Enferma

Me he mudado a un pueblo más chico, me viene bien ahora estar alejada de todo.

No quiero ver la ciudad, he vivido en una ciudad hasta hace poco, y cada cosa la relaciono con vivencias frescas.

No quiero pensar en nada, no quiero relacionar nada.

En un pueblo veo el campo, todo es verde, el verde lo relaciono con Lorca y con nadie más.

Otra cosa que veo son animales, vacas, ovejas, caballos. Los miro como esos cuadros kitsch en el comedor de la casa de mi tía abuela.

Aquí, sólo pienso en cosas así, en queso, en animales, en crisantemos, en cosas kitsch.

No es la primera vez que vivo en el campo, de hecho es la segunda. La anterior fue una época en la que estuve bastente feliz.

Por eso también me he venido al campo, porque quizás lo relacione con la vez anterior.

Pero sí, lo único malo de estar alejado, es que te puedes enfermar y entonces no hay un hospital.

Y estoy enferma.

He ido al médico y me ha presionado el abdomen, me gusta cuando los médicos con sus manos blanquísimas y limpias me presionan el abdomen.

Pero no me gusta cuando me miran la garganta con esa espátula pero sí cuando me presionan detrás de las orejas, aún cuando duela, como ahora.

Además me ha mirado los ojos muy de cerca, las palmas de las manos, me ha oído el corazón y ahí pensé que diría "no tienes arreglo".

Pero se ha quedado en silencio y me ha mandado unos análisis.

Y es curioso. Me ha dado un sobre franqueado, osea no gastaré en estampillas, y un frasquito que tiene un número.

En este pueblo no hay laboratorio, debo enviar la muestra de orina por correo.

Y siento que lo que voy a cometer es casi un crimen con premeditación y alevosía, casi como en una de mis ficciones escritas hace un tiempo vuelta realidad: yo, meando en un tubito, cerrándolo, metiéndolo en un sobre, enviándolo por correo.

Imagino la cara del cartero cuando lleve ese sobre y se lo entregue a mi enemigo.

En la ficción mi enemigo recibía sangre y yo describía su reacción como la de Gauguin cuando recibió la oreja de Van Gogh.

En la realidad envío una muestra de orina pues según el médico es probable que tenga algún virus.

Y yo espero que la reacción del laboratorista al ver mi muestra sea la misma que tiene un burócrata al poner un sello en un formulario.

Otra cosa.

Luego del médico con el sobre del laboratorio en la mano me compré un pastel de manzana.

El sobre se manchó con el pastel. Ha quedado una mancha pequeña de grasa.

Imagino de la cara del cartero cuando vea el sobre.

Quizás debería dejarle una nota: "es pastel de manzana".

Pero ya me lo ha dicho el psicólogo, que no debo ser tan considerada con los desconocidos.


(se viene una cuarentena pequeña)
1./

Malibú y pinta de cerveza
Música de fondo: Get Busy - Sean Paul
Lugar: Barbeint 1.29am
Diálogo entre dos estudiantes de sociología (C y T) que nunca se hablaron hasta el día de hoy.
T: Hola ¿me puedo sentar?
C: Hola ! Claro! (ademán de sí, sientate, malibú que se derrama un poco al hacer un espacio)
T: Bueno... yo siempre te que querido hablar.
C: (sonríe, escucha y piensa que ya son dos años que van al mismo curso juntos y nunca se dicen nada, sólo se miran y eso a ella le parece una cosa rara de la cultura, pues no es el único caso)
T: ¿Sabes que mi nombre es T?
C: Claro, lo sé y también sé el nombre de el resto de la clase, además tu ibas al coloquio grupo dos, ¿no?
T: Sí...tú también, yo sé, y sé que te llamas M. C
C: sí...salud porque estamos hablando.
T: Bueno sólo te quería hablar porque es algo que siempre he querido hacer, pero tú es que eres como tan difícil de abordar...
C: Noooo, ¿cómo voy a ser yo difícil de abordar? (sonrisa grande) lo que pasa es que los de sociología son mudos todos. (piensa: dificil de abordar...relaciona con barcos encallados, aviones llenos, buses que no se detienen a recoger pasajeros, el titánic destrozado, miles de ahogados, rescates, aeropuertos congestionados)
T: Sí, un poco.
C: (sigue pensando, difícil de abordar... ¿insulto o cumplido? ¿parezco tan mala onda?)
T y C: silencio de ellos dos, ruído de liquidos, deslizandose y absorbiéndose, sensación helada en la garganta y sean paul dice shake that thing....

Moraleja: los estudiantes de sociología somos mudos, al fin y al cabo.

2./
Tequila Sunrise y Bacardi con cola
Musica de Fondo: Discoteque - U2
Lugar: Barbeint 3.45am
Tema: Subasta, concierto de U2, verbos y sinónimos.
Diálogo entre la señorita (la de Chaplin) y el estudiante del curso avanzado el de la barba de dos días.
S: bueno pero podrías comprar una entrada en las subastas de internet, pero pagarías un pastón.
E: ¿pastón? una gran pasta bolognesa.
S: sí ...algo así pero más, un montón de dinero.
E: muchos dineros, sí en subasta, increíbles bastardos. pero...y ¿cómo se dice cuando uno juega en una subasta y da dineros? ¿apostar? como en el póker...
S: participar en la subasta, y cada cantidad que ofrezcas, a eso se le llama pujar.
E: ¿empujar?
S: empujar no. pujar, to bid en inglés.
E: pujar, ese verbo... yo vi en una pelicula en español que una mujer tenía un hijo en el hospital, en una cama y la enfermera decía puja, puja, puja...yo pensaba que era empuja...
S: ...(sorbo de tequila sunrise, sonrisa)
E: y también si una persona cuando es en el baño puja. ahora entiendo la subasta...sí...pujar...empezar con 50 y luego otro puja con fuerza (hace un ruido como hmmm) y da mas dineros, 60, pero no quiere dar dineros, por eso puja, puja su bolsillo, entonces otro da mas dineros pujando (ruidos hmmm entre los numeros 70, 80, 90)
S:...carcajada ahogada con el tequila sunrise en algun lugar entre la nariz, boca y garganta .
Moraleja: me suelo reir de estupideces y me va tan bien así.

Pregunta: ¿por qué el trago corto deja resacas largas?

lista

Entonces me ha dado un papel y un bolígrafo y me ha dicho: escribe una lista de todas esas cosas de de las que me hablas, haz dos columnas una con un signo (-) otra con un signo (+).

Me ha dejado sola.

Entonces me quedé pensando en cosas que en mí son recurrentes: en las madrugadas, la ciudad, las calles, el vino, los ruídos de tus pasos, el olor a mar, la nieve, un reloj que se derrite, dibujos, el libro de millás, muela del juicio, una pelota de fútbol, sábanas blancas, un pasillo, humo, plástico, frío, voces...

Podría hacer una gran lista. Sin más ni menos.

Al final recordé que una vez trabajé en un almacén y hacía listas. Cuando trabajaba en el restaurant también las hacía, el italiano me puso de apodo "la lista" porque hacía listas de compra (y las hacía bien: me lavaba las manos para hacerlas, usaba letra imprenta, detallaba las cantidades...) y me decían ¿está lista la lista, lista? y yo me reía.

No me gusta hacer listas, porque luego las releeo y me doy cuenta de quien era, no me gusta ese juego, no me gusta recordar el pasado en items o inventarios.

Así que escribo a lo largo de las dos columnas del más y del menos.

Me gustaría tener una varita mágica de cristal.

Entonces podría ordenar mis cosas (+) (-) moviéndola en círculos sobre todo el caos que me rodea, empezar a ordenar todo y aún podría dejar los cacharros brillando con el toque del cristal-varita contra el cristal-copa-de-vino-vacía.

Podría hacer exámenes y pasarlos, entregar mis propuestas para el curso de economóa sociológica y tener un grupo de trabajo que me entienda, que yo quiero escribir sobre shopping y cultura en nivel micro y no sobre gobiernos y macroeconomía.

Con la varita también podría dejar de escuchar esas palabras que me retumban en la cabeza, volver invisibles a ciertas personas en la cafetería, podría conseguir un trabajo de más horas, con la varita no tendría que pensar en trámites.

Con la varita viajaría a cada momento, empezaría a escribir una novela, ordenaría los cuentos, con la varita me cortaría el pelo sin miedo a la tijera.

Con la varita el café vendría solo cada mañana a mi mesa mientras yo leo el periódico y al tomar el bus me saludaría el chofer que no me saluda "God dag froken min"

Con la varita quitaría esas palabras que me han hecho polvo, algunos secretos pasados que descubrí, con la varita le daría brillo a mis mentiras aún a las menos piadosas.

Y con la varita de cristal en mi mano derecha, con un movimiento ondulante y circular de mi muñeca lograría entonces que en esa calle entre la multitud tu mirada se volviese a mí.

Nos reconoceríamos mutuamente entonces y yo iría hacía tí con la varita de cristal en mano, con una sonrisa, con la apariencia de una hada celestial para tus ojos.

Entonces puede que la varita fuese tan poderosa que podría hacer que te enamorases de mí, ahí en medio de toda esa gente que viene y que va.

Y al suceder eso, yo pensaría en toda la magia, en todo lo pasado, vería tus ojos enamorados, tus brazos casi extendiénsose en un abrazo hacia mí.

Entonces yo hundiría en un golpe seco y preciso la varita de ese cristal frio y cortante en el medio de tu lado izquierdo, en el centro de tu corazón.

Volvería caminando a paso tranquilo, sabiendo que al llegar a casa tendría que volver a fregar los cacharros y hacerme café.


Dejo lo escrito ahí y me despido hasta la próxima consulta. Al final me dice que me enviará los resultados por email.

Me he quedado con el bolígrafo publicitario que anuncia el nombre de una medicina azul. Me gusta la tinta del bolígrafo, me gusta el color (es azul cobalto) me gusta como destella aquel gancho plateado que tiene la tapa.

Miro el bolígrafo y me voy andando por las calles imaginando que es mi varita.

Esperando, muy en el fondo, que quizás esta tarde te aparezcas en medio de toda esa multitud que espera magia allí afuera.

Exhibición(-ismo)





YA ESTOY EMPEZANDO A PONER ORDEN.

menú combo nr. 7 : caso de la vida real III + moraleja real alevosa

Hoy me desperté a las 4 y más de la madrugada y me puse a mirar por la ventana.

Yo esperaba que pasara algo…tarareaba la canción de Silvio ojalá pasé algo que te borré de pronto… pero nada sucedía. Hasta que de pronto, pude ver que desde una ventana alguien prendió una lamparita, seguramente de mesa de noche.

La prendió y enseguida la apagó.

Yo prendí la luz de la habitación y la apagué también de inmediato.

La lucecilla de la ventana se prendió y se apagó, como luz intermitente de árbol de navidad, dos veces.

Entonces pensé que nos estábamos hablando en clave. Me emocioné hasta el sudor frio pensando en el vecino el del cuerpazo.

Hasta que supe de quién era la ventana.

No diré sus nombres pero viven en el número 174 dpto 402 de la calle El Rocio... son una pareja, ella muy joven y linda y el un viejo pasa horrible y verde.

Pensé que algo sucio estrían haciendo y el buscaba un preservativo en el cajón o quizás su lentes, o lubricante o sus dientes postizos o ella algun pañuelo para taparse los ojos... pensé que era ella quién apagaba la luz pues no quería verlo y él la prendía.

Entonces seguí prendiendo y apagando la luz de mi habitación, como dando señal de alarma y los otros vecinos se despertaron también e hicieron lo mismo.

La lucecita de velador quedó apagada pero entonces se prendieron las del resto de su casa.

Seguramente porque se supieron descubiertos por el veciandario y disimularon prendiendo las luces de la cocina y del salón.

La lucecilla de velador es muy delatora, dice mucho.

Al final la salvamos a la joven linda de semejante martirio de viejo verde en arrebato de lujuria.

Seguro mañana todos los vecinos nos miraremos las caras y nos sentiremos héroes salvadores cuando vayamos todos a la ferretería y compremos focos nuevos.



Moraleja: sigo con insomnio pero es bueno saber que no soy la única .
Hoy por la calle un hombre joven con un claro acento extranjero, me preguntó si era hindú.
Yo como siempre ando mientiendo y tonteando le respondí muy rápido “sí soy” en castellano.
El hombre caminó unos pasos, se sentó en un banco del parque y luego se quebró: lloraba a lágrima viva daba gritos y me miraba, movía la cabeza de un lado a otro.
Yo pensé que quizás lo había insultado (algo significará sisoy en sánscrito).
Entonces en silencio, sin decir nada, me senté a su lado. Le di un paquete de mis kleenex y le puse gesto de “perdona si es que te insultado y habla que yo te escucho”.
Entonces se puso a hablar en esa su lengua tan extraña que yo no entendía, pero me sonaba musical, como escuchar canciones en checo.
Yo movía la cabeza en señal de empatía y él se calmaba. A veces le arrugaba las cejas, fruncia el seño y entonces el hablaba más fuerte, movía las manos como explicándome algo así como “es así y punto” a veces yo le sonreía y entonces él me respondía con carcajadas.
Al final se quedó en silencio me miró fijamente y yo le puse esa cara que ponía a mi abuela cuando me quedaba con el vuelto del pan.
De pronto el sacó de uno de sus bolsillos una sortija de oro con un brillante, me tomó de la mano, me lo puso en el dedo anular y con sus manos grandes, morenas y gastadas, empuñó la mía pequeña encerrándola toda y cubriéndo la sortija.
Acepté la sortija de buena gana, saqué de mi cartera entonces un cuadernito donde hago dibujos y se lo dí. Me abrazó tan fuerte y me tocó la cara como en las películas de bollywood cuando se van a besar la pareja enamorada.
Pero debía volver a casa, así que me puse de pie con una sonrisa y él no me detuvo. Caminó a mi lado.
Ahora estoy en la casa con un hindú sentado en el sofá.
Estoy comprometida.
Voy a preparar la cena a mi fiancèe. Hoy no podrán ser hamburguesas, tengo felizmente un sobre instantáneo de tikka massala.
Tomó un poco de ketchup y me hago un lunar en medio de la frente, yo sé que eso tiene algo que ver con el matrimonio hindú, lo vi en un documental.¿tikka massala? le digo.
Y el sonríe y me abraza, le ha gustado mi lunar de ketchup.
Voy a poner unos palitos de colores de incienso y unas florecitas amarillas en la mesa. Luego pienso que tengo una falda hindú, una bolso hindú, un pareo que dice made in India, y también unas sandalias y una foto de shiva.
Tienen razón todos aquellos libros de autoyuda y de new age que he leído, las señales, el universo que consipira, los chocolates calientes para el alma, uno mismo el arquitecto, el delfin de sergio y juan salvador gaviota y yo estoy bien y todos estamos bien, el mantra y los chakras.
Que linda es la vida.
Ahora sólo me queda cambiar el cuadro del Corazón de Jesús por este. No quiero empezar mal una realción seria.

caso de la vida real II

Finalmente ella lo dijo.

Yo la vi llegar esta noche, tarde y como quien llega de una guerra de mil años.

Se quitó la gabardina, la bufanda, los zapatos, dio un suspiro hondo.

Fue a la cocina y vio los platos sin lavar.

Dio vueltas por la casa, removía papeles, buscaba algo, alguien. Miró por la ventana y todo le pareció distinto, raro, falso. Se miró ella misma al espejo del corredor al paso y se vió en sus propios ojos.

Encendió la TV y la puso con el volumen en cero, puso música Badly Drawn Boy, no supo bien si ella era una niña mal dibujada o si en la banda había un niño mal ahogado.

Volvió a la cocina y lavó los platos, mientras veía correr el agua y la espuma pensó en todo lo sucedido en sus últimos cinco años, ens sus utimos meses, días, horas, en esta noche, en ese segundo en que pudo tocar su propio pensamiento el mismo que yo sostenía entre mis manos. Se cansó.

Abrió la refrigeradora y sacó una botellita verde de cerveza.

Escuchó sus mensajes y devolvió una llamada.

Dibujaba garabatos en un papel y yo la veía.

Ella era distinta.

De pronto se hizo un silencio, el mismo que se escucha antes de una tormenta.

Se sentó frente al PC y empezó a escribir, sin parar, sin corregir, escribía contra el tiempo, escribía con la mirada perdida en sus letras mientras yo la observaba, mientras yo a veces, en la mitad de los párrafos tomaba sorbos de su cerveza.

Terminó de escribir y lo envió a la nada.

Cambió de CD y se bebió la segunda cerveza, en la tele un buitre comía carroña.

Ella escuchaba a U2 decir "we are one but we are not the same"

Ella, esta noche escribió un epílogo

Y luego desapareció.

caso de la vida real

Espero que no se enteren, pero de enterarse a mi familia no les va a gustar este trabajo que tengo ahora, se van a morir de tristeza, pero la vida es así.
Soy joven, este trabajo será temporal y además no es muy dificil hacerlo, aunque a veces temo ser descubierta.
Hoy mientras trabajaba, he visto por la acera de en frente vi a mi madre caminar con mi hermano pequeño de la mano.
Me quedé quieta donde estaba, aunque de todas formas ella no me vería, y si así fuese no me reconocería vestida de esta manera.
A ellos les he dicho que hago traducciones. Ultimamente se extrañan un poco porque llego con plata y la dejo sobre la mesa para ayudar en la casa.
A veces pienso que estudiar idiomas no sirve de nada, tampoco sirve de nada pensar en el futuro, tampoco sirve de nada hacerce un plan de vida.
Todo es inútil.
La vida es una mierda, es cierto, aún cuando sea un cliché.
Yo lo veo cada día aquí mientras trabajo.
Lo único bueno de este trabajo es que cada día soy un personaje distinto.
Actúo distinto, me muevo distinto, según sea mi nombre.
Hoy día soy Bob Esponja , ayer fui Minnie Mouse, antes de ayer, Barney mañana me han dicho que seré Elmo.
Lo que sí no me gusta nada es ser Timoteo, el disfraz es de peluche y me deshidrato, me muero, me dan ganas de llorar sobre todo cuando recibo mi sueldo de Timoteo.
Ya lo dije, a mi familia no les va a gustar saber que su niña tenga los sueños rotos, este creciendo y a la vez pensando en la puta vida dentro de un disfraz de goma espuma.
Se morirían de tristeza.

La señorita y Chaplin

Trabajo como profesora de castellano con niños de quinto y sexto grado.

Hoy, a uno de mis alumnos en un dictado de ortografía le corregí la palabra "obserbar".

- Se escribe "observar"

Mi alumno, me miró serio con sus ojos brillantes y muy abiertos, y con tono de quien da un discurso me dijo:

- Señorita, mire, es que "obserbar" es observar en un bar.

Soltamos los dos una carcajada al mismo tiempo.

Al final lo mandé a sentar antes de que se alborotase el resto de la clase.

Se fue hacia su pupitre caminando feliz, como Chaplin.

Lima (enero 2005)


Lima 1/.

Cuando la gente habla de los olores de su infancia, suelen hablar del café, del pan recién horneado, del chocolate, del olor de los cuadernos nuevos y los lápices recién tajados.

Yo también podría hablar de esos olores, sí, pero mi infancia está marcada por uno en particular: el olor a pescado.

Y es que yo nací y crecí en Lima (y alguna vez morí).

Y Lima huele a pescado.

Recuerdo claramente ese olor mientras mi madre me hacía la lonchera por las mañanas oscuras y plateadas con paloma cuculí.

De pronto ese olor a pescado todo lo tocaba. En el colegio, nos mirábamos las caras de niños que teníamos, hacíamos muecas de asco y nos reíamos – y es que el asco en la niñez suele dar risa – decíamos que era un fábrica de harina de pescado, pensábamos en pescados muertos, o en pescados que se vendían en un mercado no muy lejano y que nos servirían en el almuerzo.

Cuando estaba nublado, como casi siempre suele estar en Lima, el olor era aún más fuerte.

De niño, no piensas que Lima huele a puta, sino simplemente a pescado.

Y una vez ese olor fue muy intenso, al final eso fue noticia.

Una vez en Lima, el mar varó miles de kilos de pescado, no sé que tipo de pescado sería, pero eran todos plateados y azules oscuros.

La gente iba a la playa con baldes y los recogía. Yo me los imaginaba comiendo pescado por meses: ceviche, sudado, croquetas, escabeche, al ajo, frito…

”Mamá” dije, ”¿Por qué no vamos a nosotras también a recoger pescado como toda la gente?”.
Mi madre, en tono serio ” Como se te ocurre, además, cuando el mar vara los peces es seguramente porque están enfermos, se deben estar pudriendo”

Pero yo veía a esa gente con sus baldes llenos de pescado en las noticias que sonreía, algunos decían que era ya la segunda vez que iban a por pescado y que estaba bueno, rico, que no había ningún peligro de comerlo.

Yo quería saber que se sentía hundir los pies en pescado, quería saber como era el tacto de un pescado varado por el mar, quería recoger pescado gratis y comerlo y hablar sobre ello en la sobremesa, pero sobre todo y más que nada quería ver a todos esos miles de pescados que yacían en la orilla como los muertos en el desembarco de Normadía, en el día D.

Nunca lo supe, nunca los ví.

No sé si la gente se los llevo todos o los recogió el municipio. Pero por mucho tiempo imaginaba que los pescados se pudrían y luego quedaban los esqueletos, la gente recogía los esqueletos para hacer collares o pulseras.

Hasta ahora pienso en eso, alguna vez ha sido un sueño que conté en una consulta.

Pero también algunas cosas han cambiado.


Mi infancia ahora huele a pescado y a puta, mi infancia esta marcada por la noticia del pescado aquella que me impactó y me alegró en mi niñez es ahora una anécdota triste, vacía. Es mirar con mis ojos de grande a la pobreza de mi país que sonreía a pesar de la crisis de ese entonces; con sus muertos varados por el terrorismo no en la costa como aquellos pescados, pero en tantos pueblos que no veíamos, en algún año de la década de los 80.

(en mis letras, capitales)

Ángel

Hoy día ha llegado esta niña a mis manos y a mí me ha parecido un ángel.
Con el cuerpo frío sobre aquella cama de acero, la observo y me lleno de tristeza.
Está muerta, se ha suicidado esta tarde con ron y veneno de ratas.
He abierto sus ojos y aún he visto brillo en sus pupilas, le he tocado las manos. Las tiene frías pero no tiesas sino suaves y dóciles.
En la comisura de sus labios tiene aún un poco de saliva casi plateada.
Yo sé que es un ángel, pero en el cafetería de la morgue muchos dicen de que ella era una prostituta. Dicen que llegó en un vestido rosa, escotado, pegadito, vulgares todos, dicen que se le veían las tetas bien apretaditas y el culo grande con las nalgas marcadas sobre la tela.
Yo la he visto desnuda. Su silueta sólo marcaba lo gris del acero y el espacio helado de la camara frigorífica.
Es un ángel, insisto pues nadie ha venido a recogerla.
Los ángeles no tienen familia.

boyfriend

Él es una mezcla de irlandés con inglés.
Yo le pongo esa canción de Morrissey irish blood english heart y le sonrío, él pone cara de algo que no sé bien que es: reflexión, cuestionamiento de identidad, rabia, indiferencia, solemnidad o risa aguantada.
Pero eso sí, cuando se emborracha la canta en voz alta.
Él también tiene cosas de inglés:
Es puntual (bueno, yo también, y de inglesa no tengo ni la llave).
Toma té y no café.
Le gustan las tostadas y los huevos con tocino y FREJOLES enlatados para el desayauno (de vikingo).
Pero a veces su desayuno es de lady: té con tostadas con mantequilla o mermelada.
A veces me hace reír con sus reflexiones, me dijo hoy: "es que yo necesito mi taza de té y mis tostadas para empezar el día y despertarme".
Como no había no tostadas ni té, se vistió y las fue a comprar a dos kilómetros de aquí. Regresó se preparó el té y las tostadas.
Me dijo entonces: "así sí puedo empezar el día con té y tostadas".
Para mí él ya estaba más que despierto y su día había empezado ya sin necesidad de té y tostadas desde que se vistió, saco el autó, manejó hasta la tienda, regresó y se hizo el desayuno.

Lo que uno necesita para empezar el día es un motivo, pensé.

Mañana me quedaré en cama pues tengo la alacena llena de cosas para el desayuno.

sigo igual.

Madrid 1/.

Hoy he abierto los ojos, he mirado al cielo raso y he pensado en Madrid.

”En Madrid llueve” he pensado, y yo aquí retorciéndome en unas sábanas blancas de algodón.


Yo aquí tan lejos de Madrid.

El corazón me palpita, galopa, se estrella la sangre contra las paredes de mis venas, y se anuda en mi corazón por litros, chorros corriendo, como miles de niños de párvulo que salen al recreo a un patio,desesperados.

Huérfanos.

Mi corazón es un patio donde ahora mismo está lloviendo.

Huérfano de amor.

Madrid.

En Madrid mientras yo aquí alguien abre un paraguas y camina debajo de la lluvia pensando en la tibieza de mis sábanas, se lamenta, camina con mis pasos y con el color de mi gabardina. En Madrid nadie piensa en tí, pero yo sí, aquí.

Y me lamento bajito y escribo.

Me he mirado las pupilas, están dilatadas, pero de hecho también el color del iris es más claro cuando uno recién abre los ojos y amance (que no es poco) otra vez.

Un punto negro sobre mis ojos pálidos.

Kaki.

Uniforme de soldado que ha perdido la guerra y agoniza en envuelto en su uniforme desgastado y su bandera marchita.

Los ojos se aclaran cuando uno agoniza.

También se aclaran cuando uno tiene hambre, cuando tiene resacas, fiebres, amanceres, cuando uno tiene tristeza. Los ojos se me aclaran cuando pienso en ti.


Y cuando pienso en Madrid de tus pupilas dilatadas, tu primera mirada hacia mí, dos agujeros negros absorbiéndome.

Y yo azul. Azul intensa, azul oscuro, azul del planeta tierra que se ve en las revistas de ciencias, en las “muy interesante” en esas revistas que seguro lees tú en el Metro. Azul tristísima, línea de Metro parada Barajas, Aeropuerto azul: en el Metro de Madrid donde nuestras caras como en una foto antigua recorría las arterias de la ciudad, oscuras, luces trémulas y mis arterias con niños al galope, grises, y mi tu cara circulando dentro de mi, haciéndome nudos en el corazón.

En Madrid, dicen las noticias, se ha desatado una ola de frío.

Frío blanco como el de mis sábanas de algodón vacias, donde yo me retuerzo mirando al cielo raso, donde mi corazón es un patio mojado y sin niños, donde mis arterias subterráneas de mi piel se estiran, donde mi sangre galopa y me duele, donde no soy y sin embargo estoy

huérfana

perdida

quebrada

gastada

sola

sin ti.

tocando fondo

Una señal clara de que voy mal es cuando no lavo los platos y los vasos.
Me doy cuenta de ello, cuando voy a comer y no hay ningún plato donde poner la comida, tampoco hay un vaso en donde pueda servirme jugo o 7up.
A veces cuando sucede esto se me quita el hambre y ahí me doy cuenta de que voy ya muy mal.
Pero hoy fue así: para cenar calenté una pizza y me la comí en el cartón, sin tenedor, el jugo de naranja lo tomé directo de la caja.
En la cocina había una pila de cosas por lavar.
El agua estaba empozada desde hace días, estaba todo hecho mierda, un poco como yo.
Pero voy mejorando, por lo menos esta semana he comido, y por lo menos aún me quedan cubiertos limpios.
Porque cuando ya no me quedan cubiertos limpios, pero ni uno, es grave. Es señal de que debo de tomar pastillas, ir al especialista o llamar a la voz amiga.

paréntesis: (se me viene a la mente la imagen de unas venas que se cortan con un cuchillo sucio de días, por ejemplo un cuchillo con la mantequilla seca y transparente, rancia, cortando el pellejo y mezclándose con la sangre...círculos de grasa como los que hay en la sopa, se mezclan con los glóbulos...)

Siempre había pensado que los hogares con lavaplatos automáticos eran siempre hogares felices. Seguramente es así.
O por lo menos las penas son más cortas, según sea el programa del lavado que usen.