God Morgen


este blog creo que dentro de poco se llamará “buenos días”. como esos programas mañaneros que empiezan a las 6am.

ultimamente como escucho "dame más gasolina" por todos lados pienso que deberían hacer una canción regetón que se llame "buenos días gente todo el mundo levántese".

juro que la escucharía todas las mañanas.

últimamente también me voy levantando muy temprano. no sé por qué.

aquí como en todo el mundo hay esos programas mañaneros. god morgen norge (buenos días perú, el telediario de las mañanas) donde intercalan noticias con tips para tener un lindo florero.




1. sueño


son las 7.30 am y me he despertado un poco antes de las seis. he soñado que lima era un ciudad moderna, con muchísima luz, como Tokio. (nunca he estado en Tokio pero me gustaría porque me da la impresión de que es un lugar que me sentaría bien por la luz y por la madrugada)


lima en mi sueño era moderna. con viaductos, autopistas, corredores viales y gente caminando por puentes peatonales. mi sueño era anaranjado y verde. y atravesaba el centro de la ciudad y veía el museo de arte de lima iluminado cruzando el paseo colón que era un viaducto con varias salidas.

soñaba que tenía una cita adolescente y a lo mejor yo era adolescente. al final volvía al centro, a quilca que era un parque muy verde con estatuas de mármol casi en ruinas y con todas las cosas que hay en quilca ahora: los bares, los que se visten como punks y los lugares de libros. pero también había ladrones y muchos chanchos (cerdos vivitos) rosados en ese parque yendo de aquí para allá.

(a veces escribo mis sueños en una libreta, algunos son recurrentes y vuelven cada cierto tiempo. hoy quería contar este sueño aquí porque se trata de lima)


2. lima



extraño lima.

así de plano.

extraño el camión de la basura ruidoso, las palomas cuculí, los cables eléctricos sobre el cielo gris, extraño las camas con sábanas (aquí las camas son distintas), los ladridos de los perros callejeros, el sol blanco, extraño que mi madre grite mi nombre desde el primer piso y yo lo escuche como una ola en el segundo, extraño el mar plomo y el olor a humedad sucia de lima, como si en el ambiente se quedara el olor de todas nuestras miserias, extraño el cerro san cristóbal que parece de cemento, extraño bajar por las escaleras de madera de mi casa y hablar en mi idioma en el desayuno con mi madre, extraño todas las migas de pan francés y el televisor a blanco y negro que hay en la cocina desde que tengo memoria (y que hace que las noticias parezcan películas de buñuel), extraño hasta las cucarachas muertas sobre sus lomos en verano, tantas cosas y también personas.

(pero eso es otro asunto)


cuando extraño lima, debe ser que dentro de mi cuerpo suena una alarma y se activan las sirenas. se me acelera el corazón y me circula la sangre al galope. es un poco problemático porque me siento como un animal enjaulado que va en tren.


una canción:


aquí me despierta la luz.
no la paloma cuculí ni los ladridos de los perros.
aquí no se quien recoge la basura, nunca he visto al camión, ni al basurero.
aquí no hay cucarachas porque el frío las mata.
aquí tampoco hay un cerro de cemento.



a veces me agobia todo esto.




3. canción



cuando me levanto suelo tener una cancion en la cabeza. a veces la canto mentalmente mientras me cepillo los dientes.

si estoy de buen humor puede que la cante en voz alta y me mueva.

la cancion de hoy es "satellite of love".



4. café



estoy tomando un café que me trajo mi madre hace poco y estoy pensando que a veces soy un poco mezquina.

hace días vino un amigo a visitarme. a él le gusta el café tanto como a mí (por eso somos amigos) y una vez le regalé un poco (una dosis) de café peruano que me trajo una amiga en febrero.


cuando vino a mi casa le serví café noruego. me preguntó si ya no me quedaba más café de perú al primer sorbo. le dije: ¡ay que pena, no, ya se me acabo todo!.


pero en la alacena tenía casi medio kilo. entonces sentía como si tuviera al amante escondido en el armario o a un muerto debajo de la cama.


a lo mejor le regale otro poco de café uno de estos días.


(“mezquino” originalmente significaba “súbdito de palacio”)





5. trabajo


hoy día tengo que trabajar.

me tengo que poner delante de una clase y a veces eso se me hace difícil.


además a veces la tiza chilla sobre el pizarrón porque escribo con mucha fuerza y todos dicen : ¡ay! y me olvido de lo que tengo que escribir.


se me hace difícil porque a veces cuando les explico las cosas sobre todo la gramática y la irregularidad de los verbos suspiran al mismo tiempo como diciendo: “¿por qué me metí a este curso y no al de música?”.

y yo los entiendo perfectamente.

cuando suspiran me da ganas de borrar la pizarra de golpe y decirles que cierren el libro para explicarles que hablar/aprender un idioma es casi como adquirir una nueva personalidad y eso requiere paciencia como para criar a un hijo.



aprender castellano es como tener a un hispano dentro de uno, moviéndose y pensando.

la cosa consiste en visualizar a esa persona extranjera dentro de uno y pensar en cómo habla y piensa. hasta en sus gestos, su ropa, sus maneras y todo eso.

pensar en cómo diría las cosas ese hispano que se está formando dentro de nosotros, hasta pensar en cómo ese hispano hablaría con el noruego que son ustedes mismos.


entonces les diría que primero deben dejar de lado al noruego, y tener la mente en blanco, que no piensen en nada. les haría un dibujo en la pizarra.

pongamos que dibujo una manzana y les diría que piensen “manzana” y no “eple”, que piensen en la forma de las letras de M A N Z A N A y a la vez en las propiedades de la manzana “verde” “jugosa” “dulce” todo eso en castellano y entonces así vayan relacionando conceptos y que en lugar de aprenderse a rajatabla los verbos deberían, para empezar, hacer dibujos y escribir debajo palabras que lo describan.

eso haría. eso me gustaría hacer. pero me mataría si alguien me dice: “es que yo no dibujo bien” o “ ¿eso quiere decir que ya no vamos a usar el libro?”




6. ser y estar


(o estar y no ser)



hoy día me toca explicarles el verbo ser/estar y seguro varios me van a decir “soy cansado” “soy en noruega” “estoy inteligente”.

va a ser complicado.

aquí usan una sola palabra para ser y estar, pues si se es, se está; y si se esta, pues se es. así de simple como un trabalengua infantil.

por eso siempre he pensado que los que hablamos castellano como lengua materna somos ya complicados desde el idioma.

por ejemplo, aquí cuando uno está enamorado se está en un estado, un tiempo, un lugar, una cualidad personal todo en un solo paquete.

no hay revés.

en castellano en cambio uno está enamorado un día sí y un día no, se enamora en un lugar y luego en otro, cambia de lugar y de estado y de tiempo (así como decir: estoy enamorado hoy que es otoño) además de estar enamorado uno es propiamente eso “enamorado”.

por eso somos complicados, porque distinguimos el ser del estar.



es como lo que me pasa a mí hoy aquí que extraño lima:

estoy pero no soy

y en lima soy pero no estoy

(que jodido)




en fin.


(les voy a poner esa canción de “eres tú” de mocedades que les encanta)

...

entre el caos y el amor


es difícil que te explique que esta sensación caótica cuando ayer me dediqué a ordenar todo, absolutamente todo lo que hay en mi casa.

si vinieras a mi casa y lo vieras todo, entonces te parecería una contradicción esto que te cuento.

(¿nunca te dio la sensación de caos y desasosiego cuando fuiste al corte inglés?)

pero te escribo y a pesar de la armonía de estás letras sobre este papel, quizás espero –en subjuntivo- que te des cuenta de lo que te hablo, del caos interno. quizás lo puedas notar en mi caligrafía de patas largas, porque a lo mejor es que yo y mis letras estamos listas para echar a correr.

ayer mientras acomodaba todo pensaba en qué es el amor.

esa pregunta es recurrente en mí por estos días y cada cierto tiempo parezco que encuentro una respuesta precisa y entonces es casi como haber hallado la paz.

pero entonces el tiempo pasa y la respuesta a esta pregunta cambia, porque el amor cambia según el tiempo, las estaciones, las personas y aún los lugares.

y así me voy reformulando esta pregunta cada cierto tiempo. a lo mejor es en tiempos de amor o desamor; o quizás de los dos juntos a la vez, constantemente, como una montaña rusa.

no dejo de preguntarme qué es el amor porque parece que en el fondo, es como un juego del cual disfruto. no digo que el amor sea un juego y yo juegue con él –no está vez-, sino lo que quiero decir es el hecho de seguir planteándome la pregunta a través de tiempo y buscar una respuesta que me lleve a la calma, eso, es un juego interno entre el corazón y la cabeza. siempre están enfrentados, pero ante esta pregunta es como si ambos se sentarán en un bar con una cerveza a jugar a las cartas y conversaran.

lo más curioso es que la pregunta, aunque sé bien que me la he planteado miles de veces, siempre me resulta nueva.

es un juego eterno y mágico.

los poetas se desangran de amor y dejan versos que luego se vuelven amarillos. es triste. algunos versos de amor siempre quedan pero sino también son sólo papeles amarillos. es depende en manos de quién caigan y en qué momento.

antes yo cogía un libro de poesía, lo limpiaba como si fuera un bloque de mármol y lo dejaba en el estante.

ayer mientras acomodaba todo me detenía a leer y sentía a veces un vértigo.

me dije: respuesta 1: el amor es a veces un vértigo tan leve como aquel que levanta las partículas de polvo que han dormido sobre los libros de poesía.


como te decía que es un juego mágico, esto me lleva a pensar en que también el amor lo es, pero no como la canción de sting “every little thing she does is magic” no tanto así, no hablo del otro, sino del amor en sí y dentro de cada uno, entonces es una magia como la del espejo que consiste en que el otro te vea como tú quieres ser visto.

como cuando uno se mira al espejo, se viste y se arregla. de pronto uno es el del espejo. porque cuando salimos, así arreglados nos imaginamos a esa imagen, la del espejo, que se mueve por la calle.

y estamos convencidos que para los demás nos vemos tal cual así nos vimos en el espejo de la casa antes de salir y entonces eso nos hace hasta sentir cierta seguridad en nosotros mismos.

el espejo es un invento que tiene revés. nuestro propio revés. hay algo ahí que tiene magia. imagínate que tenga que ver con la seguridad en nosotros mismos, yo que soy a veces tan insegura, entonces el espejo, plano frío, de vidrio y simple lo arregla. no hay que ir a una terapia ni a un curso de oratoria o desarrollo de la personalidad, sólo hay que ver los detalles del espejo.

(¿quién inventó los espejos?)

luego y entonces una otra posible respuesta es que el amor sea estar en una habitación llena de espejos. dos amantes desnudos en una habitación de espejos, enamorados. quizás el amor nos vuelve al revés. enrevesados. inside-out como en inglés y me parece la palabra perfecta pues el amor es cuando sacamos todo aquello que está dentro de nosotros, incluso nuestro caos y lo ponemos fuera, sobre la piel y a la vista de los demás. sin miedo y con la mayor confianza en nosotros mismos.




(así me he despertado)

1.

Estoy agotada.

Escribo esto tumbada de espaldas en la cama, con ambos brazos debajo de la nuca.

No tengo lápiz ni papel, pero el cielo raso blanco de mi habitación me sirve como una gran hoja de papel que ratos parece que fuese a caer sobre mi y ahogarme.

Sostengo esa gran hoja de papel con mi mirada: las palabras salen de mis ojos de color tinta.

Escribo y estoy muy cansada, ya lo he dicho.


2.

Cierro los ojos y dejo de escribir; pienso en la palabra cielo raso.

Realmente me gusta esa palabra porque me lleva a pensar a que el cielo está en mi habitación, no muy lejos de mi cama y por lo tanto no es inalcanzable.

Los ángeles habitan el cielo raso de mi cuarto, justo en la unión del techo con la pared. En esas líneas grises viven miles de ángeles. Habitan en cuatro vértices ordenados uno tras otros como soldaditos de plástico blancos.

Desde ahi me ven cada vez que escribo.


3.

Sigo escribiendo y quizás lo que sienta no sea cansancio sino hastío.

Cada palabra que sale de mis ojos es pesada y densa, como una lágrima oscura que resbala por mis sienes, me humedece el pelo, se me mete a los oídos y todo lo que escucho se vuelve mojado y triste.


4.

Estaba hace poco en una mesa con él y entonces empecé a hablar del fin del mundo al ver la luz de las velas.

La comida ya se había acabado y sólo teníamos entre los dos la botella de vino a medias y dos copas.

“Yo no creo en el fin del mundo, menos ahora que la pasamos tan bien”. Fue algo bueno, me lo dijo sonriendo, pero yo quería hablar del fin del mundo; había soñado por esos dias con ello, con una señal de fuego que veía desde la ventana de mi comedor.

Pensé en la canción de U2 Last time we met was a low-lit room/We were as close together as a bride and groom/We ate the food, we drank the wine/Everybody having a good time
Except you/You were talking about the end of the world.

5.

A. me ha dicho -hablando en serio- que así como todo el mundo tiene el soundtrack de su vida, también hay los libros de su vida.

Debe ser, pero yo aún no los tengo definidos. Quizás el 70% del soundtrack sea de U2, los libros, aún no lo sé, aunque a veces me siento como un personaje de Millás.

6.

Entonces ya no hablábamos del fin del mundo, sino de amigos en común. Algunas cosas en común tenemos.

De pronto nos quedábamos en silencio observando a los demás comensales. A ratos pensaba que si entonces se acabase el mundo casi no me hubiera importado.

Todo parecía perfecto. Un decorado de una película antigua. Todos y todo éramos objetos de utilería. Y entonces todo se acabaría en un segundo como en una explosión nuclear.

Pensé otra vez en esa escena recurrente en mi memoria desde hace poco: de un crash test dummy reventándose dentro de un auto con su familia crash test dummy.

Algo así sería el fin del mundo: una tarde como aquella. Seríamos todos unos crash test dummies enamorados y mudos a punto de ser destruidos.

7.

Las tardes de otoño suelen ser rojas.

Es fácil tapar el sol, esconderse, ser otro, cambiar en claroscuro.

Cuando saqué del bolsillo monedas para dejar de propina, las dejé caer intencionalmente porque quería escuchar el ruido de ese puñado de monedas estrellándose contra el piso y rompiendo esa perfección de entonces.

Así lo hice y el ruido le dio una naturalidad tremenda al ambiente. Como cuando en esas veces tan raras y escasas, los narradores de noticias dejan escuchar sus respiraciones por un segundo para dejarnos saber que son personas.

Él abrió los ojos y casi sonrío ligeramente como avergonzado, como reprochándome el descuido o quizás solo sonrío porque le pareció graciosa mi torpeza.

Entonces bajo la cabeza y me dejó ver el sol. Vi como la luz atravesaba sus ojos de lado y los hacía del color del agua, celestes casi transparentes. Miraba al suelo y buscaba las monedas y movía los ojos muy rápido de un lado al otro, como un pez.

Lo observaba en silencio y me preguntaba si es que tendrá idea de la manera de cómo a veces lo veo.



el regalo plop (el no plop) y el post post fiesta con momento animal planet


siempre en cada cumpleaños recibo un regalo al que yo lo llamo, el regalo plop! porque me deja la cara de signo de interrogación y me planteo serias cuestiones acerca de mi existir.

el año pasado el regalo plop! fue una camiseta con una S (como la de superman) y abajo decia “super bitch”. doy fe que la que me la regaló es una buena amiga mía, felizmente es mi amiga y me regala esas cosas. bueno, en fin. la camiseta a veces la uso los lunes cuando ando de mal humor pero más como señal que otra cosa, porque la verdad no me gusta. bueno, sí, puede que sea un poco super bitch (la que no, que tire la primera piedra) pero no para andar poniéndomelo en una camiseta e ir así por la calle.

nunca tanto.

otro regalo plop! ha sido un disco de música clásica. me gusta la música clásica, a veces pongo el cd cuando voy manejando y no está mal, pero tampoco es que sea amante de la música clásica; por eso no sé porque me regalaron un cd con música clásica. ¿de qué tendré cara? ¿de directora de orquesta seria o de estresada? (para relajarme con música clásica).

tengo una lista larga de regalos plop! pero bueno, ahora quiero escribir sobre el regalo plop de este año.

hoy me pregunto: ¿por qué me habrán regalado la colección completa de sex and de city? no he visto sex and the city porque cuando la daban estaba enviciada con la play station y el scrabble. sé que trata de una chica que escribe sus fantasías y tiene amigas fantasiosas.

¿me habrán querido decir algo?

el asunto es que cuando abrí la caja me quedé muda y luego dije: gracias, que lindo, justo lo que quería, como nunca vi la serie… pero aquí les voy a contar que me hubiese encantado que en lugar de esa colección me hubiesen regalado THE TWILIGHT ZONE.




el de abajo no es regalo plop, sino uno de los mas bonitos porque además llego de lejos (como los chocolatitos) es un libro de abelardo sanchez león, nunca he leído a abelardo sanchez león y siempre ha habido alguien que me ha dicho "pero cómo es que no lo has leído, tienes que leerlo!" así que ya veremos. (muchas gracias a la regalona! si es que lee este blog)



y luego aquí soplo el montonón de velas...



y el invitado estrella post fiesta. se vino a comer las cortezas del pan sandwich y a tomar los restos de ese vino tan horrible alemán. (odio el vino blanco dulce alemán pero aqui es popular, que haremos)

y al final posó y se dejó fotografiar.



le he puesto Espen (el puerco espín)

sjokolade

Puede que a veces sea ridículamente sensible.

Lo escribo aquí por eso de que si uno cuenta algo que le da vueltas en la cabeza, se alivia; o cómo eso otro de que si uno debe contar los sueños trágicos para evitar que sucedan.

Pues bien.

Dentro de pocos días cumpliré años.

Mi madre me ha enviado un paquete con un regalo y varias cosas.

Lo recibí, de hecho hace días pero no quise tirar el papel que lo envolvía con los sellos y las estampillas y la caligrafía de mi madre (que es muy bonita) hasta después.

Hoy día, camino al contenedor de papeles me detuve a observar el papel y la letra de mi madre.
Luego vi esa etiqueta verde, que es una declaración de aduana donde se detalla la lista de los objetos enviados.

Mi madre me envío chocolates, pero en la declaración escribió: chocolatitos.

Esa palabra, chocolatitos, en la caligrafía de mi madre, escrita en un formulario firmado por ella y con su huella digital, un formulario tan verde serio y horrible donde brilla la palabra "chocolatitos" así en diminutivo como un susurro de un burócrata tímido y enamorado que compra bombones, eso me produjo un nudo en la garganta y una especie de tristeza.


(esto pasa cuando uno se viene a vivir a un lugar donde no existen los chocolatitos y también debe ser el efecto de saber que dentro de poco tendré un año más)

mi amiga la que escribe

La otra noche me llamó desde Lima una amiga que es escritora (al menos eso dicen de ella aunque yo nunca he leído nada suyo). Ella es bastante seria y hasta a veces es un poco aburrida cuando se enrolla con sus cosas de literatura y lo que escribe.

Ella sólo me llama para pedirme favores, o para que le cuente cosas que después las escribe. Así que desde que sentí el tono de su voz al teléfono me preparé a que me pidiera algo.

- ¿Y cómo estás? hace tiempo que no hablábamos.
-Sí, supongo que es la distancia pero yo cada vez que te busco no te encuentro...

- Es que ando un poco ocupada ultimamente...

- ...

(mi amiga anda ocupada leyendo el periódico, tomando café, regando sus plantas, haciendo crucigramas)

Luego del silencio dijo lo que me esperaba.

- Y…como estoy tan ocupada y estresada en estos días (mi amiga se estresa de la nada) te quería pedir un favor...
- Ajá...
- Tú que estás en Noruega y tienes bastante tiempo libre con eso de los días largos, el sol de media noche…no sé… ¿me podrías escribir algo así como una crónica sobre tu país?
- ¿Mi país?
- Bueno sobre Noruega, pues. Es que me han pedido que escriba algo sobre Noruega pero yo no sé que escribir y ya no puedo mas con este estrés…
- ¿Crónica? pero eso es una cosa seria, aquí la seria eres tú.
- Bueno, no crónica crónica, es más bien una anécdota. Es para una revista nueva y muy bonita de ver. Es a colores, no vayas a creer que es un periódico de medio sol a blanco y negro. Bueno esto va a ir dentro de una sección llamada “divertimento”. Así que ya sabes, una cosa así ligera, divertida, que no empache. A ti eso te sale bien y mejor que a mí.

(mejor me tomo como piropo lo de ligero)

Y bueno al final acepté porque a pesar de que mi amiga es un poco caradura es buena persona. Además si le decía que no, se iba a enojar y eso no me conviene; ella me ha salvado en varias así que escribí lo que me pidió.

Takk, takras

La primera palabra que aprendí en noruego fue takras.
La veía por todas partes en unas señales de alerta (!).
No tenía idea de que era lo que esto podría significar.
El sonido de la palabra me gustaba mucho.


T a k r a s


Me sonaba a nombre de demonio. La versión noruega de supay.

Takras supay.

La palabra se me metió en la cabeza y la convertí en mantra mientras caminaba por las calles de Oslo sin rumbo fijo. “Takras, takras, takras” repetía a lo largo de la avenida Karl Johan esa mañana de febrero.
Febrero es uno de los meses más fríos en Noruega.
Me congelaba y buscaba un café.
Decir takras – en mi cabeza- me tomaba un segundo, y yo estaba contando el tiempo para tomar ese vuelo doméstico que me llevaría al norte de Noruega, a Bodø, la ciudad donde vivo actualmente.
Finalmente encontré un café y fue ahí donde entonces aprendí otra palabra nueva que pillé en el aire: takk.


T a k k


La gente decía takk y sonreía.
Decían takk cuando recogían el café del mostrador. Takk y a veces se abrazaban- sí, los noruegos también se abrazan-, takk takk decían también dos veces. Takk y takras, takk takras, takras takk; como el ruido que hace mi teclado cada vez que escribo.
Deduje que takk significaba “gracias” por las sonrisas y los gestos de la gente al pronunciar esa palabra.
Pedí un café y unas tostadas y me senté en una mesa al lado de la ventana a seguir contando segundos, pero ahora en sorbos y mordiscos.
Cuando me sirvieron el desayuno dije sonriendo takk y me sentí tan rara.
El café era antiguo y de fondo sonaba Kings of Convenience.
La gente entraba y salía con prisa. Se vestían y se desvestían de unos abrigos enormes y unas bufandas gruesas. Al hacerlo su aspecto cambiaba. Podía ver realmente como eran.
En invierno nunca se sabe bien como es el aspecto real de una persona.
De pronto empezó a nevar.
Nunca había visto nevar hasta entonces. Me dio una sensación entre tristeza y alegría. Conté el tiempo que duró la nevada: veintisiete minutos.

En ese café yo era la única que parecía que nada me apuraba, aunque la verdad no dejaba de contar el tiempo: lo medía con la nevada, con la palabra takras por segundo, en sorbos de café y mordidas de tostadas con mermelada, medía también el tiempo en cigarros, en cuadras, en cambio de luz de semáforo y en cuanto me tomaba ir y volver desde un centro comercial muy grande hasta la estación de tren al final de la avenida Karl Johan (no vaya a ser que perdiera el tren al aeropuerto).

Seguí dando vueltas por Oslo y de pronto me di cuenta que estaba poseída por la palabra takras. No me equivoqué al pensar desde un principio que algo tenía que ver con el demonio.

Me cambió el lenguaje de pronto. Empezaba a pensar en cosas como ¿Dónde takras quedará el museo Munch? Me gustaría ver El Grito/ ¡Takras! ¡Qué guapo ese rubio!/ Vuelo doméstico de las mil takras ¿por qué no pudo salir en la mañana? así me evitaba tirar este tiempo de takras en Oslo.

Takras era una palabra que empecé a usar para maldecir.

El tiempo siguió su curso. Finalmente llegó la hora de volver al aeropuerto. Antes de abordar el avión me compré una postal de Munch con El Grito ya que nunca llegué a encontrar el takras museo.

Al final, ya estando en el avión, me despertó la voz del piloto que decía que acabábamos de sobrepasar la línea polar. Abrí los ojos y pegué mi nariz contra la ventanita del avión a ver si veía algo.

Ahí abajo estaba todo negro, no vi ninguna línea, pero pensé en los mapas del atlas.

¡Dios, takras, que lejos estoy! pensé.

Volví a cerrar los ojos hasta que me despertó el impacto del avión contra la pista. Habíamos llegado.

Bodø estaba oscurísima, como si fuese media noche a las 3 de la tarde, la hora en que aterrizó el avión.

La nieve que vi en Oslo era ligera y falsa (como de tecnopor) comparada la nieve que había entonces aquí al norte de Noruega.

Esta nieve parecía densa y espesa, blanquísima. Lo cubría todo inminentemente. Los sardineles de las carreteras eran de nieve, había nieve apilada a los lados de los estacionamientos, de las aceras, nieve por todas partes, incluso sobre la gente. Los tejados de las casas tenían sin exagerar más de medio metro de nieve sobre ellos.

Y aquí en Bodø aquella señal de takras! estaba por todas partes. Entonces pensé que si takras era un demonio, Bodø era el lugar donde este demonio vivía.

Ya habiendo recogido mi equipaje y esperando en la cola para tomar un taxi sucedió algo que nunca olvidaré.

Un chico que también esperaba un taxi se encontraba muy cerca de esa señal de takras!. A mí eso me dio mala espina; presentía que algo malo iba a pasar. Así que lo vigilaba. Este chico, vestía un traje azul que al parecer era un uniforme y era la takras de guapo; esa fue otra de las razones por las que no le quité la mirada.

Él no se daba cuenta que lo miraba, estaba más bien perdido como lo está la mayoría de gente que baja de los aviones.

Así que de pronto sentí dos sensaciones: lo que debieron sentir los iluminados en Pentecostés y lo que los pinceles de Munch cuando pintaron El Grito: con las manos en la cara tal como el hombre en el cuadro, con los ojos bien abiertos y la mirada fija, congelada, grité:


¡taaaakraaaaaas!


El chico reaccionó de inmediato, en un acto reflejo, dando un paso hacia delante.

Lo salvé del alud de nieve que caía como un vómito polar, blanco y denso, desde un tejado.

El chico me miró y me dijo sonriente:

-Takk

Y entonces, doblemente iluminada, ya lo comprendía todo.

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Takras viene de dos palabras noruegas tak (techo, tejado) y ras (alud).
La señal takras! indica alerta ante esa nieve pesada, acumulada y peligrosa que está a punto de caer de los tejados sobre las cabezas de los distraídos.

esta anécdota ha sido publicada en Lima, en el número 2 de la revista Lamujerdemivida

artista invitada: esperanza


esta soy yo en la piscina, segun esperanza

Nada

Hoy día me esperaba un día agitado, un día muy grande, largo, me levanté muy temprano pensando toda la noche anterior en lo que tenía que hacer, al final cuando debí alistarme para salir sentí como si fuese a enfrentar un monstruo, la rutina, me dije y me vestí con un traje de baño.


En lugar de tanta obligación me fui a sumergirme en una piscina y fingir que no existía.


Nadaba y respiraba con fuerza por debajo del agua. Sentía el cloro que quemaba mis ojos abiertos como queriendo encontrar la verdad en el fondo de la piscina.

Buscaba el orden dentro del agua.


El agua siempre es algo que me dado la sensación de orden. La tensión superficial, las propiedades de ésta según la temperatura, las moléculas: dos de hidrógeno una de oxígeno, un triángulo, un balance, el agua siempre es el orden, la calma, la verdad aún cuando es el agua de una tormenta.


A ratos pensaba en mi agenda, en las clases, en las listas que no he recogido aún y en las solicitudes que no he escrito, pensaba en la universidad y en mi pupitre vacío, en mi nombre exótico (para ellos) pronunciado en voz alta por mi profesor.

– qué pensaría mi profesor de mí con el nombre que tengo, al pasar lista ¿imaginaría a un papagayo?-

Pensaba en todo lo que debí y no hice, pensaba en la cruz en rojo sobre un casillero al lado de mi nombre: el símbolo del profesor para marcar la ausencia.

M i a u s e n c i a

Pensaba que quizás debía salir de la piscina, vestirme con un traje de pantalón y chaqueta y correr hacia lo que todo lo tenía que hacer en lugar de este bañador azul con rojo, en lugar de este gorro de látex, en lugar de todo esto infantil, ridículo, pequeño, un poco todo como yo.

Entonces me sumergía aún más y retenía el aire dentro de mis pulmones. Pegaba mis brazos a los muslos y me movía como un gusano. Buceaba hasta que me faltaba el aire hasta que todo se oscurecía y entonces tocaba fondo y me quedaba quieta hasta llegar a la superficie.

Sacaba la cabeza del agua y me ardían los ojos. No sé si era el cloro o quería llorar. Quizás las dos cosas.

Volvía a respirar profundamente y a hacer burbujas.
De pronto pensé en tus ojos.

Tus ojos
tu mirada, miles de tus ojos debajo del agua en esas burbujas mirándome ahí cuando yo no existía.


Porque tú sabes bien quién soy cuando yo no existo.

Caminaba descalza por el borde de la piscina chorreando agua, tiritando un poco, pisaba ligeramente las mayólicas, con miedo porque de pronto todo se volvió como un campo minado de tus ojos.

Me mirabas ahí mientras no existía, en la piscina, en la ducha, en la calle. Me mirabas con tus miles de ojos esparcidos por todas partes regados sobre el piso de la cocina como esta plaga de bichos marrones que llega cada verano.

En casa vi mi maletín listo, mi horario, mis post-it con números a los que debería haber llamado.

Me solté el pelo húmedo que olía a cloro y me miré al espejo.
Entonces te vi y me excusé: hoy no podía, por eso me he tomado el día para escribir.

Me puse la ropa de entre casa y aquí estoy poniéndole a esto el punto final.

a ella le gusta la gasolina / hun liker bensinen


la gasolina ha llegado hasta aquí.
hoy empecé las clases a las 8am en el bus en la radio sonaba "a ella le gusta la gasolina"
miré por la ventana y el paisaje con esa canción de fondo me confundió.
dame más gasolina.
hoy es lunes.
på norsk.
bare dritt

Fotos


He conseguido un trabajo de medio tiempo en una fotografía.

Es fácil. Es casi como usar el computador porque mi trabajo es revelar, o más bien imprimir, fotos digitales.

Me gusta el trabajo porque soy un poco voyeur pues me encanta y me entretiene ver fotos de desconocidos.

Hoy ví 45 fotos del cumpleaños de una chica.

Cumplía 25, vi sus velas en la torta de chocolate, vi sus regalos, vi a sus amigos y familia, la vi sobria y ebria, vi su cara distraída y también posando, vi a quienes quería más en esa fiesta y a quienes menos, vi también que estaba feliz a ratos y ratos como agobiada o indiferente a la fiesta.

He visto también hoy una boda, una excursión de pesca, un cumpleaños de un niño de mirada muy tierna, he visto una cena familiar –sí familiar porque les notaba los mismos rasgos físicos en la cara-, y he visto un funeral.

Me he detenido a mirarles las caras a los asistentes del funeral a ver quien ha sufrido más y quien sólo posa.

Entonces hago una lista, hago fichas según sus rasgos y les invento un nombre y un parentesco con el muerto.

Es algo difícil de hacer pues en las fotos de los funerales casi nunca nadie sonríe. Y digo casi nunca pues el sonreír frente a una cámara es casi un acto reflejo al que estamos acostumbrados desde niños.

“A ver, una risita” me decían a mi cuando era niña y me tomaron unas fotos que parecen una tira cómica de un personaje en movimiento.
Yo le tenía que sonreír a un extraño, le sonreía y no sabía por qué.
Así como la gente que sonríe en las fotos de funerales, porque es un acto reflejo.
Esas fotos están en la escalera de mi casa, en un marco de madera muy largo y estrecho como un esquí. Mientras uno sube la escalera, ve a esa niña moverse y cambiar de expresiones.

Así me he pasado la tarde, haciendo estas fichas y observando cuidadosamente las fotos de ese funeral mientras he seguido imprimiendo fotos.

He pensado que con la computadora del revelado podría ver mucho más, así que he agrandado los detalles para leer las dedicatorias de las coronas de flores y así, he tratado de hacer una coincidencia entre los nombres de la gente firma y de los que salen en las fotos. Además de saber ya el nombre del muerto, saber los parentescos, la edad calculada, sé también en que cementario esta el muerto pues también tengo algunas fotos del entierro.

Me ha dado mucha tristeza porque siempre es triste cuando se muere alguien de quien uno conoce su historia.

Esta tarde han venido a recoger las fotos del entierro. Se supone que yo no debería ver las fotos, son las reglas de trabajo, pero me he atrevido a decirle a la viuda: perdóneme el atrevimiento pero le doy mis más sentidas condolencias y la he abrazado ligeramente luego de preguntarle si desea de todas formas la oferta de la ampliación.

Ella no quiere ninguna ampliación como supuse. Cuando le di el pésame me hizo un ademán de agradecimiento fue ahi cuando la miré bien a los ojos y confirmé lo que me mostraron las fotos: ella está feliz de que el marido se le haya muerto.

Entonces pienso que esas fotos van a ir a parar a manos de los hijos o quizás a un desván lleno de porquerías.

Al final, antes de irse de la fotografía me ha dicho: bueno sí quiero la ampliación de esta foto.

Es una foto en donde sale ella con sus hijos y detrás de ella hay un hombre que no es de la familia que la está tomando de la mano. No sé ve casi en la foto, pero yo lo sé bien porque con el programa del revelado se pueden seguir los trazos de la piel y las formas de los músculos para saber la posición del cuerpo que no aparece en la foto.

Seguro es su amante.

Yo casi le he dicho que es una caradura, y que si no tiene respeto por su marido recién muerto y que por qué no amplia la foto donde está ella sola con el difunto, o la de sus hijos, o la del salón y la capilla ardiente. Casi le he dicho que cómo es que quiere la ampliación de la foto de un funeral, que si está loca.

Pero me he callado y le he escrito el comprobante y lo he hecho por razones profesionales pues no debo perder clientes.

Mucho menos clientes como esta mujer, pues me gana la curiosidad e impaciencia a que revele las fotos de vacaciones con su amante.

Podría ser historia

Hoy día fui a la universidad a inscribirme para el nuevo semestre.

Estoy en el último año de la carrera por lo que sólo llevo cursos de libre elección. Al llegar al mostrador le pedí ayuda al chico encargado de las inscripciones.

- No sé que cursos tomar.
- Déjame que vea tu perfil.

Tecleaba en la computadora y miró mi record; me dijo que tomara ciencias políticas, política exterior y globalización y sociedades árticas.

Yo no sé que tendrán ahí en la universidad en los perfiles, pero yo debo de haber salido con una chaqueta llena de pines y chapas tipo “salvemos a las ballenas” o “vota por el partido laboral”.

- Sociedades árticas sí me va a gustar. (me gustan los osos polares)
- ¿Y que más?
- Pues, no sé bien…
- ¿Qué te gusta?

me gustan los osos polares y tu camisa morada.

- Podría ser Historia. Voy a tomar historia.

Mientras buscaba los datos de los cursos en la computadora, apareció de pronto una mosca.
Aquí por el clima frío es muy raro ver moscas, sobre todo en oficinas dónde no hay nada que se pudra.

La mosca se posó sobre el chico de la oficina y empezó a caminar sobre él. Él seguía imperturbable moviendo apenas dedo ínidce sobre el mouse frente al monitor. Yo veía como la mosca le caminaba sobre su camisa morada, por el pecho, los brazos, subía por el cuello escalando por la piel rosada de sus orejas; el bicho parecía no tener alas para recorrer todo ese trecho sin volar.

Cuando la mosca estaba caminando sobre su cabeza, moviéndose como un piojo inmenso entre su finísimo pelo rubio, me dio la impresión de que estaba siendo atendida por un muerto.

Si me encontrara un muerto en la calle lo primero que haría al instante después de saber que está muerto, sería buscar en sus bolsillos alguna identidad.

Buscar su nombre.

Él tenía su nombre grabado en letras negras sobre un prendedor plateado: KJELL

- Kjell, te estás muriendo – me atreví a decirle.

Entonces la mosca voló. El levantó la cabeza y me miró a los ojos profundamente. Hizo un silencio que lo sentí sólido sobre la boca de mi estómago. No sé como describir la expresión de su mirada ahora, pero sentí miedo en ese momento. Quizás su mirada tenía una mezcla de rabia y tristeza verde, como el color de sus ojos.

- Aquí están tus cursos, María.

Antes de irme busqué por toda la oficina a la mosca. Movía mis ojos para todos lados mientras recogía la hoja de inscripción pero la mosca había desaparecido. El me había llamado por mi nombre y yo por el suyo; todo era tan raro y denso, como el ambiente de un juicio donde se está a punto de dictar una sentencia.

De pronto sentí que me desmayaba, pero me alejé del mostrador y traté de seguir caminando con la vista nublada y con una sensación de hormigas por todo el cuerpo hasta la cafetería.

Pedí una botella de agua y al pagar vi que la chica que atendía, tenía una mosca caminándole por la frente.

Se la espanté de inmediato, de un zarpazo violento con mi hoja de inscripción que casi la golpeó en los ojos.

Ella sonrío sorprendida.

- A veces hay moscas y hoy tenemos pescado de menú.

No le dije nada. Caminé hacía las mesas sintiendo el cuerpo pesado, la sangre espesa asentándose sobre mis extremidades, la respiración pausada y profunda, arrastrando las piernas en pasos lentos, como una salvavidas menuda saliendo del agua cargando un cuerpo tan grande como el de Kjell.

Porque a ella, ya le había salvado la vida.

Línea

Lo primero que encontré hoy al llegar a casa fue la mirada de un extraño que estaba en mi comedor de diario.

- Estaba abierto, por eso entré- le dije, mientras me palpaba el bolsillo derecho buscando mi navaja suiza.

No la tenía conmigo.

El miedo me hace sonreír.

Él me devolvió la sonrisa.

Mientras me quitaba el abrigo pensaba en mi navaja suiza: pensaba que él la podría tener, pensaba en como se sentiría hundir una navaja en e cuerpo de otro, pensaba en la sangre o si saldría un líquido amarillo de hundir la navaja en el hígado.

Me senté con él a la mesa y me ofreció un café.

Vi como preparaba el café cuidando cada detalle. Abrió la alacena y buscó las bolsas de café, leyó el tipo de café y me pregunto si quería un café negro o algún capuchino. Olió los empaques de café, los dejó frente a él por dos segundos y se decidió por el empaque rojo –yo hubiese hecho lo mismo- hirvió el agua lavando antes la tetera, calentó la leche agitándola perfectamente y sin violencia con un batidor de globo.

Le había pedido un capuchino. Me dio el frasco de canela y se sentó a la mesa en el sitio que yo suelo ocupar.

Yo bebía el capuchino lentamente y sentada desde ese sitio que no era el mío habitual, vi mi casa distinta.

- ¿Tú no vas a tomar nada?
- No, es que ya he desayunado.

Entonces me fijé que en la cocina había migas de pan sobre la encimera; un vaso, ese tan horrible de payasitos que nunca uso, con restos de jugo de naranja y la mantequilla estaba aun fuera del refrigerador.

Me molestó ver la mantequilla fuera del refrigerador. Pensé en que estaría derritiéndose y echándose a perder, más ahora que está llegando el verano.

- Deberías guardar la mantequilla en el refrigerador, ahora que llega el verano se derrite muy rápido y entonces se divide la grasa de los conservantes. Después uno come pan con conservantes.

El se levantó de la mesa y metió la mantequilla en el refrigerador. Al mismo tiempo saco una botella de agua mineral y se sirvió un vaso.

Mientras él bebía el agua yo casi terminaba el capuchino perfecto y observaba la casa desde ese sitio que nunca había ocupado yo, el sitio de los invitados.

Desde ahí veía todo desde un ángulo distinto. Quizás se veía todo más bonito desde aquí y puede que haya sido esa la razón que este sitio haya sido siempre para mis invitados. No recuerdo bien por qué nunca me senté en este sitio. Cuando uno llega a una casa ocupa de pronto un lugar en la mesa, un lado de la cama, una posición determinada cuando se ducha. Uno no sabe por qué lo hace, sólo sucede así, y puede que inconscientemente sea que ocupamos el lado peor, el más incómodo o la peor vista porque queremos impresionar a nuestros huéspedes.

Sí. Vivimos en un mundo de apariencias, aun en nuestra propia casa. Que jodido.

- Tienes una casa linda –le dije.
-Gracias –sonrió- pero la verdad es que yo no la he decorado.

Entonces pensé que iba a sacar un cuchillo de cocina y me lo iba a clavar el estómago diciendo: “la casa era tuya pero ahora soy yo el dueño”. Yo sangraría hasta morir, y sería como una escena de una película de terror casera.

En lugar de la escena de terror, me sirvió más capuchino y me preguntó:

- ¿y cómo te fue hoy?

Le empecé a contar cómo me había ido hoy, literal. Le conté todo ese rollo de hoy del trabajo, que a lo mejor y me despedían.

- Bueno, a veces cuando una puerta se cierra, otra se abre- me dijo.

Se terminaba de beber el agua mineral y eructó tapándose la boca y pidiéndome disculpas.

Recogió la mesa y se fue a la cocina y miró el reloj. Empezó a preparar la cena. Yo me senté al lado de la ventana y jugaba con el cajón de los cubiertos, abriéndolo y cerrándolo. Ahí había dejado mi navaja suiza y me la guardé en el bolsillo en el momento en que él freía un bistec y cerró los ojos por miedo al aceite caliente.

Mientras cocinaba me contaba que era escritor. Dentro de poco publicaría un libro que se llamaría “Líneas Blancas”.

- ¿Cocaína?

Se rió y me sentí tonta.

- Todo el mundo escribe sobre cocaina, yo paso.

Me empezó a explicar que el libro se llamaba así pues el había viajado mucho por carretera: manejando camiones o haciendo autostop. Un día se le ocurrió medir las líneas blancas de la carretera en distintas partes y todas eran exactamente del mismo tamaño.

- Incluso fuera del país lo son. Piensa tú: un obrero chino en la China, dibuja la misma línea, del mismo tamaño y hace exactamente lo mismo, y puede que al mismo tiempo, que un obrero aquí, en la carretera marginal que conduce a la selva.

En su libro el usaba las líneas de la carretera como medida, no usaba kilómetros, sino líneas blancas. Hacía un inventario de líneas y las agrupaba con un tiempo y lugar determinado, todo esto iba acompañado de una historia, de alguna fotografía o postal y de las hojas de cálculo y diagramas en donde relacionaba las líneas blancas de la carretera con su vida y los años vividos.

Me interesó su libro bastante como me empezó a interesar él. Nos pasamos hablando de su vida y de la mía durante toda la cena. Abrimos una botella de vino y otras más. Al final ya borrachos bailamos boleros y terminamos desnudos sobre la alfombra haciendo el amor.

Al desvestirme mi navaja suiza cayó al suelo. Él la tomó entre las manos, la abrió y con el punzón me dejó en la piel un rasguño muy leve que me mató de placer.

A la mañana siguiente desperté muy tarde. Salí corriendo y llegué tarde al trabajo. Me despidieron y no me pudo haber importado menos.

Volví a casa y él ya no estaba. Me dejó una nota: “siéntete en tu casa”.

Me metí a la ducha y me vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo. La piel estaba ligeramente roja, como una cremallera. Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo.

Me imaginé yo en una sala de operaciones, abierta como en una autopsia; pensé en las clases de ciencias con sus ranas, el pollo que debía deshuesar hoy, en la cremallera que de abrirla dejaría ver mis entrañas vivas y mi corazón latiendo y pensé cuando me secaba el cuerpo, en una línea de carretera.

He medido la línea de mi cuerpo y he salido a la calle a medir una de la carretera. Hay muchos camiones que pasan veloces y violentos; me miran como llevo la cinta métrica sobre el cuello como una serpentina de carnaval que se mueve con el aire.

Exilio

A través del blog Moleskine - el cual leo con frecuencia - me encontré con este artículo:

¿Existen exiliados felices?

Partiendo de ese artículo y justo habiendo tenido que ir a extranjería (ayer), me puse a pensar en muchas cosas a la vez y aquí las ennumero como un simple inventario de mis pensamientos.

Este post no tiene conclusión, ni mucho menos moraleja. Pues teniendo este tema como centro y base la gente, no puede existir una conclusión o algo definitivo.


1. ¿Por qué casi siempre se escribe sobre el exilio? ¿Por qué se escribe tan poco sobre la coexistencia?

2. En la estación de policía (extranjería) hablaba con alguien que usaba estás palabras que usa el artículo, ella las usaba todo el tiempo: “ellos” (los noruegos) “nosotros” (los extranjeros, exiliados, inmigrantes y todo los demás términos que nos encajan). “Es que aquí es así, pero en cambio, allá…” Al final y antes de agobiarme, desvié la conversación sobre el manjar blanco, cuando ella me hablaba de la conquista y de su apellido europeo que en Sudamérica hay poquísimos (que contradicción, que pesado el tema) yo tiraba la pelota hacia el tema de mi familia materna chilena, la paterna ecuatoriana y yo me quedé al medio haciendo las negociaciones, trato de hacerle un chiste para cambiar de tema. Al final estuvimos de acuerdo en que el pisco es peruano (ella era chilena).

3. Inmigrante. Aunque tenga y haya tenido siempre un permiso de estancia legal en el pasaporte me he sentido inmigrante todo el tiempo. Y es que lo soy. La verdad es que es confuso este contexto para encontrar una palabra: soy inmigrante, también soy extranjera, soy de allá y no de aquí es un hecho demostrado con papeles y se ve a simple vista; también soy a veces exiliada.

4. Pero una vez a una amiga peruana en España le dije: “y es que todos somos inmigrantes” y ella me respondió, con acento español y fastidio: “¿inmigrante?, inmigrante serás tú, guapa, coño, que yo curro en oficina”. Aunque usted no lo crea. (felizmente que dice sentirse peruana y se emociona, dice, con el himno nacional ese dónde nos ponen que estuvimos largo tiempo oprimidos y arrastrando cadenas).

5. Y por qué si, “inmigrante” y “extranjero” son casi la misma cosa; ¿por qué las imágenes en mi cabeza son distintas?.

6. Inmigrante: me veo en la cola –como la de ayer- para renovar un visado, me veo lavando platos, me veo recogiendo fresas y limpiando ventanas (todo esto lo he hecho) también me veo sonriéndole y diciéndole que no era de Marruecos a un marroquí, en esa misma cola, que insistía que yo me parecía a su prima, mientras escuchaba que alguien detrás, con acento Latinoamericano usaba la frase “estos moros”. (que pena y que vergüenza)

7. Extranjera: Me veo perdida en el supermercado, usando el diccionario para preguntar por una calle, probando queso marrón (no me gusta) y pensando en el queso fresco de Perú, saludando con un beso a los noruegos, perdiendo aviones por huevear en las tiendas y porque pensaba que de una puerta a otra no había mucho que caminar.

8. ¿Exiliada? No lo sé. Quizás cuando lloro a solas.

9. Conozco a alguien (y se lo he dicho) que al escribir –él escribe a veces- usa mucho los términos: diáspora, exilio, extranjeros, expatriados. Es como si esas palabras le pesaran o lo persiguieran o le gustaran. Yo no las uso salvo sean necesarias, no me disgustan pero tampoco me gustan, pero sí las sé, las he vivido –las vivo- y las he sentido. Por eso las menciono poco, para mí es como ir mencionando el apellido, cosa que yo siempre considero innecesario, salvo sea para al administración pública. No necesito nombrar o clasificar lo que está ahí, en mi color, lenguaje, pensamientos, maneras. Esas palabras son tácitas, se ven.

10. Cuando trabajé lavando platos y cocinando éramos todos inmigrantes o extranjeros, legales e ilegales, pero todos en el mismo saco: tres italianos, dos irlandeses, tres ecuatorianos, dos colombianos, un argentino, un alemán, -que sólo decía “shaise” (Scheiße) y le deciamos Herre Shaise- y una peruana.

Nunca me divertí tanto en un trabajo y aun así que ganaba un sueldo de mierda y estaba hecha polvo. De esta etapa podría hacer una historieta.

(paréntesis en la cocina y sobre el trabajo)

Le decía al italiano “¡Qué haces!” cuando hacía el tiramisú junto al fogón y el mascarpone se calentaba. Él me respondía-corregía “¿que haces?, que haces, no…boh…que haces… que haces, dai, no, muy fino para cucina: adesso tu en cucina, guapa, no en la scuola, ¿lo sai?: ¡che cazzo fai!; que haces que haces, espagnolo endegnio; si tu dices me “che cazzo fai” io respondo te subito guapa, dai carina, parla italiano, tutta forza italia, roma antica, imperio (aquí este italiano, mi buen amigo que hablaba tanto, cantaba con voz de tenor, algo que bien podría haber sido el himno de Italia) anche italiani fai un tiramisu caliente, caldo, ¿ti piacerebe tiramisu caldo en la mia casa dopo el laboro?...peruviana… non so che tu fai ¿ma que fai tu, que sai tu?”.
“Peruviani fai tutto…en el letto” le decía el otro italiano. “la mia peruviana, madonna santa, io so perche io e trombato con una ragazza en Peru… perdona la señorita en cucina que io parle de estas cosas”. “Esta bien, cuenta y confiésate" le decía yo mientras cascaba huevos. Y el alemán que no se enteraba nunca de la historia entera, siempre apuntaba palabras y decía “cuenta, it means bill, right? the bill, please in a restaurant, but it means also tell me?” yo siempre le escribía palabras en su libretita y él me decía gracias en castellano y volvía a decir shaise! “Oh! Backpacking in southaerica, fantástico, también yo en 1997”. Decia el irlandés y el ecuatoriano decía “bollocks” porque se le quemaba la lasagna y decía también “mande” en lugar de “que”. “Mande plata; así siempre me dicen en Colombia" decía el colombiano y el alemán decía “shaise” y se partía de risa, mientras el otro de los colombianos decía “ hablando de trombato, hermano, ya que viene al caso” y nos contaba con pelos y señales y su acento colombiano tan bonito y que trataba de usted "disculpe usted que vaya a contar..." que se había tirado a una alemana, le contaba más a Shaise, le contaba que la alemana le decía “ja ja ja= si si si ” y le decíamos “seguro te ha dicho jajaja de risa o yayaya para que pararas porque tú…si te cansas rallando el parmesano y se te corta la panacotta como serás en lo otro” “riáse pues, pero también me decia ij libi dij” (ich liebe dich) añadía, “te habrá dicho jijiji” le decían. Yo me partía de risa y el argentino me decía “che, acá a todos nos fashá el marote, che, ni tú te salvás; mirá que a veces he visto que cortás la lechuga con el machete acordándote de Fujimori…” y al final el irlandés -el a veces jefe de cocina- decía en castellano con el acento ese que tenía tan simpático: “restaurante italiano en valencia: Sudamérica cocina, Irlanda supervisa, Alemania organiza y el único italiano en la cocina lava platos. Indegno” Entonces el italiano agregaba: “porque ascendieron a la peruana dos puestos, del lavaplatos a la cucina, que profesional el capo”.

* el restaurante quedaba en la calle La Mar en valencia, casi llegando a la plaza de la Reina.


A la salida nos íbamos todos a beber cañas al bar de la esquina o al Finnegans cuando pagaban. Escuchábamos la canción de Manu Chao, Clandestino, nos reíamos y nos daba también a algunos una especie de tristeza.


11. Pregunta del millón: ¿te acostumbras a…? (póngase aquí un lugar cualquiera como Valencia p ej) eso te pregunta la gente cuando eres extranjero, si te acostumbras; porque parece que eso es lo importante, acostumbrarse, casi nunca te preguntan: “¿te gusta…?” o “¿Qué tal aquí?”, y a veces añaden a la pregunta de acostumbrarse “¿y extrañas …?” (p. ej, Lima). ¿Y cómo es que uno se acostumbra?, me pregunto. No me he acostumbrado nunca a nada he ninguna parte.


12. No extraño Lima, no. No extraño el lugar sino yo estando ahí, echo de menos una parte de mí con un fondo. Es difícil de explicar. Tampoco extraño Valencia, pero extraño irme a pie luego del trabajo, dar vueltas por el Barrio del Carmen, tomar unas cañas en uniforme y decir “magdalenas” y desayunar magdalenas. Extraño el ruido del metro de Madrid y la cara de la multitud; también extraño respirar aire frío en Cusco y tomar jugo de naranja recién exprimida a las 6am en el mercado de San Pedro. Si me voy de aquí quizás extrañe la aurora o la claridad en la noche, estando yo siempre ahí con ese fondo. (Todo gira en torno a mí, es el ego quizás, pero si me dicen TU PATRIA entonces yo les hablo de MIS NOSTALGIAS de mí misma, de lo que soy, y de lo que yo creo que es mi patria).

13. Extraño, sí y echo de menos, sí, a personas en concreto; a personas que no están aquí y están allá.

14. No tengo “nostalgia de mi tierra” pues no tengo bien clara la idea de lo que es “mi tierra”. Puede que “mi tierra” sea el idioma en el que pienso, o mi casa en cualquier parte, o mi familia (mi familia materna y paterna son de distintos lugares). Tampoco vivo escuchando música del Perú sólo porque es del Perú. Me emborracho llena de gusto con cualquier cosa que no necesariamente tenga que ser Cristal (aunque esta sea la cerveza que más me guste). Me molesta que me digan como reproche“¿no te emociona escuchar el himno nacional fuera de TU PERÚ?” Me emociona más aquí, en Perú y en cualquier otra parte escuchar por ejemplo a Chabuca Granda, por muchas razones además del Perú. Tengo amigos en el Perú de todas partes, no sólo de Lima (y además de descendientes de chinos, japoneses e italianos pero todos peruanos), me gusta el Perú, me gustan muchas cosas que vivido ahí y me gusta como lugar; he viajado un poco por él, he vivido por estancias cortas en provincia y siempre me ha gustado todo, pero no me gusta alguna gente peruana que fuera del Perú me reproche –y a veces con un acento que no es peruano- que no celebre el 28 de julio ni me emocione con el himno. Tampoco me gusta la gente que habla mal del Perú hasta por nada, es cierto que hay que ser realistas, pero si mi padre, p. ej. fuese alcohólico, yo no hablaría de sus diablos azules sino de los chistes que cuenta cuando esta borracho.

15. Siempre digo que soy peruana pero nunca digo mi Perú (tampoco mi España, tampoco mitt Norge) porque no entiendo que uno pueda usar el posesivo delante de un lugar específico, no importan las raíces, ni las costumbres, ni los años; los lugares que se quieren están ahí siempre. Uno puede volver siempre o irse. Son como las relaciones de amantes, las más intensas: no es tuyo, no te pertenece, sino que eres parte de ese lugar cuando así lo quieren ambos, cuando las circunstancias se dan y eso no sólo es el 28 de julio y con himno: así yo sí me siento parte del Perú (y viceversa) y también de algunas otras partes donde he estado. He concluido en que la patria, para mi, es más un estado de ánimo.

16. Odio los ghettos. Tengo p. ej dos muy buenas amigas latinoamericanas. Nos juntamos cuando podemos y nos da risa decir “cafecito”, y nos reímos cuando coincidimos en cosas que se hacen en Latinoamérica, como los quinceañeros. Nos da risa también que relacionen (muchos) a Sudamérica con el che, la salsa y las llamas; las tres cosas a la vez. No nos decimos “hermana latinoamericana”, (salvo estemos ebrias y juguemos a firmar el protocolo de paz ya que una es chilena y la otra boliviana). Tampoco no nos juntamos a decir “ellos” y “nosotros” ni “aquí” ni “allá”, tampoco “antes” y “ahora”. Nos juntamos también con los “de aquí” y al final parece que todos fuéramos del mismo lugar o de cualquier otro del cual siempre tenemos algo en común. Se me viene a la cabeza esta frase central del artículo: ¿existen exiliados felices? No he conocido a ninguno. Pero he conocido a muchas personas felices de poderse exiliar. Por esta frase empecé a escribir este inventario.

17. Felices de podernos exiliar creo que somos todos. No hablo de fronteras, ni pasaportes, ni de cruzar el Atlántico, sino de algo que lo hacemos todos, exiliarnos de nuestras propias patrias personales y sus batallas (y aquí sí uso el posesivo). Hablo entonces de la acción de desprenderse de todo lo que somos y que a la vez nos ata, de romper con todo, de tirar cosas que guardamos desde hace tiempo y que nos dan tristeza (tristeza como la que dan los libros de historia), de hablar otra lengua usar otras palabras, quizás dejar de leer la prensa para leer poesía, de dejar de pensar en recuerdos e historias que nos desgastan y pensar simplemente en las cosas que vemos y que a veces brillan. Este exilio es diario y depende de nosotros.



Y algunas veces, puede que este exilio cotidiano nos haga más felices.

alguien se tiene que hacer cargo del alma

alguien se tiene que hacer cargo del alma

Hoy me desperté con esa frase en la cabeza. Si alguien hubiese despertado a mi lado, en lugar de “buenos días” le hubiese dicho “alguien se tiene que hacer cargo del alma” y luego hubiese bostezado. después arrastraría mi cuerpo somnoliento que nunca duerme lo suficiente hacia el baño y me cepillaría los dientes con los ojos cerrados.

En cada cepillada pensaría: alguien se tiene que hacer cargo del alma.

Hoy tuve esa frase todo el día en la cabeza, martillándome en mi vida simple.

Lista:
  • Café
  • Pan
  • Jugo de naranja
  • Lechuga
  • Tomates
  • Yogurt
  • Jamón
  • Alguien se tiene que hace cargo del alma
  • Detergente
  • Amoniaco
  • Tampones


Ahora que se acaban las vacaciones empieza uno a encontrarse con gente que regresa de viaje. La mayoría se va a asar como una gamba al sur de Europa, a emborracharse con dos euros (cosa que no pueden hacer aquí) y a bailar con los Gipsy Kings y creer que eso lo más latino que hay y que ya casi bailan como Joaquín Cortés.

(y no sólo les basta contártelo sino que te muestran fotos y mueven las manos en un intento nórdico de flamenco)

alguien se tiene que hacer cargo del alma.

Hoy día escuchaba a dos hablar en el supermercado. Uno le contaba al otro su viaje a Tailandia:

“Por la calle las putas te cogen de la camisa y te insisten para que te vayas con ellas, son como sabandijas…y en los pubs, cuando estás meando, entran al baño y te encierran con el picaporte y ellas ahí, mientras tú estás meando y te dicen que te vayas con ellas… y Bangkok huele a mierda; sí, a mierda. No es que sólo huela mal sino que huele a mierda”

Me giré a verle la cara al turista y supongo que se debe haber acostado con mil putas en Tailandia porque puede que nadie le haga caso.

que cruel

Se le veía sucio. Era flaco y a pesar de que era blanco, no era rosado como lo son casi todos, sino más bien tenía un tono entre gris y violáceo en la piel. Tenía los dientes pequeñitos y sucios como los de un ratón que ha comido un queso con moho.

Imaginé que alguna de las putas que se tiró le dijo: alguien se tiene que hacer cargo del alma, mientras se vestía y se guardaba el dinero en las tetas.

alguien se tiene que hacer cargo del alma.

pobre ratón.

Conducía por la carretera sin pasarme el límite de la velocidad. Todo era perfecto.

(menos mis pensamientos, menos yo).

En la radio sonaba esa canción No Rain que me hizo recordar cuando estaba en el colegio

And I don't understand why I sleep all day And I start to complain that there's no rain And all I can do is read a book to stay awake And it rips my life away, but it's a great escape

Luego pensé en que sucedía un accidente. Un mega accidente en esta ciudad tranquila. Tan grande sería el accidente que saldría en los periódicos de todo el mundo.

(pensé en eso pues en el supermercado vi de portada en el periódico local este titular “LO QUE PUDO HABER PASADO: tren de carga pudo colisionar con un vagón fuera de servicio que se encontraba en la vía errónea”. Aquí la noticia es lo que pudo ser y lo que no fue)

Yo estaría ahí en el accidente. Entre los escombros, los heridos y los muertos. Me vi accidentada, con la frente rota y sangrante, con las manos sucias y la cara al ras del pavimento.

Entonces vería bajar a Dios y al Diablo.

Pensaba, atrapada entre los fierros retorcidos en mi frase: alguien se tiene que hacer cargo del alma.

¿Quién lo diría primero?

Entonces Dios y el Diablo se miran y lo dicen al mismo tiempo. Luego se separan por caminos distintos entre el desastre.

Dios le cierra los ojos a los muertos con un beso y el Diablo empieza a animar a los heridos como yo, con palmadas violentas en las mejillas y a gritos.

(como la voz del principio de esas canciones de Centroamérica, como el regaetón por ejemplo, algo así como “¡todo el mundo, levántense!”.

Luz roja.

(pupilas del diablo)

alguien se tiene que hacer cargo de mi alma.

(parentesis)

Todavía no se me acaban las vacaciones pero cuando escribí este post siempre pensaba en cómo sería el post después del concierto.

Quería hacerlo antes de que se acabe julio, pues ese será el mes de Vértigo de mi vida (coincide con el concierto y con muchas otras cosas)

Hoy llegó el momento de contar cómo fue.

Sigo adormecida.

Llegué a Oslo por la mañana con lo puesto y con el ticket en el bolsillo derecho de mi casaca, lo manoseaba como cuando uno es chico y manosea dentro del bolsillo un billete; el billete más grande y valioso que nunca había visto antes.

Finalmente entré al estadio. Aguardé y me entretuve mirando a la gente que llegaba, los contaba (suelo contar en las esperas) les mirabas las caras, la ropa, lo que hacían y lo que hablaban, bebía sorbos de una botella de agua e imaginaba cómo sería su llegada al escenario.

No prestaba atencuión a los teloneros, en mi mente cantaba It's alright, it's alright, it's alright She moves in mysterious ways

De pronto la gente hizo un silencio de un segundo, luego palmas, silbidos, gritos y Vértigo rompió el silencio.

Hello hello, Hola!

Fueron un poco de más de dos horas donde tuve la carne de gallina todo el tiempo. Parecia que iba sostenida por alguna extraña energía, como si el suelo y yo fueramos imanes con los polos opuestos: flotaba firmemente.

A veces me quedaba quieta mirando al escenario y sentía como se me dilataban las pupilas ante tanta luz de esa cortina luminosa inmensa que había detrás de ellos especialmente cuando Oslo empezó a oscurecer.

Recuerdo que se me hizo un nudo en la garganta con sunday bloody sunday. Las canciones que canté más alto fueron New Years Day, City of the Blinding Lights, Pride y Where the Streets Have No Name y me pasó algo con One.

Siempre pensé que cantaría One en coro, a gritos, que lloraría a lagrima viva, pero me quedé en silencio escuchando la letra y sintiendo como la musica y la voz de Bono se me metía por los oídos, intensa y me llegaba hasta el alma.

Vertigo, I Will Follow, The Electric Co., Elevation, New Year's Day, Beautiful Day - The Sun Always Shines on TV, I Still Haven't Found What I'm Looking For, All I Want Is You, City of Blinding Lights, Miracle Drug, Sometimes You Can't Make It On Your Own, Love and Peace or Else, Sunday Bloody Sunday, Bullet the Blue Sky, Miss Sarajevo, Pride, Where the Streets Have No Name, One (encore) Zoo Station, The Fly, With or Without You, All Because of You, Yahweh, Vertigo (y aquí Bono dijo en, to, tre, fjorten en el idioma local)

Cuando tocaron the fly una canción que quizás fue de las que menos antención le dí antes de este concierto, las palabras en letras iluminadas inmensas decían letters become words/ words become sentences/become lies y luego la palabra secret. La canción finalizó con la palabra LOVE en letras iluminadas e inmensas.

Estaba sobria pero me sentía drogada. Drogada por la luz y la música de U2

La cara de Bono inmesa en la pantalla. (Bono es pequeño pero una energía intensisima, tiene el pelo castaño oscuro, los ojos achinados, lo vi desde unos 15 metros)

A veces pensaba en la pelicula de Kubrik (2001 space odissey) con tanta luz. Pensaba en eso que dicen que cuando uno se muere ve los momentos iluminados de su vida.

Seguramente yo veré este concierto como lo que fue para mi: un gran flash de felicidad intensa, de luz y de música que se podían tocar.
En estos días me siento un poco como lo que dice esta canción:

Well I don’t know why I came here tonight.
I’ve got the feeling that something ain’t right.
I’m so scared in case I fall off my chair,
and I’m wondering how I’ll get down the stairs.

Así que me tomo unas vacaciones (aunque ya se notaba).
Gracias por todos los comentarios en el post anterior, los contestaré cuando vuelva.


e. se recuperó y me pareció bonito que, gente aún si conocerla, deseaba tambien que se recupere. gracias por eso.

Mientras tanto yo sigo en estas...

Clowns to the left of me
Jokers to the right
Here I am stuck in the middle with you.

Dejo las llaves puestas para lo que quieran.
Ya vuelvo.

Queen of pain

I have stood here before inside the pouring rain
With the world turning circles running 'round my brain
I guess I'm always hoping that you'll end this reign
But it's my destiny to be the king of pain

King of Pain (The police)


A veces leo poesía sobre todo cuando no escribo y estoy enferma (que es casi lo mismo).

Me gusta leer poesía tumbada en la cama con los brazos en alto, sosteniendo el libro y sintiendo como me circula la sangre y se empoza sobre mis hombros.

A veces creo que es la poesía que me pesa en las clavículas, es el peso de la sangre, de las palabras. Los versos me presionan el pecho. Llevo una hipérbole de dolor en el esternón.

Los poetas escriben sobre dolor.

A algunos poetas siempre les duele algo.

Yo los entiendo. (a mi me duele un ligamento ahora mismo)

A mí también me duele así como le duele a los poetas: me duele siempre el amor, me duele un poco y a veces la vida, me duelen algunas palabras, me duelen algunos recuerdos intensamente, me duelen algunas noches, me duelen las distancias y los vacíos, también me duelen algunos desvelos y esperas, me duelen las confusiones. Hasta me duelen algunas fechas y algunas ciudades.

Dolor.

Yo recuerdo que una vez cuando era pequeña pasamos un verano en una playa del sur de Lima. Recuerdo que era una casa linda, antigua; pero sólo había agua a veces. Yo siempre andaba llena de arena. Siempre me tenían que bañar con agua de un cubo rojo. Me enjabonaban el cuerpo con una pastilla de jabón rosada llena de arena (ahora hay jabones así para peeling pero la arena es azul y artificial) y yo protestaba porque me dolía la piel de niña, la sal, el sol. Me dijeron entonces: “Aguanta. El dolor es algo que está unido a nosotros desde que nacemos, vas a tener que aguantar mucho dolor en la vida y cuando tengas hijos vas a entender mejor y ya no llores que ya casi acabamos”

Yo tenía no más de cinco años y eso se me quedó grabado. A veces me decían cosas así, me hablaban como si lo entendiera todo a esa edad. Crecí rodeada de adultos siempre

Recuerdo que me envolvían en una toalla, me abrazaban, me vestían. También a veces chillaba cuando me peinaban y me volvían a decir que aguante. Pero luego me daban un beso, me perfumaban, me servían un vaso de leche con vainilla y chocolate y me sentaban a ver la tele y ahí me quedaba sola viendo dibujos animados donde también se veía el dolor en el gato que nunca atrapaba al ratón.

Me quedaba pensando en el dolor.

Supongo que me querían hacer fuerte.

Supongo que en cierta forma lo soy.

Nunca más me hablaron sobre el dolor. Sólo me decían “aguanta”. A veces chillaba a propósito para ver si me decían algo más. Pero no. Con el tiempo experimenté otro tipo de dolores, no como los de la arena…ante ellos a veces me decía a mí misma: “aguanta”.

Pero es difícil.

Yo no soporto ni sé soportar el dolor y siempre ando en busca de analgésicos o algo en qué entretenerme, como la poesía o las palabras.

He leído a Vallejo:

VOY A HABLAR DE LA ESPERANZA

Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.

Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.

Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!

Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no dejaría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.


A Vallejo siempre le duele algo, siempre se queja. Me gusta siempre Vallejo aunque llore.

He pensado mucho en el dolor, quería escribir sobre ello, sobre el dolor físico, el más básico de todos, el que todos alguna vez hemos experimentado.

El dolor de mi ligamento, por ejemplo.

Es un dolor intermitente. Es como la presión de los dedos de un gigante sobre las cuerdas de una guitarra: mis ligamentos. El gigante toca música country, en cada nota hay un eco de dolor que aprisiona mis músculos y los estira inmóviles.

Si el dolor fuera un animal podría ser como una serpiente que lleva en el vientre una navaja: la serpiente se desliza por el interior de nuestras venas, se enrosca en nuestros huesos. También el dolor podría ser una araña que teje una tela de hilos metálicos sobre nuestros órganos.

Si fuera una persona sería a lo mejor un burócrata. Cada golpe del matasellos sería la señal de dolor que corre por nuestra médula, se expande por nuestras neuronas y nos cierra los ojos.

El dolor tiene muchas formas, se relaciona con muchas otras, se manifiesta de distintas maneras.

El dolor es como nosotros mismos; nos duelen las cosas según como somos, según de lo que estemos hechos.

(para e. con la esperanza que se recupere pronto de la dolencia)
Escribo porque no quiero ver nada más que lo que escribo.

Escribo porque me duele el sol de medianoche que está a mis espaldas.

Escribo para resucitar y entonces escribo también para decir que he muerto.

Escribo para no escribir una carta.

Escribo porque no quiero lavar los trastos, porque no quiero deshacer maletas, porque no quiero enviar postales.

Escribo porque no quiero pasar las páginas, dar los buenos días y ponerme un traje.

Escribo para olvidarme de las navajas, de los hoteles, de las carreteras, de los ascensores y los extraños; para olvidarme del insomnio, de los silencios, de las canciones, de los divanes, de los poetas, de los libros ajenos, de los trenes; para olvidarme de mi nombre, del invierno, de los cristales, del polen, de los cementerios, de las ciudades, del mar y las colillas de cigarro. Escribo para olvidarme de los aeropuertos, los exilios, las madrugadas; escribo para olvidar el crucigrama, las pastillas, el vino y los refranes.

Escribo para poder colgar un ángel de mi cuello y esconder un demonio en mi garganta.

Escribo para no llorar, para partir el tiempo, escribo para dejar de respirar, escribo para escribir.

Escribo mientras espero la lluvia, mientras se mata un deseo, mientras se despiertan los amantes y se duermen los presos.

Escribo mientras se llena la luna, mientras sueña un perro, mientras llora un niño, mientras cierran los bares, escribo mientras un dolor me atraviesa el pecho. .

Escribo por si es que encuentro eso que no sé bien que busco.

Escribo hasta el cansancio porque quiero cansarme de sentir.

Escribo para vivir un poco menos.
Cuando yo tenía 19 años entonces todo el mundo hablaba de Coelho y me puse a leer El Alquimista.

Lo leí casi de un tirón, en unos días, cada vez que iba al instituto en bus.
Lo terminé un fin de semana y me quedé con una ceja levantada y luego me fui a una fiesta.

La resaca me borró a Coelho.

Luego cuando vine aquí de pronto todos empezaron a hablar de Coelho.
Entonces decidí leer "El demonio y la señorita Prim" (Djevelen og frøken Prym) en este idioma así lo practicaba y entonces podría yo también hablar (rajar) de Coelho.

Pero las primeras páginas del libro me dormí.

Para moralejas no hay como Esopo y Samaniego.

Aquí hay unos new age que por la calle te regalan un folleto, también a veces te dan flores y te venden incienso. Bueno las mismas palabras de ellos las usaba Coelho.

Siempre que digo que soy de Sudamérica y que me gusta leer me dicen : Coelho.

Yo les levanto una ceja y les digo: se me borró con una resaca.

Hoy día encontré este artículo que lo leí con una sonrisa, pero ya aquí me hizo soltar una carcajada:

"On balance, there's more psychological depth in Calvin Klein's Obsession than in Paulo Coelho's Zahir"

Bueno y todo esto porque al fin quería confesar que mentí por cortesía una vez más ("gracias, lo leeré con gusto") y no sé que hacer con ese libro "Once Minutos" (elleve minutter) que una bien intencionada me regaló y cada vez que la veo, trato de decirle que sigo adaptándome (o con resaca) y que no puedo pensar (ni leer) en noruego para evitar el tema Coelho.

Si supiera...

Tu cicatriz en mí (*)

Siempre he tenido una fijación por las cicatrices.

Cuando era adolescente recuerdo que me gustaba un chico y lo que más me atraía de él era una cicatriz que le partía la ceja izquierda en dos en una línea de piel delgada.

Las cicatrices me resultan una provocación muy fuerte a los sentidos.

Me he dado cuenta que al ver una cicatriz experimento una atracción intensa al objeto (la cicatriz) y algunas veces esto puede desembocar en una atracción hacia quien lleva la cicatriz (pero esto depende ya de otras cosas).

Siempre que veo una cicatriz, fijo la vista en ella y empiezo a imaginar los motivos. Luego imagino cuan intenso pudo ser el dolor. Imagino el tipo de dolor, el instrumento que causo la herida, la circunstancias. Imagino también la situación en el tiempo; las cicatrices se hacen con el tiempo y para mí eso es como ver que el tiempo se quedó en nuestra piel. Las cicatrices son la evolución de una herida difícil que sucedió a la par con golpes a los sentidos. Las cicatrices son marcas de calendario en la piel; son como tatuajes que se hacen sin querer y que nos sirven para recordar –inevitablemente- un momento de dolor (siempre dolor físico y quizás de otros tipos, pero dolor al fin y al cabo). Me gustan las cicatrices pues en ellas puedo tocar el tiempo y eso siempre me ha gustado. Ser capaz de ver el tiempo que se manifiesta en los objetos.

Algunas cicatrices en algunas personas son como grietas en las rocas. A veces es posible ver por debajo de esa piel tan delgada que las cubre y se pueden descubrir lo frágil que alguien puede ser.

Creo que todo el mundo tiene cicatrices. Eso lo veo como una muestra de saber que somos vulnerables. Yo tengo algunas cicatrices (algunas visibles, otras no).

Besar una cicatriz es como besar el corte vivo, besar la vulnerabilidad, el accidente o la batalla, besar una serie de sensaciones, es como besar el tiempo, besar el calendario, besar la historia que ahí se cicatrizó.

Y es besar también el final del dolor.

(*) Duele de placer tu cicatriz en mí. Gustavo Cerati

Sueño

cielo

Cuando la realidad es el hastío total y luego de tanto insomnio y luz finalmente consigues dormir, el sueño se convierte en un refugio.

purgatorio

Dentro del sueño uno nace nuevamente. Se está dentro de un laberinto. Luego ves el sol, bajas escaleras, te ves sentada a la orilla de una playa, fumas, usas gabardina y luego estás desnuda y llueve, escuchas voces, bebes riendo a carcajadas, cambias de piel, adivinas pensamientos, calculas tus movimientos y luego estás poseída, caes a abismos, miras fijamente y cortas, susurras, vuelas, sueñas que sueñas, caminas como un gato, lloras dentro de un taxi rojo, te ves en una cárcel donde hay una maceta con margaritas, ves cuervos, anotas cosas en las palmas de tus manos, nadas en un mar azul intenso, gritas no puedes correr, huyes, mueres y te ves muerta y luego naces otra vez y juegas y sueñas.

infierno

Pero si se sueña lo mismo que uno vive en la realidad pero de esa manera tan especial que tienen los sueños (como lo cuento antes) entonces es como estar atrapado. Se convierte todo en un mal círculo.




Pensamientos plastilina

Hoy día finalmente hizo tiempo de primavera.
Me senté sobre la hierba de un parque a esperar -como siempre- que pasara algo.
Y entonces -como siempre- algo sucedió.
De pronto el ruido de una cortadora de césped rompió el silencio.


Un muchacho como de mi edad apareció de pronto a cortar el pasto con un aparato que no había visto antes. No eran esas máquinas de cortar césped que uno tiene que ir empujando mientras camina. Esto era más interesante. Era un tubo en cuyo extremo había una hélice que iba cortando la hierba. El muchacho era un artista. Era como un peluquero del césped. Sostenía siempre la hélice a la misma altura y la deslizaba lentamente sobre el pasto.
El movimiento sobre la hierba era parejo y perfecto, como si él fuese parte de ese artefacto. Era como si levitara sobre la hierba.
Al final lo dejó todo parejo, como el pelo recién cortado de un soldado joven cuando ingresa a ejército.
Yo lo aplaudí y entonces él señaló a la cortadora y luego se inclinó con una mano sobre su vientre así como hacen los artistas del teatro antes de que caiga el telón.



Luego vino el segundo acto.



El mismo muchacho trajo un aparato parecido pero ahora llevaba a la espalda una especie de mochila. Era una aspiradora. En la mochila se recogía la hierba cortada. Observé al muchacho ir y venir de arriba abajo varias veces hasta que lo recogió todo y lo amontonó a un lado del parque envuelto en una malla.

Lo volví a aplaudir. Él hizo el mismo gesto de antes y desapareció.

Había, sin querer, presenciado una obra de teatro.

Entonces luego vino ese olor a hierba cortada que siempre me ha encantado.
Es un olor que está en todas partes cada vez que se corta el pasto. No me recuerda a ningún lugar en especial, sólo me da la sensación de verde, de hierba cortada, de algo fresco.
Me quedé un rato respirando profundamente como si me faltara el aire o como si me fuera a dar un ataque de algo.



Entonces se me debió haber hiper ventilado el cerebro porque empecé a pensar en muchas cosas.



La fotosíntesis


En esta época del año, con luz todo el día, las plantas viven en una actividad constante.
No descansan, les circula la savia por los vasos y las nervaduras todo el día.
Clorofila
Esas cosas.
Y yo siento también que últimamente la sangre me fluye violenta y ando en una actividad constante.
Y tengo insomnio rampante.


La vez pasada de estar tantas horas sin dormir sentí el cuero de la cabeza adormecido.
Pensaba en mi cabeza como en esos dibujos de los libros de anatomía que tanto me gustan.
Veía las venas y arterias y la sangre circulando a mil sin descanso mientras me cepillaba los dientes.
Y luego sentía como nubes, como el pensamiento nublado, como si tuviera un velo puesto en la mirada.
Y la sangre circulando a mil, clarísima y ligera.
Como si hiciera fotosíntesis, como las plantas.
De hecho metí la cabeza sobre un chorro de agua helada por unos minutos hasta que despareció esa niebla que todo lo rodeaba.
Cuando me secaba la cabeza sentía el peso exacto de cada una de las gotas de agua que me resbalaban por la piel y pensaba que era agua que salía de mis pensamientos agotados.
Tenía los pensamientos hecho jirones, tanto que se habían vuelto líquidos.
Pensaba y pensaba.
Pero ahora vuelvo al pasto y a la hierba en constante fotosíntesis e insomne.
Y pienso que ese olor que me gusta es el olor de sus vasos rotos y de la savia regada por todas partes.
Entonces imaginé -como en una animación en plastilina- que en algún planeta lejano y de luz eterna vivía un gigante verde (sí, como la marca de las latas que compro en el supermercado).
La hierba de su jardín eran miles de humanos insomnes. Así que cuando la hierba le crecía, con su cortadora los iba decapitando.
Una niña verde lo aplaudía.
Y luego se quedaban los dos aspirando el olor a sangre.

ojalá pudiese dibujar. quedaría más bonito en imágenes que en palabras.



Album de familia

A veces creo que venimos definidos a ser unos contreras (por lo menos en mi familia) desde el momento en que nacimos. Pero en eso algo tendrán que ver las mamás, que se fijan en el rasgo más marcado de uno y lo van repitiendo cada vez que cuentan como eras cuando eras chico.

"Hijito, cuando tu naciste eras rubio" (La mamá de Giovanni. Giovanni ahora parece un turco y de rubio nada)
"Hijita tu eras más chiquita que la muñeca esa pelona, sí, ahí están las fotos" (La mamá de Mariana. Mariana nació sietemesina y muy pequeñita; ahora es tremenda muchacha, toca el bajo y me gana en fuerza)
"Hijita, cuando tú naciste no lloraste" (Mi madre. ¿Y será por eso que me la pasé llorando todos los años que vinieron?).



bueno, no es verdad, es una exageración.
no me la paso llorando.
pero es cierto, sí, soy sensible y últimamente más. y peor cuando veo fotos así de antiguas y escucho a nick drake " When i was yougn younger than before..." y yo creo que lo que ando buscando es un place to be como dice la cancion.
-la foto parece del año de la raja, pero no es nunca para tanto. en ese año "every breath you take" de the police era un hit.
yo me acuerdo porque desde entonces me gustaba la canción (y quizás the police también)-
El tiempo lo cambia todo.

No hay excepciones, es como todo.

Incluso el amor y las memorias más intensas que éste deja, mutan.

A veces creo que quizás un día cualquiera en el futuro se me va a olvidar ese color azul intenso de sus ojos que me marcó la primera vez que te vi.

Seguramente pensaré que es un deja vu de cualquier otra cosa y en lugar de tu mirada, pensaré en el mar.

Tu mirada no existirá mas, atormentándome, y se volverá todo como la calma del Mediterráneo.

Azul del mar y no mirada azul.

Ese olor de hierba mojada a fresco, no será de ya más tuyo, sino de cualquier campo en el que un día cualquiera me tumbaré tranquila a mirar las nubes, o de algún campo en el que ya he estado hace mucho tiempo, quizás cuando fui niña.

Confundiré aquel gesto que tienes, cuando estiras la sonrisa quizás como un gesto mío y propio cuando me mire al espejo mientras me pinte los labios.

Confundiré en mi memoria el recuerdo de tus palabras con alguna ficción, la sensación del peso de tu cuerpo con el cansancio de alguna resaca. Confundiré tus manos en mi cuello con la sensación de una bufanda que perdí, confundiré tus besos con el recuerdo del vino, el calor de tu cuerpo con los veranos de mi adolescencia, confundiré los escalofríos, los temblores, los latidos de mi corazón acelerado y la sangre alborotada con mis enfermedades, mis virus, con mi fiebre esa que siempre vuelve.

Entonces quizás habrá llegado el olvido.

O tan sólo una transformación de la memoria.

Puede que entonces en un pestañeo de mi memoria, entre el azul del mar –el olvido de tu mirada azul- vea aquel límite entre el puño de tu camisa impecable y la piel de tu muñeca.

Entonces recordaría aquella cicatriz que descubrí antes en un día cualquiera.

Esa cicatriz que fue un día como una sorpresa.

El tamaño de la cicatriz, el por qué sin respuesta de la cicatriz, la textura de ésta en mi tacto.

Y seguramente como todo, con el tiempo y los borrones de la memoria- ahí donde uno guarda tantas cosas- todo se confundiría.

Se confundirían los matices de azul con el mar, las voces con el ruido de los pasos, las miradas con los abismos, el vértigo del deseo con los fondos de las copas. Se confundirían los olores a café, a sal, a hierba, a mañana; se confundirían los tiempos con serpientes deslizándose en el desierto, los gemidos con idiomas que no son el mío, el tacto de la piel con un temblor de tierra, se confundiría la inocencia con la malicia, la pasión con un corte y de ese mismo corte la sangre se confundiría con el vino y ese color del vino me recordaría a los números rojos de ese reloj, que ya entonces sería un reloj cualquiera, que marca una hora en la que seguramente deberé tomar un tren, atravesar una ciudad, trabajar, volver y así. La tristeza y la euforia se confundirían con las primaveras con tormentas y los inviernos brillantes y con sol. Se confundirían los aeropuertos y las salas de espera, las habitaciones de hospital con hoteles y laberintos, se confundirían los viajes con las estancias, las despedidas con las ganas de quedarse, se confundirían las risas con la niebla, los ascensores con las carreteras, las plazas con sus palomas y sus viejos se confundirían con los excesos. Se confundiría el desamor con los papeles en blanco, con matasellos, con sentencias y el amor se confundiría con todo esto, con un espiral, con una ciudad capital, palabras iluminadas, el amor se enredaría entre tantos objetos: libros, tabaco, vidrios, sábanas, pétalos, melodías, lluvia, trenes, bares.

Se confundiría todo o quizás se fundiría en la memoria como una sola cosa.

El recuerdo de una cicatriz.
Pienso en la oscuridad.
Pienso en aquellos días en que solía caminar de madrugada por la casa de un extremo a otro pensando. En el camino desde la puerta principal hasta la parte de atrás, el fondo de todo, a veces me detenía. Pasaba la mano sobre el estante como buscando que de pronto saltase un libro a mis manos y que se abriera solo y entonces encontraría una frase que guardaría para siempre.
Me detenía en el camino- a veces me servía un café- tocaba las hojas de este arbolito que cuando me mudé aquí lo encontré medio muerto y ahora esta vivo y parece que tiene empatía con mis estados de ánimo.
Miraba por la ventana, esperando ver algo que sucediera de pronto en medio de la oscuridad.
Me quedaba ahí y entonces veía amanecer.
Eso era un suceso, un cambio.
Veía el borde del sol asomarse como una cuchilla de cobre y de pronto iba cortando el cielo negro de terciopelo, lo iba rasgando con su luz anaranjada y lo iba ensangrentando todo.
Imaginaba que la noche, un telón de terciopelo negro inmenso yacía detrás de esa montaña: un terciopelo ensangrentado por el sol que lo había roto todo.
Veía el sol como un gran corazón brillante suspendido en lo blanco, en aquello que se escondía detrás del telón negro.
A veces pensaba en la luna, que también estaría manchada de sangre, una luna rosada.
Pensaba en la hostia, en eso de la sangre y el cuerpo de Cristo. Pink moon y Nick Drake.
La luna era una hostia manchada de sangre sobre un altar de terciopelo negro.
La noche quedaba atrás.
Pienso en esos días donde había oscuridad recuerdo los amaneceres y recuerdo la sensación que se queda en las pupilas cuando uno ve amanecer.
El sol se guarda en ellas.
En esta época de año echo de menos la oscuridad.
Ahora sigo esperando ver a ese manto negro llegar, pero no llega.
El sol está ahí como un perro guardián que va de este a oeste y lo veo andar.
El sol ladra insoportable, ladra sobre la primavera y los cardos, ladra en amarillo, ladra y no me deja dormir.
A veces baja la marcha pero aún así no llega la oscuridad.
Hay un color raro y pálido que me dice que es de noche.
Es como el color del cansancio.
Ese mismo cansancio reposa sobre mis párpados insomnes.
Y vuelvo a caminar de extremo a extremo en mi casa y sé que la oscuridad no va llegar.
Entonces me quedó en la cama y hago aquello que siempre hago cada vez que sé bien que eso que espero/quiero no va a llegar o no va suceder.
Lo invento.
Bajo una persiana negra como la noche y me quedo quieta. Cierro los ojos y la luz constante de estos días que se ha grabado en mis pupilas se refleja en la parte interna de mis párpados, blanca, como una luna.
Así, con mi noche falsa dentro de mi, intento dormir.

Ciegos

A veces tengo la sensación de que ya no me queda nada por escribir, por decir, por pensar de más.
Entonces permanezco quieta y en silencio.
Puede que haga otras cosas, pero a veces no soy consciente de ello.
Puede que lea, que beba, que hable con gente, que salga a la calle, que riegue las plantas, que abra y cierre persianas, que ajuste relojes, puede que me perfume, que camine, puede que sueñe.
Puede que haga miles de cosas pero en realidad no estoy ahí y entonces a pesar de todo lo que haga me queda la sensación de seguir estando quieta y en silencio.

Pero de pronto todo llega como un golpe y entonces soy conciente de cada cosa que hago, de cada palabra que escribo, de cada segundo que pasa, soy conciente de todo lo que veo, experimento, hago, digo escribo, tomo o dejo.

Ayer venía conduciendo por la carretera principal de esta pequeña ciudad en donde vivo.
Durante los 15 minutos en auto que separan al centro de mi casa en el camino vi muchas cosas: un arco iris, un auto muy antiguo que eso aquí es raro, vi a dos personas que conozco que conducían en dirección contraria a mí (este pueblo es pequeño, uno se encuentra gente en la carretera), vi a un niño cruzar la pista y él también me miró, vi al chofer de bus el que parece que siempre está de mala gana, vi un árbol que florecía, el cementerio lleno de pasto verde y cardos amarillos, de vez en cuando vi lluvia y vi a un ciego.

Ese ciego.
De hecho lo he visto varias veces.
Parece que anduviera por todas partes (pero bueno, debe ser porque como ya lo he dicho, esto es una ciudad pequeña).
Es un hombre bajito, un poco gordo, con una barba rala y siempre anda con un perro que es su lazarillo.
Yo a veces creo que ese ciego puede ver.
Aún así tenga los ojos grises y los tenga cerrados todo el tiempo, especialmente hoy que lo vi sentí que él también me vio.
Lo observé por un buen rato mientras caminaba. Sus pasos eran firmes y los movimientos de su bastón tenían como una frecuencia perfecta de un lado a otro.
Ese ciego siempre anda solo.
El perro es su única compañía. Es un perro gris del mismo color de sus ojos, grande, peludo. Un perro que no parece ni manso ni bravo, parece un perro dibujado, un perro que nació para ser lazarillo.
Hoy de pronto el ciego se paró delante de mí y se quedo un momento quieto.
Lo vi bien y me impresionó algo en él que no se explicar bien que fue.
Quizás fue que lo vi todo. Vi que ese hombre estaba muy solo y su perro era un perro dibujado. El perro se quedo quieto sentado y mirando de frente mientras el ciego estaba de pie a un lado, como en una foto.
Yo sentí que él también me vio ahí dentro del auto sentí que lo veía todo: el arco iris, la carretera, los cardos, el cementerio…
Fue como si todo se detuviera en ese momento.
Quizás el ciego se llevo la misma impresión de mí que yo me lleve de él.
Quizás mi auto estaba dibujado, o quizás yo misma era un dibujo.
El siguió su camino y seguí la marcha por la carretera.
Pensé entonces que yo era un dibujo animado y que realmente no era yo ni mi auto lo que avanzaba, sino el fondo. Pensé que ambos éramos los únicos que lo podíamos ver todo.
Y estábamos ahí quietos mientras todo lo demás se movía.