1.
hace un par de días que no me muevo, que permanezco en el mismo sitio, sin gesto y sin palabra pronunciada.
me pregunto cómo será estar muerto.
supongo que es así como mis dos días muertos: tú no te mueves pero hay cosas que se mueven y pasan por delante de tus pupilas abiertas, se reflejan ahí, algo se mueve ante tus ojos, tú también, pero no te mueves, sino que te vas pudriendo, se te va abriendo el corazón y llora un liquido azul, las tripas se retuercen, los huesos se desgastan sin que tu te muevas, todo se mueve hasta hacerte polvo.
polvo que después moverá en el viento.
(todo se está moviendo)
2.
esta mañana observaba a través de un pedazo de ventan cómo se presentaba ante mí el nuevo día: una boca abierta, húmeda, una boca oscura que respiraba desde la profundidad de su vientre de nubes amontonadas, de colores enredados en la luz que chorreaba mojada entre las cosas, el día respiraba con dificultad, ahogándose poco a poco en tormenta, exhalando bocanadas de aire, vomitando hojas secas.
llovía.
las babas del día resbalaban sobre la ventana, se acumulaban en las comisuras de mis cosas, en la quietud mía esparcida sobre la cama.
el día que agonizaba abría la boca para tragarme en una mordida desesperada antes de que anochezca, como un bocado de quietud oscura, pensamientos cubiertos hasta los ojos con una manta pesada.
gotas de sudor dibujando líneas sobre la piel y yo seguía sin moverme, pero moviéndome.
adormecida.
3.
el universo sigue expándiedose, dice la revista que me llega todos los jueves.
hoy he recibido la número 14, la he abierto y el universo se ha seguido expandiendo. he salido del encierro con los labios secos, la mirada pedida, con el hambre como una excusa para llegar a la cocina, estirarme y tocarle el lomo a la rabia con la que amanezco y me la guardo (sin que nadie me vea) en el bolsillo de la bata porque ya no me cabe en el armario.
la rabia de un muerto.
4.
me he servido café, dos huevos una tostada y he partido un melocotón de la estación: peludo, anaranjado, carnoso, por dentro una semilla arrugada y dentro una almendra y dentro de la almendra un árbol que no ha nacido.
el sol se ha puesto tan bajo que se ha acostado en mi mesa, junto al desorden de papeles, vasos, se ha tumbado anaranjado junto al sueño de mi gato y se ha muerto entre sus pelos.
la noche ha llegado. yo he desayunado a las siete de la tarde, la rabia se me caía del bolsillo y el universo seguía expándiendose.
5.
será por eso que a veces me cuesta tanto salir de la cama y lanzarme allá afuera, porque el universo se expande y yo con él, todo se me estira y la distancia se agranda.
duele.
6.
el universo, leía, está en la adolescencia.
edad difícil, kokorito, tú y yo lo sabemos, la adolescencia y encima en expansión, gato, piensa, y él comía los restos de yema de mi plato de mis dedos.
le están creciendo las piernas al universo que padece dolores de crecimiento, le está cambiando la voz en alguna cuerda vocal que vibra en un quasar, le está saliendo barba por alguna galaxia, se está enamorando el universo, con todos sus planetas a cuestas, sus hormonas explotan y revolotean como las mariposas monarca ue migran y sus efectos y la destrucción.
y el grueso de la población que no sabe que ahora mismo el universo se sigue expandiendo.
el universo tiene la culpa de que yo no me mueva, no voy a su ritmo adolescente, que se expande y revolotea, que llueve y respira. yo me hago un ovillo y a veces envejezco ante el cielo ya tan gastado, ante la lluvia tan manoseada, ante el día a día bocas que se abren y cierra, anochece en una garganta, y así un día tras otro, envejezco de a poquitos.
y el universo se sigue expandiendo.
(duele)
todo se sigue moviendo.