La otra noche me llamó desde Lima una amiga que es escritora (al menos eso dicen de ella aunque yo nunca he leído nada suyo). Ella es bastante seria y hasta a veces es un poco aburrida cuando se enrolla con sus cosas de literatura y lo que escribe.
Ella sólo me llama para pedirme favores, o para que le cuente cosas que después las escribe. Así que desde que sentí el tono de su voz al teléfono me preparé a que me pidiera algo.
- ¿Y cómo estás? hace tiempo que no hablábamos.
-Sí, supongo que es la distancia pero yo cada vez que te busco no te encuentro...
- Es que ando un poco ocupada ultimamente...
- ...
(mi amiga anda ocupada leyendo el periódico, tomando café, regando sus plantas, haciendo crucigramas)
Luego del silencio dijo lo que me esperaba.
- Y…como estoy tan ocupada y estresada en estos días (mi amiga se estresa de la nada) te quería pedir un favor...
- Ajá...
- Tú que estás en Noruega y tienes bastante tiempo libre con eso de los días largos, el sol de media noche…no sé… ¿me podrías escribir algo así como una crónica sobre tu país?
- ¿Mi país?
- Bueno sobre Noruega, pues. Es que me han pedido que escriba algo sobre Noruega pero yo no sé que escribir y ya no puedo mas con este estrés…
- ¿Crónica? pero eso es una cosa seria, aquí la seria eres tú.
- Bueno, no crónica crónica, es más bien una anécdota. Es para una revista nueva y muy bonita de ver. Es a colores, no vayas a creer que es un periódico de medio sol a blanco y negro. Bueno esto va a ir dentro de una sección llamada “divertimento”. Así que ya sabes, una cosa así ligera, divertida, que no empache. A ti eso te sale bien y mejor que a mí.
(mejor me tomo como piropo lo de ligero)
Y bueno al final acepté porque a pesar de que mi amiga es un poco caradura es buena persona. Además si le decía que no, se iba a enojar y eso no me conviene; ella me ha salvado en varias así que escribí lo que me pidió.
Takk, takras
La primera palabra que aprendí en noruego fue takras.
La veía por todas partes en unas señales de alerta (!).
No tenía idea de que era lo que esto podría significar.
El sonido de la palabra me gustaba mucho.
T a k r a s
Me sonaba a nombre de demonio. La versión noruega de supay.
Takras supay.
La palabra se me metió en la cabeza y la convertí en mantra mientras caminaba por las calles de Oslo sin rumbo fijo. “
Takras, takras, takras” repetía a lo largo de la avenida Karl Johan esa mañana de febrero.
Febrero es uno de los meses más fríos en Noruega.
Me congelaba y buscaba un café.
Decir
takras – en mi cabeza- me tomaba un segundo, y yo estaba contando el tiempo para tomar ese vuelo doméstico que me llevaría al norte de Noruega, a Bodø, la ciudad donde vivo actualmente.
Finalmente encontré un café y fue ahí donde entonces aprendí otra palabra nueva que pillé en el aire:
takk.
T a k k
La gente decía
takk y sonreía.
Decían
takk cuando recogían el café del mostrador.
Takk y a veces se abrazaban- sí, los noruegos también se abrazan-,
takk takk decían también dos veces.
Takk y
takras, takk takras, takras takk; como el ruido que hace mi teclado cada vez que escribo.
Deduje que
takk significaba “gracias” por las sonrisas y los gestos de la gente al pronunciar esa palabra.
Pedí un café y unas tostadas y me senté en una mesa al lado de la ventana a seguir contando segundos, pero ahora en sorbos y mordiscos.
Cuando me sirvieron el desayuno dije sonriendo
takk y me sentí tan rara.
El café era antiguo y de fondo sonaba Kings of Convenience.
La gente entraba y salía con prisa. Se vestían y se desvestían de unos abrigos enormes y unas bufandas gruesas. Al hacerlo su aspecto cambiaba. Podía ver realmente como eran.
En invierno nunca se sabe bien como es el aspecto real de una persona.
De pronto empezó a nevar.
Nunca había visto nevar hasta entonces. Me dio una sensación entre tristeza y alegría. Conté el tiempo que duró la nevada: veintisiete minutos.
En ese café yo era la única que parecía que nada me apuraba, aunque la verdad no dejaba de contar el tiempo: lo medía con la nevada, con la palabra
takras por segundo, en sorbos de café y mordidas de tostadas con mermelada, medía también el tiempo en cigarros, en cuadras, en cambio de luz de semáforo y en cuanto me tomaba ir y volver desde un centro comercial muy grande hasta la estación de tren al final de la avenida Karl Johan (no vaya a ser que perdiera el tren al aeropuerto).
Seguí dando vueltas por Oslo y de pronto me di cuenta que estaba poseída por la palabra
takras. No me equivoqué al pensar desde un principio que algo tenía que ver con el demonio.
Me cambió el lenguaje de pronto. Empezaba a pensar en cosas como ¿Dónde
takras quedará el museo Munch? Me gustaría ver El Grito/
¡Takras! ¡Qué guapo ese rubio!/ Vuelo doméstico de las mil
takras ¿por qué no pudo salir en la mañana? así me evitaba tirar este tiempo de
takras en Oslo.
Takras era una palabra que empecé a usar para maldecir.
El tiempo siguió su curso. Finalmente llegó la hora de volver al aeropuerto. Antes de abordar el avión me compré una postal de Munch con El Grito ya que nunca llegué a encontrar el
takras museo.
Al final, ya estando en el avión, me despertó la voz del piloto que decía que acabábamos de sobrepasar la línea polar. Abrí los ojos y pegué mi nariz contra la ventanita del avión a ver si veía algo.
Ahí abajo estaba todo negro, no vi ninguna línea, pero pensé en los mapas del atlas.
¡Dios, takras, que lejos estoy! pensé.
Volví a cerrar los ojos hasta que me despertó el impacto del avión contra la pista. Habíamos llegado.
Bodø estaba oscurísima, como si fuese media noche a las 3 de la tarde, la hora en que aterrizó el avión.
La nieve que vi en Oslo era ligera y falsa (como de tecnopor) comparada la nieve que había entonces aquí al norte de Noruega.
Esta nieve parecía densa y espesa, blanquísima. Lo cubría todo inminentemente. Los sardineles de las carreteras eran de nieve, había nieve apilada a los lados de los estacionamientos, de las aceras, nieve por todas partes, incluso sobre la gente. Los tejados de las casas tenían sin exagerar más de medio metro de nieve sobre ellos.
Y aquí en Bodø aquella señal de
takras! estaba por todas partes. Entonces pensé que si takras era un demonio, Bodø era el lugar donde este demonio vivía.
Ya habiendo recogido mi equipaje y esperando en la cola para tomar un taxi sucedió algo que nunca olvidaré.
Un chico que también esperaba un taxi se encontraba muy cerca de esa señal de
takras!. A mí eso me dio mala espina; presentía que algo malo iba a pasar. Así que lo vigilaba. Este chico, vestía un traje azul que al parecer era un uniforme y era la
takras de guapo; esa fue otra de las razones por las que no le quité la mirada.
Él no se daba cuenta que lo miraba, estaba más bien perdido como lo está la mayoría de gente que baja de los aviones.
Así que de pronto sentí dos sensaciones: lo que debieron sentir los iluminados en Pentecostés y lo que los pinceles de Munch cuando pintaron El Grito: con las manos en la cara tal como el hombre en el cuadro, con los ojos bien abiertos y la mirada fija, congelada, grité:
¡taaaakraaaaaas!
El chico reaccionó de inmediato, en un acto reflejo, dando un paso hacia delante.
Lo salvé del alud de nieve que caía como un vómito polar, blanco y denso, desde un tejado.
El chico me miró y me dijo sonriente:
-Takk
Y entonces, doblemente iluminada, ya lo comprendía todo.
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Takras viene de dos palabras noruegas tak (techo, tejado) y ras (alud).
La señal takras! indica alerta ante esa nieve pesada, acumulada y peligrosa que está a punto de caer de los tejados sobre las cabezas de los distraídos.
esta anécdota ha sido publicada en Lima, en el número 2 de la revista Lamujerdemivida