillo los dientes.

si estoy de buen humor puede que la cante en voz alta y me mueva.

la cancion de hoy es "satellite of love".



4. café



estoy tomando un café que me trajo mi madre hace poco y estoy pensando que a veces soy un poco mezquina.

hace días vino un amigo a visitarme. a él le gusta el café tanto como a mí (por eso somos amigos) y una vez le regalé un poco (una dosis) de café peruano que me trajo una amiga en febrero.


cuando vino a mi casa le serví café noruego. me preguntó si ya no me quedaba más café de perú al primer sorbo. le dije: ¡ay que pena, no, ya se me acabo todo!.


pero en la alacena tenía casi medio kilo. entonces sentía como si tuviera al amante escondido en el armario o a un muerto debajo de la cama.


a lo mejor le regale otro poco de café uno de estos días.


(“mezquino” originalmente significaba “súbdito de palacio”)





5. trabajo


hoy día tengo que trabajar.

me tengo que poner delante de una clase y a veces eso se me hace difícil.


además a veces la tiza chilla sobre el pizarrón porque escribo con mucha fuerza y todos dicen : ¡ay! y me olvido de lo que tengo que escribir.


se me hace difícil porque a veces cuando les explico las cosas sobre todo la gramática y la irregularidad de los verbos suspiran al mismo tiempo como diciendo: “¿por qué me metí a este curso y no al de música?”.

y yo los entiendo perfectamente.

cuando suspiran me da ganas de borrar la pizarra de golpe y decirles que cierren el libro para explicarles que hablar/aprender un idioma es casi como adquirir una nueva personalidad y eso requiere paciencia como para criar a un hijo.



aprender castellano es como tener a un hispano dentro de uno, moviéndose y pensando.

la cosa consiste en visualizar a esa persona extranjera dentro de uno y pensar en cómo habla y piensa. hasta en sus gestos, su ropa, sus maneras y todo eso.

pensar en cómo diría las cosas ese hispano que se está formando dentro de nosotros, hasta pensar en cómo ese hispano hablaría con el noruego que son ustedes mismos.


entonces les diría que primero deben dejar de lado al noruego, y tener la mente en blanco, que no piensen en nada. les haría un dibujo en la pizarra.

pongamos que dibujo una manzana y les diría que piensen “manzana” y no “eple”, que piensen en la forma de las letras de M A N Z A N A y a la vez en las propiedades de la manzana “verde” “jugosa” “dulce” todo eso en castellano y entonces así vayan relacionando conceptos y que en lugar de aprenderse a rajatabla los verbos deberían, para empezar, hacer dibujos y escribir debajo palabras que lo describan.

eso haría. eso me gustaría hacer. pero me mataría si alguien me dice: “es que yo no dibujo bien” o “ ¿eso quiere decir que ya no vamos a usar el libro?”




6. ser y estar


(o estar y no ser)



hoy día me toca explicarles el verbo ser/estar y seguro varios me van a decir “soy cansado” “soy en noruega” “estoy inteligente”.

va a ser complicado.

aquí usan una sola palabra para ser y estar, pues si se es, se está; y si se esta, pues se es. así de simple como un trabalengua infantil.

por eso siempre he pensado que los que hablamos castellano como lengua materna somos ya complicados desde el idioma.

por ejemplo, aquí cuando uno está enamorado se está en un estado, un tiempo, un lugar, una cualidad personal todo en un solo paquete.

no hay revés.

en castellano en cambio uno está enamorado un día sí y un día no, se enamora en un lugar y luego en otro, cambia de lugar y de estado y de tiempo (así como decir: estoy enamorado hoy que es otoño) además de estar enamorado uno es propiamente eso “enamorado”.

por eso somos complicados, porque distinguimos el ser del estar.



es como lo que me pasa a mí hoy aquí que extraño lima:

estoy pero no soy

y en lima soy pero no estoy

(que jodido)




en fin.


(les voy a poner esa canción de “eres tú” de mocedades que les encanta)

...

entre el caos y el amor


es difícil que te explique que esta sensación caótica cuando ayer me dediqué a ordenar todo, absolutamente todo lo que hay en mi casa.

si vinieras a mi casa y lo vieras todo, entonces te parecería una contradicción esto que te cuento.

(¿nunca te dio la sensación de caos y desasosiego cuando fuiste al corte inglés?)

pero te escribo y a pesar de la armonía de estás letras sobre este papel, quizás espero –en subjuntivo- que te des cuenta de lo que te hablo, del caos interno. quizás lo puedas notar en mi caligrafía de patas largas, porque a lo mejor es que yo y mis letras estamos listas para echar a correr.

ayer mientras acomodaba todo pensaba en qué es el amor.

esa pregunta es recurrente en mí por estos días y cada cierto tiempo parezco que encuentro una respuesta precisa y entonces es casi como haber hallado la paz.

pero entonces el tiempo pasa y la respuesta a esta pregunta cambia, porque el amor cambia según el tiempo, las estaciones, las personas y aún los lugares.

y así me voy reformulando esta pregunta cada cierto tiempo. a lo mejor es en tiempos de amor o desamor; o quizás de los dos juntos a la vez, constantemente, como una montaña rusa.

no dejo de preguntarme qué es el amor porque parece que en el fondo, es como un juego del cual disfruto. no digo que el amor sea un juego y yo juegue con él –no está vez-, sino lo que quiero decir es el hecho de seguir planteándome la pregunta a través de tiempo y buscar una respuesta que me lleve a la calma, eso, es un juego interno entre el corazón y la cabeza. siempre están enfrentados, pero ante esta pregunta es como si ambos se sentarán en un bar con una cerveza a jugar a las cartas y conversaran.

lo más curioso es que la pregunta, aunque sé bien que me la he planteado miles de veces, siempre me resulta nueva.

es un juego eterno y mágico.

los poetas se desangran de amor y dejan versos que luego se vuelven amarillos. es triste. algunos versos de amor siempre quedan pero sino también son sólo papeles amarillos. es depende en manos de quién caigan y en qué momento.

antes yo cogía un libro de poesía, lo limpiaba como si fuera un bloque de mármol y lo dejaba en el estante.

ayer mientras acomodaba todo me detenía a leer y sentía a veces un vértigo.

me dije: respuesta 1: el amor es a veces un vértigo tan leve como aquel que levanta las partículas de polvo que han dormido sobre los libros de poesía.


como te decía que es un juego mágico, esto me lleva a pensar en que también el amor lo es, pero no como la canción de sting “every little thing she does is magic” no tanto así, no hablo del otro, sino del amor en sí y dentro de cada uno, entonces es una magia como la del espejo que consiste en que el otro te vea como tú quieres ser visto.

como cuando uno se mira al espejo, se viste y se arregla. de pronto uno es el del espejo. porque cuando salimos, así arreglados nos imaginamos a esa imagen, la del espejo, que se mueve por la calle.

y estamos convencidos que para los demás nos vemos tal cual así nos vimos en el espejo de la casa antes de salir y entonces eso nos hace hasta sentir cierta seguridad en nosotros mismos.

el espejo es un invento que tiene revés. nuestro propio revés. hay algo ahí que tiene magia. imagínate que tenga que ver con la seguridad en nosotros mismos, yo que soy a veces tan insegura, entonces el espejo, plano frío, de vidrio y simple lo arregla. no hay que ir a una terapia ni a un curso de oratoria o desarrollo de la personalidad, sólo hay que ver los detalles del espejo.

(¿quién inventó los espejos?)

luego y entonces una otra posible respuesta es que el amor sea estar en una habitación llena de espejos. dos amantes desnudos en una habitación de espejos, enamorados. quizás el amor nos vuelve al revés. enrevesados. inside-out como en inglés y me parece la palabra perfecta pues el amor es cuando sacamos todo aquello que está dentro de nosotros, incluso nuestro caos y lo ponemos fuera, sobre la piel y a la vista de los demás. sin miedo y con la mayor confianza en nosotros mismos.




(así me he despertado)

1.

Estoy agotada.

Escribo esto tumbada de espaldas en la cama, con ambos brazos debajo de la nuca.

No tengo lápiz ni papel, pero el cielo raso blanco de mi habitación me sirve como una gran hoja de papel que ratos parece que fuese a caer sobre mi y ahogarme.

Sostengo esa gran hoja de papel con mi mirada: las palabras salen de mis ojos de color tinta.

Escribo y estoy muy cansada, ya lo he dicho.


2.

Cierro los ojos y dejo de escribir; pienso en la palabra cielo raso.

Realmente me gusta esa palabra porque me lleva a pensar a que el cielo está en mi habitación, no muy lejos de mi cama y por lo tanto no es inalcanzable.

Los ángeles habitan el cielo raso de mi cuarto, justo en la unión del techo con la pared. En esas líneas grises viven miles de ángeles. Habitan en cuatro vértices ordenados uno tras otros como soldaditos de plástico blancos.

Desde ahi me ven cada vez que escribo.


3.

Sigo escribiendo y quizás lo que sienta no sea cansancio sino hastío.

Cada palabra que sale de mis ojos es pesada y densa, como una lágrima oscura que resbala por mis sienes, me humedece el pelo, se me mete a los oídos y todo lo que escucho se vuelve mojado y triste.


4.

Estaba hace poco en una mesa con él y entonces empecé a hablar del fin del mundo al ver la luz de las velas.

La comida ya se había acabado y sólo teníamos entre los dos la botella de vino a medias y dos copas.

“Yo no creo en el fin del mundo, menos ahora que la pasamos tan bien”. Fue algo bueno, me lo dijo sonriendo, pero yo quería hablar del fin del mundo; había soñado por esos dias con ello, con una señal de fuego que veía desde la ventana de mi comedor.

Pensé en la canción de U2 Last time we met was a low-lit room/We were as close together as a bride and groom/We ate the food, we drank the wine/Everybody having a good time
Except you/You were talking about the end of the world.

5.

A. me ha dicho -hablando en serio- que así como todo el mundo tiene el soundtrack de su vida, también hay los libros de su vida.

Debe ser, pero yo aún no los tengo definidos. Quizás el 70% del soundtrack sea de U2, los libros, aún no lo sé, aunque a veces me siento como un personaje de Millás.

6.

Entonces ya no hablábamos del fin del mundo, sino de amigos en común. Algunas cosas en común tenemos.

De pronto nos quedábamos en silencio observando a los demás comensales. A ratos pensaba que si entonces se acabase el mundo casi no me hubiera importado.

Todo parecía perfecto. Un decorado de una película antigua. Todos y todo éramos objetos de utilería. Y entonces todo se acabaría en un segundo como en una explosión nuclear.

Pensé otra vez en esa escena recurrente en mi memoria desde hace poco: de un crash test dummy reventándose dentro de un auto con su familia crash test dummy.

Algo así sería el fin del mundo: una tarde como aquella. Seríamos todos unos crash test dummies enamorados y mudos a punto de ser destruidos.

7.

Las tardes de otoño suelen ser rojas.

Es fácil tapar el sol, esconderse, ser otro, cambiar en claroscuro.

Cuando saqué del bolsillo monedas para dejar de propina, las dejé caer intencionalmente porque quería escuchar el ruido de ese puñado de monedas estrellándose contra el piso y rompiendo esa perfección de entonces.

Así lo hice y el ruido le dio una naturalidad tremenda al ambiente. Como cuando en esas veces tan raras y escasas, los narradores de noticias dejan escuchar sus respiraciones por un segundo para dejarnos saber que son personas.

Él abrió los ojos y casi sonrío ligeramente como avergonzado, como reprochándome el descuido o quizás solo sonrío porque le pareció graciosa mi torpeza.

Entonces bajo la cabeza y me dejó ver el sol. Vi como la luz atravesaba sus ojos de lado y los hacía del color del agua, celestes casi transparentes. Miraba al suelo y buscaba las monedas y movía los ojos muy rápido de un lado al otro, como un pez.

Lo observaba en silencio y me preguntaba si es que tendrá idea de la manera de cómo a veces lo veo.



el regalo plop (el no plop) y el post post fiesta con momento animal planet


siempre en cada cumpleaños recibo un regalo al que yo lo llamo, el regalo plop! porque me deja la cara de signo de interrogación y me planteo serias cuestiones acerca de mi existir.

el año pasado el regalo plop! fue una camiseta con una S (como la de superman) y abajo decia “super bitch”. doy fe que la que me la regaló es una buena amiga mía, felizmente es mi amiga y me regala esas cosas. bueno, en fin. la camiseta a veces la uso los lunes cuando ando de mal humor pero más como señal que otra cosa, porque la verdad no me gusta. bueno, sí, puede que sea un poco super bitch (la que no, que tire la primera piedra) pero no para andar poniéndomelo en una camiseta e ir así por la calle.

nunca tanto.

otro regalo plop! ha sido un disco de música clásica. me gusta la música clásica, a veces pongo el cd cuando voy manejando y no está mal, pero tampoco es que sea amante de la música clásica; por eso no sé porque me regalaron un cd con música clásica. ¿de qué tendré cara? ¿de directora de orquesta seria o de estresada? (para relajarme con música clásica).

tengo una lista larga de regalos plop! pero bueno, ahora quiero escribir sobre el regalo plop de este año.

hoy me pregunto: ¿por qué me habrán regalado la colección completa de sex and de city? no he visto sex and the city porque cuando la daban estaba enviciada con la play station y el scrabble. sé que trata de una chica que escribe sus fantasías y tiene amigas fantasiosas.

¿me habrán querido decir algo?

el asunto es que cuando abrí la caja me quedé muda y luego dije: gracias, que lindo, justo lo que quería, como nunca vi la serie… pero aquí les voy a contar que me hubiese encantado que en lugar de esa colección me hubiesen regalado THE TWILIGHT ZONE.




el de abajo no es regalo plop, sino uno de los mas bonitos porque además llego de lejos (como los chocolatitos) es un libro de abelardo sanchez león, nunca he leído a abelardo sanchez león y siempre ha habido alguien que me ha dicho "pero cómo es que no lo has leído, tienes que leerlo!" así que ya veremos. (muchas gracias a la regalona! si es que lee este blog)



y luego aquí soplo el montonón de velas...



y el invitado estrella post fiesta. se vino a comer las cortezas del pan sandwich y a tomar los restos de ese vino tan horrible alemán. (odio el vino blanco dulce alemán pero aqui es popular, que haremos)

y al final posó y se dejó fotografiar.



le he puesto Espen (el puerco espín)

sjokolade

Puede que a veces sea ridículamente sensible.

Lo escribo aquí por eso de que si uno cuenta algo que le da vueltas en la cabeza, se alivia; o cómo eso otro de que si uno debe contar los sueños trágicos para evitar que sucedan.

Pues bien.

Dentro de pocos días cumpliré años.

Mi madre me ha enviado un paquete con un regalo y varias cosas.

Lo recibí, de hecho hace días pero no quise tirar el papel que lo envolvía con los sellos y las estampillas y la caligrafía de mi madre (que es muy bonita) hasta después.

Hoy día, camino al contenedor de papeles me detuve a observar el papel y la letra de mi madre.
Luego vi esa etiqueta verde, que es una declaración de aduana donde se detalla la lista de los objetos enviados.

Mi madre me envío chocolates, pero en la declaración escribió: chocolatitos.

Esa palabra, chocolatitos, en la caligrafía de mi madre, escrita en un formulario firmado por ella y con su huella digital, un formulario tan verde serio y horrible donde brilla la palabra "chocolatitos" así en diminutivo como un susurro de un burócrata tímido y enamorado que compra bombones, eso me produjo un nudo en la garganta y una especie de tristeza.


(esto pasa cuando uno se viene a vivir a un lugar donde no existen los chocolatitos y también debe ser el efecto de saber que dentro de poco tendré un año más)

mi amiga la que escribe

La otra noche me llamó desde Lima una amiga que es escritora (al menos eso dicen de ella aunque yo nunca he leído nada suyo). Ella es bastante seria y hasta a veces es un poco aburrida cuando se enrolla con sus cosas de literatura y lo que escribe.

Ella sólo me llama para pedirme favores, o para que le cuente cosas que después las escribe. Así que desde que sentí el tono de su voz al teléfono me preparé a que me pidiera algo.

- ¿Y cómo estás? hace tiempo que no hablábamos.
-Sí, supongo que es la distancia pero yo cada vez que te busco no te encuentro...

- Es que ando un poco ocupada ultimamente...

- ...

(mi amiga anda ocupada leyendo el periódico, tomando café, regando sus plantas, haciendo crucigramas)

Luego del silencio dijo lo que me esperaba.

- Y…como estoy tan ocupada y estresada en estos días (mi amiga se estresa de la nada) te quería pedir un favor...
- Ajá...
- Tú que estás en Noruega y tienes bastante tiempo libre con eso de los días largos, el sol de media noche…no sé… ¿me podrías escribir algo así como una crónica sobre tu país?
- ¿Mi país?
- Bueno sobre Noruega, pues. Es que me han pedido que escriba algo sobre Noruega pero yo no sé que escribir y ya no puedo mas con este estrés…
- ¿Crónica? pero eso es una cosa seria, aquí la seria eres tú.
- Bueno, no crónica crónica, es más bien una anécdota. Es para una revista nueva y muy bonita de ver. Es a colores, no vayas a creer que es un periódico de medio sol a blanco y negro. Bueno esto va a ir dentro de una sección llamada “divertimento”. Así que ya sabes, una cosa así ligera, divertida, que no empache. A ti eso te sale bien y mejor que a mí.

(mejor me tomo como piropo lo de ligero)

Y bueno al final acepté porque a pesar de que mi amiga es un poco caradura es buena persona. Además si le decía que no, se iba a enojar y eso no me conviene; ella me ha salvado en varias así que escribí lo que me pidió.

Takk, takras

La primera palabra que aprendí en noruego fue takras.
La veía por todas partes en unas señales de alerta (!).
No tenía idea de que era lo que esto podría significar.
El sonido de la palabra me gustaba mucho.


T a k r a s


Me sonaba a nombre de demonio. La versión noruega de supay.

Takras supay.

La palabra se me metió en la cabeza y la convertí en mantra mientras caminaba por las calles de Oslo sin rumbo fijo. “Takras, takras, takras” repetía a lo largo de la avenida Karl Johan esa mañana de febrero.
Febrero es uno de los meses más fríos en Noruega.
Me congelaba y buscaba un café.
Decir takras – en mi cabeza- me tomaba un segundo, y yo estaba contando el tiempo para tomar ese vuelo doméstico que me llevaría al norte de Noruega, a Bodø, la ciudad donde vivo actualmente.
Finalmente encontré un café y fue ahí donde entonces aprendí otra palabra nueva que pillé en el aire: takk.


T a k k


La gente decía takk y sonreía.
Decían takk cuando recogían el café del mostrador. Takk y a veces se abrazaban- sí, los noruegos también se abrazan-, takk takk decían también dos veces. Takk y takras, takk takras, takras takk; como el ruido que hace mi teclado cada vez que escribo.
Deduje que takk significaba “gracias” por las sonrisas y los gestos de la gente al pronunciar esa palabra.
Pedí un café y unas tostadas y me senté en una mesa al lado de la ventana a seguir contando segundos, pero ahora en sorbos y mordiscos.
Cuando me sirvieron el desayuno dije sonriendo takk y me sentí tan rara.
El café era antiguo y de fondo sonaba Kings of Convenience.
La gente entraba y salía con prisa. Se vestían y se desvestían de unos abrigos enormes y unas bufandas gruesas. Al hacerlo su aspecto cambiaba. Podía ver realmente como eran.
En invierno nunca se sabe bien como es el aspecto real de una persona.
De pronto empezó a nevar.
Nunca había visto nevar hasta entonces. Me dio una sensación entre tristeza y alegría. Conté el tiempo que duró la nevada: veintisiete minutos.

En ese café yo era la única que parecía que nada me apuraba, aunque la verdad no dejaba de contar el tiempo: lo medía con la nevada, con la palabra takras por segundo, en sorbos de café y mordidas de tostadas con mermelada, medía también el tiempo en cigarros, en cuadras, en cambio de luz de semáforo y en cuanto me tomaba ir y volver desde un centro comercial muy grande hasta la estación de tren al final de la avenida Karl Johan (no vaya a ser que perdiera el tren al aeropuerto).

Seguí dando vueltas por Oslo y de pronto me di cuenta que estaba poseída por la palabra takras. No me equivoqué al pensar desde un principio que algo tenía que ver con el demonio.

Me cambió el lenguaje de pronto. Empezaba a pensar en cosas como ¿Dónde takras quedará el museo Munch? Me gustaría ver El Grito/ ¡Takras! ¡Qué guapo ese rubio!/ Vuelo doméstico de las mil takras ¿por qué no pudo salir en la mañana? así me evitaba tirar este tiempo de takras en Oslo.

Takras era una palabra que empecé a usar para maldecir.

El tiempo siguió su curso. Finalmente llegó la hora de volver al aeropuerto. Antes de abordar el avión me compré una postal de Munch con El Grito ya que nunca llegué a encontrar el takras museo.

Al final, ya estando en el avión, me despertó la voz del piloto que decía que acabábamos de sobrepasar la línea polar. Abrí los ojos y pegué mi nariz contra la ventanita del avión a ver si veía algo.

Ahí abajo estaba todo negro, no vi ninguna línea, pero pensé en los mapas del atlas.

¡Dios, takras, que lejos estoy! pensé.

Volví a cerrar los ojos hasta que me despertó el impacto del avión contra la pista. Habíamos llegado.

Bodø estaba oscurísima, como si fuese media noche a las 3 de la tarde, la hora en que aterrizó el avión.

La nieve que vi en Oslo era ligera y falsa (como de tecnopor) comparada la nieve que había entonces aquí al norte de Noruega.

Esta nieve parecía densa y espesa, blanquísima. Lo cubría todo inminentemente. Los sardineles de las carreteras eran de nieve, había nieve apilada a los lados de los estacionamientos, de las aceras, nieve por todas partes, incluso sobre la gente. Los tejados de las casas tenían sin exagerar más de medio metro de nieve sobre ellos.

Y aquí en Bodø aquella señal de takras! estaba por todas partes. Entonces pensé que si takras era un demonio, Bodø era el lugar donde este demonio vivía.

Ya habiendo recogido mi equipaje y esperando en la cola para tomar un taxi sucedió algo que nunca olvidaré.

Un chico que también esperaba un taxi se encontraba muy cerca de esa señal de takras!. A mí eso me dio mala espina; presentía que algo malo iba a pasar. Así que lo vigilaba. Este chico, vestía un traje azul que al parecer era un uniforme y era la takras de guapo; esa fue otra de las razones por las que no le quité la mirada.

Él no se daba cuenta que lo miraba, estaba más bien perdido como lo está la mayoría de gente que baja de los aviones.

Así que de pronto sentí dos sensaciones: lo que debieron sentir los iluminados en Pentecostés y lo que los pinceles de Munch cuando pintaron El Grito: con las manos en la cara tal como el hombre en el cuadro, con los ojos bien abiertos y la mirada fija, congelada, grité:


¡taaaakraaaaaas!


El chico reaccionó de inmediato, en un acto reflejo, dando un paso hacia delante.

Lo salvé del alud de nieve que caía como un vómito polar, blanco y denso, desde un tejado.

El chico me miró y me dijo sonriente:

-Takk

Y entonces, doblemente iluminada, ya lo comprendía todo.

_________________________________________________
Takras viene de dos palabras noruegas tak (techo, tejado) y ras (alud).
La señal takras! indica alerta ante esa nieve pesada, acumulada y peligrosa que está a punto de caer de los tejados sobre las cabezas de los distraídos.

esta anécdota ha sido publicada en Lima, en el número 2 de la revista Lamujerdemivida

artista invitada: esperanza


esta soy yo en la piscina, segun esperanza

Nada

Hoy día me esperaba un día agitado, un día muy grande, largo, me levanté muy temprano pensando toda la noche anterior en lo que tenía que hacer, al final cuando debí alistarme para salir sentí como si fuese a enfrentar un monstruo, la rutina, me dije y me vestí con un traje de baño.


En lugar de tanta obligación me fui a sumergirme en una piscina y fingir que no existía.


Nadaba y respiraba con fuerza por debajo del agua. Sentía el cloro que quemaba mis ojos abiertos como queriendo encontrar la verdad en el fondo de la piscina.

Buscaba el orden dentro del agua.


El agua siempre es algo que me dado la sensación de orden. La tensión superficial, las propiedades de ésta según la temperatura, las moléculas: dos de hidrógeno una de oxígeno, un triángulo, un balance, el agua siempre es el orden, la calma, la verdad aún cuando es el agua de una tormenta.


A ratos pensaba en mi agenda, en las clases, en las listas que no he recogido aún y en las solicitudes que no he escrito, pensaba en la universidad y en mi pupitre vacío, en mi nombre exótico (para ellos) pronunciado en voz alta por mi profesor.

– qué pensaría mi profesor de mí con el nombre que tengo, al pasar lista ¿imaginaría a un papagayo?-

Pensaba en todo lo que debí y no hice, pensaba en la cruz en rojo sobre un casillero al lado de mi nombre: el símbolo del profesor para marcar la ausencia.

M i a u s e n c i a

Pensaba que quizás debía salir de la piscina, vestirme con un traje de pantalón y chaqueta y correr hacia lo que todo lo tenía que hacer en lugar de este bañador azul con rojo, en lugar de este gorro de látex, en lugar de todo esto infantil, ridículo, pequeño, un poco todo como yo.

Entonces me sumergía aún más y retenía el aire dentro de mis pulmones. Pegaba mis brazos a los muslos y me movía como un gusano. Buceaba hasta que me faltaba el aire hasta que todo se oscurecía y entonces tocaba fondo y me quedaba quieta hasta llegar a la superficie.

Sacaba la cabeza del agua y me ardían los ojos. No sé si era el cloro o quería llorar. Quizás las dos cosas.

Volvía a respirar profundamente y a hacer burbujas.
De pronto pensé en tus ojos.

Tus ojos
tu mirada, miles de tus ojos debajo del agua en esas burbujas mirándome ahí cuando yo no existía.


Porque tú sabes bien quién soy cuando yo no existo.

Caminaba descalza por el borde de la piscina chorreando agua, tiritando un poco, pisaba ligeramente las mayólicas, con miedo porque de pronto todo se volvió como un campo minado de tus ojos.

Me mirabas ahí mientras no existía, en la piscina, en la ducha, en la calle. Me mirabas con tus miles de ojos esparcidos por todas partes regados sobre el piso de la cocina como esta plaga de bichos marrones que llega cada verano.

En casa vi mi maletín listo, mi horario, mis post-it con números a los que debería haber llamado.

Me solté el pelo húmedo que olía a cloro y me miré al espejo.
Entonces te vi y me excusé: hoy no podía, por eso me he tomado el día para escribir.

Me puse la ropa de entre casa y aquí estoy poniéndole a esto el punto final.

a ella le gusta la gasolina / hun liker bensinen


la gasolina ha llegado hasta aquí.
hoy empecé las clases a las 8am en el bus en la radio sonaba "a ella le gusta la gasolina"
miré por la ventana y el paisaje con esa canción de fondo me confundió.
dame más gasolina.
hoy es lunes.
på norsk.
bare dritt

Fotos


He conseguido un trabajo de medio tiempo en una fotografía.

Es fácil. Es casi como usar el computador porque mi trabajo es revelar, o más bien imprimir, fotos digitales.

Me gusta el trabajo porque soy un poco voyeur pues me encanta y me entretiene ver fotos de desconocidos.

Hoy ví 45 fotos del cumpleaños de una chica.

Cumplía 25, vi sus velas en la torta de chocolate, vi sus regalos, vi a sus amigos y familia, la vi sobria y ebria, vi su cara distraída y también posando, vi a quienes quería más en esa fiesta y a quienes menos, vi también que estaba feliz a ratos y ratos como agobiada o indiferente a la fiesta.

He visto también hoy una boda, una excursión de pesca, un cumpleaños de un niño de mirada muy tierna, he visto una cena familiar –sí familiar porque les notaba los mismos rasgos físicos en la cara-, y he visto un funeral.

Me he detenido a mirarles las caras a los asistentes del funeral a ver quien ha sufrido más y quien sólo posa.

Entonces hago una lista, hago fichas según sus rasgos y les invento un nombre y un parentesco con el muerto.

Es algo difícil de hacer pues en las fotos de los funerales casi nunca nadie sonríe. Y digo casi nunca pues el sonreír frente a una cámara es casi un acto reflejo al que estamos acostumbrados desde niños.

“A ver, una risita” me decían a mi cuando era niña y me tomaron unas fotos que parecen una tira cómica de un personaje en movimiento.
Yo le tenía que sonreír a un extraño, le sonreía y no sabía por qué.
Así como la gente que sonríe en las fotos de funerales, porque es un acto reflejo.
Esas fotos están en la escalera de mi casa, en un marco de madera muy largo y estrecho como un esquí. Mientras uno sube la escalera, ve a esa niña moverse y cambiar de expresiones.

Así me he pasado la tarde, haciendo estas fichas y observando cuidadosamente las fotos de ese funeral mientras he seguido imprimiendo fotos.

He pensado que con la computadora del revelado podría ver mucho más, así que he agrandado los detalles para leer las dedicatorias de las coronas de flores y así, he tratado de hacer una coincidencia entre los nombres de la gente firma y de los que salen en las fotos. Además de saber ya el nombre del muerto, saber los parentescos, la edad calculada, sé también en que cementario esta el muerto pues también tengo algunas fotos del entierro.

Me ha dado mucha tristeza porque siempre es triste cuando se muere alguien de quien uno conoce su historia.

Esta tarde han venido a recoger las fotos del entierro. Se supone que yo no debería ver las fotos, son las reglas de trabajo, pero me he atrevido a decirle a la viuda: perdóneme el atrevimiento pero le doy mis más sentidas condolencias y la he abrazado ligeramente luego de preguntarle si desea de todas formas la oferta de la ampliación.

Ella no quiere ninguna ampliación como supuse. Cuando le di el pésame me hizo un ademán de agradecimiento fue ahi cuando la miré bien a los ojos y confirmé lo que me mostraron las fotos: ella está feliz de que el marido se le haya muerto.

Entonces pienso que esas fotos van a ir a parar a manos de los hijos o quizás a un desván lleno de porquerías.

Al final, antes de irse de la fotografía me ha dicho: bueno sí quiero la ampliación de esta foto.

Es una foto en donde sale ella con sus hijos y detrás de ella hay un hombre que no es de la familia que la está tomando de la mano. No sé ve casi en la foto, pero yo lo sé bien porque con el programa del revelado se pueden seguir los trazos de la piel y las formas de los músculos para saber la posición del cuerpo que no aparece en la foto.

Seguro es su amante.

Yo casi le he dicho que es una caradura, y que si no tiene respeto por su marido recién muerto y que por qué no amplia la foto donde está ella sola con el difunto, o la de sus hijos, o la del salón y la capilla ardiente. Casi le he dicho que cómo es que quiere la ampliación de la foto de un funeral, que si está loca.

Pero me he callado y le he escrito el comprobante y lo he hecho por razones profesionales pues no debo perder clientes.

Mucho menos clientes como esta mujer, pues me gana la curiosidad e impaciencia a que revele las fotos de vacaciones con su amante.

Podría ser historia

Hoy día fui a la universidad a inscribirme para el nuevo semestre.

Estoy en el último año de la carrera por lo que sólo llevo cursos de libre elección. Al llegar al mostrador le pedí ayuda al chico encargado de las inscripciones.

- No sé que cursos tomar.
- Déjame que vea tu perfil.

Tecleaba en la computadora y miró mi record; me dijo que tomara ciencias políticas, política exterior y globalización y sociedades árticas.

Yo no sé que tendrán ahí en la universidad en los perfiles, pero yo debo de haber salido con una chaqueta llena de pines y chapas tipo “salvemos a las ballenas” o “vota por el partido laboral”.

- Sociedades árticas sí me va a gustar. (me gustan los osos polares)
- ¿Y que más?
- Pues, no sé bien…
- ¿Qué te gusta?

me gustan los osos polares y tu camisa morada.

- Podría ser Historia. Voy a tomar historia.

Mientras buscaba los datos de los cursos en la computadora, apareció de pronto una mosca.
Aquí por el clima frío es muy raro ver moscas, sobre todo en oficinas dónde no hay nada que se pudra.

La mosca se posó sobre el chico de la oficina y empezó a caminar sobre él. Él seguía imperturbable moviendo apenas dedo ínidce sobre el mouse frente al monitor. Yo veía como la mosca le caminaba sobre su camisa morada, por el pecho, los brazos, subía por el cuello escalando por la piel rosada de sus orejas; el bicho parecía no tener alas para recorrer todo ese trecho sin volar.

Cuando la mosca estaba caminando sobre su cabeza, moviéndose como un piojo inmenso entre su finísimo pelo rubio, me dio la impresión de que estaba siendo atendida por un muerto.

Si me encontrara un muerto en la calle lo primero que haría al instante después de saber que está muerto, sería buscar en sus bolsillos alguna identidad.

Buscar su nombre.

Él tenía su nombre grabado en letras negras sobre un prendedor plateado: KJELL

- Kjell, te estás muriendo – me atreví a decirle.

Entonces la mosca voló. El levantó la cabeza y me miró a los ojos profundamente. Hizo un silencio que lo sentí sólido sobre la boca de mi estómago. No sé como describir la expresión de su mirada ahora, pero sentí miedo en ese momento. Quizás su mirada tenía una mezcla de rabia y tristeza verde, como el color de sus ojos.

- Aquí están tus cursos, María.

Antes de irme busqué por toda la oficina a la mosca. Movía mis ojos para todos lados mientras recogía la hoja de inscripción pero la mosca había desaparecido. El me había llamado por mi nombre y yo por el suyo; todo era tan raro y denso, como el ambiente de un juicio donde se está a punto de dictar una sentencia.

De pronto sentí que me desmayaba, pero me alejé del mostrador y traté de seguir caminando con la vista nublada y con una sensación de hormigas por todo el cuerpo hasta la cafetería.

Pedí una botella de agua y al pagar vi que la chica que atendía, tenía una mosca caminándole por la frente.

Se la espanté de inmediato, de un zarpazo violento con mi hoja de inscripción que casi la golpeó en los ojos.

Ella sonrío sorprendida.

- A veces hay moscas y hoy tenemos pescado de menú.

No le dije nada. Caminé hacía las mesas sintiendo el cuerpo pesado, la sangre espesa asentándose sobre mis extremidades, la respiración pausada y profunda, arrastrando las piernas en pasos lentos, como una salvavidas menuda saliendo del agua cargando un cuerpo tan grande como el de Kjell.

Porque a ella, ya le había salvado la vida.

Línea

Lo primero que encontré hoy al llegar a casa fue la mirada de un extraño que estaba en mi comedor de diario.

- Estaba abierto, por eso entré- le dije, mientras me palpaba el bolsillo derecho buscando mi navaja suiza.

No la tenía conmigo.

El miedo me hace sonreír.

Él me devolvió la sonrisa.

Mientras me quitaba el abrigo pensaba en mi navaja suiza: pensaba que él la podría tener, pensaba en como se sentiría hundir una navaja en e cuerpo de otro, pensaba en la sangre o si saldría un líquido amarillo de hundir la navaja en el hígado.

Me senté con él a la mesa y me ofreció un café.

Vi como preparaba el café cuidando cada detalle. Abrió la alacena y buscó las bolsas de café, leyó el tipo de café y me pregunto si quería un café negro o algún capuchino. Olió los empaques de café, los dejó frente a él por dos segundos y se decidió por el empaque rojo –yo hubiese hecho lo mismo- hirvió el agua lavando antes la tetera, calentó la leche agitándola perfectamente y sin violencia con un batidor de globo.

Le había pedido un capuchino. Me dio el frasco de canela y se sentó a la mesa en el sitio que yo suelo ocupar.

Yo bebía el capuchino lentamente y sentada desde ese sitio que no era el mío habitual, vi mi casa distinta.

- ¿Tú no vas a tomar nada?
- No, es que ya he desayunado.

Entonces me fijé que en la cocina había migas de pan sobre la encimera; un vaso, ese tan horrible de payasitos que nunca uso, con restos de jugo de naranja y la mantequilla estaba aun fuera del refrigerador.

Me molestó ver la mantequilla fuera del refrigerador. Pensé en que estaría derritiéndose y echándose a perder, más ahora que está llegando el verano.

- Deberías guardar la mantequilla en el refrigerador, ahora que llega el verano se derrite muy rápido y entonces se divide la grasa de los conservantes. Después uno come pan con conservantes.

El se levantó de la mesa y metió la mantequilla en el refrigerador. Al mismo tiempo saco una botella de agua mineral y se sirvió un vaso.

Mientras él bebía el agua yo casi terminaba el capuchino perfecto y observaba la casa desde ese sitio que nunca había ocupado yo, el sitio de los invitados.

Desde ahí veía todo desde un ángulo distinto. Quizás se veía todo más bonito desde aquí y puede que haya sido esa la razón que este sitio haya sido siempre para mis invitados. No recuerdo bien por qué nunca me senté en este sitio. Cuando uno llega a una casa ocupa de pronto un lugar en la mesa, un lado de la cama, una posición determinada cuando se ducha. Uno no sabe por qué lo hace, sólo sucede así, y puede que inconscientemente sea que ocupamos el lado peor, el más incómodo o la peor vista porque queremos impresionar a nuestros huéspedes.

Sí. Vivimos en un mundo de apariencias, aun en nuestra propia casa. Que jodido.

- Tienes una casa linda –le dije.
-Gracias –sonrió- pero la verdad es que yo no la he decorado.

Entonces pensé que iba a sacar un cuchillo de cocina y me lo iba a clavar el estómago diciendo: “la casa era tuya pero ahora soy yo el dueño”. Yo sangraría hasta morir, y sería como una escena de una película de terror casera.

En lugar de la escena de terror, me sirvió más capuchino y me preguntó:

- ¿y cómo te fue hoy?

Le empecé a contar cómo me había ido hoy, literal. Le conté todo ese rollo de hoy del trabajo, que a lo mejor y me despedían.

- Bueno, a veces cuando una puerta se cierra, otra se abre- me dijo.

Se terminaba de beber el agua mineral y eructó tapándose la boca y pidiéndome disculpas.

Recogió la mesa y se fue a la cocina y miró el reloj. Empezó a preparar la cena. Yo me senté al lado de la ventana y jugaba con el cajón de los cubiertos, abriéndolo y cerrándolo. Ahí había dejado mi navaja suiza y me la guardé en el bolsillo en el momento en que él freía un bistec y cerró los ojos por miedo al aceite caliente.

Mientras cocinaba me contaba que era escritor. Dentro de poco publicaría un libro que se llamaría “Líneas Blancas”.

- ¿Cocaína?

Se rió y me sentí tonta.

- Todo el mundo escribe sobre cocaina, yo paso.

Me empezó a explicar que el libro se llamaba así pues el había viajado mucho por carretera: manejando camiones o haciendo autostop. Un día se le ocurrió medir las líneas blancas de la carretera en distintas partes y todas eran exactamente del mismo tamaño.

- Incluso fuera del país lo son. Piensa tú: un obrero chino en la China, dibuja la misma línea, del mismo tamaño y hace exactamente lo mismo, y puede que al mismo tiempo, que un obrero aquí, en la carretera marginal que conduce a la selva.

En su libro el usaba las líneas de la carretera como medida, no usaba kilómetros, sino líneas blancas. Hacía un inventario de líneas y las agrupaba con un tiempo y lugar determinado, todo esto iba acompañado de una historia, de alguna fotografía o postal y de las hojas de cálculo y diagramas en donde relacionaba las líneas blancas de la carretera con su vida y los años vividos.

Me interesó su libro bastante como me empezó a interesar él. Nos pasamos hablando de su vida y de la mía durante toda la cena. Abrimos una botella de vino y otras más. Al final ya borrachos bailamos boleros y terminamos desnudos sobre la alfombra haciendo el amor.

Al desvestirme mi navaja suiza cayó al suelo. Él la tomó entre las manos, la abrió y con el punzón me dejó en la piel un rasguño muy leve que me mató de placer.

A la mañana siguiente desperté muy tarde. Salí corriendo y llegué tarde al trabajo. Me despidieron y no me pudo haber importado menos.

Volví a casa y él ya no estaba. Me dejó una nota: “siéntete en tu casa”.

Me metí a la ducha y me vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo. La piel estaba ligeramente roja, como una cremallera. Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo.

Me imaginé yo en una sala de operaciones, abierta como en una autopsia; pensé en las clases de ciencias con sus ranas, el pollo que debía deshuesar hoy, en la cremallera que de abrirla dejaría ver mis entrañas vivas y mi corazón latiendo y pensé cuando me secaba el cuerpo, en una línea de carretera.

He medido la línea de mi cuerpo y he salido a la calle a medir una de la carretera. Hay muchos camiones que pasan veloces y violentos; me miran como llevo la cinta métrica sobre el cuello como una serpentina de carnaval que se mueve con el aire.

Exilio

A través del blog Moleskine - el cual leo con frecuencia - me encontré con este artículo:

¿Existen exiliados felices?

Partiendo de ese artículo y justo habiendo tenido que ir a extranjería (ayer), me puse a pensar en muchas cosas a la vez y aquí las ennumero como un simple inventario de mis pensamientos.

Este post no tiene conclusión, ni mucho menos moraleja. Pues teniendo este tema como centro y base la gente, no puede existir una conclusión o algo definitivo.


1. ¿Por qué casi siempre se escribe sobre el exilio? ¿Por qué se escribe tan poco sobre la coexistencia?

2. En la estación de policía (extranjería) hablaba con alguien que usaba estás palabras que usa el artículo, ella las usaba todo el tiempo: “ellos” (los noruegos) “nosotros” (los extranjeros, exiliados, inmigrantes y todo los demás términos que nos encajan). “Es que aquí es así, pero en cambio, allá…” Al final y antes de agobiarme, desvié la conversación sobre el manjar blanco, cuando ella me hablaba de la conquista y de su apellido europeo que en Sudamérica hay poquísimos (que contradicción, que pesado el tema) yo tiraba la pelota hacia el tema de mi familia materna chilena, la paterna ecuatoriana y yo me quedé al medio haciendo las negociaciones, trato de hacerle un chiste para cambiar de tema. Al final estuvimos de acuerdo en que el pisco es peruano (ella era chilena).

3. Inmigrante. Aunque tenga y haya tenido siempre un permiso de estancia legal en el pasaporte me he sentido inmigrante todo el tiempo. Y es que lo soy. La verdad es que es confuso este contexto para encontrar una palabra: soy inmigrante, también soy extranjera, soy de allá y no de aquí es un hecho demostrado con papeles y se ve a simple vista; también soy a veces exiliada.

4. Pero una vez a una amiga peruana en España le dije: “y es que todos somos inmigrantes” y ella me respondió, con acento español y fastidio: “¿inmigrante?, inmigrante serás tú, guapa, coño, que yo curro en oficina”. Aunque usted no lo crea. (felizmente que dice sentirse peruana y se emociona, dice, con el himno nacional ese dónde nos ponen que estuvimos largo tiempo oprimidos y arrastrando cadenas).

5. Y por qué si, “inmigrante” y “extranjero” son casi la misma cosa; ¿por qué las imágenes en mi cabeza son distintas?.

6. Inmigrante: me veo en la cola –como la de ayer- para renovar un visado, me veo lavando platos, me veo recogiendo fresas y limpiando ventanas (todo esto lo he hecho) también me veo sonriéndole y diciéndole que no era de Marruecos a un marroquí, en esa misma cola, que insistía que yo me parecía a su prima, mientras escuchaba que alguien detrás, con acento Latinoamericano usaba la frase “estos moros”. (que pena y que vergüenza)

7. Extranjera: Me veo perdida en el supermercado, usando el diccionario para preguntar por una calle, probando queso marrón (no me gusta) y pensando en el queso fresco de Perú, saludando con un beso a los noruegos, perdiendo aviones por huevear en las tiendas y porque pensaba que de una puerta a otra no había mucho que caminar.

8. ¿Exiliada? No lo sé. Quizás cuando lloro a solas.

9. Conozco a alguien (y se lo he dicho) que al escribir –él escribe a veces- usa mucho los términos: diáspora, exilio, extranjeros, expatriados. Es como si esas palabras le pesaran o lo persiguieran o le gustaran. Yo no las uso salvo sean necesarias, no me disgustan pero tampoco me gustan, pero sí las sé, las he vivido –las vivo- y las he sentido. Por eso las menciono poco, para mí es como ir mencionando el apellido, cosa que yo siempre considero innecesario, salvo sea para al administración pública. No necesito nombrar o clasificar lo que está ahí, en mi color, lenguaje, pensamientos, maneras. Esas palabras son tácitas, se ven.

10. Cuando trabajé lavando platos y cocinando éramos todos inmigrantes o extranjeros, legales e ilegales, pero todos en el mismo saco: tres italianos, dos irlandeses, tres ecuatorianos, dos colombianos, un argentino, un alemán, -que sólo decía “shaise” (Scheiße) y le deciamos Herre Shaise- y una peruana.

Nunca me divertí tanto en un trabajo y aun así que ganaba un sueldo de mierda y estaba hecha polvo. De esta etapa podría hacer una historieta.

(paréntesis en la cocina y sobre el trabajo)

Le decía al italiano “¡Qué haces!” cuando hacía el tiramisú junto al fogón y el mascarpone se calentaba. Él me respondía-corregía “¿que haces?, que haces, no…boh…que haces… que haces, dai, no, muy fino para cucina: adesso tu en cucina, guapa, no en la scuola, ¿lo sai?: ¡che cazzo fai!; que haces que haces, espagnolo endegnio; si tu dices me “che cazzo fai” io respondo te subito guapa, dai carina, parla italiano, tutta forza italia, roma antica, imperio (aquí este italiano, mi buen amigo que hablaba tanto, cantaba con voz de tenor, algo que bien podría haber sido el himno de Italia) anche italiani fai un tiramisu caliente, caldo, ¿ti piacerebe tiramisu caldo en la mia casa dopo el laboro?...peruviana… non so che tu fai ¿ma que fai tu, que sai tu?”.
“Peruviani fai tutto…en el letto” le decía el otro italiano. “la mia peruviana, madonna santa, io so perche io e trombato con una ragazza en Peru… perdona la señorita en cucina que io parle de estas cosas”. “Esta bien, cuenta y confiésate" le decía yo mientras cascaba huevos. Y el alemán que no se enteraba nunca de la historia entera, siempre apuntaba palabras y decía “cuenta, it means bill, right? the bill, please in a restaurant, but it means also tell me?” yo siempre le escribía palabras en su libretita y él me decía gracias en castellano y volvía a decir shaise! “Oh! Backpacking in southaerica, fantástico, también yo en 1997”. Decia el irlandés y el ecuatoriano decía “bollocks” porque se le quemaba la lasagna y decía también “mande” en lugar de “que”. “Mande plata; así siempre me dicen en Colombia" decía el colombiano y el alemán decía “shaise” y se partía de risa, mientras el otro de los colombianos decía “ hablando de trombato, hermano, ya que viene al caso” y nos contaba con pelos y señales y su acento colombiano tan bonito y que trataba de usted "disculpe usted que vaya a contar..." que se había tirado a una alemana, le contaba más a Shaise, le contaba que la alemana le decía “ja ja ja= si si si ” y le decíamos “seguro te ha dicho jajaja de risa o yayaya para que pararas porque tú…si te cansas rallando el parmesano y se te corta la panacotta como serás en lo otro” “riáse pues, pero también me decia ij libi dij” (ich liebe dich) añadía, “te habrá dicho jijiji” le decían. Yo me partía de risa y el argentino me decía “che, acá a todos nos fashá el marote, che, ni tú te salvás; mirá que a veces he visto que cortás la lechuga con el machete acordándote de Fujimori…” y al final el irlandés -el a veces jefe de cocina- decía en castellano con el acento ese que tenía tan simpático: “restaurante italiano en valencia: Sudamérica cocina, Irlanda supervisa, Alemania organiza y el único italiano en la cocina lava platos. Indegno” Entonces el italiano agregaba: “porque ascendieron a la peruana dos puestos, del lavaplatos a la cucina, que profesional el capo”.

* el restaurante quedaba en la calle La Mar en valencia, casi llegando a la plaza de la Reina.


A la salida nos íbamos todos a beber cañas al bar de la esquina o al Finnegans cuando pagaban. Escuchábamos la canción de Manu Chao, Clandestino, nos reíamos y nos daba también a algunos una especie de tristeza.


11. Pregunta del millón: ¿te acostumbras a…? (póngase aquí un lugar cualquiera como Valencia p ej) eso te pregunta la gente cuando eres extranjero, si te acostumbras; porque parece que eso es lo importante, acostumbrarse, casi nunca te preguntan: “¿te gusta…?” o “¿Qué tal aquí?”, y a veces añaden a la pregunta de acostumbrarse “¿y extrañas …?” (p. ej, Lima). ¿Y cómo es que uno se acostumbra?, me pregunto. No me he acostumbrado nunca a nada he ninguna parte.


12. No extraño Lima, no. No extraño el lugar sino yo estando ahí, echo de menos una parte de mí con un fondo. Es difícil de explicar. Tampoco extraño Valencia, pero extraño irme a pie luego del trabajo, dar vueltas por el Barrio del Carmen, tomar unas cañas en uniforme y decir “magdalenas” y desayunar magdalenas. Extraño el ruido del metro de Madrid y la cara de la multitud; también extraño respirar aire frío en Cusco y tomar jugo de naranja recién exprimida a las 6am en el mercado de San Pedro. Si me voy de aquí quizás extrañe la aurora o la claridad en la noche, estando yo siempre ahí con ese fondo. (Todo gira en torno a mí, es el ego quizás, pero si me dicen TU PATRIA entonces yo les hablo de MIS NOSTALGIAS de mí misma, de lo que soy, y de lo que yo creo que es mi patria).

13. Extraño, sí y echo de menos, sí, a personas en concreto; a personas que no están aquí y están allá.

14. No tengo “nostalgia de mi tierra” pues no tengo bien clara la idea de lo que es “mi tierra”. Puede que “mi tierra” sea el idioma en el que pienso, o mi casa en cualquier parte, o mi familia (mi familia materna y paterna son de distintos lugares). Tampoco vivo escuchando música del Perú sólo porque es del Perú. Me emborracho llena de gusto con cualquier cosa que no necesariamente tenga que ser Cristal (aunque esta sea la cerveza que más me guste). Me molesta que me digan como reproche“¿no te emociona escuchar el himno nacional fuera de TU PERÚ?” Me emociona más aquí, en Perú y en cualquier otra parte escuchar por ejemplo a Chabuca Granda, por muchas razones además del Perú. Tengo amigos en el Perú de todas partes, no sólo de Lima (y además de descendientes de chinos, japoneses e italianos pero todos peruanos), me gusta el Perú, me gustan muchas cosas que vivido ahí y me gusta como lugar; he viajado un poco por él, he vivido por estancias cortas en provincia y siempre me ha gustado todo, pero no me gusta alguna gente peruana que fuera del Perú me reproche –y a veces con un acento que no es peruano- que no celebre el 28 de julio ni me emocione con el himno. Tampoco me gusta la gente que habla mal del Perú hasta por nada, es cierto que hay que ser realistas, pero si mi padre, p. ej. fuese alcohólico, yo no hablaría de sus diablos azules sino de los chistes que cuenta cuando esta borracho.

15. Siempre digo que soy peruana pero nunca digo mi Perú (tampoco mi España, tampoco mitt Norge) porque no entiendo que uno pueda usar el posesivo delante de un lugar específico, no importan las raíces, ni las costumbres, ni los años; los lugares que se quieren están ahí siempre. Uno puede volver siempre o irse. Son como las relaciones de amantes, las más intensas: no es tuyo, no te pertenece, sino que eres parte de ese lugar cuando así lo quieren ambos, cuando las circunstancias se dan y eso no sólo es el 28 de julio y con himno: así yo sí me siento parte del Perú (y viceversa) y también de algunas otras partes donde he estado. He concluido en que la patria, para mi, es más un estado de ánimo.

16. Odio los ghettos. Tengo p. ej dos muy buenas amigas latinoamericanas. Nos juntamos cuando podemos y nos da risa decir “cafecito”, y nos reímos cuando coincidimos en cosas que se hacen en Latinoamérica, como los quinceañeros. Nos da risa también que relacionen (muchos) a Sudamérica con el che, la salsa y las llamas; las tres cosas a la vez. No nos decimos “hermana latinoamericana”, (salvo estemos ebrias y juguemos a firmar el protocolo de paz ya que una es chilena y la otra boliviana). Tampoco no nos juntamos a decir “ellos” y “nosotros” ni “aquí” ni “allá”, tampoco “antes” y “ahora”. Nos juntamos también con los “de aquí” y al final parece que todos fuéramos del mismo lugar o de cualquier otro del cual siempre tenemos algo en común. Se me viene a la cabeza esta frase central del artículo: ¿existen exiliados felices? No he conocido a ninguno. Pero he conocido a muchas personas felices de poderse exiliar. Por esta frase empecé a escribir este inventario.

17. Felices de podernos exiliar creo que somos todos. No hablo de fronteras, ni pasaportes, ni de cruzar el Atlántico, sino de algo que lo hacemos todos, exiliarnos de nuestras propias patrias personales y sus batallas (y aquí sí uso el posesivo). Hablo entonces de la acción de desprenderse de todo lo que somos y que a la vez nos ata, de romper con todo, de tirar cosas que guardamos desde hace tiempo y que nos dan tristeza (tristeza como la que dan los libros de historia), de hablar otra lengua usar otras palabras, quizás dejar de leer la prensa para leer poesía, de dejar de pensar en recuerdos e historias que nos desgastan y pensar simplemente en las cosas que vemos y que a veces brillan. Este exilio es diario y depende de nosotros.



Y algunas veces, puede que este exilio cotidiano nos haga más felices.

alguien se tiene que hacer cargo del alma

alguien se tiene que hacer cargo del alma

Hoy me desperté con esa frase en la cabeza. Si alguien hubiese despertado a mi lado, en lugar de “buenos días” le hubiese dicho “alguien se tiene que hacer cargo del alma” y luego hubiese bostezado. después arrastraría mi cuerpo somnoliento que nunca duerme lo suficiente hacia el baño y me cepillaría los dientes con los ojos cerrados.

En cada cepillada pensaría: alguien se tiene que hacer cargo del alma.

Hoy tuve esa frase todo el día en la cabeza, martillándome en mi vida simple.

Lista:
  • Café
  • Pan
  • Jugo de naranja
  • Lechuga
  • Tomates
  • Yogurt
  • Jamón
  • Alguien se tiene que hace cargo del alma
  • Detergente
  • Amoniaco
  • Tampones


Ahora que se acaban las vacaciones empieza uno a encontrarse con gente que regresa de viaje. La mayoría se va a asar como una gamba al sur de Europa, a emborracharse con dos euros (cosa que no pueden hacer aquí) y a bailar con los Gipsy Kings y creer que eso lo más latino que hay y que ya casi bailan como Joaquín Cortés.

(y no sólo les basta contártelo sino que te muestran fotos y mueven las manos en un intento nórdico de flamenco)

alguien se tiene que hacer cargo del alma.

Hoy día escuchaba a dos hablar en el supermercado. Uno le contaba al otro su viaje a Tailandia:

“Por la calle las putas te cogen de la camisa y te insisten para que te vayas con ellas, son como sabandijas…y en los pubs, cuando estás meando, entran al baño y te encierran con el picaporte y ellas ahí, mientras tú estás meando y te dicen que te vayas con ellas… y Bangkok huele a mierda; sí, a mierda. No es que sólo huela mal sino que huele a mierda”

Me giré a verle la cara al turista y supongo que se debe haber acostado con mil putas en Tailandia porque puede que nadie le haga caso.

que cruel

Se le veía sucio. Era flaco y a pesar de que era blanco, no era rosado como lo son casi todos, sino más bien tenía un tono entre gris y violáceo en la piel. Tenía los dientes pequeñitos y sucios como los de un ratón que ha comido un queso con moho.

Imaginé que alguna de las putas que se tiró le dijo: alguien se tiene que hacer cargo del alma, mientras se vestía y se guardaba el dinero en las tetas.

alguien se tiene que hacer cargo del alma.

pobre ratón.

Conducía por la carretera sin pasarme el límite de la velocidad. Todo era perfecto.

(menos mis pensamientos, menos yo).

En la radio sonaba esa canción No Rain que me hizo recordar cuando estaba en el colegio

And I don't understand why I sleep all day And I start to complain that there's no rain And all I can do is read a book to stay awake And it rips my life away, but it's a great escape

Luego pensé en que sucedía un accidente. Un mega accidente en esta ciudad tranquila. Tan grande sería el accidente que saldría en los periódicos de todo el mundo.

(pensé en eso pues en el supermercado vi de portada en el periódico local este titular “LO QUE PUDO HABER PASADO: tren de carga pudo colisionar con un vagón fuera de servicio que se encontraba en la vía errónea”. Aquí la noticia es lo que pudo ser y lo que no fue)

Yo estaría ahí en el accidente. Entre los escombros, los heridos y los muertos. Me vi accidentada, con la frente rota y sangrante, con las manos sucias y la cara al ras del pavimento.

Entonces vería bajar a Dios y al Diablo.

Pensaba, atrapada entre los fierros retorcidos en mi frase: alguien se tiene que hacer cargo del alma.

¿Quién lo diría primero?

Entonces Dios y el Diablo se miran y lo dicen al mismo tiempo. Luego se separan por caminos distintos entre el desastre.

Dios le cierra los ojos a los muertos con un beso y el Diablo empieza a animar a los heridos como yo, con palmadas violentas en las mejillas y a gritos.

(como la voz del principio de esas canciones de Centroamérica, como el regaetón por ejemplo, algo así como “¡todo el mundo, levántense!”.

Luz roja.

(pupilas del diablo)

alguien se tiene que hacer cargo de mi alma.