cuando cumplí 18 años me regalaron un viaje a santiago de chile. yo no escogí el destino, solo dije que quería un viaje y me mandaron allí por dos semanas, ya que mi prima mayor vivía allí por entonces.
yo pensaba que mi prima iría al aeropuerto a recogerme y me llevaría por alguna autopista santiaguina mientras me hablaba de las calles y de las cosas que podríamos hacer durante de esas dos semanas que pasaría haciendo sabe dios qué en santiago, porque como dije yo no escogí el destino.
(el destino me escogió a mí)
cuando llegué al aeropuerto no hubo prima, sino un señor con un cartelito con mi nombre mal escrito que me saludó con un buenos días muy seco y me llevó en silencio por aquella autopista santiaguina que yo imaginaba con mi prima en risa y hablando, donde lo que más me llamó la atención, fue las tiendas de automóviles de todas las marcas, yo las iba casi anotando mentalmente: peugeot, bmw, mercedes, renault, chevrolet..
me dejó en un edificio muy minimal y gris en vitacura que hacía contraste con mi chaqueta y bufanda de colores. me recibió el conserje que se llamaba como yo, pero en masculino y nos dio una ligera risa presentarnos. pensé que al llegar al departamento, encontraría a mi prima en cama con fiebre, o alguna fiesta sorpresa con confetti y torta de cumpleaños, pero lo que encontré fue una nota breve explicándome que tenía que estar fuera de viaje por unos días "siéntete como en casa", la llave de su auto y algunos pesos.
me senté en el sofá y me puse a ver la tele, estaba un poco decepcionada por el recibimiento de mis 18 años, y así con la maleta sin desempacar me quedé dormida.
horas después me vi despierta y sola en su casa minimal y empecé a revisarlo todo. me quité la ropa que traía puesta en un caos de colores y texturas y me puse su ropa elegante y recta, gris, blanca y negra uniforme que iba acorde con su edificio. di vueltas por todos los estantes, cajones, espejos, usé sus lociones y cremas, leí sus revistas y así pasé mi primer día de turista por su casa.
al llegar la noche me metí en su cama con su pijama blanco y no en el cuarto de huéspedes donde había un regalo que era para mí. hasta había un oso de peluche que rompía toda la decoración, pero decidí cerrar la puerta de ese cuarto y no abrir mi regalo ya que pensé que el mejor regalo era un departamento vacío y la posibilidad de ser otra por unos días.
así, me vestía con su ropa cada mañana, cogía su auto y salía a dar vueltas por santiago. nunca moví la estación de radio que ella escuchaba e iba adivinando que canciones podría ella cantar, y yo las cantaba. estuve ensayando su voz, su andar y sus gestos los primeros días, me alisé el pelo y saludaba al conserje como si fuera dueña de casa y ya no una visita.
contestaba el teléfono como si fuera ella y recibía recados, salía a hacer sus gestiones, me había aprendido su firma, su número de identificación y todas sus rutas, incluso salí a tomar café con algunas de sus amigas.
el día que ella tenía que volver escribí mi nombre en un cartelito y me fui conduciendo al aeropuerto. mientras íbamos por la autopista le hablaba de lo bonito que era santiago, de las cosas que haríamos estas semanas, y del regalo que le esperaba en el cuerto de huéspedes, mientras ella desde el asiento del copiloto miraba pasar todas las tiendas de autos hasta quedarse dormida.
(nadie me hizo recordar esta historia)