1.

Ultimamente no he escrito casi nada.

No sé si es que se me están acabando las palabras o será sólo la astenia que trae la primavera.

(quizas es tristeza)

A lo mejor es que ha llegado demasiada luz de golpe.

No tengo ganas de nada y se me está acumulando todo.

Los papeles, los cacharros, el polen, las obligaciones(algunas tengo), la tinta, las ideas, las imágenes, el deseo y los desganos, las horas, los nudos, las lágrimas y las risas, los pasos, el aire, la sangre.

Todo así de golpe, de a montón, de porrazo.

A veces no se puede con tanto.

A veces es casi como estar enfermo de un virus que no existe y no tiene cura. Un virus que todos hemos padecido alguna vez, pero que no sabemos bien como explicarlo al médico al farmaceútico.

Para algunos este virus les ha resultado mortal.

Tipo B

Una vez me llevaron al médico pues tenía ojeras.

Me preguntaron cosas, llené unos cuestioanrios, hice dibujitos y me pusieron un diapazón en la frente y me preguntaron que sentía. Yo dije que una vibración pues eso era lo que debía decir, pero yo lo que sentía era el frío del metal rozándome la frente, una nota en espiral intensa e infinita que se deslizaba por mi médula mientras me perdía en lo blanco del delantal del médico.

Luego me dijeron que era una persona tipo B, no lo tomé muy bien. No sabía bien que era ser del tipo B, pero seguro -pensé- era mejor ser A.

Luego me explicaron que las personas del tipo B son aquellas que se desenvuelven mejor (funcionan mejor) de noche, pues la luz del sol y la de la luna influye en ellos de distintas maneras.

- Ah, bueno- repliqué cuando me lo explicaron.

Entonces trataron de hacerme persona tipo A. Que no sé si es mejor o peor, pero parece que a esas, a las tipo A, no les hacen tantas preguntas en las entrevistas de trabajo.


B+

Pero bueno, yo sigo siendo B.

Pero con tanta luz a las personas del tipo B no les queda mucho que hacer.

Será por eso que me la paso mirando al techo en blanco.

Mirando las nubes que esconden dragones y dinosaurios.

Caminando en vano.

Repitiéndome palabras en la mente para no olvidarlas pero luego las olvido.

Perdiéndome en lo oscuro de mis ojeras.

Contando los autos rojos, midiendo el tiempo entre las luces de los semáforos, tomando nota de lo absurdo, inventariando lo imaginado.

Me la paso en cualquier parte, menos conmigo.

Por eso no escribo.

Eco

A veces lo echo de menos, como quien echa de menos el estar acompañado de algo. Como el naufrago solitario que echaría de menos su propio eco en una isla que nadie recuerda.

Quizás también es que echo de menos el tacto del papel y el olor de la tinta y la sensación que me queda cuando termino de escribir algo.

Pero a veces es sólo como que no me acuerdo de que sé escribir y lo veo todo blanco.

Como era este pedazo de cartón antes de que me atreviese a ensuciarlo.

La pintura sería perfecta (para mí) si pudiese escuchar a los colores gritar o susurrar, como cuando escribo y escucho a la tinta vertida en forma de palabras.

La escritura es como un círculo vicioso. Es un vicio que me deja y que lo dejo.

Pero no me ha sucedido con la pintura. Solo disfruté oliendo la témpera, ensuciándome un poco las manos (me gusta ensuciarme) y deslizando el pelo del pincel sobre la cartulina.

Me entretuve. Puse la mente en colores y en blanco.

Eso por ahora, ya es bastante.



Primavera

Este asunto de aquí, que llegará el sol de medianoche en verano y que entonces la primavera trae luz que va en aumento de intensidad día a día, eso, es un marca de mis vivencias recientes.

A veces y de pronto pienso en cosas que hice hace algún tiempo atrás desde que me mudé aquí. Pienso en los resplandores de luz que se filtraban por una ventana, pienso en el color plateado de la carretera húmeda sobre la que andaba yo cuando volvía, pienso en que veía el cielo y me hería los ojos esa luz, pienso en las sombras profundas que se incrustaban en los cuerpos, pienso también en aquella luz que los hacía brillantes, pienso en mis ojos cerrados y veo la piel de mis párpados rosadas, las siento casi transparentes, podría decir que veo hasta la sangre de mis venas fluyendo a mil en ese preciso momento y entonces miro todo lo que me rodea y entre la luminosidad blanca de la habitación veo los números rojos de ese despertador que marcan la 3.45 de la madrugada.

Tengo tantos números rojos de madrugadas, tengo segunderos fosforescentes, tengo tic tacs de relojes de pulsera de buceador, relojes en la pantalla de televisión mientras dan las noticias, relojes de estación de tren, relojes de cuerda, relojes de aeropuerto hechos como de papel, relojes de péndulo, relojes que me arrojaban lejos con sus campanadas.

Recuerdo las horas que marcaban, por lo general, si era de madrugada entonces el fondo era todo negro sea enero o agosto.

Pero desde que me mudé aquí, es curioso, insisto, la luz se a determinada hora se ha convertido en un marca páginas de mi vida, de cosas que hago, las sitúa en un tiempo determinado, en una estación.

Ese reloj de números rojos marcando las 3.45 de la madrugada, en ese fondo de luz blanca, de día, en esa habitación de luz, eso, significa para mí la primavera.


la luz hace los colores más brillantes
No había podido escribir pues he estado con las manos ocupadas.

Literalmente.

Hace unos días empecé a tomar lecciones de piano.

Tocar el piano es algo que siempre he querido hacer desde chica.

En casa teníamos un piano, yo me acuerdo de eso, sé que no lo he soñado, pero un buen día cuando tendría yo unos cuatro años desapareció.

No sé bien que pasó con el. Era de color marrón chocolate y las teclas las tenía media amarillentas, pero sonaba bien.

Cuando tuve unos diez años pregunté por el piano durante una sobremesa y me miraron con la misma expresión en la cara cuando un año atrás y entonces pregunté que era un condón.

Se me ocurre ahora que ese piano era de alguien no muy deseable de la familia.

O a lo mejor lo vendieron para pagar una deuda.

A lo mejor se lo comieron las termitas.

O quizás el piano fue una de mis tantas fantasías infantiles.

Todo empezó ese día luego de la tristeza leí en el periódico un anuncio “profesora de Viena da clases de piano”

Ahora que puedo hacerlo, me dije, por que no, y de paso me olvido de pensar en tanto.

Y bueno, ya he ido a tres lecciones.

La profesora es una mujer mayor, no sé decir cuantos años, pero es mayor.

Es rubísima y sus canas se confunden entre su pelo rubio.

Tiene los ojos verdes grises y los labios finos y los suele ajustar como si sujetara o apretara cada palabra antes de pronunciarla.

Viste trajes muy formales, grises o azules aún cuando da las lecciones en su casa.

Tiene un palito de madera y desde la primera clase me advirtió:
- Este palito es para corregir la postura de tus muñecas. Seguramente te daré algunos golpes sobre ellas, pero todo depende de ti.

Yo abrí los ojos y las manos me empezaron a sudar.

Empezamos con las partituras, mano derecha las notas, mi re do, fa re, fa mi re, fa mi re, sol, sol fa mi, sol fa mi, fa re, fa mi re y con la izquierda los acordes y de ahí con los pies los pedales.

A veces me confundía entonces pensaba que los pedales estaban bajo mi mano derecha y les daba de palmazos a las teclas y hacía un ruido terrible. Luego al estirar las manos para posicionar el dedo correcto sobre la tecla correcta me daba pequeños calambres en las muñecas y encima la profesora me daba de golpes con el palito y me decía que relaje las muñecas, que las mueva con soltura como alas de pájaro.

Joder, pensaba yo, a ver si los pájaros aprenden a volar a punta de golpe de palito.

Al final de la clase, la profesora dejó su palito de lado y me ofreció té.

Acepté con miedo, pues pensé que a lo mejor, si no era con el palito, sería ahora con el cuchillo de la mantequilla, o pero el serrucho de pan, que me golpearía sobre las muñecas si es que cogía de mala manera la taza.

Pero felizmente no.

No hubo cuchillo de pan ni de mantequilla pues el té lo sirvió con pastas.
Al final no me pareció tan estricta y tiesa esta mujer, sobretodo cuando me dijo:

- Practica el movimiento de muñecas.

Empezó primero a mover las manos como unas aletas, un movimiento vertical.
Luego vi sus manos delgadas, un poco arrugadas y muy blancas, moverse como el aleteo de una paloma.

Al final hizo otro movimiento de manos el cual parecía el ademán de quien cose en círculos con una aguja e hilo invisible.

Cuando me fui, por el camino agitaba las muñecas (y los brazos) como un pájaro.

Al subir al bus empecé a hacer el primer movimiento, el de las aletas, pero de forma horizontal.

De pronto a mi lado se sentó un hombre mayor que hacía el mismo movimiento, un poco más rápido que yo y constantemente como un profesional.

Le sonreí y estuvimos un rato como cómplices de lecciones de piano.

Yo supongo que él ya sabría tocar en allegro.

-Usted tan joven y con esto- me dice.

Yo lo miro fijamente. Le iba a decir que recién he empezado con las clases.

Pero el prosigue y me da una tarjeta.

- A veces esto del Parkinson es hereditario y no se fija en la edad.

Yo no le digo nada y sigo moviendo la muñeca.

La tarjeta era para un grupo de autoayuda y social de Parkinson.

He ido pues me viene bien socializar. El horario también es preciso, justo antes de las clases de piano.

Son muy simpáticos todos.

Pero cada vez que me toca hablar me siento mal diciendo que el Parkinson lo heredé de mi familia paterna, cuando la verdad aquí es que yo quiero pasar del adagio al allegro y quizás al apassionato.
Sucede que a veces uno está triste.
Se suele asociar la tristeza con el color azul (I am feeling blue), pero yo creo que en realidad la tristeza no tiene color, es una mancha hecha de todos los colores, y luego blanca, como esos discos de newton que hace uno en el colegio.
Esos colores de la tristeza, dan vueltas dentro de uno y te vuelven blanco, nada.
La tristeza también surge a veces de la nada, del blanco y te lleva a muchos matices, o viceversa.
O vicerversa, surge de tantas manchas y al final te deja en blanco.
Como era este folio antes de que yo empezara a escribir sobre el.

A veces cuando uno está triste sale a dar una vuelta oyendo música mientras camina.
Hoy mientras daba una vuelta me puse a pensar en que hay cosas que nunca tendrán respuesta.
Leía hace días en la página de este escritor que al parecer dentro del nombre de uno a veces se hallaban muchas respuestas.
De mi nombre salen palabras como: alma, amor, calma, lúdica, salud, dios, caos, dolor.
No sé si respuestas, pero me sugieren muchas cosas.
Seguí caminando y escuché que me decían al oído and if i knew the answers i would tell you now.
Pues a veces no hay respuestas.

Son como esas palabras que no tienen un antónimo definido en una sóla palabra: como “respeto” (¿falta de respeto?) digamos que el antónimo de respeto podría ser desamor, traición, olvido. No existe una cosa en sí que sea un antónimo de respeto, sólo la falta de éste se convierte en antónimo y la falta de éste pues se puede explicar con muchos otros adjetivos que tienen sí su propios antónimos y que no tienen nada que ver con el asunto del respeto.

Ayer salí.
Hoy tengo el cuerpo muy pesado, igual que los pensamientos.
pero escribí algo en el refrigerador:

Sad love
as bitter blood
roses screaming
in purple ache
of a languid spring

algunas cosas personales así como U2

La primera canción de U2 que escuché fue “Until the end of the world”. Yo tenía 13 años y empezaba a sentir cosas, fue por ahí cuando empecé a escribir. (en el 93 dos años después del que el Achtung Baby saliera, así a veces estaban de atrasadas las cosas por entonces)

(Debo decir que probablemente debo haber escuchado algunas otras canciones antes... aunque no creo, por dos razones: me hubieran tocado seguro y me hubieran gustado de primera entrada y la segunda: yo empecé a escuchar –que no oir- música a los trece años).

Recuerdo que entonces estaba triste, por esto de aquí que ya lo he contado antes.

La canción me llegó con una intesidad tremenda. La escuché de un casette que alguien bendito dejó por ahí en mi casa.

“U2 – Achtung baby” decía escrito y entonces seguí escuchando todo el casette en un walkman amarillo horrible que tenía casi el grosor de un libro. Me gustó tanto ese casette.

A la pena de entonces le puse banda sonora.

Esa canción “Until the end of the world” me sonó a rabia, a unas ganas de querer tirar todo por una ventana y luego tirarte tú (por entonces no dominaba tanto el inglés como para entenderlo directamente escuchando una canción, luego me enteré que era una canción desesperada) y yo en ese entoces era rabia y desasosiego lo que a veces lo que sentía.

“One” sin saber bien lo que decía, era una canción que me daba tristeza, que me dejaba así mirando al techo en blanco, igual la de “Who´s gonna ride your wild horses”.

(años después esas canciones fueron adquiriendo forma, contexto, textura, y ahora hasta las puedo tocar cada vez que las escucho)

No sé de quién sería ese casette que dejaron en casa, pero me lo quedé y nadie lo reclamó, así que yo lo escuchaba cuando iba a la escuela (solía hacer viajes largos en bus) y cuando me iba a dormir si no veía tele me quedaba dormida escuchando ese casette.

Cuando casi llegaba a los 15 y conocía a gente que tb. escuchaba música y que también les gustaba U2 ya tenía entonces más cintas de U2. También me conseguí las letras y ya iba entendiendo más la cosa. Luego veía a Bono en la tele y entonces me di cuenta que no sólo cantaba bien y era parte de la mejor banda que hay (según yo) Bono también pensaba bien.

Eso me gustó aún más.

En el 98 U2 estuvo en Santiago de Chile (que entonces me quedaba cerca), en el 98 yo hubiese podido viajar a Santiago pero me hicieron estas preguntas ¿con quién si todavía estas chica? ¿y dónde compraras la entrada? ¿y luego qué?

Pues no...no se pudo.

(Recuerdo que el año siguiente estuve en Santiago le conté esta historia a un chico que ahí conocí entonces el sacó de su billetera un ticket del concierto al que yo no pude ir y entonces me cayó él aún mejor).

En el 2001 estuve en Valencia, en el 2001, U2 daba un concierto en Barcelona, no pude ir al concierto, no conseguí una entrada, tampoco entonces para esa fecha no tenía con quien ir –seguro conseguía una en la reventa-, aunque eso me importaba menos entonces, pero en el 2001 andaba un poco con la cabeza en cualquier parte.

Ese album “All that you cant leave behind” yo lo escuchaba mientras trabajaba como un caballo :

And I know it aches/And your heart it breaks/And you can only take so much/Walk on/ walk on Home… hard to know what it is if you’ve never had one/Home… I can’t say where it is but I know I'm going home/That's where the hurt is

Ese año 2001 fue un año de muchos cambios para mí, fue un año duro, fue un año de idas y vueltas, de mudanzas, fue un año difícil pero también tuvo resplandores. Fue un año en blanco y negro como ese disco y a mí la música me funcionaba como antídoto o veneno. Este era uno de mis antídotos:

I never thought you were a fool/But darling, look at you/You gotta stand up straight, carry your own weight/These tears are going nowhere, baby.

Entonces yo quería pensar que algunas canciones de ese albúm habían sido escritas para mí.

(otras se convirtieron en himno)

Luego hay muchas canciones de U2 que cayeron así en el camino y en las circustancias, canciones que me marcaron porque entonces se atravesaban y me atravesaban a mí el corazón.

Canciones a las que ya no les puedo poner tiempo ni fecha porque siempre vuelven, como si mutaran o cambiaran de color o de forma. Pero son siempre las mismas dentro de mí.

Stay, and the night would be enough.

Did I ask too much, more than a lot/You gave me nothing, now it's all I got /We're one, but we're not the same.

You're dangerous, 'cos you're honest/You're dangerous, you don't know what you want/Well you left my heart empty as a vacant lot/For any spirit to haunt.

Oh, love, like a screaming flower/Love dying every hour/Ah, you don't know if it's fear or desire/Danger the drug that takes you higher?

Podría llenar más paginas y pies de página con anotaciones personales y vitales basadas en las canciones de U2.

Pero el final de este cuento es que U2 va a estar en Oslo y esta vez sí voy a ir.