depositada

ayer fui al cajero automático porque necesitaba sacar solo un billete de 200. así que presioné el botón que ponía "200" pero al final me dieron 10 billetes, me dieron no 200 sino 2000 y yo pensé que era un regalo del robot sensible que se esconde detrás del cajero automático, pero no, porque después me escupió un papelito que decía que me quedé sin fondos y así que hoy día fuí al banco a depositarme a mí misma.


vengo a depositarme (!)



el banco, como nunca, estaba lleno y estábamos todos los clientes sentados en unas sillitas azules, mirando en una pantalla de plasma como un oso polar se revolcaba en la nieve, y después se iba a pescar en silencio.

yo pensaba que el oso polar también nos veía a nosotros sentados en esas sillas, clientes de banco y me inventé un diálogo con el oso y le conté que venía a depositarme a mi misma. después, nos fuimos a pescar.

el tiempo pasaba y la regia de la ventanilla parecía estar confesando a un cliente. cuando lo absolvió de sus culpas, llegó una anciana con un niño. ella cargaba una bolsa de supermercado llena de monedas y el niño dijo algo así como "carajo, cuánta plata hemos juntado abuela" cuando la regia le dijo la cifra en voz alta, pero creo que se quedó un poco desilusionado cuando la bolsa de monedas se convirtió en números invisbles en su cuenta futura lista a ser reventada a los 18.

(ojalá se acuerde de la abuela cuando reviente la cuenta)

yo veía al oso polar revolcarse, a la gente sonreír en los folletos de banco que te casaban con hipotecas y préstamos a largo plazo, a la regia de la ventanilla confesora y a los demás clientes esperándo al banco en las sillas azules.

mientras esperaba, me acordé de lima.

me acordé de las sobremesas en mi casa.
hubo una, después del lonche con torta helada, en que estábamos hablando del vientre materno (éramos todas mujeres, como siempre) y esas cosas umbilicales y placenteras (de placenta, no de placer) y como siempre, diciendo que yo nací así de chiquita del tamaño de este mantelito, y que mi prima era más chica aun, casi casi como una servilleta, pero mi primo era un chancho del tamaño de la fuente de la torta helada y nació morado.

y en esa sobremesa, nunca lo olvidaré, hablando de la comunicación madre-hijo desde el vientre materno, mi tía contó una historia que casi me botó de la silla.


tía said: ay bueno, la mamá de julio iglesias, cuando estaba embarazada de julio, contó una vez en un programa, que desde el vientre materno escuchó a su hijo decir dooooo y supo que sería cantante.
(la voz de mi tía es morada)


me puse a dibujar en el banco en un sobre roto que me encontré por allí.
cuando me tocó depositarme a mí misma, casi deposité también mi dibujo, pero me lo guardé en el abrigo y lo traje a casa para pintarlo.
no encuentro mis colores, usé crayolas.
(creo que ando media descolorida)
"depositada" se parece a "entregada"
extraño las sobremesas de lima (y todo lo demás)

(ay)