Línea
- Estaba abierto, por eso entré- le dije, mientras me palpaba el bolsillo derecho buscando mi navaja suiza.
No la tenía conmigo.
El miedo me hace sonreír.
Él me devolvió la sonrisa.
Mientras me quitaba el abrigo pensaba en mi navaja suiza: pensaba que él la podría tener, pensaba en como se sentiría hundir una navaja en e cuerpo de otro, pensaba en la sangre o si saldría un líquido amarillo de hundir la navaja en el hígado.
Me senté con él a la mesa y me ofreció un café.
Vi como preparaba el café cuidando cada detalle. Abrió la alacena y buscó las bolsas de café, leyó el tipo de café y me pregunto si quería un café negro o algún capuchino. Olió los empaques de café, los dejó frente a él por dos segundos y se decidió por el empaque rojo –yo hubiese hecho lo mismo- hirvió el agua lavando antes la tetera, calentó la leche agitándola perfectamente y sin violencia con un batidor de globo.
Le había pedido un capuchino. Me dio el frasco de canela y se sentó a la mesa en el sitio que yo suelo ocupar.
Yo bebía el capuchino lentamente y sentada desde ese sitio que no era el mío habitual, vi mi casa distinta.
- ¿Tú no vas a tomar nada?
- No, es que ya he desayunado.
Entonces me fijé que en la cocina había migas de pan sobre la encimera; un vaso, ese tan horrible de payasitos que nunca uso, con restos de jugo de naranja y la mantequilla estaba aun fuera del refrigerador.
Me molestó ver la mantequilla fuera del refrigerador. Pensé en que estaría derritiéndose y echándose a perder, más ahora que está llegando el verano.
- Deberías guardar la mantequilla en el refrigerador, ahora que llega el verano se derrite muy rápido y entonces se divide la grasa de los conservantes. Después uno come pan con conservantes.
El se levantó de la mesa y metió la mantequilla en el refrigerador. Al mismo tiempo saco una botella de agua mineral y se sirvió un vaso.
Mientras él bebía el agua yo casi terminaba el capuchino perfecto y observaba la casa desde ese sitio que nunca había ocupado yo, el sitio de los invitados.
Desde ahí veía todo desde un ángulo distinto. Quizás se veía todo más bonito desde aquí y puede que haya sido esa la razón que este sitio haya sido siempre para mis invitados. No recuerdo bien por qué nunca me senté en este sitio. Cuando uno llega a una casa ocupa de pronto un lugar en la mesa, un lado de la cama, una posición determinada cuando se ducha. Uno no sabe por qué lo hace, sólo sucede así, y puede que inconscientemente sea que ocupamos el lado peor, el más incómodo o la peor vista porque queremos impresionar a nuestros huéspedes.
Sí. Vivimos en un mundo de apariencias, aun en nuestra propia casa. Que jodido.
- Tienes una casa linda –le dije.
-Gracias –sonrió- pero la verdad es que yo no la he decorado.
Entonces pensé que iba a sacar un cuchillo de cocina y me lo iba a clavar el estómago diciendo: “la casa era tuya pero ahora soy yo el dueño”. Yo sangraría hasta morir, y sería como una escena de una película de terror casera.
En lugar de la escena de terror, me sirvió más capuchino y me preguntó:
- ¿y cómo te fue hoy?
Le empecé a contar cómo me había ido hoy, literal. Le conté todo ese rollo de hoy del trabajo, que a lo mejor y me despedían.
- Bueno, a veces cuando una puerta se cierra, otra se abre- me dijo.
Se terminaba de beber el agua mineral y eructó tapándose la boca y pidiéndome disculpas.
Recogió la mesa y se fue a la cocina y miró el reloj. Empezó a preparar la cena. Yo me senté al lado de la ventana y jugaba con el cajón de los cubiertos, abriéndolo y cerrándolo. Ahí había dejado mi navaja suiza y me la guardé en el bolsillo en el momento en que él freía un bistec y cerró los ojos por miedo al aceite caliente.
Mientras cocinaba me contaba que era escritor. Dentro de poco publicaría un libro que se llamaría “Líneas Blancas”.
- ¿Cocaína?
Se rió y me sentí tonta.
- Todo el mundo escribe sobre cocaina, yo paso.
Me empezó a explicar que el libro se llamaba así pues el había viajado mucho por carretera: manejando camiones o haciendo autostop. Un día se le ocurrió medir las líneas blancas de la carretera en distintas partes y todas eran exactamente del mismo tamaño.
- Incluso fuera del país lo son. Piensa tú: un obrero chino en la China, dibuja la misma línea, del mismo tamaño y hace exactamente lo mismo, y puede que al mismo tiempo, que un obrero aquí, en la carretera marginal que conduce a la selva.
En su libro el usaba las líneas de la carretera como medida, no usaba kilómetros, sino líneas blancas. Hacía un inventario de líneas y las agrupaba con un tiempo y lugar determinado, todo esto iba acompañado de una historia, de alguna fotografía o postal y de las hojas de cálculo y diagramas en donde relacionaba las líneas blancas de la carretera con su vida y los años vividos.
Me interesó su libro bastante como me empezó a interesar él. Nos pasamos hablando de su vida y de la mía durante toda la cena. Abrimos una botella de vino y otras más. Al final ya borrachos bailamos boleros y terminamos desnudos sobre la alfombra haciendo el amor.
Al desvestirme mi navaja suiza cayó al suelo. Él la tomó entre las manos, la abrió y con el punzón me dejó en la piel un rasguño muy leve que me mató de placer.
A la mañana siguiente desperté muy tarde. Salí corriendo y llegué tarde al trabajo. Me despidieron y no me pudo haber importado menos.
Volví a casa y él ya no estaba. Me dejó una nota: “siéntete en tu casa”.
Me metí a la ducha y me vi la línea que él había dejado sobre mi cuerpo. La piel estaba ligeramente roja, como una cremallera. Era una línea larga que iba desde mi garganta hasta el pubis y se unía a la línea de mi sexo.
Me imaginé yo en una sala de operaciones, abierta como en una autopsia; pensé en las clases de ciencias con sus ranas, el pollo que debía deshuesar hoy, en la cremallera que de abrirla dejaría ver mis entrañas vivas y mi corazón latiendo y pensé cuando me secaba el cuerpo, en una línea de carretera.
He medido la línea de mi cuerpo y he salido a la calle a medir una de la carretera. Hay muchos camiones que pasan veloces y violentos; me miran como llevo la cinta métrica sobre el cuello como una serpentina de carnaval que se mueve con el aire.
Exilio
¿Existen exiliados felices?
Partiendo de ese artículo y justo habiendo tenido que ir a extranjería (ayer), me puse a pensar en muchas cosas a la vez y aquí las ennumero como un simple inventario de mis pensamientos.
Este post no tiene conclusión, ni mucho menos moraleja. Pues teniendo este tema como centro y base la gente, no puede existir una conclusión o algo definitivo.
1. ¿Por qué casi siempre se escribe sobre el exilio? ¿Por qué se escribe tan poco sobre la coexistencia?
2. En la estación de policía (extranjería) hablaba con alguien que usaba estás palabras que usa el artículo, ella las usaba todo el tiempo: “ellos” (los noruegos) “nosotros” (los extranjeros, exiliados, inmigrantes y todo los demás términos que nos encajan). “Es que aquí es así, pero en cambio, allá…” Al final y antes de agobiarme, desvié la conversación sobre el manjar blanco, cuando ella me hablaba de la conquista y de su apellido europeo que en Sudamérica hay poquísimos (que contradicción, que pesado el tema) yo tiraba la pelota hacia el tema de mi familia materna chilena, la paterna ecuatoriana y yo me quedé al medio haciendo las negociaciones, trato de hacerle un chiste para cambiar de tema. Al final estuvimos de acuerdo en que el pisco es peruano (ella era chilena).
3. Inmigrante. Aunque tenga y haya tenido siempre un permiso de estancia legal en el pasaporte me he sentido inmigrante todo el tiempo. Y es que lo soy. La verdad es que es confuso este contexto para encontrar una palabra: soy inmigrante, también soy extranjera, soy de allá y no de aquí es un hecho demostrado con papeles y se ve a simple vista; también soy a veces exiliada.
4. Pero una vez a una amiga peruana en España le dije: “y es que todos somos inmigrantes” y ella me respondió, con acento español y fastidio: “¿inmigrante?, inmigrante serás tú, guapa, coño, que yo curro en oficina”. Aunque usted no lo crea. (felizmente que dice sentirse peruana y se emociona, dice, con el himno nacional ese dónde nos ponen que estuvimos largo tiempo oprimidos y arrastrando cadenas).
5. Y por qué si, “inmigrante” y “extranjero” son casi la misma cosa; ¿por qué las imágenes en mi cabeza son distintas?.
6. Inmigrante: me veo en la cola –como la de ayer- para renovar un visado, me veo lavando platos, me veo recogiendo fresas y limpiando ventanas (todo esto lo he hecho) también me veo sonriéndole y diciéndole que no era de Marruecos a un marroquí, en esa misma cola, que insistía que yo me parecía a su prima, mientras escuchaba que alguien detrás, con acento Latinoamericano usaba la frase “estos moros”. (que pena y que vergüenza)
7. Extranjera: Me veo perdida en el supermercado, usando el diccionario para preguntar por una calle, probando queso marrón (no me gusta) y pensando en el queso fresco de Perú, saludando con un beso a los noruegos, perdiendo aviones por huevear en las tiendas y porque pensaba que de una puerta a otra no había mucho que caminar.
8. ¿Exiliada? No lo sé. Quizás cuando lloro a solas.
9. Conozco a alguien (y se lo he dicho) que al escribir –él escribe a veces- usa mucho los términos: diáspora, exilio, extranjeros, expatriados. Es como si esas palabras le pesaran o lo persiguieran o le gustaran. Yo no las uso salvo sean necesarias, no me disgustan pero tampoco me gustan, pero sí las sé, las he vivido –las vivo- y las he sentido. Por eso las menciono poco, para mí es como ir mencionando el apellido, cosa que yo siempre considero innecesario, salvo sea para al administración pública. No necesito nombrar o clasificar lo que está ahí, en mi color, lenguaje, pensamientos, maneras. Esas palabras son tácitas, se ven.
10. Cuando trabajé lavando platos y cocinando éramos todos inmigrantes o extranjeros, legales e ilegales, pero todos en el mismo saco: tres italianos, dos irlandeses, tres ecuatorianos, dos colombianos, un argentino, un alemán, -que sólo decía “shaise” (Scheiße) y le deciamos Herre Shaise- y una peruana.
Nunca me divertí tanto en un trabajo y aun así que ganaba un sueldo de mierda y estaba hecha polvo. De esta etapa podría hacer una historieta.
(paréntesis en la cocina y sobre el trabajo)
Le decía al italiano “¡Qué haces!” cuando hacía el tiramisú junto al fogón y el mascarpone se calentaba. Él me respondía-corregía “¿que haces?, que haces, no…boh…que haces… que haces, dai, no, muy fino para cucina: adesso tu en cucina, guapa, no en la scuola, ¿lo sai?: ¡che cazzo fai!; que haces que haces, espagnolo endegnio; si tu dices me “che cazzo fai” io respondo te subito guapa, dai carina, parla italiano, tutta forza italia, roma antica, imperio (aquí este italiano, mi buen amigo que hablaba tanto, cantaba con voz de tenor, algo que bien podría haber sido el himno de Italia) anche italiani fai un tiramisu caliente, caldo, ¿ti piacerebe tiramisu caldo en la mia casa dopo el laboro?...peruviana… non so che tu fai ¿ma que fai tu, que sai tu?”.
“Peruviani fai tutto…en el letto” le decía el otro italiano. “la mia peruviana, madonna santa, io so perche io e trombato con una ragazza en Peru… perdona la señorita en cucina que io parle de estas cosas”. “Esta bien, cuenta y confiésate" le decía yo mientras cascaba huevos. Y el alemán que no se enteraba nunca de la historia entera, siempre apuntaba palabras y decía “cuenta, it means bill, right? the bill, please in a restaurant, but it means also tell me?” yo siempre le escribía palabras en su libretita y él me decía gracias en castellano y volvía a decir shaise! “Oh! Backpacking in southaerica, fantástico, también yo en 1997”. Decia el irlandés y el ecuatoriano decía “bollocks” porque se le quemaba la lasagna y decía también “mande” en lugar de “que”. “Mande plata; así siempre me dicen en Colombia" decía el colombiano y el alemán decía “shaise” y se partía de risa, mientras el otro de los colombianos decía “ hablando de trombato, hermano, ya que viene al caso” y nos contaba con pelos y señales y su acento colombiano tan bonito y que trataba de usted "disculpe usted que vaya a contar..." que se había tirado a una alemana, le contaba más a Shaise, le contaba que la alemana le decía “ja ja ja= si si si ” y le decíamos “seguro te ha dicho jajaja de risa o yayaya para que pararas porque tú…si te cansas rallando el parmesano y se te corta la panacotta como serás en lo otro” “riáse pues, pero también me decia ij libi dij” (ich liebe dich) añadía, “te habrá dicho jijiji” le decían. Yo me partía de risa y el argentino me decía “che, acá a todos nos fashá el marote, che, ni tú te salvás; mirá que a veces he visto que cortás la lechuga con el machete acordándote de Fujimori…” y al final el irlandés -el a veces jefe de cocina- decía en castellano con el acento ese que tenía tan simpático: “restaurante italiano en valencia: Sudamérica cocina, Irlanda supervisa, Alemania organiza y el único italiano en la cocina lava platos. Indegno” Entonces el italiano agregaba: “porque ascendieron a la peruana dos puestos, del lavaplatos a la cucina, que profesional el capo”.
* el restaurante quedaba en la calle La Mar en valencia, casi llegando a la plaza de la Reina.
A la salida nos íbamos todos a beber cañas al bar de la esquina o al Finnegans cuando pagaban. Escuchábamos la canción de Manu Chao, Clandestino, nos reíamos y nos daba también a algunos una especie de tristeza.
11. Pregunta del millón: ¿te acostumbras a…? (póngase aquí un lugar cualquiera como Valencia p ej) eso te pregunta la gente cuando eres extranjero, si te acostumbras; porque parece que eso es lo importante, acostumbrarse, casi nunca te preguntan: “¿te gusta…?” o “¿Qué tal aquí?”, y a veces añaden a la pregunta de acostumbrarse “¿y extrañas …?” (p. ej, Lima). ¿Y cómo es que uno se acostumbra?, me pregunto. No me he acostumbrado nunca a nada he ninguna parte.
12. No extraño Lima, no. No extraño el lugar sino yo estando ahí, echo de menos una parte de mí con un fondo. Es difícil de explicar. Tampoco extraño Valencia, pero extraño irme a pie luego del trabajo, dar vueltas por el Barrio del Carmen, tomar unas cañas en uniforme y decir “magdalenas” y desayunar magdalenas. Extraño el ruido del metro de Madrid y la cara de la multitud; también extraño respirar aire frío en Cusco y tomar jugo de naranja recién exprimida a las 6am en el mercado de San Pedro. Si me voy de aquí quizás extrañe la aurora o la claridad en la noche, estando yo siempre ahí con ese fondo. (Todo gira en torno a mí, es el ego quizás, pero si me dicen TU PATRIA entonces yo les hablo de MIS NOSTALGIAS de mí misma, de lo que soy, y de lo que yo creo que es mi patria).
14. No tengo “nostalgia de mi tierra” pues no tengo bien clara la idea de lo que es “mi tierra”. Puede que “mi tierra” sea el idioma en el que pienso, o mi casa en cualquier parte, o mi familia (mi familia materna y paterna son de distintos lugares). Tampoco vivo escuchando música del Perú sólo porque es del Perú. Me emborracho llena de gusto con cualquier cosa que no necesariamente tenga que ser Cristal (aunque esta sea la cerveza que más me guste). Me molesta que me digan como reproche“¿no te emociona escuchar el himno nacional fuera de TU PERÚ?” Me emociona más aquí, en Perú y en cualquier otra parte escuchar por ejemplo a Chabuca Granda, por muchas razones además del Perú. Tengo amigos en el Perú de todas partes, no sólo de Lima (y además de descendientes de chinos, japoneses e italianos pero todos peruanos), me gusta el Perú, me gustan muchas cosas que vivido ahí y me gusta como lugar; he viajado un poco por él, he vivido por estancias cortas en provincia y siempre me ha gustado todo, pero no me gusta alguna gente peruana que fuera del Perú me reproche –y a veces con un acento que no es peruano- que no celebre el 28 de julio ni me emocione con el himno. Tampoco me gusta la gente que habla mal del Perú hasta por nada, es cierto que hay que ser realistas, pero si mi padre, p. ej. fuese alcohólico, yo no hablaría de sus diablos azules sino de los chistes que cuenta cuando esta borracho.
15. Siempre digo que soy peruana pero nunca digo mi Perú (tampoco mi España, tampoco mitt Norge) porque no entiendo que uno pueda usar el posesivo delante de un lugar específico, no importan las raíces, ni las costumbres, ni los años; los lugares que se quieren están ahí siempre. Uno puede volver siempre o irse. Son como las relaciones de amantes, las más intensas: no es tuyo, no te pertenece, sino que eres parte de ese lugar cuando así lo quieren ambos, cuando las circunstancias se dan y eso no sólo es el 28 de julio y con himno: así yo sí me siento parte del Perú (y viceversa) y también de algunas otras partes donde he estado. He concluido en que la patria, para mi, es más un estado de ánimo.
16. Odio los ghettos. Tengo p. ej dos muy buenas amigas latinoamericanas. Nos juntamos cuando podemos y nos da risa decir “cafecito”, y nos reímos cuando coincidimos en cosas que se hacen en Latinoamérica, como los quinceañeros. Nos da risa también que relacionen (muchos) a Sudamérica con el che, la salsa y las llamas; las tres cosas a la vez. No nos decimos “hermana latinoamericana”, (salvo estemos ebrias y juguemos a firmar el protocolo de paz ya que una es chilena y la otra boliviana). Tampoco no nos juntamos a decir “ellos” y “nosotros” ni “aquí” ni “allá”, tampoco “antes” y “ahora”. Nos juntamos también con los “de aquí” y al final parece que todos fuéramos del mismo lugar o de cualquier otro del cual siempre tenemos algo en común. Se me viene a la cabeza esta frase central del artículo: ¿existen exiliados felices? No he conocido a ninguno. Pero he conocido a muchas personas felices de poderse exiliar. Por esta frase empecé a escribir este inventario.
17. Felices de podernos exiliar creo que somos todos. No hablo de fronteras, ni pasaportes, ni de cruzar el Atlántico, sino de algo que lo hacemos todos, exiliarnos de nuestras propias patrias personales y sus batallas (y aquí sí uso el posesivo). Hablo entonces de la acción de desprenderse de todo lo que somos y que a la vez nos ata, de romper con todo, de tirar cosas que guardamos desde hace tiempo y que nos dan tristeza (tristeza como la que dan los libros de historia), de hablar otra lengua usar otras palabras, quizás dejar de leer la prensa para leer poesía, de dejar de pensar en recuerdos e historias que nos desgastan y pensar simplemente en las cosas que vemos y que a veces brillan. Este exilio es diario y depende de nosotros.
Y algunas veces, puede que este exilio cotidiano nos haga más felices.
alguien se tiene que hacer cargo del alma
Hoy me desperté con esa frase en la cabeza. Si alguien hubiese despertado a mi lado, en lugar de “buenos días” le hubiese dicho “alguien se tiene que hacer cargo del alma” y luego hubiese bostezado. después arrastraría mi cuerpo somnoliento que nunca duerme lo suficiente hacia el baño y me cepillaría los dientes con los ojos cerrados.
En cada cepillada pensaría: alguien se tiene que hacer cargo del alma.
Hoy tuve esa frase todo el día en la cabeza, martillándome en mi vida simple.
Lista:
- Café
- Pan
- Jugo de naranja
- Lechuga
- Tomates
- Yogurt
- Jamón
- Alguien se tiene que hace cargo del alma
- Detergente
- Amoniaco
- Tampones
Ahora que se acaban las vacaciones empieza uno a encontrarse con gente que regresa de viaje. La mayoría se va a asar como una gamba al sur de Europa, a emborracharse con dos euros (cosa que no pueden hacer aquí) y a bailar con los Gipsy Kings y creer que eso lo más latino que hay y que ya casi bailan como Joaquín Cortés.
(y no sólo les basta contártelo sino que te muestran fotos y mueven las manos en un intento nórdico de flamenco)
alguien se tiene que hacer cargo del alma.
Hoy día escuchaba a dos hablar en el supermercado. Uno le contaba al otro su viaje a Tailandia:
“Por la calle las putas te cogen de la camisa y te insisten para que te vayas con ellas, son como sabandijas…y en los pubs, cuando estás meando, entran al baño y te encierran con el picaporte y ellas ahí, mientras tú estás meando y te dicen que te vayas con ellas… y Bangkok huele a mierda; sí, a mierda. No es que sólo huela mal sino que huele a mierda”
Me giré a verle la cara al turista y supongo que se debe haber acostado con mil putas en Tailandia porque puede que nadie le haga caso.
que cruel
Se le veía sucio. Era flaco y a pesar de que era blanco, no era rosado como lo son casi todos, sino más bien tenía un tono entre gris y violáceo en la piel. Tenía los dientes pequeñitos y sucios como los de un ratón que ha comido un queso con moho.
Imaginé que alguna de las putas que se tiró le dijo: alguien se tiene que hacer cargo del alma, mientras se vestía y se guardaba el dinero en las tetas.
alguien se tiene que hacer cargo del alma.
pobre ratón.
Conducía por la carretera sin pasarme el límite de la velocidad. Todo era perfecto.
(menos mis pensamientos, menos yo).
En la radio sonaba esa canción No Rain que me hizo recordar cuando estaba en el colegio
And I don't understand why I sleep all day And I start to complain that there's no rain And all I can do is read a book to stay awake And it rips my life away, but it's a great escape
Luego pensé en que sucedía un accidente. Un mega accidente en esta ciudad tranquila. Tan grande sería el accidente que saldría en los periódicos de todo el mundo.
(pensé en eso pues en el supermercado vi de portada en el periódico local este titular “LO QUE PUDO HABER PASADO: tren de carga pudo colisionar con un vagón fuera de servicio que se encontraba en la vía errónea”. Aquí la noticia es lo que pudo ser y lo que no fue)
Yo estaría ahí en el accidente. Entre los escombros, los heridos y los muertos. Me vi accidentada, con la frente rota y sangrante, con las manos sucias y la cara al ras del pavimento.
Entonces vería bajar a Dios y al Diablo.
Pensaba, atrapada entre los fierros retorcidos en mi frase: alguien se tiene que hacer cargo del alma.
¿Quién lo diría primero?
Entonces Dios y el Diablo se miran y lo dicen al mismo tiempo. Luego se separan por caminos distintos entre el desastre.
Dios le cierra los ojos a los muertos con un beso y el Diablo empieza a animar a los heridos como yo, con palmadas violentas en las mejillas y a gritos.
(como la voz del principio de esas canciones de Centroamérica, como el regaetón por ejemplo, algo así como “¡todo el mundo, levántense!”.
Luz roja.
(pupilas del diablo)
alguien se tiene que hacer cargo de mi alma.
(parentesis)
Quería hacerlo antes de que se acabe julio, pues ese será el mes de Vértigo de mi vida (coincide con el concierto y con muchas otras cosas)
Hoy llegó el momento de contar cómo fue.
Sigo adormecida.
Llegué a Oslo por la mañana con lo puesto y con el ticket en el bolsillo derecho de mi casaca, lo manoseaba como cuando uno es chico y manosea dentro del bolsillo un billete; el billete más grande y valioso que nunca había visto antes.
Finalmente entré al estadio. Aguardé y me entretuve mirando a la gente que llegaba, los contaba (suelo contar en las esperas) les mirabas las caras, la ropa, lo que hacían y lo que hablaban, bebía sorbos de una botella de agua e imaginaba cómo sería su llegada al escenario.
No prestaba atencuión a los teloneros, en mi mente cantaba It's alright, it's alright, it's alright She moves in mysterious ways
De pronto la gente hizo un silencio de un segundo, luego palmas, silbidos, gritos y Vértigo rompió el silencio.
Hello hello, Hola!
Fueron un poco de más de dos horas donde tuve la carne de gallina todo el tiempo. Parecia que iba sostenida por alguna extraña energía, como si el suelo y yo fueramos imanes con los polos opuestos: flotaba firmemente.
A veces me quedaba quieta mirando al escenario y sentía como se me dilataban las pupilas ante tanta luz de esa cortina luminosa inmensa que había detrás de ellos especialmente cuando Oslo empezó a oscurecer.
Recuerdo que se me hizo un nudo en la garganta con sunday bloody sunday. Las canciones que canté más alto fueron New Years Day, City of the Blinding Lights, Pride y Where the Streets Have No Name y me pasó algo con One.
Siempre pensé que cantaría One en coro, a gritos, que lloraría a lagrima viva, pero me quedé en silencio escuchando la letra y sintiendo como la musica y la voz de Bono se me metía por los oídos, intensa y me llegaba hasta el alma.
Vertigo, I Will Follow, The Electric Co., Elevation, New Year's Day, Beautiful Day - The Sun Always Shines on TV, I Still Haven't Found What I'm Looking For, All I Want Is You, City of Blinding Lights, Miracle Drug, Sometimes You Can't Make It On Your Own, Love and Peace or Else, Sunday Bloody Sunday, Bullet the Blue Sky, Miss Sarajevo, Pride, Where the Streets Have No Name, One (encore) Zoo Station, The Fly, With or Without You, All Because of You, Yahweh, Vertigo (y aquí Bono dijo en, to, tre, fjorten en el idioma local)
Cuando tocaron the fly una canción que quizás fue de las que menos antención le dí antes de este concierto, las palabras en letras iluminadas inmensas decían letters become words/ words become sentences/become lies y luego la palabra secret. La canción finalizó con la palabra LOVE en letras iluminadas e inmensas.
Estaba sobria pero me sentía drogada. Drogada por la luz y la música de U2
La cara de Bono inmesa en la pantalla. (Bono es pequeño pero una energía intensisima, tiene el pelo castaño oscuro, los ojos achinados, lo vi desde unos 15 metros)
A veces pensaba en la pelicula de Kubrik (2001 space odissey) con tanta luz. Pensaba en eso que dicen que cuando uno se muere ve los momentos iluminados de su vida.
Seguramente yo veré este concierto como lo que fue para mi: un gran flash de felicidad intensa, de luz y de música que se podían tocar.
Well I don’t know why I came here tonight.
I’ve got the feeling that something ain’t right.
I’m so scared in case I fall off my chair,
and I’m wondering how I’ll get down the stairs.
Así que me tomo unas vacaciones (aunque ya se notaba).
Gracias por todos los comentarios en el post anterior, los contestaré cuando vuelva.
e. se recuperó y me pareció bonito que, gente aún si conocerla, deseaba tambien que se recupere. gracias por eso.
Mientras tanto yo sigo en estas...
Clowns to the left of me
Jokers to the right
Here I am stuck in the middle with you.
Dejo las llaves puestas para lo que quieran.
Ya vuelvo.
Queen of pain
A veces leo poesía sobre todo cuando no escribo y estoy enferma (que es casi lo mismo).
Me gusta leer poesía tumbada en la cama con los brazos en alto, sosteniendo el libro y sintiendo como me circula la sangre y se empoza sobre mis hombros.
A veces creo que es la poesía que me pesa en las clavículas, es el peso de la sangre, de las palabras. Los versos me presionan el pecho. Llevo una hipérbole de dolor en el esternón.
Los poetas escriben sobre dolor.
A algunos poetas siempre les duele algo.
Yo los entiendo. (a mi me duele un ligamento ahora mismo)
A mí también me duele así como le duele a los poetas: me duele siempre el amor, me duele un poco y a veces la vida, me duelen algunas palabras, me duelen algunos recuerdos intensamente, me duelen algunas noches, me duelen las distancias y los vacíos, también me duelen algunos desvelos y esperas, me duelen las confusiones. Hasta me duelen algunas fechas y algunas ciudades.
Dolor.
Yo recuerdo que una vez cuando era pequeña pasamos un verano en una playa del sur de Lima. Recuerdo que era una casa linda, antigua; pero sólo había agua a veces. Yo siempre andaba llena de arena. Siempre me tenían que bañar con agua de un cubo rojo. Me enjabonaban el cuerpo con una pastilla de jabón rosada llena de arena (ahora hay jabones así para peeling pero la arena es azul y artificial) y yo protestaba porque me dolía la piel de niña, la sal, el sol. Me dijeron entonces: “Aguanta. El dolor es algo que está unido a nosotros desde que nacemos, vas a tener que aguantar mucho dolor en la vida y cuando tengas hijos vas a entender mejor y ya no llores que ya casi acabamos”
Yo tenía no más de cinco años y eso se me quedó grabado. A veces me decían cosas así, me hablaban como si lo entendiera todo a esa edad. Crecí rodeada de adultos siempre
Recuerdo que me envolvían en una toalla, me abrazaban, me vestían. También a veces chillaba cuando me peinaban y me volvían a decir que aguante. Pero luego me daban un beso, me perfumaban, me servían un vaso de leche con vainilla y chocolate y me sentaban a ver la tele y ahí me quedaba sola viendo dibujos animados donde también se veía el dolor en el gato que nunca atrapaba al ratón.
Me quedaba pensando en el dolor.
Supongo que me querían hacer fuerte.
Supongo que en cierta forma lo soy.
Nunca más me hablaron sobre el dolor. Sólo me decían “aguanta”. A veces chillaba a propósito para ver si me decían algo más. Pero no. Con el tiempo experimenté otro tipo de dolores, no como los de la arena…ante ellos a veces me decía a mí misma: “aguanta”.
Pero es difícil.
Yo no soporto ni sé soportar el dolor y siempre ando en busca de analgésicos o algo en qué entretenerme, como la poesía o las palabras.
He leído a Vallejo:
VOY A HABLAR DE LA ESPERANZA
Yo no sufro este dolor como César Vallejo. Yo no me duelo ahora como artista, como hombre ni como simple ser vivo siquiera. Yo no sufro este dolor como católico como mahometano ni como ateo. Hoy sufro solamente. Si no me llamase César Vallejo, también sufriría este mismo dolor. Si no fuese artista, también lo sufriría. Si no fuese hombre ni ser vivo siquiera, también lo sufriría. Si no fuese católico, ateo ni mahometano, también lo sufriría. Hoy sufro desde más abajo. Hoy sufro solamente.
Me duelo ahora sin explicaciones. Mi dolor es tan hondo, que no tuvo ya causa ni carece de causa. ¿Qué sería su causa? ¿Dónde está aquello tan importante, que dejase de ser su causa? Nada es su causa; nada ha podido dejar de ser su causa. ¿A qué ha nacido este dolor, por sí mismo? Mi dolor es del viento del norte y del viento del sur, como esos huevos neutros que algunas aves raras ponen del viento. Si hubiera muerto mi novia, mi dolor sería igual. Si la vida fuese, en fin, de otro modo, mi dolor sería igual. Hoy sufro desde más arriba. Hoy sufro solamente.
Miro el dolor del hambriento y veo que su hambre anda tan lejos de mi sufrimiento, que de quedarme ayuno hasta morir, saldría siempre de mi tumba una brizna de yerba al menos. Lo mismo el enamorado. ¡Qué sangre la suya más engendrada, para la mía sin fuente ni consumo!
Yo creía hasta ahora que todas las cosas del universo eran, inevitablemente, padres o hijos. Pero he aquí que mi dolor de hoy no es padre ni es hijo. Le falta espalda para anochecer, tanto como le sobra pecho para amanecer y si lo pusiesen en la estancia oscura, no dejaría luz y si lo pusiesen en una estancia luminosa, no echaría sombra. Hoy sufro suceda lo que suceda. Hoy sufro solamente.
A Vallejo siempre le duele algo, siempre se queja. Me gusta siempre Vallejo aunque llore.
He pensado mucho en el dolor, quería escribir sobre ello, sobre el dolor físico, el más básico de todos, el que todos alguna vez hemos experimentado.
El dolor de mi ligamento, por ejemplo.
Es un dolor intermitente. Es como la presión de los dedos de un gigante sobre las cuerdas de una guitarra: mis ligamentos. El gigante toca música country, en cada nota hay un eco de dolor que aprisiona mis músculos y los estira inmóviles.
Si el dolor fuera un animal podría ser como una serpiente que lleva en el vientre una navaja: la serpiente se desliza por el interior de nuestras venas, se enrosca en nuestros huesos. También el dolor podría ser una araña que teje una tela de hilos metálicos sobre nuestros órganos.
Si fuera una persona sería a lo mejor un burócrata. Cada golpe del matasellos sería la señal de dolor que corre por nuestra médula, se expande por nuestras neuronas y nos cierra los ojos.
El dolor tiene muchas formas, se relaciona con muchas otras, se manifiesta de distintas maneras.
El dolor es como nosotros mismos; nos duelen las cosas según como somos, según de lo que estemos hechos.
(para e. con la esperanza que se recupere pronto de la dolencia)
Escribo porque me duele el sol de medianoche que está a mis espaldas.
Escribo para resucitar y entonces escribo también para decir que he muerto.
Escribo para no escribir una carta.
Escribo porque no quiero lavar los trastos, porque no quiero deshacer maletas, porque no quiero enviar postales.
Escribo porque no quiero pasar las páginas, dar los buenos días y ponerme un traje.
Escribo para olvidarme de las navajas, de los hoteles, de las carreteras, de los ascensores y los extraños; para olvidarme del insomnio, de los silencios, de las canciones, de los divanes, de los poetas, de los libros ajenos, de los trenes; para olvidarme de mi nombre, del invierno, de los cristales, del polen, de los cementerios, de las ciudades, del mar y las colillas de cigarro. Escribo para olvidarme de los aeropuertos, los exilios, las madrugadas; escribo para olvidar el crucigrama, las pastillas, el vino y los refranes.
Escribo para poder colgar un ángel de mi cuello y esconder un demonio en mi garganta.
Escribo para no llorar, para partir el tiempo, escribo para dejar de respirar, escribo para escribir.
Escribo mientras espero la lluvia, mientras se mata un deseo, mientras se despiertan los amantes y se duermen los presos.
Escribo mientras se llena la luna, mientras sueña un perro, mientras llora un niño, mientras cierran los bares, escribo mientras un dolor me atraviesa el pecho. .
Escribo por si es que encuentro eso que no sé bien que busco.
Escribo hasta el cansancio porque quiero cansarme de sentir.
Escribo para vivir un poco menos.
Lo leí casi de un tirón, en unos días, cada vez que iba al instituto en bus.
Lo terminé un fin de semana y me quedé con una ceja levantada y luego me fui a una fiesta.
La resaca me borró a Coelho.
Luego cuando vine aquí de pronto todos empezaron a hablar de Coelho.
Entonces decidí leer "El demonio y la señorita Prim" (Djevelen og frøken Prym) en este idioma así lo practicaba y entonces podría yo también hablar (rajar) de Coelho.
Pero las primeras páginas del libro me dormí.
Para moralejas no hay como Esopo y Samaniego.
Aquí hay unos new age que por la calle te regalan un folleto, también a veces te dan flores y te venden incienso. Bueno las mismas palabras de ellos las usaba Coelho.
Siempre que digo que soy de Sudamérica y que me gusta leer me dicen : Coelho.
Yo les levanto una ceja y les digo: se me borró con una resaca.
Hoy día encontré este artículo que lo leí con una sonrisa, pero ya aquí me hizo soltar una carcajada:
"On balance, there's more psychological depth in Calvin Klein's Obsession than in Paulo Coelho's Zahir"
Bueno y todo esto porque al fin quería confesar que mentí por cortesía una vez más ("gracias, lo leeré con gusto") y no sé que hacer con ese libro "Once Minutos" (elleve minutter) que una bien intencionada me regaló y cada vez que la veo, trato de decirle que sigo adaptándome (o con resaca) y que no puedo pensar (ni leer) en noruego para evitar el tema Coelho.
Si supiera...
Tu cicatriz en mí (*)
Cuando era adolescente recuerdo que me gustaba un chico y lo que más me atraía de él era una cicatriz que le partía la ceja izquierda en dos en una línea de piel delgada.
Las cicatrices me resultan una provocación muy fuerte a los sentidos.
Me he dado cuenta que al ver una cicatriz experimento una atracción intensa al objeto (la cicatriz) y algunas veces esto puede desembocar en una atracción hacia quien lleva la cicatriz (pero esto depende ya de otras cosas).
Siempre que veo una cicatriz, fijo la vista en ella y empiezo a imaginar los motivos. Luego imagino cuan intenso pudo ser el dolor. Imagino el tipo de dolor, el instrumento que causo la herida, la circunstancias. Imagino también la situación en el tiempo; las cicatrices se hacen con el tiempo y para mí eso es como ver que el tiempo se quedó en nuestra piel. Las cicatrices son la evolución de una herida difícil que sucedió a la par con golpes a los sentidos. Las cicatrices son marcas de calendario en la piel; son como tatuajes que se hacen sin querer y que nos sirven para recordar –inevitablemente- un momento de dolor (siempre dolor físico y quizás de otros tipos, pero dolor al fin y al cabo). Me gustan las cicatrices pues en ellas puedo tocar el tiempo y eso siempre me ha gustado. Ser capaz de ver el tiempo que se manifiesta en los objetos.
Algunas cicatrices en algunas personas son como grietas en las rocas. A veces es posible ver por debajo de esa piel tan delgada que las cubre y se pueden descubrir lo frágil que alguien puede ser.
Creo que todo el mundo tiene cicatrices. Eso lo veo como una muestra de saber que somos vulnerables. Yo tengo algunas cicatrices (algunas visibles, otras no).
Besar una cicatriz es como besar el corte vivo, besar la vulnerabilidad, el accidente o la batalla, besar una serie de sensaciones, es como besar el tiempo, besar el calendario, besar la historia que ahí se cicatrizó.
Y es besar también el final del dolor.
(*) Duele de placer tu cicatriz en mí. Gustavo Cerati
Sueño
Cuando la realidad es el hastío total y luego de tanto insomnio y luz finalmente consigues dormir, el sueño se convierte en un refugio.
purgatorio
Dentro del sueño uno nace nuevamente. Se está dentro de un laberinto. Luego ves el sol, bajas escaleras, te ves sentada a la orilla de una playa, fumas, usas gabardina y luego estás desnuda y llueve, escuchas voces, bebes riendo a carcajadas, cambias de piel, adivinas pensamientos, calculas tus movimientos y luego estás poseída, caes a abismos, miras fijamente y cortas, susurras, vuelas, sueñas que sueñas, caminas como un gato, lloras dentro de un taxi rojo, te ves en una cárcel donde hay una maceta con margaritas, ves cuervos, anotas cosas en las palmas de tus manos, nadas en un mar azul intenso, gritas no puedes correr, huyes, mueres y te ves muerta y luego naces otra vez y juegas y sueñas.
infierno
Pero si se sueña lo mismo que uno vive en la realidad pero de esa manera tan especial que tienen los sueños (como lo cuento antes) entonces es como estar atrapado. Se convierte todo en un mal círculo.
Pensamientos plastilina
Me senté sobre la hierba de un parque a esperar -como siempre- que pasara algo.
Y entonces -como siempre- algo sucedió.
De pronto el ruido de una cortadora de césped rompió el silencio.
Un muchacho como de mi edad apareció de pronto a cortar el pasto con un aparato que no había visto antes. No eran esas máquinas de cortar césped que uno tiene que ir empujando mientras camina. Esto era más interesante. Era un tubo en cuyo extremo había una hélice que iba cortando la hierba. El muchacho era un artista. Era como un peluquero del césped. Sostenía siempre la hélice a la misma altura y la deslizaba lentamente sobre el pasto.
El movimiento sobre la hierba era parejo y perfecto, como si él fuese parte de ese artefacto. Era como si levitara sobre la hierba.
Al final lo dejó todo parejo, como el pelo recién cortado de un soldado joven cuando ingresa a ejército.
Yo lo aplaudí y entonces él señaló a la cortadora y luego se inclinó con una mano sobre su vientre así como hacen los artistas del teatro antes de que caiga el telón.
Luego vino el segundo acto.
El mismo muchacho trajo un aparato parecido pero ahora llevaba a la espalda una especie de mochila. Era una aspiradora. En la mochila se recogía la hierba cortada. Observé al muchacho ir y venir de arriba abajo varias veces hasta que lo recogió todo y lo amontonó a un lado del parque envuelto en una malla.
Lo volví a aplaudir. Él hizo el mismo gesto de antes y desapareció.
Había, sin querer, presenciado una obra de teatro.
Entonces luego vino ese olor a hierba cortada que siempre me ha encantado.
Es un olor que está en todas partes cada vez que se corta el pasto. No me recuerda a ningún lugar en especial, sólo me da la sensación de verde, de hierba cortada, de algo fresco.
Me quedé un rato respirando profundamente como si me faltara el aire o como si me fuera a dar un ataque de algo.
Entonces se me debió haber hiper ventilado el cerebro porque empecé a pensar en muchas cosas.
La fotosíntesis
En esta época del año, con luz todo el día, las plantas viven en una actividad constante.
No descansan, les circula la savia por los vasos y las nervaduras todo el día.
Clorofila
Esas cosas.
Y yo siento también que últimamente la sangre me fluye violenta y ando en una actividad constante.
Y tengo insomnio rampante.
La vez pasada de estar tantas horas sin dormir sentí el cuero de la cabeza adormecido.
Pensaba en mi cabeza como en esos dibujos de los libros de anatomía que tanto me gustan.
Veía las venas y arterias y la sangre circulando a mil sin descanso mientras me cepillaba los dientes.
Y luego sentía como nubes, como el pensamiento nublado, como si tuviera un velo puesto en la mirada.
Y la sangre circulando a mil, clarísima y ligera.
Como si hiciera fotosíntesis, como las plantas.
De hecho metí la cabeza sobre un chorro de agua helada por unos minutos hasta que despareció esa niebla que todo lo rodeaba.
Cuando me secaba la cabeza sentía el peso exacto de cada una de las gotas de agua que me resbalaban por la piel y pensaba que era agua que salía de mis pensamientos agotados.
Tenía los pensamientos hecho jirones, tanto que se habían vuelto líquidos.
Pensaba y pensaba.
Pero ahora vuelvo al pasto y a la hierba en constante fotosíntesis e insomne.
Y pienso que ese olor que me gusta es el olor de sus vasos rotos y de la savia regada por todas partes.
Entonces imaginé -como en una animación en plastilina- que en algún planeta lejano y de luz eterna vivía un gigante verde (sí, como la marca de las latas que compro en el supermercado).
La hierba de su jardín eran miles de humanos insomnes. Así que cuando la hierba le crecía, con su cortadora los iba decapitando.
Una niña verde lo aplaudía.
Y luego se quedaban los dos aspirando el olor a sangre.
ojalá pudiese dibujar. quedaría más bonito en imágenes que en palabras.
Album de familia
"Hijito, cuando tu naciste eras rubio" (La mamá de Giovanni. Giovanni ahora parece un turco y de rubio nada)
"Hijita tu eras más chiquita que la muñeca esa pelona, sí, ahí están las fotos" (La mamá de Mariana. Mariana nació sietemesina y muy pequeñita; ahora es tremenda muchacha, toca el bajo y me gana en fuerza)
"Hijita, cuando tú naciste no lloraste" (Mi madre. ¿Y será por eso que me la pasé llorando todos los años que vinieron?).

bueno, no es verdad, es una exageración.
no me la paso llorando.
pero es cierto, sí, soy sensible y últimamente más. y peor cuando veo fotos así de antiguas y escucho a nick drake " When i was yougn younger than before..." y yo creo que lo que ando buscando es un place to be como dice la cancion.
-la foto parece del año de la raja, pero no es nunca para tanto. en ese año "every breath you take" de the police era un hit.
yo me acuerdo porque desde entonces me gustaba la canción (y quizás the police también)-
No hay excepciones, es como todo.
Incluso el amor y las memorias más intensas que éste deja, mutan.
A veces creo que quizás un día cualquiera en el futuro se me va a olvidar ese color azul intenso de sus ojos que me marcó la primera vez que te vi.
Seguramente pensaré que es un deja vu de cualquier otra cosa y en lugar de tu mirada, pensaré en el mar.
Tu mirada no existirá mas, atormentándome, y se volverá todo como la calma del Mediterráneo.
Azul del mar y no mirada azul.
Ese olor de hierba mojada a fresco, no será de ya más tuyo, sino de cualquier campo en el que un día cualquiera me tumbaré tranquila a mirar las nubes, o de algún campo en el que ya he estado hace mucho tiempo, quizás cuando fui niña.
Confundiré aquel gesto que tienes, cuando estiras la sonrisa quizás como un gesto mío y propio cuando me mire al espejo mientras me pinte los labios.
Confundiré en mi memoria el recuerdo de tus palabras con alguna ficción, la sensación del peso de tu cuerpo con el cansancio de alguna resaca. Confundiré tus manos en mi cuello con la sensación de una bufanda que perdí, confundiré tus besos con el recuerdo del vino, el calor de tu cuerpo con los veranos de mi adolescencia, confundiré los escalofríos, los temblores, los latidos de mi corazón acelerado y la sangre alborotada con mis enfermedades, mis virus, con mi fiebre esa que siempre vuelve.
Entonces quizás habrá llegado el olvido.
O tan sólo una transformación de la memoria.
Puede que entonces en un pestañeo de mi memoria, entre el azul del mar –el olvido de tu mirada azul- vea aquel límite entre el puño de tu camisa impecable y la piel de tu muñeca.
Entonces recordaría aquella cicatriz que descubrí antes en un día cualquiera.
Esa cicatriz que fue un día como una sorpresa.
El tamaño de la cicatriz, el por qué sin respuesta de la cicatriz, la textura de ésta en mi tacto.
Y seguramente como todo, con el tiempo y los borrones de la memoria- ahí donde uno guarda tantas cosas- todo se confundiría.
Se confundirían los matices de azul con el mar, las voces con el ruido de los pasos, las miradas con los abismos, el vértigo del deseo con los fondos de las copas. Se confundirían los olores a café, a sal, a hierba, a mañana; se confundirían los tiempos con serpientes deslizándose en el desierto, los gemidos con idiomas que no son el mío, el tacto de la piel con un temblor de tierra, se confundiría la inocencia con la malicia, la pasión con un corte y de ese mismo corte la sangre se confundiría con el vino y ese color del vino me recordaría a los números rojos de ese reloj, que ya entonces sería un reloj cualquiera, que marca una hora en la que seguramente deberé tomar un tren, atravesar una ciudad, trabajar, volver y así. La tristeza y la euforia se confundirían con las primaveras con tormentas y los inviernos brillantes y con sol. Se confundirían los aeropuertos y las salas de espera, las habitaciones de hospital con hoteles y laberintos, se confundirían los viajes con las estancias, las despedidas con las ganas de quedarse, se confundirían las risas con la niebla, los ascensores con las carreteras, las plazas con sus palomas y sus viejos se confundirían con los excesos. Se confundiría el desamor con los papeles en blanco, con matasellos, con sentencias y el amor se confundiría con todo esto, con un espiral, con una ciudad capital, palabras iluminadas, el amor se enredaría entre tantos objetos: libros, tabaco, vidrios, sábanas, pétalos, melodías, lluvia, trenes, bares.
Se confundiría todo o quizás se fundiría en la memoria como una sola cosa.
El recuerdo de una cicatriz.
Pienso en aquellos días en que solía caminar de madrugada por la casa de un extremo a otro pensando. En el camino desde la puerta principal hasta la parte de atrás, el fondo de todo, a veces me detenía. Pasaba la mano sobre el estante como buscando que de pronto saltase un libro a mis manos y que se abriera solo y entonces encontraría una frase que guardaría para siempre.
Me detenía en el camino- a veces me servía un café- tocaba las hojas de este arbolito que cuando me mudé aquí lo encontré medio muerto y ahora esta vivo y parece que tiene empatía con mis estados de ánimo.
Miraba por la ventana, esperando ver algo que sucediera de pronto en medio de la oscuridad.
Me quedaba ahí y entonces veía amanecer.
Eso era un suceso, un cambio.
Veía el borde del sol asomarse como una cuchilla de cobre y de pronto iba cortando el cielo negro de terciopelo, lo iba rasgando con su luz anaranjada y lo iba ensangrentando todo.
Imaginaba que la noche, un telón de terciopelo negro inmenso yacía detrás de esa montaña: un terciopelo ensangrentado por el sol que lo había roto todo.
Veía el sol como un gran corazón brillante suspendido en lo blanco, en aquello que se escondía detrás del telón negro.
A veces pensaba en la luna, que también estaría manchada de sangre, una luna rosada.
Pensaba en la hostia, en eso de la sangre y el cuerpo de Cristo. Pink moon y Nick Drake.
La luna era una hostia manchada de sangre sobre un altar de terciopelo negro.
La noche quedaba atrás.
Pienso en esos días donde había oscuridad recuerdo los amaneceres y recuerdo la sensación que se queda en las pupilas cuando uno ve amanecer.
El sol se guarda en ellas.
En esta época de año echo de menos la oscuridad.
Ahora sigo esperando ver a ese manto negro llegar, pero no llega.
El sol está ahí como un perro guardián que va de este a oeste y lo veo andar.
El sol ladra insoportable, ladra sobre la primavera y los cardos, ladra en amarillo, ladra y no me deja dormir.
A veces baja la marcha pero aún así no llega la oscuridad.
Hay un color raro y pálido que me dice que es de noche.
Es como el color del cansancio.
Ese mismo cansancio reposa sobre mis párpados insomnes.
Y vuelvo a caminar de extremo a extremo en mi casa y sé que la oscuridad no va llegar.
Entonces me quedó en la cama y hago aquello que siempre hago cada vez que sé bien que eso que espero/quiero no va a llegar o no va suceder.
Lo invento.
Bajo una persiana negra como la noche y me quedo quieta. Cierro los ojos y la luz constante de estos días que se ha grabado en mis pupilas se refleja en la parte interna de mis párpados, blanca, como una luna.
Así, con mi noche falsa dentro de mi, intento dormir.
Ciegos
Entonces permanezco quieta y en silencio.
Puede que haga otras cosas, pero a veces no soy consciente de ello.
Puede que lea, que beba, que hable con gente, que salga a la calle, que riegue las plantas, que abra y cierre persianas, que ajuste relojes, puede que me perfume, que camine, puede que sueñe.
Puede que haga miles de cosas pero en realidad no estoy ahí y entonces a pesar de todo lo que haga me queda la sensación de seguir estando quieta y en silencio.
Pero de pronto todo llega como un golpe y entonces soy conciente de cada cosa que hago, de cada palabra que escribo, de cada segundo que pasa, soy conciente de todo lo que veo, experimento, hago, digo escribo, tomo o dejo.
Ayer venía conduciendo por la carretera principal de esta pequeña ciudad en donde vivo.
Durante los 15 minutos en auto que separan al centro de mi casa en el camino vi muchas cosas: un arco iris, un auto muy antiguo que eso aquí es raro, vi a dos personas que conozco que conducían en dirección contraria a mí (este pueblo es pequeño, uno se encuentra gente en la carretera), vi a un niño cruzar la pista y él también me miró, vi al chofer de bus el que parece que siempre está de mala gana, vi un árbol que florecía, el cementerio lleno de pasto verde y cardos amarillos, de vez en cuando vi lluvia y vi a un ciego.
Ese ciego.
De hecho lo he visto varias veces.
Parece que anduviera por todas partes (pero bueno, debe ser porque como ya lo he dicho, esto es una ciudad pequeña).
Es un hombre bajito, un poco gordo, con una barba rala y siempre anda con un perro que es su lazarillo.
Yo a veces creo que ese ciego puede ver.
Aún así tenga los ojos grises y los tenga cerrados todo el tiempo, especialmente hoy que lo vi sentí que él también me vio.
Lo observé por un buen rato mientras caminaba. Sus pasos eran firmes y los movimientos de su bastón tenían como una frecuencia perfecta de un lado a otro.
Ese ciego siempre anda solo.
El perro es su única compañía. Es un perro gris del mismo color de sus ojos, grande, peludo. Un perro que no parece ni manso ni bravo, parece un perro dibujado, un perro que nació para ser lazarillo.
Hoy de pronto el ciego se paró delante de mí y se quedo un momento quieto.
Lo vi bien y me impresionó algo en él que no se explicar bien que fue.
Quizás fue que lo vi todo. Vi que ese hombre estaba muy solo y su perro era un perro dibujado. El perro se quedo quieto sentado y mirando de frente mientras el ciego estaba de pie a un lado, como en una foto.
Yo sentí que él también me vio ahí dentro del auto sentí que lo veía todo: el arco iris, la carretera, los cardos, el cementerio…
Fue como si todo se detuviera en ese momento.
Quizás el ciego se llevo la misma impresión de mí que yo me lleve de él.
Quizás mi auto estaba dibujado, o quizás yo misma era un dibujo.
El siguió su camino y seguí la marcha por la carretera.
Pensé entonces que yo era un dibujo animado y que realmente no era yo ni mi auto lo que avanzaba, sino el fondo. Pensé que ambos éramos los únicos que lo podíamos ver todo.
Y estábamos ahí quietos mientras todo lo demás se movía.
Es un resplandor que corta.
El color plateado de las calles húmedas de rocío.
El gris asociado a la tristeza: aun más intenso y brillante: plateado.
Las sábanas más blancas, la habitación que luce más grande por el efecto de tanta luz.
Vacío.
A veces el vacío no es oscuro, sino es brillante y blanco como el sol del amanecer en la primavera.
Es terrible ver a mariposas revoloteando en parejas, a pájaros raros, coloridos, cortejándose aquí y allá en las ramas de los árboles que están siempre rodeándome, mientras yo las observo con las manos en los bolsillos de la chaqueta.
Margaritas malditas por todas partes, cada pétalo segundo de ellas significa desamor (para alguien).
El mar quieto, azul y profundo es triste, no se me ocurre otro adjetivo y así con casi todo.
La primavera hace todo más brillante, amplio, grande, intenso, incluso la tristeza.
volvere cuando mejore el clima y me desintoxique
El pavo pagó pato
cosas de la dimensión desconocida.
(y en esa fiesta de navidad, en la playa, alguien de la familia afirmó haber visto un ovni sobrevolando el mar ¿alguien más lo vio?)
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Teoría # 427 Cuando uno esta a punto de dormirse piensa en tonterías y también al mismo tiempo en cosas serias
Hoy muy temprano luego del tomar el café revolví toda la casa buscando el bendito gorro rojo.
Como hace tiempo que no voy a nadar –debería volver cuanto antes- tuve que revisar entre las mochilas viejas que nunca vacío, entonces encontré billetes de metro de hace cuatro años, encontré un plano de una ciudad que dejé hace tres, encontré una cinta música... (sí yo di el salto inmenso del walkman al reproductor de mp3 sin pasar por discman)
Entonces me puse a pensar en el metro, en dónde andará mi walkman y a echar todo de menos.
Hoy una tormenta me ha despertado en mi fase REM y no se me ha ocurrido mejor cosa que escribir todo esto.
Estoy en pijama y tengo los ojos rojos (como mi pijama).
Cuando me despierto en el sueño REM me acuerdo de lo que he soñado. Mis sueños son como películas (malas) que empiezan con una publicidad (mala) igual que en el cine.
En esa publicidad salgo yo siempre, cayéndome, tropezándome, dando un mal paso.
(según los que han dormido conmigo, me han dicho siempre que el cuerpo me salta ligeramente antes de quedarme profundamente dormida)
Bueno hoy la mala publicidad era que tropezaba en esas rayas de las aceras, en Lima, y caía sobre mi rodilla justo sobre la raya. “el que pisa raya pierde” a mí eso se me quedó y se me hizo casi manía como a Jack Nicholson en “As good as it gets” (puede que en el fondo imite a Jack Nicholson, pues me gusta)
Luego vino un sueño: un escorpión pequeñito me picaba en el cuello.
Antes de mi sueño REM pensaba en una historia que me contó mi madre, una vez cuando yo era muy chica me dijo que ella y mi padre estaban sentados en un banco de un parte y de pronto un escorpión cayó de un árbol sobre la falda de lino de ella. Mi padre, según ella, sacó al escorpión con un solo movimiento seco y rápido deslizando el filo de su mano sobre la falda de mi madre como una espátula. (Imagino que la falda de mi madre se encontraba tensa y era casi una superficie plana y dura sobre sus piernas, pues es así como se ponen las faldas de las mujeres guapas cuando se sientan en los bancos de los parques).
Entonces pensé en mi padre y que quizás algún día le escribiré y pensé en como iba a empezar la carta (esto es la cosa seria previa al sueño REM) y luego pensé en que por qué no hay escorpiones aquí, por qué no hay cucarachas y por qué no hay tampoco pulgas (aquí la cosa tonta, pues sé bien que es por el frío). De haberlos a lo mejor les podría contar la historia del escorpión a mis hijos un día cuando ellos tengan 4 o 5 años.
Pero como no los hay probablemente les cuente mi teroría de que previo al sueño REM uno piensa siempre en una tontería y en una cosa seria.
Trataré de volver a dormir.
(No encontré mi gorro speedo)
Dios y el chicle
Cuando en una conversación escucho “Dios no existe” me pongo de mal humor.
Fuera de todo lo religioso, filosófico o científico que este debate pueda envolver, a mí me molesta esta postura pues es como hacer una cruz sobre algo.
Algo menos sobre lo que uno pueda pensar en un día cualquiera mirando las nubes tumbada en el prado.
No existe, entonces tampoco puedo escribir sobre él (y luego mi encabezado no tendría sentido)
Es como la gente que dice que el sabor del chicle de fresa, es sólo sabor de chicle de fresa, mas no fresa en sí, nunca usaron fresas para hacer chicle de fresa.
Y a mí que me gusta imaginar que en una fabrica de chicle hay una máquina inmensa que va triturando y haciendo puré, fresas que han recogido inmigrantes (como una vez lo hice yo) y los veo, les veo las manos teñidas de rojo escogiéndolas; algunas van para mermelada, pero las que van para chicle tienen que ser más agrias, entonces hay un experto en fresas con bata blanca que se sienta y se come tantas fresas que su piel se le ha vuelto rosada, luego imagino que el chicle lo estiran entre varios obreros y otros van tirando el jarabe de fresa sobre ese látex y es casi divertido trabajar en una fábrica de chicles, menos en la parte donde los envuelven, pues ahí trabajan unas señoras solteras que visten gafas y suéter de botones color café.
Entonces cuando pienso en lo que dicen, que la fresa en el chicle no existe sino la esencia de fresa me pasa esto: en lugar de imaginarme todo lo que he escrito en el párrafo anterior, me imagino sólo a un hombre pequeño, con gafas y ojos achinados, que viste una bata blanca, camina por un corredor vacío y silencioso llevando en la mano izquierda una botellita roja de esencia de fresa.
Llega a la fábrica, tira una gotita sobre la inmensa masa de chicle, me da una sonrisa tonta y desaparece.
Y ahí se acaba todo el cuento.
(y entonces, en lugar de imaginarme la creación del mundo como se la imaginó miguel angel en la capilla sixtina y la pintó, me imagino que todo salió de la botellita de esencia de fresa y el techo de la capilla sixtina se vuelve entonces como aquella imagen de warhol y su sopa de tomate)
Nasjonaldagen, Heia Norge
Ayer fue el día nacional de Noruega.
A mí todos estos días en general festivos y grandes (Navidad, 1 de enero, semana santa, días nacionales) me parecen unos días que son inventados, como las ficciones que a veces escribo.
Es como si el papel tapiz de la normalidad, del día a día se rasgase y en ese papel desgarrado pudiésemos ver a miles celebrando o haciendo cosas distintas a las que se hacen los demás días.
Fue casi una ficción que me sentara a esa mesa, comiese salmón, tuviese una escarapela y hablase noruego.
Definitivamente no era yo, era aquella otra, la que es más ordenada.
Entonces le dije que agitara una banderita y que me esperase un momento.
Feria
Yo me fui a una feria, a un mercado de pulgas que es un lugar donde sí soy yo.
Eso también es casi una ficción aquí en Noruega, pero sucede cada 17 de mayo.
Yo era lo único real en la feria.
Me compré un anillo que cambia de color según tu estado de ánimo.
Me lo puse y el color no estaba definido.
Según la cartilla que venía con la sortija mi estado de ánimo era “vulnerable”.
Como si fuera novedad, pensé.
Escarapela pendiente
Volví a la mesa y pensé en la palabra “escarapela” y recordaba esa frase “se me escarapela el cuerpo”. Entonces la piel se me puso de gallina cuando pensé en aquella la palabra, en el alfiler de la escarapela que tenía en la solapa que de pronto me atravesaba la piel y me la hacía tiras de colores.
Pensé que uno debe tener la piel color salmón por debajo.
Como el salmón ahumado de esa fuente que allí había.
Me miré la sortija y estaba de un color azul intenso. Eso significaba “party mood”. Entonces tomé una copa de vino blanco y dije “skål”.
Una mujer se me acercó y me dijo “llevas unos pendientes muy bonitos”.
Pendientes.
Ella era de España: su mirada, su acento, su caminar era de allí.
Ella también debería ser otra invención, pues estaba enfrascada en un traje nacional noruego.
Pendientes, pensé en un segundo en esta frase “pendientes son los asuntos que tengo en todas partes y desde hace un tiempo… pendientes, lo que llevo en las orejas y no en los dientes”
Aretes.
Le dije “gracias” una sonrisa ligera un ademán con la copa.
Intercambié algunas palabras, y me miré la sortija, estaba de color violeta y saqué la cartilla de color y decía “talkative”. Entonces pasé a contarle la historia que siempre cuento, viví aquí, allá, hice esto y aquello y un día cruce la línea del circulo polar.
Más allá del círculo polar ártico
Y aquí estoy.
Esa historia, la he contado mil veces. A veces me cansa, a veces me encanta contarla pues la revivo. A veces la cambio si me aburro, cuento más o cuento menos.
Pero siempre es cierta.
Una noche pensé grabarla en aquella grabadora que me regaló mi madre cuando cumplí 18 años, así ya no la tendría que repetir. Esa grabadora es bonita, cabe en mi bolsillo, esa vez mi madre me despertó y me dijo “para que no se te olvide nada antes de ponerlo al papel”
La usé varias veces, cuando no quería olvidar.
Ahora se me olvida que usa unas baterías especiales, se me olvida todo.
Grabar la historia, sí, y llevarla a las fiestas donde conozco gente nueva, predecible, normal. Ni mala ni buena, sólo así. Gente con personalidad “inicio de fiesta”.
De pronto sentí cierta nostalgia y vi que la sortija estaba de un color anaranjado y eso significaba “melancholy”.
Sí.
La grabadora, la historia de la línea polar, el acento de España, mi madre, sí, melaconlía.
La mujer se fue, su personalidad “inicio de fiesta” no cambió (ni la mía tampoco).
Locos
Yo recordé un texto que leí hace poco:
The only people for me are the mad ones, the ones mad to live, mad to talk, mad to be saved, desirous of everything at the same time, the ones who never yawn or say a commonplace thing...
A veces tengo ganas tan locas de vivir, de conversar con la gente, de escribir, de festejar, a veces sí… muchas veces y me gusta la gente así, de hecho he conocido muchos que pasan de la personalidad “inicio de fiesta”.
Otras simplemente hago preguntas esperando que quizás los otros también tengan alguna historia grabada en un casete, una historia que espero oír, pero que quizás también pueda escuchar al revés –como mi historia- y enterarme de que dos no es igual que uno más uno.
Me miré el anillo y estaba de color marrón.
Eso significaba “confussed”.
Y como no iba a serlo.
Pobre sortija confundida en mi dedo anular.
Me la quité, también por bien de mi salud, pues me dio la impresión de que la sortija decidía mi personalidad, me conocía demasiado bien y quizás hasta me predecía el futuro.
Es cierto que a veces me planteo que es lo que debería y lo que no debería escribir.
No me planteo el lugar, es decir no me refiero al escribir aquí, o en mi libreta de notas; no me refiero a mostrar o ocultar o dejar algunas palabras al descubierto. No, no es eso; supongo que ya sabes a lo que me refiero con escribir.
Escribir sin más revés, así de simple, como siempre lo he hecho.
Es casi una cuestión de ritmo.
O quizás esté tratando de contarte sobre que temas debería escribir.
No lo sé últimamente, no lo sé.
Sólo tengo un desgano constante que disfrazo con una actividad intensa.
Actividad intensa por inercia.
Temas.
Pero a mí nunca me gusto usar la palabra tema, pues eso lo encuadra a uno.
Tema.
Me recuerda al colegio cuando nos decían “tema 1, capítulo tres, subrayen con rojo”
Yo nunca tuve tinta roja entre los lápices de mi estuche.
Creo que durante mi infancia consideraban que la tinta roja era agresiva.
Yo usaba un lapicero verde.
¿Te das cuenta de lo que quiero decir cuándo pienso en que es lo que debería escribir?
Es como todo esto que aquí te cuento, como las cosas de mi infancia, como las páginas de mi diario.
Es cierto, cada palabra, pero cuando lo veo aquí delante de mí ya no me la creo.
Lo dejo ir, se vuelve ficción.
No tiene mucho sentido. Por eso me pregunto a veces sobre lo de escribir estas cosas.
A veces creo que puedo escribir mil páginas de lo que pasó en un segundo.
Escribir la sensación de un pestañeo, describir mis venas y la sangre que corre como se ve en los libros de anatomía, podría escribir también sobre un punto que hay en el techo de mi habitación y a veces se convierte en todo lo que me rodea.
Escribir sobre partículas, puntos, arena, escribir sobre esquirlas.
No sé bien.
Hoy por ejemplo, esta misma tarde, me encontré sentada en un pub sola.
Digo me encontré pues en ese pub había un espejo, muy viejo, como agrietado, entonces cuando me vi allí, dejé de ser yo y pasé de ser esa chica de camiseta roja (como la tinta que no tenía en la infancia) sentada allí.
Entonces yo me veía en el espejo y actuaba de una manera y era como esto que escribo, era un personaje.
Me encontré con esa chica de camiseta roja.
Me pedí una cerveza, pues así me vi por un instante en el espejo, bebiendo cerveza, pero ya sabes que a mí me gusta más el vino.
Cuando llegó la cerveza a mis manos y me vi en el espejo fue entonces la única realidad que existía y yo lo dirigía todo. Todo lo que sucedía a mi alrededor a través de ese espejo.
Tenía la sensación de que si me giraba, me convertiría en estatua de sal o lo vería todo negro, caería a un abismo.
Así que seguí metida en el espejo, huyendo de Sodoma y Gomorra.
La Biblia y el gua tranformada en vino, el milagro del pan y los peces, clavos, la sed de Cristo y vinagre.
Mi sed.
Bebía a sorbos grandes, hinchaba las mejillas y dejaba que la cerveza pasara por la estrechez de mi garganta, ese nudo que yo sé bien como hacer.
Es un nudo como de angustia, ese nudo que he aprendido hacer como los marineros, partiendo de esa sensación que yo conozco bastante bien: angustia.
Miraba el vaso inmenso, una pinta de cerveza, mi mano pequeña, casi de infante, no alcanzaba a rodearlo.
Lo sostuve con las dos manos y entonces abrí la garganta, rompí el nudo en un solo movimiento y di dos sorbos muy grandes, hasta un poco ruidosos, masculinos.
Sentí que el alcohol entraba en mis venas, sentí también el frío del líquido meterse dentro de mí, la espuma de la cerveza reventaba como olas contra las paredes de mi tracto.
Yo seguía ahí, ya se me había olvidado a que había venido.
Era sólo el espejo y lo que sucedía ahí lo que era real.
Y el tracto, la sensación fría que ya llegaba a la boca de estómago.
De pronto se me dio por meter un dedo al vaso, humedecerlo y deslizarlo por el borde de aquella mesa vieja de madera.
Deslizaba el dedo por los filos de la madera, imaginaba que antes fue un roble inmenso, que alguna vez creció en algún bosque seguramente escandinavo.
Escandinavo, sí, de aquí.
Esto es el norte del norte y a ratos veía el letrero luminoso “irish pub” mi cerveza un poco colorada, gruesa, Irlanda. Norte igual, al fin y al cabo.
Y yo volvía al galope a Escandinavia. Olor a hierba. Valkirias y Wagner.
Escandinavia recorrida por mi dedo, los fiordos, iba y venía por sus contornos en mi tacto húmedo de alcohol que esparcía sobre la madera.
Alcohol, madera, whisky.
Hasta que de pronto algo me mordió.
Un duende, un hobbit, alguna de esas criaturas de algún bosque de robles, de abetos.
Una astilla de madera me cortó. La mesa se rajó un poco y pude en la grieta que dejó la astilla que tenía un poco de carcoma.
Eso se mezcló con mi sangre, unas cuantas gotas.
Carcoma.
Pensé que me carcomía, fueron dos segundos que me vi de madera, me imaginé que al tacto de unas manos como las mías me deshacía en pedazos.
Deshecha de deseo. Una cama revuelta, carcoma, amantes, prisas como la de las termitas al comerse la madera.
Al siguiente pestañeo, disimuladamente levanté la mano y me miré al espejo, y vi que el color de mi sangre reflejada ahí era de cobre.
Al levantar la vista, al ver mi sangre cobre brillante, vi también detrás de mí a alguien que me observaba.
Era a quien yo esperaba.
Entonces me giré y ya dejé de ver el espejo.
Caminé con cierto temblor, me volvía estatua de sal, todo se acababa.
Escondí mi dedo con sangre…con la otra mano abrí el portafolio, le mostré los documentos, él también bebía una cerveza.
No me había dado cuenta de cuando él llegó.
Pero él lo había visto todo.
Entonces me pidió que le mostrase la mano que ocultaba, la mano del dedo cortado.
Con un gesto me dijo que mirara al espejo.
Entonces ahí nos vimos los dos. El metía mi dedo en su cerveza colorada y lo deslizaba nuevamente por la mesa, la herida se volvió a abrir.
Todo se volvió ficción.
Él y yo y todo el resto en ese espejo.
Por eso me preguntaba, si debería escribir sobre lo que me pasó esta tarde.
Pues no se bien sobre que escribir.
Entonces escribo esto por que sí.
Una mínima parte de lo que fue ese juego rítmico de dos extraños en un espejo.
Ficción.
p. 77
pierde uno a veces la noción del tiempo y de las horas.
por la ventana se filtraba un resplandor, que podía haer sido de amanecer, de anochecer, de tarde o de cualquier otro tiempo.
era una luz celeste sobre las cortinas blancas.
pero yo sabía que era un resplandor de punto final, de término, o de inicio de otra cosa.
estaba amaneciendo, el olor a pan, a café... eso también recuerdo y eso me recordaba aquella hora que yo no quería saber.
cerraba los ojos y veía las luces de la calle silenciosa que estaba ahí afuera.
veía los trenes moviéndose, los autos circulando por las carreteras, veía en los rincones esa hierba que crece en las esquinas de las ciudades, veía esa hierba que nace dentro del asfalto, la
veía verde y estoíca ante los miles de pasos perdidos y violentos.
veía las caras de la gente y me veía yo (y tú) ahí, en silencio, caminando entre tantos, casi a empujones en contra de toda esa gente que venían todas en sentido contrario, como ese video de the verve "bitter sweet symphony"
así también lo era todo, dulce y amargo.
podía ver hasta el silencio. la penumbra sobre nuestras expresiones, una penunbra gris azulada dado que la luz era celeste, dado que tus ojos eran azules.
la tele estaba prendida, las noticias a ratos nos deprimían.
a ratos eran contrastes de nuestra felicidad intensa.
yo descubrí que tenía una debilidad, y es curioso que partiendo de esa misma debilidad uno se plantea construir templos.
supongo que es eso, que los templos son de roca, pero estan sostenidos en cosas intangibles, inmateriales.
yo esperaba que esa mañana lloviese.
esperaba entonces abrir esa cortinas que nunca abrí para ver esa ciudad ciudad empapada, resbalosa, húmeda, esperaba ver gotas de lluvia sobre la ventana, sobre la gente, sobre las luces de yodo y volviéndose arcoirises anaranjados, yo quería ver esa ciudad distimta, esa ciudad que veía en tus ojos, en tu acento, esa ciudad por la que caminé por horas esa vez y alguna otra vez por días, pero de la que no guardo ningun recuerdo de postal salvo todo esto que escribo aquí.
esa ciudad me causa un escalofrío intenso cuando alguien pronuncia su nombre.
esa mañana no llovió.
hizo más bien un frío seco, de pronto salió un sol raro, blanco.
tenía en mi bolsillo uno de esos folletos de publicidad de bares. lo manoseaba dentro de mi bolsillo a ratos para calmar mi ansiedad.
la ansiedad que traen las mañanas (por eso bebe la gente café) con sus trenes que se lo llevan todo, la ansiedad de los aeropuertos, de las distancias, las aduanas, los aviones, a ansiedad de las resacas de vino, de las carencias, la de las canciones precisas, la ansiedad de los vacíos, de la soledad, la ansiedad de cremalleras que contenían y daban forma a un cuerpo deshecho en deseo, la ansiedad de mi chaqueta grande que ocultaba casi con pudor una tristeza intensa.
la ansiedad de que no llovía.
lloré un poco y seguro se notó pues la lluvia nunca llegó a salvarme.
conservo aquel folleto manoseado, conservo esa ansiedad de entonces pues vuelve a ratos.
tengo también la sensación de fortaleza de que podría construir un templo yo misma.
pero a veces no sucede.
sigo buscando piedras, puede que intente construir un templo con ellas...
y las pruebo; las empuño en las manos y no se vuelven nunca blandas.
las arrojo a veces al mar con rabia.
o camino sobre ellas y me doy cuenta que son firmes.
que sostienen mis pasos que tanto varían.
un templo o un refugio, no sé bien, no sé si será lo mismo.
es curioso que a veces los secretos mejores guardados, así sin reveses y sin planes, sean nuestras metas vitales ( y secretas).
Algunos lo dicen así, como una muestra de honestidad, pero yo no sé si creerles.
Yo tengo secretos y muchos.
Van flotando en el aire, partículas invisibles para el resto, pero yo las reconozco.
Los tengo inventariados.
Algunas letras para mi encierran un secreto, son un código.
Algunos colores, una nota musical, una textura, algún perfume, algunos objetos, algún lugar, algunas imágenes.
Mis secretos son guiños que se han quedado por los lugares en los que he estado.
Y todos mis secretos están ahí a vista de todos.
En la pagina 77 de el séptimo libro de algún estante.
Algunos de mis secretos están escondidos en mis fotografías, quizás se ven a veces, como cuando buscamos a Wally en medio de la multitud.
Mis secretos a veces están escritos en las suelas de mis zapatos o guardados en los bolsillos pequeñitos de mis pantalones de mezclilla o detrás de algún cuadro.
Mis secretos son así.
A veces los escondo en la superficie, los dejo sobre la mesa, junto al cada día, en los restos de vino de mis vasos, en la miga de pan, a los pies de la cama muy cerca de una alfombrilla azul, camuflados entre ropa sucia que nunca se lavará.
Mis secretos reales a veces están escondidos en mis ficciones.
Y ahí es donde mejor se guardan. Delante de mí.
Ultimamente no he escrito casi nada.
No sé si es que se me están acabando las palabras o será sólo la astenia que trae la primavera.
(quizas es tristeza)
A lo mejor es que ha llegado demasiada luz de golpe.
No tengo ganas de nada y se me está acumulando todo.
Los papeles, los cacharros, el polen, las obligaciones(algunas tengo), la tinta, las ideas, las imágenes, el deseo y los desganos, las horas, los nudos, las lágrimas y las risas, los pasos, el aire, la sangre.
Todo así de golpe, de a montón, de porrazo.
A veces no se puede con tanto.
A veces es casi como estar enfermo de un virus que no existe y no tiene cura. Un virus que todos hemos padecido alguna vez, pero que no sabemos bien como explicarlo al médico al farmaceútico.
Para algunos este virus les ha resultado mortal.
Tipo B
Una vez me llevaron al médico pues tenía ojeras.
Me preguntaron cosas, llené unos cuestioanrios, hice dibujitos y me pusieron un diapazón en la frente y me preguntaron que sentía. Yo dije que una vibración pues eso era lo que debía decir, pero yo lo que sentía era el frío del metal rozándome la frente, una nota en espiral intensa e infinita que se deslizaba por mi médula mientras me perdía en lo blanco del delantal del médico.
Luego me dijeron que era una persona tipo B, no lo tomé muy bien. No sabía bien que era ser del tipo B, pero seguro -pensé- era mejor ser A.
Luego me explicaron que las personas del tipo B son aquellas que se desenvuelven mejor (funcionan mejor) de noche, pues la luz del sol y la de la luna influye en ellos de distintas maneras.
- Ah, bueno- repliqué cuando me lo explicaron.
Entonces trataron de hacerme persona tipo A. Que no sé si es mejor o peor, pero parece que a esas, a las tipo A, no les hacen tantas preguntas en las entrevistas de trabajo.
B+
Pero bueno, yo sigo siendo B.
Pero con tanta luz a las personas del tipo B no les queda mucho que hacer.
Será por eso que me la paso mirando al techo en blanco.
Mirando las nubes que esconden dragones y dinosaurios.
Caminando en vano.
Repitiéndome palabras en la mente para no olvidarlas pero luego las olvido.
Perdiéndome en lo oscuro de mis ojeras.
Contando los autos rojos, midiendo el tiempo entre las luces de los semáforos, tomando nota de lo absurdo, inventariando lo imaginado.
Me la paso en cualquier parte, menos conmigo.
Por eso no escribo.
Eco
A veces lo echo de menos, como quien echa de menos el estar acompañado de algo. Como el naufrago solitario que echaría de menos su propio eco en una isla que nadie recuerda.
Quizás también es que echo de menos el tacto del papel y el olor de la tinta y la sensación que me queda cuando termino de escribir algo.
Pero a veces es sólo como que no me acuerdo de que sé escribir y lo veo todo blanco.
Como era este pedazo de cartón antes de que me atreviese a ensuciarlo.
La pintura sería perfecta (para mí) si pudiese escuchar a los colores gritar o susurrar, como cuando escribo y escucho a la tinta vertida en forma de palabras.
La escritura es como un círculo vicioso. Es un vicio que me deja y que lo dejo.
Pero no me ha sucedido con la pintura. Solo disfruté oliendo la témpera, ensuciándome un poco las manos (me gusta ensuciarme) y deslizando el pelo del pincel sobre la cartulina.
Me entretuve. Puse la mente en colores y en blanco.
Eso por ahora, ya es bastante.
Primavera
A veces y de pronto pienso en cosas que hice hace algún tiempo atrás desde que me mudé aquí. Pienso en los resplandores de luz que se filtraban por una ventana, pienso en el color plateado de la carretera húmeda sobre la que andaba yo cuando volvía, pienso en que veía el cielo y me hería los ojos esa luz, pienso en las sombras profundas que se incrustaban en los cuerpos, pienso también en aquella luz que los hacía brillantes, pienso en mis ojos cerrados y veo la piel de mis párpados rosadas, las siento casi transparentes, podría decir que veo hasta la sangre de mis venas fluyendo a mil en ese preciso momento y entonces miro todo lo que me rodea y entre la luminosidad blanca de la habitación veo los números rojos de ese despertador que marcan la 3.45 de la madrugada.
Tengo tantos números rojos de madrugadas, tengo segunderos fosforescentes, tengo tic tacs de relojes de pulsera de buceador, relojes en la pantalla de televisión mientras dan las noticias, relojes de estación de tren, relojes de cuerda, relojes de aeropuerto hechos como de papel, relojes de péndulo, relojes que me arrojaban lejos con sus campanadas.
Recuerdo las horas que marcaban, por lo general, si era de madrugada entonces el fondo era todo negro sea enero o agosto.
Pero desde que me mudé aquí, es curioso, insisto, la luz se a determinada hora se ha convertido en un marca páginas de mi vida, de cosas que hago, las sitúa en un tiempo determinado, en una estación.
Ese reloj de números rojos marcando las 3.45 de la madrugada, en ese fondo de luz blanca, de día, en esa habitación de luz, eso, significa para mí la primavera.
Literalmente.
Hace unos días empecé a tomar lecciones de piano.
Tocar el piano es algo que siempre he querido hacer desde chica.
En casa teníamos un piano, yo me acuerdo de eso, sé que no lo he soñado, pero un buen día cuando tendría yo unos cuatro años desapareció.
No sé bien que pasó con el. Era de color marrón chocolate y las teclas las tenía media amarillentas, pero sonaba bien.
Cuando tuve unos diez años pregunté por el piano durante una sobremesa y me miraron con la misma expresión en la cara cuando un año atrás y entonces pregunté que era un condón.
Se me ocurre ahora que ese piano era de alguien no muy deseable de la familia.
O a lo mejor lo vendieron para pagar una deuda.
A lo mejor se lo comieron las termitas.
O quizás el piano fue una de mis tantas fantasías infantiles.
Todo empezó ese día luego de la tristeza leí en el periódico un anuncio “profesora de Viena da clases de piano”
Ahora que puedo hacerlo, me dije, por que no, y de paso me olvido de pensar en tanto.
Y bueno, ya he ido a tres lecciones.
La profesora es una mujer mayor, no sé decir cuantos años, pero es mayor.
Es rubísima y sus canas se confunden entre su pelo rubio.
Tiene los ojos verdes grises y los labios finos y los suele ajustar como si sujetara o apretara cada palabra antes de pronunciarla.
Viste trajes muy formales, grises o azules aún cuando da las lecciones en su casa.
Tiene un palito de madera y desde la primera clase me advirtió:
- Este palito es para corregir la postura de tus muñecas. Seguramente te daré algunos golpes sobre ellas, pero todo depende de ti.
Yo abrí los ojos y las manos me empezaron a sudar.
Empezamos con las partituras, mano derecha las notas, mi re do, fa re, fa mi re, fa mi re, sol, sol fa mi, sol fa mi, fa re, fa mi re y con la izquierda los acordes y de ahí con los pies los pedales.
A veces me confundía entonces pensaba que los pedales estaban bajo mi mano derecha y les daba de palmazos a las teclas y hacía un ruido terrible. Luego al estirar las manos para posicionar el dedo correcto sobre la tecla correcta me daba pequeños calambres en las muñecas y encima la profesora me daba de golpes con el palito y me decía que relaje las muñecas, que las mueva con soltura como alas de pájaro.
Joder, pensaba yo, a ver si los pájaros aprenden a volar a punta de golpe de palito.
Al final de la clase, la profesora dejó su palito de lado y me ofreció té.
Acepté con miedo, pues pensé que a lo mejor, si no era con el palito, sería ahora con el cuchillo de la mantequilla, o pero el serrucho de pan, que me golpearía sobre las muñecas si es que cogía de mala manera la taza.
Pero felizmente no.
No hubo cuchillo de pan ni de mantequilla pues el té lo sirvió con pastas.
Al final no me pareció tan estricta y tiesa esta mujer, sobretodo cuando me dijo:
- Practica el movimiento de muñecas.
Empezó primero a mover las manos como unas aletas, un movimiento vertical.
Luego vi sus manos delgadas, un poco arrugadas y muy blancas, moverse como el aleteo de una paloma.
Al final hizo otro movimiento de manos el cual parecía el ademán de quien cose en círculos con una aguja e hilo invisible.
Cuando me fui, por el camino agitaba las muñecas (y los brazos) como un pájaro.
Al subir al bus empecé a hacer el primer movimiento, el de las aletas, pero de forma horizontal.
De pronto a mi lado se sentó un hombre mayor que hacía el mismo movimiento, un poco más rápido que yo y constantemente como un profesional.
Le sonreí y estuvimos un rato como cómplices de lecciones de piano.
Yo supongo que él ya sabría tocar en allegro.
-Usted tan joven y con esto- me dice.
Yo lo miro fijamente. Le iba a decir que recién he empezado con las clases.
Pero el prosigue y me da una tarjeta.
- A veces esto del Parkinson es hereditario y no se fija en la edad.
Yo no le digo nada y sigo moviendo la muñeca.
La tarjeta era para un grupo de autoayuda y social de Parkinson.
He ido pues me viene bien socializar. El horario también es preciso, justo antes de las clases de piano.
Son muy simpáticos todos.
Pero cada vez que me toca hablar me siento mal diciendo que el Parkinson lo heredé de mi familia paterna, cuando la verdad aquí es que yo quiero pasar del adagio al allegro y quizás al apassionato.
Se suele asociar la tristeza con el color azul (I am feeling blue), pero yo creo que en realidad la tristeza no tiene color, es una mancha hecha de todos los colores, y luego blanca, como esos discos de newton que hace uno en el colegio.
Esos colores de la tristeza, dan vueltas dentro de uno y te vuelven blanco, nada.
La tristeza también surge a veces de la nada, del blanco y te lleva a muchos matices, o viceversa.
O vicerversa, surge de tantas manchas y al final te deja en blanco.
Como era este folio antes de que yo empezara a escribir sobre el.
A veces cuando uno está triste sale a dar una vuelta oyendo música mientras camina.
Hoy mientras daba una vuelta me puse a pensar en que hay cosas que nunca tendrán respuesta.
Leía hace días en la página de este escritor que al parecer dentro del nombre de uno a veces se hallaban muchas respuestas.
De mi nombre salen palabras como: alma, amor, calma, lúdica, salud, dios, caos, dolor.
No sé si respuestas, pero me sugieren muchas cosas.
Seguí caminando y escuché que me decían al oído and if i knew the answers i would tell you now.
Pues a veces no hay respuestas.
Son como esas palabras que no tienen un antónimo definido en una sóla palabra: como “respeto” (¿falta de respeto?) digamos que el antónimo de respeto podría ser desamor, traición, olvido. No existe una cosa en sí que sea un antónimo de respeto, sólo la falta de éste se convierte en antónimo y la falta de éste pues se puede explicar con muchos otros adjetivos que tienen sí su propios antónimos y que no tienen nada que ver con el asunto del respeto.
Ayer salí.
Hoy tengo el cuerpo muy pesado, igual que los pensamientos.
pero escribí algo en el refrigerador:
Sad love
as bitter blood
roses screaming
in purple ache
of a languid spring
algunas cosas personales así como U2
(Debo decir que probablemente debo haber escuchado algunas otras canciones antes... aunque no creo, por dos razones: me hubieran tocado seguro y me hubieran gustado de primera entrada y la segunda: yo empecé a escuchar –que no oir- música a los trece años).
Recuerdo que entonces estaba triste, por esto de aquí que ya lo he contado antes.
La canción me llegó con una intesidad tremenda. La escuché de un casette que alguien bendito dejó por ahí en mi casa.
“U2 – Achtung baby” decía escrito y entonces seguí escuchando todo el casette en un walkman amarillo horrible que tenía casi el grosor de un libro. Me gustó tanto ese casette.
A la pena de entonces le puse banda sonora.
Esa canción “Until the end of the world” me sonó a rabia, a unas ganas de querer tirar todo por una ventana y luego tirarte tú (por entonces no dominaba tanto el inglés como para entenderlo directamente escuchando una canción, luego me enteré que era una canción desesperada) y yo en ese entoces era rabia y desasosiego lo que a veces lo que sentía.
“One” sin saber bien lo que decía, era una canción que me daba tristeza, que me dejaba así mirando al techo en blanco, igual la de “Who´s gonna ride your wild horses”.
(años después esas canciones fueron adquiriendo forma, contexto, textura, y ahora hasta las puedo tocar cada vez que las escucho)
No sé de quién sería ese casette que dejaron en casa, pero me lo quedé y nadie lo reclamó, así que yo lo escuchaba cuando iba a la escuela (solía hacer viajes largos en bus) y cuando me iba a dormir si no veía tele me quedaba dormida escuchando ese casette.
Cuando casi llegaba a los 15 y conocía a gente que tb. escuchaba música y que también les gustaba U2 ya tenía entonces más cintas de U2. También me conseguí las letras y ya iba entendiendo más la cosa. Luego veía a Bono en la tele y entonces me di cuenta que no sólo cantaba bien y era parte de la mejor banda que hay (según yo) Bono también pensaba bien.
Eso me gustó aún más.
En el 98 U2 estuvo en Santiago de Chile (que entonces me quedaba cerca), en el 98 yo hubiese podido viajar a Santiago pero me hicieron estas preguntas ¿con quién si todavía estas chica? ¿y dónde compraras la entrada? ¿y luego qué?
Pues no...no se pudo.
(Recuerdo que el año siguiente estuve en Santiago le conté esta historia a un chico que ahí conocí entonces el sacó de su billetera un ticket del concierto al que yo no pude ir y entonces me cayó él aún mejor).
En el 2001 estuve en Valencia, en el 2001, U2 daba un concierto en Barcelona, no pude ir al concierto, no conseguí una entrada, tampoco entonces para esa fecha no tenía con quien ir –seguro conseguía una en la reventa-, aunque eso me importaba menos entonces, pero en el 2001 andaba un poco con la cabeza en cualquier parte.
Ese album “All that you cant leave behind” yo lo escuchaba mientras trabajaba como un caballo :
And I know it aches/And your heart it breaks/And you can only take so much/Walk on/ walk on Home… hard to know what it is if you’ve never had one/Home… I can’t say where it is but I know I'm going home/That's where the hurt is
Ese año 2001 fue un año de muchos cambios para mí, fue un año duro, fue un año de idas y vueltas, de mudanzas, fue un año difícil pero también tuvo resplandores. Fue un año en blanco y negro como ese disco y a mí la música me funcionaba como antídoto o veneno. Este era uno de mis antídotos:
I never thought you were a fool/But darling, look at you/You gotta stand up straight, carry your own weight/These tears are going nowhere, baby.
Entonces yo quería pensar que algunas canciones de ese albúm habían sido escritas para mí.
(otras se convirtieron en himno)
Luego hay muchas canciones de U2 que cayeron así en el camino y en las circustancias, canciones que me marcaron porque entonces se atravesaban y me atravesaban a mí el corazón.
Canciones a las que ya no les puedo poner tiempo ni fecha porque siempre vuelven, como si mutaran o cambiaran de color o de forma. Pero son siempre las mismas dentro de mí.
Stay, and the night would be enough.
Did I ask too much, more than a lot/You gave me nothing, now it's all I got /We're one, but we're not the same.
You're dangerous, 'cos you're honest/You're dangerous, you don't know what you want/Well you left my heart empty as a vacant lot/For any spirit to haunt.
Oh, love, like a screaming flower/Love dying every hour/Ah, you don't know if it's fear or desire/Danger the drug that takes you higher?
Podría llenar más paginas y pies de página con anotaciones personales y vitales basadas en las canciones de U2.
Pero el final de este cuento es que U2 va a estar en Oslo y esta vez sí voy a ir.