Escritores


- mi amiga la escritora dice que a ella le hubiese gustado saber dibujar o pintar.
- dice también que una de las razones por las que ella escribe, es porque tiene un montón de dibujitos (ella dice "imágenes") en su cabeza y no sabe que hacer con ellos. así que los escribe.
- la otra vez me contaba que tocó las alas de una mariposa que se quedó atrapada en su ventana y que sintió en su tacto los colores, la forma y la textura de sus alas. trató de dibujarla pero le salió un mamarracho (yo lo vi).
- también me contó que cuando era adolescente se metió a un curso de pintura en el museo de arte de lima y le gustaba hacer manchas de colores. solo estuvo tres meses, porque dice que vino una chica que solo con un lápiz podía dibujar un melocotón con todas sus sombras y luces y las texturas de su piel peluda.
- también le gusta andar mirando las nubes y ellas las ve como una madeja de hilos finitos, algo así como el algodón de azucar atravesado por rayos de luz. o sino se queda viendo las nervaduras de sus plantas y se imagina que son carreteras o heridas abiertas (eso me ha dicho). también le gusta mirar las arrugas de la gente y el humo blanco de las chimeneas cuando el cielo es azul.
- mi amiga la escritora se compra lápices de colores y témperas, también se compra lienzos y los mira con miedo y luego los guarda, por eso siguen en blanco. a lo que no le tiene miedo es al papel y a la pluma, por eso se manda a escribir unas cosas que yo ya ni sé, pero yo la quiero igual porque es mi amiga.
- yo le he dicho a mi amiga la escritora que se haga un bloc y ponga sus dibujitos porque sino se le va a cargar la cabeza con tanto monigote, así como yo pongo mis posts a la diabla y la foto de kokorito para ir ordenando y haciendo sitio, pero ella dice que no se atreve, que mejor los trata de escribir.
- a mi amiga la escritora le hubiese gustado tener un marido/vecino/compañero de apartamento/socio pintor o dibujante, así él dibujaría lo que el quisiera o las cosas que ella tiene en la cabeza y luego ella pondría un texto, pero hasta ahora sólo le tocaron biólogos, pasteleros y futbolistas (con los cuales se aburrió al final)
-yo me he robado uno de sus dibujos, aunque como ven, escribe más que dibuja. es que no puede con su genio.

Viernes



Desde hace no mucho he cogido la costumbre de dormir en el sofá. Son cosas que suceden de la nada, así como un día cogí la costumbre de comer ciertas frutas, como las peras y las manzanas con un cuchillo y en pedacitos y ya no las he vuelto a morder en mucho tiempo.

Sucede que cuando duermo en el sofá escucho los ruidos que hace mi casa: la refrigerdora que corre, las ventanas que se estriran, el piso que chilla, el techo que se acomoda en nuestros sueños, la televisión que se enfría y también escucho a mi gato beber agua cada cierto tiempo.

Hoy que estaba a punto de coger el sueño escuché de pronto un ruido como el de un pedazo de carne estrellándose contra el suelo.

Al principio me dio miedo ir a ver que era, ya que el ruido fue bastante desagradable. Luego me quedé sentada en el sofá y escuchaba un sonido liquido y es que al parecer algun fluído se esparcía por mi sala. Luego escuché una bolsa que crujía y se abría y después mas ruidos de carne estrellándose contra el piso.

Mi gato Kokorito, el valiente de la casa, fue a mirar y no volvió. El ruido entonces se volvio como el que produce un derrumbe de pedazos de carne cayendo desde la altura y chocándose contra el suelo, reventándose y con liquidos que se esparcían y chorreaban.

Y es que eso era.

Como partiré de viaje dentro de poco, hoy se me ocurrió limpiar la congeladora y encontré cosas que no había movido (ni comido) desde el 2005. Hasta dos pescados que pesqué (valga la redundancia) yo misma una vez, hace años literalmente.

Soy amante de la cocina y de la comida, no me gusta desperdiciarla y siempre me da cargo de conciencia hacerlo y me siento mal, eso porque desde chica me obligaron a comer con frases como "come que Dios te ve y la comida de Dios no se bota" o sino "si no te comes todo, el resto se lo comerá el Diablo"

Yo pensaba que esta noche había venido el mismo Diablo a comer mis sobras. Pero sucedió que mis sobras se estaban descongelando y por eso cayeron al suelo y me asustaron.

(me asusté con las sobras, toma nota)

Se preguntarán que hacía guardando aún las sobras congeladas, que deberían estar en el basurero ya.

Pasa que no puedo tirarlas a cualquier basurero, sino al basurero de los restos de comida, y pasa que para eso hay que tener unas bolsas especiales biodegradables que yo no tengo y debo ir a comprar urgente mañana pues no puedo usar una bolsa de plástico común porque me podrían plantar una multa.

Cuando me puse a recoger la comida del piso se me ocurrió jugar con ella, porque a mí se me da por jugar - a veces- con todo.


(y además no puedo dormir)



mi gato kokorito siempre olisqueando


después se me ocurrió poner una bolsa negra debajo y ver el contraste de colores (es el insomnio)




(y este es mi corazón de gambas expiradas)

Quise esparcir un poco de helado sobre todo al final, pero no. Después hay que limpiar.

Quise hacer un post de ficción , pero por una vez me dije que les contaría la verdad.

(y todo esto porque tengo sueño)

(...)

Algo me está pasando.

Y esta frase parece llevarte al terreno de lo negativo, te sienta frente a las letras de un “mutante” y tú te agarras al asiento mientras lees pensando que quien escribe esto es un monstruo verde. Pero es solo alguien que muta, que cambia y se transforma, tan fácil como desvestirse, tan claro como los ciclos del agua, tan simple como que ahora mismo, mientras escribo me evapore y me haga invisible en cada palabra)

He estado pensando que si me van a hacer un regalo, ya no quiero ni perfumes, ni cremas, tampoco libros, ni cds (cosas que me gustan y siempre suelo pedir como regalo) ahora quisiera que me regalen una botella de licor de anís y un paquete de lentejas.

En este país las lentejas son un producto exótico que no se vende en los supermercados como los frijoles, guisantes o garbanzos. Las lentejas solo se venden en tiendas especializadas donde también venden té verde, piedras pomes y colas de mono. Por eso, he pensado que las lentejas, tan exóticas deben esconder tras sus granos algún mensaje místico.

El anís para beberlo y las lentejas para contarlas una por una hasta encontrar el número de mi suerte y de ahí, embebida en anís encontraría los pasos tambaleantes a seguir para encontrar a mi destino (tambaleante) que se me va por los aeropuertos y me deja a mí, aquí, escribiendo todo esto.

Me está pasando algo porque voy descubriendo cada día cosas nuevas que permanecieron esconidas delante de mí, camufladas en ellas mismas y con otro nombre.

Así, hace dos días me di cuenta que es un placer meterse a una habitación oscura, cubrirse hasta los ojos con la manta, sentir las pelusas de lana húmedas y vivas por mi respiración sobre mi piel y mirar el techo iluminado por la luz que se colaba por las grietas de las puertas y ventanas. Solo eso sin pensar en nada.

Y sin nadie.

Descarto así el placer de las caminatas, o de la primavera, de los bares al sol, de la gente reunida y hablando animada.

La penumbra como un lienzo para mi cuadro, la luz rasgando el techo que sangraba sombras, el sonido de mi respiración como las olas de un mar vacío y el tacto de la lana húmeda como pétalos empapados de rocío, eso me bastaba para sentirme viva y que no te importe ya nada más.

Algo me está pasando porque (dicen) escribo distinto, hablo distinto, pienso distinto y actuo distinto. Últimamente me estiro como un árbol en primavera (lo hago delante de todos, en medio del salón de clases, o a veces cuando estoy en la cocina) me van saliendo raíces, ramas, hojas y me quedo quieta observando al viento, sintiendo que en alguna de mis ramas se posa un pajarillo o se oculta mi gato.

Y luego me encojo, me vuelvo un ovillo como un puercoespín amodorrado esperando el invierno y así me quedo en algún rincón de la habitación, desde donde puedo verlo y oirlo todo sin que nadie me vea, una especie de dios camuflado por espinas y incrustado en una piedra envuelta de silencio.


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Y sin embargo, si tuviera una entrevista de trabajo mañana, diría que soy sociable, que tengo don de gentes, que me gusta trabajar en grupo y que me sé desenvolver bajo presión.

Cosa que es verdad.

Es que sé actuar bastante bien.
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mi vecino (ii)

Y por las tardes me entretengo viendo como mi vecino carga cajas de baldosas y las mete a su garaje. Tengo todos los sentidos bastante desarrollados (por eso será que se me atrasa todo el resto) y alcanzo a leer en las cajas, los colores y los tipos de baldosas que el vecino trae.

Le veo la cara y parece que cargara esas cajas obligado por alguien. Imagino que es su mujer que decora la casa cada año acumulando todo lo pasado, o sus niños que juegan arrinconados y aplastados por sus juguetes o sus años que le obligan a agrandar y remodelar sus espacios y a ponerles otro color.

Hay baldosas de color rojo, blanco y siena. Voy pensando en los colores y así voy metiéndome en su baño, su cocina y su piso siena en el pasillo del recibidor, todo de color siena para que no se note toda la mugre que uno trae desde fuera.

¿Y cómo llega uno a decidir los colores de las baldosas?

¿Cómo es que de pronto decidimos escoger esos colores que nos vamos a poner encima por años? No es lo mismo que decidir el color de una chaqueta o de un par de medias. El color de las baldosas y de las paredes es algo que nos va a envolver por algunos años.

(A mi me traga el blanco desde hace mucho)

Imagino que mi vecino estaría un día delante del televisor viendo como se muere la gente en otros países que no son el suyo, entonces en medio de esa guerra de color siena en medio del arenal imaginaría el color de su recibidor, camuflaría toda la mugre de sus pensamientos e iría llenando un catálogo de materiales de construcción: una cruz en el color siena.

Otro día iría manejando por la carretera, por la misma por la que viajo yo cada día, (seguro nos cruzaríamos) y entonces el destello de algún auto le haría pensar en las baldosas azules. Y a lo largo de su camino, la carretera se volvería azul, de porcelana, como un cuarto de baño de kilómetros infinitos y los túneles a su paso irían perdiendo esa rugosidad de garganta de dinosaurio, esa oscuridad del moho de los pensamientos de todos los que pasan por los túneles, ese ir y venir de lucecitas hipnotizantes que nos llevan a soñar en las carreteras y a pensar en las metáforas de la luz al final de túnel y quizás en el camino tengamos un accidente por no prestar atención al volante, a los cambios, a los sentidos del tráfico, a la realidad que es el túnel, una garganta de dinosaurio, algunas veces retorcida en sus caminos por nuestras propias frases silenciosas retorciéndose en nuestras gargantas que no nos dejan ver la luz.

Él imaginaría el túnel cubierto de mayólicas, como una piscina en forma de tubo, como una garganta limpia y azul donde resbalan sus palabras envueltas en saliva del color del cloro, como el camino del parto que dará a luz una piedra azul y brillante que se vendrá a estrellar haciéndose trizas, pedacitos de vidrios azules.

Y él mojándose en el agua azul del túnel, usando el water, la ducha, la rasuradota eléctrica enchufada a alguna de las lámparas que cuelgan del túnel y que iluminan a todos los autos, estos que a la vez iluminan las pupilas de los conductores y así les van pintando colores, aquellos que están en todas partes, en sus pisos, sus paredes, en sus pensamientos y hasta en su vida imaginada y paralela imaginada y siempre más colorida, como la vida que esperamos encontrar siempre al final del túnel cuando nos demos un golpe contra toda la luz.
Diagnóstico

Me gustaría hablar como mi doctor.

Acomodarme las gafas mientras voy soltando palabras que parece fueran encajando una con otra, como piezas engranaje construyendo la bomba de un diagnóstico.

Según los ritmos del cuerpo, existen dos tipos de personas: las del tipo a y las del tipo b

(Y el dice a-menneske y b-menneske que suena aún más serio)

Me gustaría usar gafas y ser un poco más seria, entonces en mi consultorio con un paciente que lleva un tumor de letras en el estómago y una gangrena por mala tinta, le diría:

Existen dos tipos de personas:

1. tipo: las que dicen los yunaites, las europas y la(s) tierra(s) (y aquí le ponen cualquier gentilicio p. ej. las tierras nórdicas o si va en singular, la tierra, le sigue una frase muy elaborada, florida y tan bien combinada como un afiche del folklore p. ej la tierra del ceviche de conchas negras, de las hermosas mujeres y del caballito de totora


(adivina, adivinador de qué ciudad estoy hablando).


2. las que no.


Las del tipo 1. presentan una tendencia a padecer el Síndrome del Vals "Mi Perú" esto quiere decir que, sufren del gusto exagerado por el uso del plural y por lo general, anteponen (y no posponen) el adjetivo al sustantivo: ricas montañas, hermosas tierras, cumbres nevadas, fértiles tierras...

Así, suelen decir: numerosos grupos de impacientes clientes (?), hermosos y paradisíacos parajes, deliciosos potajes...


Es fácil que los pacientes que padecen de este síndrome presenten complicaciones graves, tales como el Virus del epíteto: blanca nieve, verdes árboles, altas cumbres, profundos abismos, oscuras noches…


Existen también otro tipo de síndromes, como el síndrome del Vecinillo Flanders. El síntoma más grave es el brote purulento de diminutivos que son usados de manera mórbida: maté al corderito con una balita.


Solo nos queda usar el bisturí de la pluma para extraer el tumor de palabras infladas, luego limpiar la tinta contaminada y tratar con jarabe de liquid paper.




Vidrio


Hoy en la universidad vi como unos obreros vestidos de azul iban colocando unos vidrios de color caramelo en algunas ventanas recién abiertas y afiladas como gargantas resecas y mudas.

Eran esos vidrios del tipo de los que usa la policía cuando interroga al sospechoso: por un lado son un espejo en el cual el sospechoso se mira y ensaya algún gesto, mientras que por el otro lado están ellos, fumando, tomando café y observándolo todo.

Los estudiantes fuimos los sospechosos esta mañana y a saber quiénes estarían detrás de aquellas ventanas observando como caminábamos por los pasillos, todos un poco cansados y culpables de los crímenes cometidos durante estas vacaciones vacías, un poco despistados mirando a todos los relojes calculando la hora en que van a estallar las bombas.

//Sentí un escalofrío porque pensé que seguía siendo vacaciones. La universidad estaba vacía y todos los relojes tenían una hora distinta. Yo no sabía a quién creerle. Supongo que debe haber sido todo una estrategia en la cual estaban incluidos los vidrios de caramelo//

Daban ganas de lamer aquellos vidrios e imaginar que por el otro lado alguien estaría viendo cada una tus papilas abiertas como los chupones en los tentáculos de los pulpos, absorbiendo el sabor de la textura del cristal, oscuro y amargo mientras se va dejando un rastro brillante y uniforme de saliva que se adheriría como una película plástica llena de bacterias y enzimas que se iría secando en medio del aire frío de la mañana.



Ropa


Cuando los hombres de azul se fueron, me detuve ante esos vidrios. Me fijé en lo que llevaba puesto y bien podría haberlo llevado la misma ropa cuando tenía catorce años: jeans azul marino, una camiseta a rayas blanco y negro, una casaquilla roja oscura, zapatillas azules de correr y un gorro de lana rojo, bufanda negra, chaqueta gris.

Entonces me puse a pensar que mi madre me tuvo a la edad que yo tengo ahora.

Recuerdo que cuando yo todavía no sabía andar muy bien y ella me sostenía en sus brazos, sentía el tacto de sus chaquetas de lanilla de sus trajes sastre. Recuerdo también que alguna vez, las agujetas de mis zapatos o los broches de mis pantalones se enredaban en sus medias y las rompían. El romper sus medias era algo que yo siempre observaba con cierto placer, el agujero en sus medias se convertía en el ojo de un bicho al cual yo hería con alguno de mis dedos, el bicho de nylon mostraba su cuerpo calado y se disparaba sin freno en una carrera veloz por sus muslos.

Ella a mi edad usaba trajes sastre, medias de seda que yo disfrutaba romper y zapatos altos. A mi edad, ella cargaba una niña.

Pero ella trabajaba en un Ministerio asesorando a un ministro en cambio y yo soy profesora y de vez en cuando vengo a la universidad a mirar los vidrios de color caramelo.

Ella creció con anuncios cantados de medias Precisa “se te corren se te corren se te corren las medias, precisa es la solución”, de autos que volaban con la gasolina nacional en cambio yo crecí con anuncios silenciosos de gente tomando café al pie de una montaña, de mini dramas que te vendían un seguro de vida o de frutas parlantes empujándote a comprar cierto yogurt.




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Dejé de mirarme en el vidrio color caramelo y dejé la huella blanca de mi dedo pulgar en sobre su superficie nueva e impecable.

(Quien sabe hayan tomado mis huellas y me estén buscando ahora mismo)


Debí haber lamido el vidrio.

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agujita

(...)

si dijera esto en la mesa durante una cena con mi familia probablemente me dirían que soy una irreverente (pero igual me darían un plidan). y es que no encuentro mejor manera de explicarlo:

tengo un dolor que no tiene un dios te salve y me duele como cristo.

me duele el lado izquierdo del cuerpo, en el mismo lugar de la espada desde donde brotó sangre y agua. es exactamente ahí, doctor. y no lo digo porque sea semana santa, porque me duele ya desde hace meses.



1. gonna start a revolution from my bed

mi médico es un dictador.

me dice que con este jarabe voy a controlar mis rebeliones en el páncreas y con las pastillitas los atentados en mi cerebro.

al final voy a tener ordenados en un batallón a mis celulas, a mis tejidos como barreras ante cualquier levantamiento, a mi corazón como un camión anti.disturbios, mis venas como los cordones cercando las batallas, mis defensas, como no, defendiéndome, todas cargando una pastillita-bomba y mi cerebro en un balcón dando discursos con tono de dictador.

"vamos a salvar a esta nación desintegrada y herida por el tiempo, por su propia historia, vamos a hacer una patria nueva, sin voces del pasado ni fantasmas del miedo"


(se me revuelve el pelo)



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yo siempre he sido pacifista y no me gustan las rebeliones, tan es así que nunca me atrevería a detener alguna.

(saquemos las granadas)


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2. no pienses


el médico dice que para poder dormir hay que pensar en dormir y sólo en eso y que hay que estar en ese lugar y en ese tiempo.

(he ido a un homeópata -porque hay que probar de todo- y me puso agujitas en las rodillas y yo pensaba en gulliver en lilliput)


- y en qué piensas antes de dormir?

- depende, oiga. a veces pienso que estoy tendida sobre el lomo de mi gato y me voy arrullando con el moviemiento de sus pasos. él va trepando árboles y saltando de tejado en tejado y yo voy viendo la ciudad puesta de cabeza, las ventanas abiertas
y la gente mirando a mi gato y yo mirándolos a ellos, veo todo desde arriba, y miro dentro de las chimeneas, también veo muchos colores mientras siento un vértigo, porque mi gato y yo vamos cayendo a tierra. luego, damos unos saltitos y nos
tumbamos en el sofá frente a la tele, entonces pienso en el programa de televisión reflejado en los ojos de mi gato...

- mal. deberías pensar en que duermes entonces solo así lograrás domir y descansar.

(más agujitas)

- sabe, ahora que veo las agujitas, no pienso en la acupuntura sino en gulliver. es inevitable. mejor recéteme una película para dormir y un disco para el dolor de costado.




3. (mal) me sube la bilirrubina.


yo nunca estoy en el lugar ni en el tiempo. aunque soy una persona muy puntual.

ayer estuve en una casita de cuento con vista a un lago y dije de pronto: parece el lago ness.

todo estaba oscuro y había tormenta. durante el postre, yo estaba buceando al fondo del lago ness que tenía la misma consistencia que el pudín de chocolate en mi dulcera.


- no te gusta el pudín?

- me duele el lado izquierdo como a cristo.

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me sirvierón té verde, que no era verde sino amarillo.

el monstruo estuvo todo el tiempo debajo de la cena.

no me gusta el pudín de tetrabrick.

(el té verde que en realidad es amarillo debe teñir las tripas y hacerlas parecer importantes)

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4. agujitas


cuando te ponen agujitas en las rodillas sientes una corriente recorriendo tu espalda y de pronto un alivio en la cabeza.

lo de las agujitas es curioso, te las ponen en el pie para curarte la cabeza y viceversa.

un día de estos me voy a poner agujitas en los ojos y a lo mejor se me arregla el corazón.

o a lo mejor pruebo con agujitas en el corazón y se me arregla la cabeza.




5.


todo está conectado, como una ciudad con avenidas y calles y pasajes.

ponemos una agujita en la plaza san martín, otra en larcomar, otra en la avenida alcazar, una más en la avenida angamos, otra en la avenida del ejército y la última a dos cuadras de la catedral entonces tenemos la ciudad bajo tratamiento de acupuntura para curar sus males de congestionamiento, dolor de corazón, obstrucción de arterias y secreción de bilis negra.

(por así decirlo)

lo malo es que yo no tengo mi guía de calles.

entonces voy poniéndome las agujitas en cualquier parte y solo me produce dolor.

no hay cura, no.

aint no cure (como la canción de leonard cohen)








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el mapa de mi ciudad es una maraña de cables que dan una luz borrosa.

si tiras de un cable puede que sea un cable suelto (tengo varios)

aunque a lo mejor haya un corto circuito con incendio y explosión.

la oscuridad.

por estos días, nunca se sabe.

o puede que eches a andar a un carrusel o la misma verbena de la paloma.

(...)

en lima yo vivía en un cable de alumbrado. recorría la ciudad electrizada enredándome en las venas de su luz anaranjada.

equilibrista y palomita gris profesional.

nunca me morí de un electroshock.

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sweetheart, you're so cruel

Dirás que fue la madrugada, por la ventana el resplandor, y en un segundo de desvelo, comprenderás esta canción. (Tatuaje. J. Drexler)



alguien me dijo hace no mucho que su meta (refiriéndose al escribir) era escribir como si estuviera muerto.

entonces le refuté, discutí y hasta traté de que cambiara la palabra "muerto" por "vivo" pues la verdad es que yo siempre he creído que la escritura lo vuelve a uno vivo, uno escribe para sobrevivir (porque no me queda otra), es un proceso vital porque se mueve, crece, se expande, muere, renace y hasta vuela. además de involucrar y envolver mi vida -aquella que muchos creen saber pero nadie en realidad la sabe-, el escribir está enredado con las cosas que están vivas y moviéndose alrededor y dentro de uno como si las envolviera una cálida placenta de ideas y un cordón umbilical lleno de tinta tibia.

- Escribir como si estuvieras muerto, quiero decir, que no te importe nadie.

la verdad es que desde hace mucho a mí no me importa nadie cuando escribo, ni yo misma, por eso, la unica relación perfecta que tengo hasta ahora es con la escritura.

cuando escribo, solo me importan las palabras, me importa que no se rompan, ni se deshagan, ni se diluyan pero me importa si rompen o deshacen o si diluyen mientras van cayendo una a una sobre el papel, tomándose de la mano, hablando entre sí y dibujando algo muchas veces tan definido que llega a ser afilado.

solo ellas me importan y solo ante ellas podría someterme, pero es cierto, sí, he de confesar que a veces borro líneas, recorto frases y ya estas alturas, después de todo, no es por pudor que lo haga, tampoco por caer en gracia con algunos, sino por puro miedo.

como el miedo que se le tiene a los espejos y al tiempo, todo conjugado, como si el miedo creciera con el tiempo como un animal multiplicado en los espejos y alimentado por las hojas del calendario, por las sobras de nuestros pasteles de cumpleaños.

y ese miedo nace en el fondo de mí misma, como una mancha de tinta, desde el mismo lugar de donde salen mis palabras, y ese miedo –ya lo dije - no es miedo a los demás que me leen, ni a la crítica, ni al fracaso, ni siquiera a la muerte, sino es el miedo a las propias palabras desbocadas delante de mí, todas puestas en fila convirtiéndose en desconocidas, explotando y las esquirlas cortándome.

como si escribiera la palabra "navaja" y tuviese ahora, delante de mí, cortándome dentro de los bolsillos un arma esperando a ser usada.

esperando a que haya un muerto en todo esto.

(puede que yo misma)

entonces.

esa vez dejé la conversación pero al parecer la frase no se movió de mi cabeza y hoy domingo de ramos aparece delante de mí, montada en un burro, entrando en mis templos, hechos de la roca dura de mis pensamientos, de mis ideas y de mis "lo digo porque sé que es así" y los derriba, poniéndome de rodillas mientras sostengo una ramita de olivo en el pico, sin la certeza de nada, queriendo ser una paloma de la paz, muy en el fondo, porque ya ha habido mucha guerra, porque he enfermado de cansancio y porque puede que haya perdido la noción de mi misma, hace tiempo queriendo ser un pájaro y me la he pasado así, picotenado, aprendiendo a volar con mensajes escondidos entre mis patas, con ramitas de olivo, amaestrada en rutas y horarios, con símbolos que la atan a algo, aprendiz de ave atrapada en ciudades y templos, y no como una de esa aves salvajes que siempre he querido ser, esas aves que aún nadie clasifica y mucho menos nadie ha podido observarlas con binoculares, aquellas que son ráfagas de colores, sueños de ornitólogos enamorados, llenos de pajaritos y perdiéndose en lo más oscuro de la selva.

y escribo esto ahora como si estuviera muerta, así como se mueren las palomas de la ciudad de cualquier cosa, de cansancio, de las rutas, del peso de los mensajes, o de mal de tanto ruído. y así muerta y de pie sobre mi propio cadáver que se pudre carcomido por todas esas palabras que no dije y que ahora son gusanos que se alimentan de los restos.

así escribo.

y me voy armando de otras: de dagas, de esquirlas, de sables.


(y por ahora las escondo en el bolsillo que me sangra)








esta tarde hubo tormenta. el viento trajo una niebla densa y púrpura que se colaba por las rendijas de las casas, por las grietas de mis paredes, atravesaba las heridas de mi chimenea, el ojo inseguro de la cerradura sin llave, entraba por todas partes, esa neblina amarga como los remedios que curan la melancolía, contradictoria, rastrera, cegadora.


y me metí debajo de una manta y puse el disco de drexler como si quisiera escuchar a un cura exorcizar mi cadaver que ya está muerto mientras escribe, cayendome a pedazos oía a su vocecita dulzona y su guitarrita bien afinada como la puntería que mata, lo escuchaba y lo imaginaba escribiendo sus canciones ante una fila de hormiguitas rubias todas llevando al lomo terrones de azúcar, como si fuera tan simple todo, tan pequeñito y mínimo como alguna de sus canciones.


y saqué el disco del reproductor y lo arrojé al aire queriendo romperlo como un plato en una pelea marital, con mi marido imaginado que no existe.

lo arrojé porque recordé quién me lo dio y supe que en el fondo hay crueldad escondida en el más dulce de los actos, hay crueldad sin querer, vida mía, como las esquirlas de las palabras que me dan miedo cada vez que estoy viva y escribo, tan cruel como las hormigas rompiéndose el lomo por el azúcar, tan cruel como ser carcomida por tu propio credo.

hay una crueldad envuelta en un tul gris, en las letras y en la música aquella que yo nunca he cantado en el auto azul, ni el rojo, ni el blanco ni mucho menos cantaría en un concierto ni contigo (y seguramente sin ti) y ya hoy creo que con ni nadie porque esta tarde, ya lo dije, he muerto y así escribo. se me murió hasta la voz y me convierto en polvo carcomida por estas palabras, envuelta en esa neblina púrpura que trajo la tormenta y que se la va llevando poco a poco el viento.

y se la llevará la calma.

se puede ser cruel, de pronto un domingo, sin que uno se lo proponga como uno se propone una dieta el lunes o una borrachera el viernes.

se puede ser cruel, corazón, debes saberlo, aún matándonose de ternura, cuando aquella ya no sirve, cruel como las fábulas dibujadas donde tienen que hablar los animales para hacernos entender la moraleja de todo esto y así enseñarnos a ser mejores humanos, tan cruel como cuando en los cuentos se ahoga en la olla hirviendo del azúcar el ratoncito perez que se casó con una cucaracha.





Oh love, like a screaming flower,
Love, dying every hour.
Love.


Oh love
to stay with you I'd be a fool
Sweetheart, you're so cruel