devuelta

hoy decidí asomar la cabeza para ver que es lo que hay allí fuera.

estaba lloviendo y anduve un rato caminando descalza entre la hierba. no hacía ni frío ni calor, el día no era bonito no feo, lo bastante neutral como lo deberían ser todas la bienvenidas (y despedidas) como un simple "hola, esto es lo que hay" y mejor quitamos en confetti y los globos.

es mejor así.

hace unos días llegué. ahora poco a poco voy llegando a los demás sitios, sitios como este, porque todo es un viaje metido dentro de otro viaje, varias dimensiones, espacios y tiempos.

primero llegué yo y después mi maleta. como si yo y lo acumulado por mí estuviera separado. yo llegué por obra y gracia de mi aglidad corriendo por los aeropuertos y por la fuerza de mi espíritu carga maletas, pero mi equipaje mayor, no llegó, se atrasó, durmió en otro sitio. una parte de mí anduvo dando vueltas en bodegas y en bandas autómaticas, de mano en mano de cargadores de maletas. hasta que al final llegó y fue como un encuentro con lima pasada que se desparramó sobre mi sala como un animal abierto por la panza.

todos sus órganos empacados y yo hurgando entre sus visceras buscando esa parte que me falta.

(ya la encontraré, a lo mejor la cargué en el maletín de mano o algún bolsillo)

mi gato me reconoció. me miró con sus ojitos verdes y se enredó en mis tobillos.me dió un lametazo, me mordió, me araño, me abrazó y otra vez los lametazos. después, como siempre, se fue despacito y me dejó a solas con todo lo demás.


el día que el perú tembló, yo dormía placidamente abrazada seguro a cualquiercosa, soñando con gatos o mariposas, envuelta en una noche quieta y sin sobresaltos, con el cuerpo desparramado como un garabato de cansancio.

y cuando te levantas y aún no has llegado del todo, enciendes la tele y ves todo derrumbado hasta en las voces de los que más quieres, te envuelve una culpa y empiezas a temblar. se te derrumban tus anaqueles de la cordura y el de "seguro nos vemos pronto" porque quién sabe cuándo nos vamos a ver y cómo nos vamos a ver. si de pie o derrumbados, si en calma o en terremoto.

(no existe ninguna certeza)


además de la vida de aquí y de allá, tengo otras vidas más, la de los lunes y la de los domingos, también la vida a solas y la acompañada, la vida externa y la del encierro, la del invierno y la del verano, la vida escotada y la vida llena de costuras, todas las cuelgo en el armario y las escojo con cuidado cada mañana antes de vestirme con ellas.

amanezco desnuda sin saber que vida ponerme hoy y así me la paso todo el día, como un papelito en blanco, sin calendario ni reloj, sin pensar en nada, sin plan ni horario, sin nombre ni casa.

hoy me desperté muy temprano con el sonido que hacía mi gato cuando se lamía la pata izquierda.


extraño a mi gato callejero, los dos a solas sentados en el portal y sin abrazarnos ni nada, solo sentados viendo a lima marchitarse y humedecerse en invierno.

extraño los tejados. todas las cosas que la gente arroja sobre sus cabezas como queriendo limpiar sus vidas, pero echándose todo encima, extraño ese caos que no se ve en las fachadas ni en la ciudad bajita, extraño que sea tan facil trepar hasta lo más alto de todo. en lima me subía al mío, aquí los tejados no me dejan que los suba (ni los vecinos tampoco) podría resbalar por el alquitrán húmedo, caerme entre las ortigas o enredarme en algún pino.

en lima daba un salto, un paso, otro salto, me cogía con los brazos a unos muros y al final me quedaba sentada sobre un tanque de eternit y abajo quedaba todo.






como dice la canción: yo llevo en el alma un camino, destinado a nunca llegar