una película del canal hallmark (aviso)

1.

en los años que viví en lima, viajé mucho en autobus, sobretodo durante los dos primeros años de la secundaria.

todas las mañanas tomaba el autobus azul 177, o sea el micro que atravesaba la ciudad y me dejaba en la esquina de mi tortura de colegio. luego llegaron las combis y había más oferta de rutas. también durante los tres últimos años de la secundaria tuve movilidad escolar, es decir, el señor tang (a quién llamábamos tang de naranja, fresa, maracuya según su humor) me recogía en un peugeot del año de la pera (o sea del 70 o por ahí) pero que nunca nunca se plantó en ninguna parte.


en lima, cuando se plantaba el autobus, la gente bajaba de inmediato. muchos tomaban un taxi que siempre llegaban al auxilio y a la oportunidad de la caza de un grupo de pasajeros abandonados con prisa por llegar a algún lado, el resto, (entre esos yo, escolar de 11 años) esperábamos al siguiente que no tardaba más de cinco o diez minutos en llegar.

cuando llegaba el siguiente bus, la gente tenía que empujarse para poder subir a como de lugar y así no llegar tarde al trabajo o al colegio. todos empujaban y se aplastaban unos contra otros. a mí me aplastaron muchas veces, tanto así, que cuando bajaba, sentía algo parecido a llegar al quinto chakra o la expansión del universo, porque a veces, el autobus podía ir tan lleno que no había necesidad de cogerse de los pasamanos, íbamos todos empacados y compactos. nadie se caía si el chofer frenaba de manera brusca, cosa de todos los días.

hago memoria y cuentas y durante los años de secundaria, y después de ellos, cuando empecé a estudiar una carrera que no quiero recordar, habré experimentado unas 10 o 12 plantadas de autobus y de combi. casi siempre solía esperar al siguiente bus de la misma línea, eso cuando estaba en el colegio, y cuando llegaron las combis ya era otra cosa porque casi todas las combis van por la misma ruta y era más facil coger cualquiera en medio del camino.





2. la revelación

siempre me pregunté que pasa cuando un autobus se planta aquí en noruega.

después de cinco años de tomar autobuses en este país

hoy se plantó uno (!)

u


(bajanbajanbajan)


se plantó en la parada en la que yo subí.

(y me dije esto tiene que ser una señal, mejor no vayas, no vayaaaaaaaaaaas)


pero lo tomé


me subí


me senté


(y ahora qué?)
hoy abordé un autobus que se plantó delante de mí


(madru, pagas pasaje y esto no se mueve y además adónde esperas llegar sin moverte?)


lo tomé porque la señora de adelante también lo hizo y en roma hay que hacer como los romanos y en el polo como los polares y además hoy hizo -5 grados y tenía que subir al autobus plantado pero tibio, sí o sí.

tomar un autobus plantado me pareció una experiencia rarísima, busqué la cámara escondida pero solo vi un espejito donde estaba yo sonriendo a medias, bien mona lisa.

(así será, así será)


subimos al autobus plantado y nunca estuve tan atenta esperando saber que es lo que iba a pasar.


(que no nos bajeeeeen en este frio)


3.


el chofer cerró la puerta y encendió la calefacción y todo se convirtió en una casa o algo parecido a ello.

H

la gente estaba muy relajada, eran las 10.30 de la mañana y parecía que nadie tenía prisa.


durante cinco minutos, el chofer llamaba por radio e intentaba encender el motor, pero el autobus parecía toser como un fumador ahogado.

de pronto, la gente que estaba en silencio (los noruegos siempre andan silenciosos) empezó a hablar. todos comentaban adónde era que iban o qué iban a hacer durante el día o comentaban que la línea siguiente no tardaría en llegar y que casi hacía la misma ruta.

vi que una señora le ofreció a su compañera de asiento un caramelo y yo que estaba sentada sola, observaba todo lo que hacían maravillada, sí, maravillada porque me pareció tener una revelación: entendí que aquí, solo cuando las cosas dejan de funcionar relamente y no hay solución, la gente empieza a hablar.

(i no me gusta generalizar, pero esto podría ser una reglita que se aplica a la sociedad noruega incluídos los osos y el salmón)

mientras el autobus seguía plantado, muchos usaron el celular para decir "estoy aquí con el autobus plantado" y colgaban, pude ver también a una mujer escribir un mensaje de texto que decía: "vi que me llamaste ayer" esperó unos minutos y siguió "pero no te contesté porque...." yo la observaba duda y escribir, borrar y escribir, retroceder y avanzar en sus pensamientos y plantarse como el autobus. al final borró su mensaje y puso. "ayer estuve en un curso y no te pude contestar"

(punto)


4.

y todo eso porque se plantó el autobus, pensaba yo. sino, ella hubiese seguido mirando la nieve en el camino, el resplandor del sol invisible, el mar, las montañas.

al final llegó otro autobus a recogermos y todos los pasajeros subimos ordenadamente y no pagamos nada.
(subesube)
K

(yo subía a ese nuevo autobus con toda esa gente como quien sube a una nueva vida o a la dimensión desconocida, y solo yo lo sabía. me sentía como cristobal colón, o rodrigo de triana o uno de esos en mi pequeño círculo polar sabiendo que tarde o temprano me chocaría con algo)

en el camino iba pensando que esa plantada de autobus era como esas cosas que pasan en las películas de varios planos, que si te demoras un minuto en llegar a un lugar, te pierdes de conocer al amor de tu vida o también te puede caer un ladrillazo de una construcción y te mueres, y más o menos como la película sliding doors yo podía ser la paltrow mañanera y tropical-polar pero en chiquito, con bufandita y gorrito y sin marido cantante coldplay para que me cante and the truth is i miss you.
YY


5.

alguna vez en lima deseé que se plantara el autobus para no llegar a una cita, porque a veces es muy difícil bajarse de una ruta trazada y con paraderos cuando ya todo está en marcha, también deseaba que se detuviera para no llegar tan temprano quizás, para no tener que esperar en las citas, para no ser tan puntual, precisa, segura de los segundos y para dejarme llevar y que las cosas -por una vez al menos- llegaran a mí.


6. lo que vino despues, mi película: sliding doors en el hospital
hhh

(yo lo sabía, estoy directamente conectada con el cosmos y si se planta el autobus se me mueve mi planeta regente que el mío es re gente, como diría un argentino)


resulta que me he inscrito como donante de sangre pero no quería que nadie lo sepa (solo ustedes si es que leen aunque ya no leen ¿no?, mejor no lean) no quería que nadie me viera en el hospital haciendo cola hoy hasta que entonces me encuentro a una amiga.

quise esconderme detrás de unas camillas, pero no pude.

(muy chicas y parecería ya para psiquiatrico y para no para el laboratorio)

me tapé con una revista pero ella me descubrió, me interrrogó y le dije que venía a hacer un trabajo de campo (?)

(los sociologos se saben unas mentirazas basadas en teorías, la verdad es que todos mentimos, no nos crean)

hablé sin parar por varios minutos poque no quería saber por qué ella estaba ahí hasta que llegó el silencio y ella dijo: ah...yo vengo porque....me contó de su enfermedad y yo no quería escuchar pero ahí estaba esperando que me llamaran para sacarme sangre porque ya me estaba desangrando... finalmente sonó el timbre del número 45, mi número y casi corrí al laboratorio.


6. sliding doors: el final. (se cierra la puerta y me agarra del pasador de la zapatilla y me caigo)
·

sentí que dentro del laboratorio había encontrado mi refugio y que por fin podía donar mis plaquetas llenas de verdad a cualquiera que las necesite, me acomodé en la silla con respaldar y fue cuando la señora que estaba de espaldas a mí, que preparaba agujas y revisaba mi cuestionario de donante (bien preguntón, inquisidor, que falta de respeto que atropello a la razón) para ver si calificas o no como donante de sangre era mi vecina de arriba.

(ay pucha! )

ahí si no hubo trabajo de campo que me salvara.

(corten!!!!)

pero ya!


7. the end

yo ya no tomo autobuses plantados y mejor sigo haciendo como desde hace unas semanas: mejor ya no salgo porque vaya a ser que se me plante el autobus de la vida y me encuentre con todas las demás que me invento esperando a subir a empujones a la mía, a interrogarme, a sacarme sangre, a contarme sus dramas bacteriales o peor aún invitarme a que suba y pague el pasaje a algo que está plantado, ahogado y que no marcha.


y yo congelándome.


no gracias

(...)



pantalla negra


(la culpa de todo esto la tiene el perro que me ladró al salir de casa. pensé que si me mordería bien, porque me iba al hospital y entonces de paso que me claven la antirrábica que me vendría bien en este invierno de furia. y ya lo he contado antes, cada vez que me ladra el perro algo pasa. algo pasa. guau guau)





BSO





(imnotsorryforthethingsivedone---imanotsorryforthethingsivesaid---theresawildmaninmyhead)

un dibujito y nada más porque se me acaba la tinta


(haz click en el dibujito solo si lo quieres ver más grande, sino no)

Paciente

Estuve dos semanas en cama, sufrí de un ataque de memoria con convulsiones y vómitos de olvido, porque de esas cosas también uno se enferma.

De lo poco que recuerdo fue así: estaba en medio de una sala llena de gente repitiendo cosas que vengo repitiendo -que repito y repito valga la redundancia- cada año repetido.

De pronto sucedió que las palabras salían desde mi boca, repetidas y yo las iba olvidando una tras otra. Decía cielo tantas veces y tan gastado y miraba hacia arriba y ya no había nubes ni estrellas solo un vacío, decía corazón y algo se me marchitaba dentro y mi sangre en silencio sin galope dejaba de sostenerme, yo me iba asfixiando, decía mar y solo nos quedaban los peces muertos, la espuma oscura y un montón de barro, me quedaba con los cafés repetidos sin fondo y sin ruido de olas que también desaparecía, decía Lima y la ciudad colapsaba en una gran explosión y todo iba desapereciendo en mi discurso, me iba olvidando de todo con lo que había vivido hasta el día de hoy, cada palabra devoraba mi espacio, cada memoria pasada se devoraba a mi presente hasta dejarme sin piso y yo entonces, delante de esa gente, colapsé.

Amanecí en una cama que no era la mía, con vista hacia un cielo nuevo que parecía recien pintado porque yo había olvidado ya los anteriores, los cielos perdidos, los cielos de páginas, los cielos gastados y de colores de otras ciudades que ya no recuerdo tampoco. Sentía el tacto de las sábanas celestes como el cielo y yo aprendía a relacionar las palabras con las cosas, las sensaciones nuevas iban reconstruyendo mi memoria, lo celeste con el cielo, con la cama, con las sábanas con mi mundo recién pintado con poquitas cosas en una habitación blanca y vacía, todo nuevo.

Una señorita me tomaba el pulso y la temperatura, "su corazón está bien" me decía y algo latía dentro muy lento, bajito, en un susurro como el suspiro de un tren que flota alejándose de una ciudad que perdió la guerra.

Me dejaba sola en la habitación y la memoria del llanto de tantos que tuve era solo un borrón. Empezaba a llover afuera y yo me adormecía.

Me despertaban cada cierto tiempo para inyectarme suero de memoria: unas agujas grandes y unos tubitos de colores entraban a mis venas y por dentro se llenaba de nuevo la sangre más limpia como tinta que no se ha tocado, flotando sobre mis entrañas nuevas y en blanco.

Poco a poco fui recuperando la memoria en esa cama, bajo supervisión profesional, la memoria ya no me atropellaba, ni me desgarraba ni me tragaba, era simplemente una película del pasado proyectada en una televisión donde cada paciente que convalecia de ataques de memorias veía una película propia sin sentirse ya protagonista sino otro, terapia de veneno como antídoto, de la inotxicación para generar anticuerpos.


Y si cambiaba de canal, la memoria siempre y yo siempre antes con todo lo repetido, como la publicidad, las películas del cable, todas repetidas, y yo misma y lo de siempre, mis películas de acción, drama, comedia y terror fijas en horarios y si quería las apagaba y las apagué.


A los pocos días me dieron de alta, los resultados de las pruebas decían que de tanta intoxicación de memoria había generado los anticuerpos necesarios para no morir de melancolía ni nostalgia.


Ni de nada.


Parte de la terapia fue el silencio y el encierro. Me miro las venas y solo tengo sangre, el corazón intacto y yo estoy mirando mi ventana, escribiendo palabras nuevas que son las mismas pero ya no significan lo mismo: ahora la "palabra de honor" es un escote que me sentará bien el día de mi boda con otros, la "memoria" una parte de mi ordenador (de ideas) y "tú" el segundo pronombre en singular, solo y sin nombre de mi libro de gramática repetida y necesaria para enseñar un idioma extranjero que no dice nada.