Hoy en el recreo fui a un kiosko a comprar algo de comer. Mientras miraba todo, sin decidirme aún que tomar llegó una mujer como de unos cincuenta y varios años y me miró con fastidio.
Estiré el brazo derecho, con la palma de la mano toda abierta y hacia arriba en dirección al mostrador en un gesto de cederle el turno, igual al gesto de un Mickey Mouse de goma espuma a la entrada de un supermecado o panadería, como el gesto que le hago a mi gato cuando le abro la ventana cada vez que quiere escaparse a deshoras y yo ando desvelada.
La mujer pidió con odio una salchicha. La chica que atendía era extranjera, bastante guapa y graciosa, tenía todo en su sitio hasta la sonrisa para la mujer de la salchicha y la paciencia para mi indecisión ante el mostrador.
La chica le preguntó si quería mayonesa. La mujer le respondío "Sí, claro y solo mayonesa"
Yo la miraba de pies a cabeza: era una mujer muy flaca, arrugada como un inútil formulario manoseado, vestía unos pantalones oscuros y anchos que parecían ir colgados de los huesos de sus caderas, sin ninguna gracia la envolvía una chaqueta de paño tosco, parecido al paño que usa mi madre en casa para lustrar el piso y sobre ella caía la paja de su melena escasa y opaca como un nido amarillo y abandonado. Algo se podría en lo verde de sus ojos.
La chica le entregó la salchicha y un poco de mayonesa cayó sobre sus uñas de pesadilla larga y de plástico. La mujer maldijo y le pidió a la chica que le pusiera un poco de cebolla.
La chica abrió el bote de cebolla frita con la elegancia y paciencia de la publicidad. Sostuvo el bote en el aire y estuvo a punto de esparcir , con una cuchara muy grande, una lluvia de cebolla frita sobre la salchicha de la mujer, pero todo se rompió cuando la mujer con una voz afilada de bisturí oxidado, dijo:
Cebolla frita no, cebolla cruda, te he dicho cruda, cebolla cruda.
La palabra "cruda" en noruego (que es rå y se pronuncia "ró") rompió algo dentro de mí, estalló una bomba nuclear que iba desde mis tímpanos a mi estómago.
La mujer solo había dicho cebolla. La chica perdió la sonrisa como si cortara una, sus movimientos ligeros de hada de kiosko se volvieron lentos y la elegancia de la publicidad de cebolla frita desapareció cuando le puso una cucharada de cebolla a la mujer con el aire más opaco de empleada de kiosko que debió ser princesa.
Observé a la mujer morder la salchicha como una hiena devorando algún animalillo destripado y de entrañas crudas y blancas. Mientras veía a sus mandíbulas moverse, atravesaba su piel seca y pecosa y veía a la grasa pegarse a las paredes de sus venas negras. La cebolla cruda flotaba brillante como perlas sobre el mar pútrido de su mala sangre y en sus costillas pegadas y salidas de su cuerpo magro se quedaban atascados los pedazos de pan con las semillas de ajonjolí como pequeñas piedritas afiladas cortando sus visceras.
Perdí el hambre y le pedí a la chica una botella de agua, de las de vidrio y bien fría, le dije.
Le hice un guiño y ella me sonrío, luego le estrellé la botella helada en la cabeza a la mujer de la salchicha.
Cayó al piso cubierta de cebolla cruda cruda. Por el corte, brotaba un hilo viscoso de mayonesa y sangre. El agua helada corría dibujando curvas sobre las baldosas del kiosko. La chica y yo mirábamos sonrientes el viaje de los circulitos de grasa amarillos, flotando como burbujas alegres entre pedacitos de vidrio sobre un río rosado de sangre y mayonesa que corría al lado del cuerpo de la mujer que yacía como una marioneta sin dueño ni parlamento.
depositada
ayer fui al cajero automático porque necesitaba sacar solo un billete de 200. así que presioné el botón que ponía "200" pero al final me dieron 10 billetes, me dieron no 200 sino 2000 y yo pensé que era un regalo del robot sensible que se esconde detrás del cajero automático, pero no, porque después me escupió un papelito que decía que me quedé sin fondos y así que hoy día fuí al banco a depositarme a mí misma.
vengo a depositarme (!)
el banco, como nunca, estaba lleno y estábamos todos los clientes sentados en unas sillitas azules, mirando en una pantalla de plasma como un oso polar se revolcaba en la nieve, y después se iba a pescar en silencio.
yo pensaba que el oso polar también nos veía a nosotros sentados en esas sillas, clientes de banco y me inventé un diálogo con el oso y le conté que venía a depositarme a mi misma. después, nos fuimos a pescar.
el tiempo pasaba y la regia de la ventanilla parecía estar confesando a un cliente. cuando lo absolvió de sus culpas, llegó una anciana con un niño. ella cargaba una bolsa de supermercado llena de monedas y el niño dijo algo así como "carajo, cuánta plata hemos juntado abuela" cuando la regia le dijo la cifra en voz alta, pero creo que se quedó un poco desilusionado cuando la bolsa de monedas se convirtió en números invisbles en su cuenta futura lista a ser reventada a los 18.
(ojalá se acuerde de la abuela cuando reviente la cuenta)
yo veía al oso polar revolcarse, a la gente sonreír en los folletos de banco que te casaban con hipotecas y préstamos a largo plazo, a la regia de la ventanilla confesora y a los demás clientes esperándo al banco en las sillas azules.
mientras esperaba, me acordé de lima.
me acordé de las sobremesas en mi casa.
hubo una, después del lonche con torta helada, en que estábamos hablando del vientre materno (éramos todas mujeres, como siempre) y esas cosas umbilicales y placenteras (de placenta, no de placer) y como siempre, diciendo que yo nací así de chiquita del tamaño de este mantelito, y que mi prima era más chica aun, casi casi como una servilleta, pero mi primo era un chancho del tamaño de la fuente de la torta helada y nació morado.
y en esa sobremesa, nunca lo olvidaré, hablando de la comunicación madre-hijo desde el vientre materno, mi tía contó una historia que casi me botó de la silla.
y en esa sobremesa, nunca lo olvidaré, hablando de la comunicación madre-hijo desde el vientre materno, mi tía contó una historia que casi me botó de la silla.
tía said: ay bueno, la mamá de julio iglesias, cuando estaba embarazada de julio, contó una vez en un programa, que desde el vientre materno escuchó a su hijo decir dooooo y supo que sería cantante.
(la voz de mi tía es morada)
me puse a dibujar en el banco en un sobre roto que me encontré por allí.
cuando me tocó depositarme a mí misma, casi deposité también mi dibujo, pero me lo guardé en el abrigo y lo traje a casa para pintarlo.
no encuentro mis colores, usé crayolas.
(creo que ando media descolorida)
"depositada" se parece a "entregada"
extraño las sobremesas de lima (y todo lo demás)
(ay)
viaje
cuando cumplí 18 años me regalaron un viaje a santiago de chile. yo no escogí el destino, solo dije que quería un viaje y me mandaron allí por dos semanas, ya que mi prima mayor vivía allí por entonces.
yo pensaba que mi prima iría al aeropuerto a recogerme y me llevaría por alguna autopista santiaguina mientras me hablaba de las calles y de las cosas que podríamos hacer durante de esas dos semanas que pasaría haciendo sabe dios qué en santiago, porque como dije yo no escogí el destino.
(el destino me escogió a mí)
cuando llegué al aeropuerto no hubo prima, sino un señor con un cartelito con mi nombre mal escrito que me saludó con un buenos días muy seco y me llevó en silencio por aquella autopista santiaguina que yo imaginaba con mi prima en risa y hablando, donde lo que más me llamó la atención, fue las tiendas de automóviles de todas las marcas, yo las iba casi anotando mentalmente: peugeot, bmw, mercedes, renault, chevrolet..
me dejó en un edificio muy minimal y gris en vitacura que hacía contraste con mi chaqueta y bufanda de colores. me recibió el conserje que se llamaba como yo, pero en masculino y nos dio una ligera risa presentarnos. pensé que al llegar al departamento, encontraría a mi prima en cama con fiebre, o alguna fiesta sorpresa con confetti y torta de cumpleaños, pero lo que encontré fue una nota breve explicándome que tenía que estar fuera de viaje por unos días "siéntete como en casa", la llave de su auto y algunos pesos.
me senté en el sofá y me puse a ver la tele, estaba un poco decepcionada por el recibimiento de mis 18 años, y así con la maleta sin desempacar me quedé dormida.
horas después me vi despierta y sola en su casa minimal y empecé a revisarlo todo. me quité la ropa que traía puesta en un caos de colores y texturas y me puse su ropa elegante y recta, gris, blanca y negra uniforme que iba acorde con su edificio. di vueltas por todos los estantes, cajones, espejos, usé sus lociones y cremas, leí sus revistas y así pasé mi primer día de turista por su casa.
al llegar la noche me metí en su cama con su pijama blanco y no en el cuarto de huéspedes donde había un regalo que era para mí. hasta había un oso de peluche que rompía toda la decoración, pero decidí cerrar la puerta de ese cuarto y no abrir mi regalo ya que pensé que el mejor regalo era un departamento vacío y la posibilidad de ser otra por unos días.
así, me vestía con su ropa cada mañana, cogía su auto y salía a dar vueltas por santiago. nunca moví la estación de radio que ella escuchaba e iba adivinando que canciones podría ella cantar, y yo las cantaba. estuve ensayando su voz, su andar y sus gestos los primeros días, me alisé el pelo y saludaba al conserje como si fuera dueña de casa y ya no una visita.
contestaba el teléfono como si fuera ella y recibía recados, salía a hacer sus gestiones, me había aprendido su firma, su número de identificación y todas sus rutas, incluso salí a tomar café con algunas de sus amigas.
el día que ella tenía que volver escribí mi nombre en un cartelito y me fui conduciendo al aeropuerto. mientras íbamos por la autopista le hablaba de lo bonito que era santiago, de las cosas que haríamos estas semanas, y del regalo que le esperaba en el cuerto de huéspedes, mientras ella desde el asiento del copiloto miraba pasar todas las tiendas de autos hasta quedarse dormida.
(nadie me hizo recordar esta historia)
yo pensaba que mi prima iría al aeropuerto a recogerme y me llevaría por alguna autopista santiaguina mientras me hablaba de las calles y de las cosas que podríamos hacer durante de esas dos semanas que pasaría haciendo sabe dios qué en santiago, porque como dije yo no escogí el destino.
(el destino me escogió a mí)
cuando llegué al aeropuerto no hubo prima, sino un señor con un cartelito con mi nombre mal escrito que me saludó con un buenos días muy seco y me llevó en silencio por aquella autopista santiaguina que yo imaginaba con mi prima en risa y hablando, donde lo que más me llamó la atención, fue las tiendas de automóviles de todas las marcas, yo las iba casi anotando mentalmente: peugeot, bmw, mercedes, renault, chevrolet..
me dejó en un edificio muy minimal y gris en vitacura que hacía contraste con mi chaqueta y bufanda de colores. me recibió el conserje que se llamaba como yo, pero en masculino y nos dio una ligera risa presentarnos. pensé que al llegar al departamento, encontraría a mi prima en cama con fiebre, o alguna fiesta sorpresa con confetti y torta de cumpleaños, pero lo que encontré fue una nota breve explicándome que tenía que estar fuera de viaje por unos días "siéntete como en casa", la llave de su auto y algunos pesos.
me senté en el sofá y me puse a ver la tele, estaba un poco decepcionada por el recibimiento de mis 18 años, y así con la maleta sin desempacar me quedé dormida.
horas después me vi despierta y sola en su casa minimal y empecé a revisarlo todo. me quité la ropa que traía puesta en un caos de colores y texturas y me puse su ropa elegante y recta, gris, blanca y negra uniforme que iba acorde con su edificio. di vueltas por todos los estantes, cajones, espejos, usé sus lociones y cremas, leí sus revistas y así pasé mi primer día de turista por su casa.
al llegar la noche me metí en su cama con su pijama blanco y no en el cuarto de huéspedes donde había un regalo que era para mí. hasta había un oso de peluche que rompía toda la decoración, pero decidí cerrar la puerta de ese cuarto y no abrir mi regalo ya que pensé que el mejor regalo era un departamento vacío y la posibilidad de ser otra por unos días.
así, me vestía con su ropa cada mañana, cogía su auto y salía a dar vueltas por santiago. nunca moví la estación de radio que ella escuchaba e iba adivinando que canciones podría ella cantar, y yo las cantaba. estuve ensayando su voz, su andar y sus gestos los primeros días, me alisé el pelo y saludaba al conserje como si fuera dueña de casa y ya no una visita.
contestaba el teléfono como si fuera ella y recibía recados, salía a hacer sus gestiones, me había aprendido su firma, su número de identificación y todas sus rutas, incluso salí a tomar café con algunas de sus amigas.
el día que ella tenía que volver escribí mi nombre en un cartelito y me fui conduciendo al aeropuerto. mientras íbamos por la autopista le hablaba de lo bonito que era santiago, de las cosas que haríamos estas semanas, y del regalo que le esperaba en el cuerto de huéspedes, mientras ella desde el asiento del copiloto miraba pasar todas las tiendas de autos hasta quedarse dormida.
(nadie me hizo recordar esta historia)
devuelta
hoy decidí asomar la cabeza para ver que es lo que hay allí fuera.
estaba lloviendo y anduve un rato caminando descalza entre la hierba. no hacía ni frío ni calor, el día no era bonito no feo, lo bastante neutral como lo deberían ser todas la bienvenidas (y despedidas) como un simple "hola, esto es lo que hay" y mejor quitamos en confetti y los globos.
es mejor así.
hace unos días llegué. ahora poco a poco voy llegando a los demás sitios, sitios como este, porque todo es un viaje metido dentro de otro viaje, varias dimensiones, espacios y tiempos.
primero llegué yo y después mi maleta. como si yo y lo acumulado por mí estuviera separado. yo llegué por obra y gracia de mi aglidad corriendo por los aeropuertos y por la fuerza de mi espíritu carga maletas, pero mi equipaje mayor, no llegó, se atrasó, durmió en otro sitio. una parte de mí anduvo dando vueltas en bodegas y en bandas autómaticas, de mano en mano de cargadores de maletas. hasta que al final llegó y fue como un encuentro con lima pasada que se desparramó sobre mi sala como un animal abierto por la panza.
todos sus órganos empacados y yo hurgando entre sus visceras buscando esa parte que me falta.
(ya la encontraré, a lo mejor la cargué en el maletín de mano o algún bolsillo)
mi gato me reconoció. me miró con sus ojitos verdes y se enredó en mis tobillos.me dió un lametazo, me mordió, me araño, me abrazó y otra vez los lametazos. después, como siempre, se fue despacito y me dejó a solas con todo lo demás.
el día que el perú tembló, yo dormía placidamente abrazada seguro a cualquiercosa, soñando con gatos o mariposas, envuelta en una noche quieta y sin sobresaltos, con el cuerpo desparramado como un garabato de cansancio.
y cuando te levantas y aún no has llegado del todo, enciendes la tele y ves todo derrumbado hasta en las voces de los que más quieres, te envuelve una culpa y empiezas a temblar. se te derrumban tus anaqueles de la cordura y el de "seguro nos vemos pronto" porque quién sabe cuándo nos vamos a ver y cómo nos vamos a ver. si de pie o derrumbados, si en calma o en terremoto.
(no existe ninguna certeza)
además de la vida de aquí y de allá, tengo otras vidas más, la de los lunes y la de los domingos, también la vida a solas y la acompañada, la vida externa y la del encierro, la del invierno y la del verano, la vida escotada y la vida llena de costuras, todas las cuelgo en el armario y las escojo con cuidado cada mañana antes de vestirme con ellas.
amanezco desnuda sin saber que vida ponerme hoy y así me la paso todo el día, como un papelito en blanco, sin calendario ni reloj, sin pensar en nada, sin plan ni horario, sin nombre ni casa.
hoy me desperté muy temprano con el sonido que hacía mi gato cuando se lamía la pata izquierda.
extraño a mi gato callejero, los dos a solas sentados en el portal y sin abrazarnos ni nada, solo sentados viendo a lima marchitarse y humedecerse en invierno.
extraño los tejados. todas las cosas que la gente arroja sobre sus cabezas como queriendo limpiar sus vidas, pero echándose todo encima, extraño ese caos que no se ve en las fachadas ni en la ciudad bajita, extraño que sea tan facil trepar hasta lo más alto de todo. en lima me subía al mío, aquí los tejados no me dejan que los suba (ni los vecinos tampoco) podría resbalar por el alquitrán húmedo, caerme entre las ortigas o enredarme en algún pino.
en lima daba un salto, un paso, otro salto, me cogía con los brazos a unos muros y al final me quedaba sentada sobre un tanque de eternit y abajo quedaba todo.

como dice la canción: yo llevo en el alma un camino, destinado a nunca llegar
estaba lloviendo y anduve un rato caminando descalza entre la hierba. no hacía ni frío ni calor, el día no era bonito no feo, lo bastante neutral como lo deberían ser todas la bienvenidas (y despedidas) como un simple "hola, esto es lo que hay" y mejor quitamos en confetti y los globos.
es mejor así.
hace unos días llegué. ahora poco a poco voy llegando a los demás sitios, sitios como este, porque todo es un viaje metido dentro de otro viaje, varias dimensiones, espacios y tiempos.
primero llegué yo y después mi maleta. como si yo y lo acumulado por mí estuviera separado. yo llegué por obra y gracia de mi aglidad corriendo por los aeropuertos y por la fuerza de mi espíritu carga maletas, pero mi equipaje mayor, no llegó, se atrasó, durmió en otro sitio. una parte de mí anduvo dando vueltas en bodegas y en bandas autómaticas, de mano en mano de cargadores de maletas. hasta que al final llegó y fue como un encuentro con lima pasada que se desparramó sobre mi sala como un animal abierto por la panza.
todos sus órganos empacados y yo hurgando entre sus visceras buscando esa parte que me falta.
(ya la encontraré, a lo mejor la cargué en el maletín de mano o algún bolsillo)
mi gato me reconoció. me miró con sus ojitos verdes y se enredó en mis tobillos.me dió un lametazo, me mordió, me araño, me abrazó y otra vez los lametazos. después, como siempre, se fue despacito y me dejó a solas con todo lo demás.
el día que el perú tembló, yo dormía placidamente abrazada seguro a cualquiercosa, soñando con gatos o mariposas, envuelta en una noche quieta y sin sobresaltos, con el cuerpo desparramado como un garabato de cansancio.
y cuando te levantas y aún no has llegado del todo, enciendes la tele y ves todo derrumbado hasta en las voces de los que más quieres, te envuelve una culpa y empiezas a temblar. se te derrumban tus anaqueles de la cordura y el de "seguro nos vemos pronto" porque quién sabe cuándo nos vamos a ver y cómo nos vamos a ver. si de pie o derrumbados, si en calma o en terremoto.
(no existe ninguna certeza)
además de la vida de aquí y de allá, tengo otras vidas más, la de los lunes y la de los domingos, también la vida a solas y la acompañada, la vida externa y la del encierro, la del invierno y la del verano, la vida escotada y la vida llena de costuras, todas las cuelgo en el armario y las escojo con cuidado cada mañana antes de vestirme con ellas.
amanezco desnuda sin saber que vida ponerme hoy y así me la paso todo el día, como un papelito en blanco, sin calendario ni reloj, sin pensar en nada, sin plan ni horario, sin nombre ni casa.
hoy me desperté muy temprano con el sonido que hacía mi gato cuando se lamía la pata izquierda.
extraño a mi gato callejero, los dos a solas sentados en el portal y sin abrazarnos ni nada, solo sentados viendo a lima marchitarse y humedecerse en invierno.
extraño los tejados. todas las cosas que la gente arroja sobre sus cabezas como queriendo limpiar sus vidas, pero echándose todo encima, extraño ese caos que no se ve en las fachadas ni en la ciudad bajita, extraño que sea tan facil trepar hasta lo más alto de todo. en lima me subía al mío, aquí los tejados no me dejan que los suba (ni los vecinos tampoco) podría resbalar por el alquitrán húmedo, caerme entre las ortigas o enredarme en algún pino.
en lima daba un salto, un paso, otro salto, me cogía con los brazos a unos muros y al final me quedaba sentada sobre un tanque de eternit y abajo quedaba todo.
como dice la canción: yo llevo en el alma un camino, destinado a nunca llegar
taluego
en mi casa de aquí no les parece que debería alimentar a un gato callejero con premeditación y alevosía -no es que esté viviendo de mis sobras- cada tarde, tampoco debería sentarme todas las tardes con él cuando ya me canso de escuchar la televisión de fondo y las sobremesas delante, tampoco les parece que debería acariciarlo y dejarlo que trepe a mi regazo cuando es tan solo un gato callejero y ajeno y al fin y al cabo cuándo tú te vayas ¿quién lo va a alimentar?
(los corazones callejeros pasean por los techos y algunos gatos se los comen y se lamen luego en silencio)
me da cierta pena y entonces me empiezo a despedir lentamente de las cosas.
las despedias suceden por estos días ya no como esos golpes de antes, ladrillazos en habitaciones, balas en los aeropuertos, ya no. suceden, más bien, como quien va cerrando poco a poco la llave del aire o del gas (o la abre) y quizás me voy ahogando y siento esa falta de aire en el pecho mientras voy armando las maletas y así sin respirar sigo andando hasta aterrizar en el mismo viento y pasar a otra cosa ya.
(el aire de la libertad me ahoga. a veces, me mata)
y lo peor de todo es que por este lado se dice sin pudor "te voy a extrañar" como quien rompe de una pedrada un vidrio de mi casa, como una navaja de colores en mi corazón lleno de invierno de lima y ya pasó el tiempo de los "echar de menos" que siempre suena así, a algo que se quita y ya no está, como las listas y una cosa menos que querer, que cuidar una cosa menos que ir echando en todas partes.
y en cambio el extrañar te vuelve un ser raro que no se va, un extraño fantasma tuyo que se queda y sigue siendo parte del ruidito de la televisión y participa en la sobremesa, un fantasma que los gatos callejeros olfatean y buscan cuando reposan en ese hueco que se queda hasta que venga alguien y los eche (o los alimente), y así arrancar con palmadas o agua fría al recuerdo que se sienta cada tarde a manosear y masticar pedazos de animales muertos en el portal.
(y se llenan de fantasmas los portales donde descansan los gatos sin dueño, el auto vacío en el tráfico limeño, la inmensidad del mar desde un café donde te atienden mal y te ríes, las carreteras que son avenidas y vias expresas recorridas miles de veces llenas de vacío, se llenas de fantasmas los bares animales de los que me echaron y se sientan los fantasmas en los parques a beber de latitas de confusión flotando en cerveza, se llenan de fantasmas todas la habitaciones y los techos de las casas llenas de otros fantasmas en esta ciudad llena de niebla. ciudad fantasma)
y no me quiero olvidar de unas cosas que se me han aparecido sin que yo las invoque, como fantasmas con quienes a veces tropiezo en mi cuarto y se acuestan conmigo porque siempre están ahí: un disco de dylan, un escrito, una carta, un libro de liniers (ahora autografiado) unos chocolates, algun librito incompleto que quizá me cambie la vida, una película tan bonita que aún no la termino, tantos días y noches que se metieron entre mis cosas... las empaco con cuidado entre mi ropa, para que no se vean, para que no me las arranque algún aduanero, y las conservaré como si fueran llaves hacia otras dimensiones, porque quién sabe las necesite allá cuando las puertas se me cierren en cualquier invierno y solo quiera abrir huecos en las paredes buscando un pedacito de niebla, cruzar el umbral y volverme a encontrar con el gato callejero y hasta con el hombre de la basura que me despierta religiosamente cada mañana y a quien yo he aprendido a odiar con mucho afecto.
(ya me voy, pero ya regreso)
(los corazones callejeros pasean por los techos y algunos gatos se los comen y se lamen luego en silencio)
me da cierta pena y entonces me empiezo a despedir lentamente de las cosas.
las despedias suceden por estos días ya no como esos golpes de antes, ladrillazos en habitaciones, balas en los aeropuertos, ya no. suceden, más bien, como quien va cerrando poco a poco la llave del aire o del gas (o la abre) y quizás me voy ahogando y siento esa falta de aire en el pecho mientras voy armando las maletas y así sin respirar sigo andando hasta aterrizar en el mismo viento y pasar a otra cosa ya.
(el aire de la libertad me ahoga. a veces, me mata)
y lo peor de todo es que por este lado se dice sin pudor "te voy a extrañar" como quien rompe de una pedrada un vidrio de mi casa, como una navaja de colores en mi corazón lleno de invierno de lima y ya pasó el tiempo de los "echar de menos" que siempre suena así, a algo que se quita y ya no está, como las listas y una cosa menos que querer, que cuidar una cosa menos que ir echando en todas partes.
y en cambio el extrañar te vuelve un ser raro que no se va, un extraño fantasma tuyo que se queda y sigue siendo parte del ruidito de la televisión y participa en la sobremesa, un fantasma que los gatos callejeros olfatean y buscan cuando reposan en ese hueco que se queda hasta que venga alguien y los eche (o los alimente), y así arrancar con palmadas o agua fría al recuerdo que se sienta cada tarde a manosear y masticar pedazos de animales muertos en el portal.
(y se llenan de fantasmas los portales donde descansan los gatos sin dueño, el auto vacío en el tráfico limeño, la inmensidad del mar desde un café donde te atienden mal y te ríes, las carreteras que son avenidas y vias expresas recorridas miles de veces llenas de vacío, se llenas de fantasmas los bares animales de los que me echaron y se sientan los fantasmas en los parques a beber de latitas de confusión flotando en cerveza, se llenan de fantasmas todas la habitaciones y los techos de las casas llenas de otros fantasmas en esta ciudad llena de niebla. ciudad fantasma)
y no me quiero olvidar de unas cosas que se me han aparecido sin que yo las invoque, como fantasmas con quienes a veces tropiezo en mi cuarto y se acuestan conmigo porque siempre están ahí: un disco de dylan, un escrito, una carta, un libro de liniers (ahora autografiado) unos chocolates, algun librito incompleto que quizá me cambie la vida, una película tan bonita que aún no la termino, tantos días y noches que se metieron entre mis cosas... las empaco con cuidado entre mi ropa, para que no se vean, para que no me las arranque algún aduanero, y las conservaré como si fueran llaves hacia otras dimensiones, porque quién sabe las necesite allá cuando las puertas se me cierren en cualquier invierno y solo quiera abrir huecos en las paredes buscando un pedacito de niebla, cruzar el umbral y volverme a encontrar con el gato callejero y hasta con el hombre de la basura que me despierta religiosamente cada mañana y a quien yo he aprendido a odiar con mucho afecto.
(ya me voy, pero ya regreso)
graciaaasss
ya resucité!
porque el domingo me convertí en papel, y eso del empastado y prensado como que duele.
fui a mi presentación y me senté debajo de la mesa, y le soplaba las palabras a mi amiga que estaba más nerviosa que yo: mi amiga se puso hablar sobre una llama que se cruzó en su camino mientras conducía por el centro y después citó una canción de oasis, wonderwall : there are many things that i´d like to say to you but i don´t know how pero lo dijo en castellano y de ahí dijo que la asaltó una duda en la javier prado y ya no sé que más cosas mezcladas...
creo que quizo hacer de su discurso un post, pero le salió maso...
(yo soy la de los posts eh, no confundir)
quería darle las gracias a todos los que estuvieron ahí, fue muy importante su presencia para mí y nos los voy a mencionar porque no quiero olvidarme de nadie, solo quiero darles las gracias mis vecis y a los visitantes de otros barrios también.
yo ya volví a la normalidad...
(ya vengo a seguir madrugando)
porque el domingo me convertí en papel, y eso del empastado y prensado como que duele.
fui a mi presentación y me senté debajo de la mesa, y le soplaba las palabras a mi amiga que estaba más nerviosa que yo: mi amiga se puso hablar sobre una llama que se cruzó en su camino mientras conducía por el centro y después citó una canción de oasis, wonderwall : there are many things that i´d like to say to you but i don´t know how pero lo dijo en castellano y de ahí dijo que la asaltó una duda en la javier prado y ya no sé que más cosas mezcladas...
creo que quizo hacer de su discurso un post, pero le salió maso...
(yo soy la de los posts eh, no confundir)
quería darle las gracias a todos los que estuvieron ahí, fue muy importante su presencia para mí y nos los voy a mencionar porque no quiero olvidarme de nadie, solo quiero darles las gracias mis vecis y a los visitantes de otros barrios también.
yo ya volví a la normalidad...
(ya vengo a seguir madrugando)